Un ejemplo de Educación en la sabiduría, Confucio

 

 Primero el texto: 

“Los principios de la educación superior consisten en proteger el carácter diáfano del hombre, dar una nueva vida al pueblo y reposar en la perfección. Sólo después de conocer la calidad de la perfección en la que uno debe morar, podemos tener un propósito definido de vida. Sólo después de tener un propósito definido de vida, podemos alcanzar la tranquilidad de espíritu. Sólo después de haber alcanzado la tranquilidad de espíritu, podemos gozar de un pacífico reposo. Sólo después de gozar de un pacífico reposo, podemos comenzar a pensar. Sólo después de aprender a pensar, podemos lograr el conocimiento. Hay una base y una estructura en la constitución de las cosas, y un principio y un fin en el curso de los acontecimientos. Por consiguiente, conocer el encadenamiento adecuado o el orden relativo de las cosas es el comienzo de la sabiduría.”

-CONFUCIO-

 Una breve reflexión para interiorizar el texto:

Del texto de Confucio traemos tres puntos que interesan conocer, de manera  especial, por quienes reflexionan sobre la Educación (pedagogos), o por quienes la practican o la tienen como profesión, pero también por todos aquellos investigadores adscritos a ámbitos cognitivos pertenecientes a las Humanidades o a las Ciencias Sociales, pues es un texto que debería ser meditado y discutido ampliamente, ya que, en nuestra opinión, no sólo expone el propósito, la esencia, el fin y las implicaciones sociales de la Educación, sino que da las claves para una Educación universal y para todos los tiempos, y en especial, para nosotros, que nos movemos por los territorios de la globalización deshumanizada:

1) la exposición del objetivo de la Educación en una vertiente doble: (a) una dirigida hacia el conocimiento de la perfección como meta ineludible en cualquier propuesta educativa; (b) otra hacia el hombre (individuo) y el pueblo (colectividad) sobre quienes se deben pensar en la elaboración de un programa de Educación, cualquiera que sea su nivel, destacando la formación del carácter: “proteger el carácter diáfano del hombre”, dice Confucio. Así, la Educación ha de ser diseñada “conscientemente” para el individuo y para la colectividad como sujetos potencialmente perfectos.

2) el proceso derivativo, concatenado, de cualidades, después de conocer la meta y un “propósito definido de vida” (exige “pensar la Educación”) que han de adquirirse progresiva y gradualmente para alcanzar la sabiduría, con la que uno se podrá encaminar hacia la perfección.

Estas dos primeras consideraciones exige conocer que la Humanidad (el ser humano, por tanto) es un proyecto en desarrollo; un proyecto dirigido hacia una meta bien definida. Conocer esa meta facilita el diseño educativo.

3) La meta precisa de un proceso que ha de ser gradual, pues “Hay una base y una estructura en la constitución de las cosas, y un principio y un fin en el curso de los acontecimientos. Por consiguiente, conocer el encadenamiento adecuado o el orden relativo de las cosas es el comienzo de la sabiduría”.

El texto, que no sólo es programático, sino que expresa un modelo de Educación que identifica los elementos sobre lo que hay que incidir: cualidades, carácter y valores humanos…, y una meta: el logro de a perfección mediante la adquisición de la sabiduría. Así han pensado en algún momento los orientales sobre la Educación.

En verdad se trata de un programa pensado también en Occidente, en los tiempos remotos de la Antigüedad clásica, que servía para ayudar a construir un mundo de perfección en el que creían (utopías), del mismo modo que los orientales; pero éstos nunca pensaron que se enfrentaba a un proyecto imposible, situado en el no-tiempo y no-lugar de las utopías.

 Una observación más: del texto de Confucio se desprende que no interesa tanto la información de conocimientos relativos al mundo, tan estimada entre nosotros, los occidentales, como si aprehendiendo el máximo de información lográsemos conocer y dominar cuanto el mundo ofrece para nuestro uso y felicidad (Francis Bacon, Novum Organum). Es la búsqueda del ideal de perfección y de vida armonizada lo que nos identifica con la sabiduría y la felicidad, como nos recuerda Oriente. Un camino gradual y de interiorización.

 

 

5 febrero, 2013Permalink