Carta a PEDRO ROSO

A propósito de su obra de teatro LA SOMBRA DE UN PÁJARO AZUL.

 

“Nosotros liberamos el Arte de cercos, o lo limitamos ciñéndolo con un mal uso
que hagamos del mismo mediante las nuevas tecnologías y la red.
Lo liberamos si nos liberamos nosotros de los cercos en los que la mente nos encierra.
Dependiendo de los principios y de los valores con los que ‘construyamos’ el  mundo global,
no sólo el Arte,  sino el modelo social y cultural en el que queramos vivir,
nos liberará o nos cercará limitándonos, sin conocer qué potencial encierra el ser humano,
ya desde su nacimiento. El conocimiento que libera es el que nos desvela
quiénes somos en verdad, señalándonos el rumbo hacia un nuevo mundo,
libre de condicionantes, de cercos y de irracionales conductas
que nos arrastren a la ignorancia en la que la vida humana se complace hoy.
La naturaleza humanamente digna, sabia, libre, equilibrada, armónica y cooperativa
con la que soñamos para el Siglo XXI dependerá de los materiales que utilicemos
para levantar el hábitat que albergue una Humanidad madura,
cuya racionalidad dialogue con la vida, con el tejido de la vida, inteligente,
conectiva y auto organizativa, regulada en virtud de las relaciones que la inteligencia,
que la crea y la renueva, ‘naturalmente promueve’”.

ARTE Y BELLEZA
(Esteban Díaz)

 

 

Querido Pedro,

No sólo me ha interesado tu obra, sino que, además, me ha sorprendido gratamente cómo se presenta un aspecto de la trastienda del mundo de las Artes escénicas, de no fácil acceso para el público común interesado en la Cultura y, muy especialmente, en la vertiente en la que se inscribe el contenido de La sombra de un pájaro azul: en un sector y en un hallarse en la dinámica existencial del variadísimo ecosistema humano que proyecta el mundo del Teatro; cómo podría -y puede, lo vemos en tu obra-  organizarse en su día a día un particular ser humano, desnudada su psique, precisamente en ese día a día que mucho tiene que ver con la “vida del teatro”, tal como tú lo expresas, al poner en boca del personaje Marta la idea tuya de lo que es el teatro, la poesía, el arte, no diferente de la vida misma en la que se inscriben los personajes de La sombra de un pájaro azul, o la de cualquier ser humano: representación, mentido… Percibido este particular medio artístico, desde fuera, como “tapado”, mundo hermético, que encubre la realidad desnuda de ese acontecer cotidiano fuera de los ensayos, camerinos, escenario, etc. Si no fuera por la publicidad en los medios que el Arte necesita para sobrevivir, en su amplio abanico de disciplinas,  poco sabríamos de la intrahistoria del velado mundo del Arte escénico. Y aun no todo lo sabemos de ese mundo que se abre a los profesionales del medio, al tiempo que se cierra, apareciendo un mundo con escasos sucesos, excepto aquellos que llaman la atención de la prensa amarilla y rosa, y tal vez tengamos que incluir, muy a mi pesar, desgraciadamente, la casi la totalidad de los medios en prensa escrita, que ha perdido la seriedad y el rigor del valor de la noticia objetiva y de la opinión intelectualmente seria y honesta. Tocar ese aspecto psicológico marcado por la cultural de la conectividad, en la que unos personajes  re-presentan en sus vidas cotidianas, si bien inscritas en este variado colectivo que se adentra en el tejido humano, casi exclusivamente en el momento de la función teatral, “entregadas” sus vidas al pasatiempo cultural de moda, que da sustancia y sentido a unos de los valores del mercantilismo capitalista del mundo global, como es el del “exceso de comunicación” por imperativos consumistas, detrás de los cuales se encuentra el diseño de una cultura del mercado para consumir y ser consumido por el mismo mercado, del que hay que enfatizar cómo se han ido construyendo redes de conectividad a una velocidad impensable hace no tantos años. La era de la tecnología, en sus variadísimas vertientes, como variante casi absoluta de la ciencia, sin la cual ésta poco tendría que decir, es la responsable de los días de vertiginosa y estresante vida cultural en que vivimos. Incluso se podría decir que la cultura está siendo movida por las redes de conectividad, entre las que se encuentran las redes sociales.

Es en esa nueva cultura  de la conectividad, en donde tu obra obtiene su escenario en el que inscribir el texto y el contexto. Éste es un hallazgo técnico que celebrar, en mi opinión, porque La sombra de un pájaro azul nos conduce a un examen que exige un minucioso detenimiento sobre el modo de vida que se nos ha impuesto. Y si se profundiza en lo que pienso que tú propones entre líneas “gruesas”, como es una apremiante llamada de atención al sentido común y a la toma de conciencia de cómo la ideología capitalista, en esta nueva modalidad de trans-neoliberalismo, ha creado modos y mecanismos hipnóticos para enajenar al ser humano un grado más que ya lo hiciera en la etapa anterior de la cultura neoliberal, que aupó la noción de posmodernidad que dio juego a movimientos culturales de toda índole, cuyos endebles postulados la derrumbaron, sin apenas tambalearse. Por su marcado carácter de transversalidad, que penetra en todos los ámbitos de la vida humana y los engarza como si de una guirnalda de flores se tratara, esta nueva etapa trans-neoliberal ha conducido al ser humano a una degradación de difícil salida, ya que lo vierte hacia el exterior hasta perderse en él, sin apenas relación con su ser. Marta no vive la vida de Marta, vive la vida que ella elabora desde el “mentido”. O sí vive la vida de Marta, porque Marta es un mentido, sin posibilidad de regresar a la coherente racionalidad, ética y moral de la vida que debe conducir toda existencia humana. Me ha gratamente impresionado, cómo tú, Pedro, conduces hábilmente los parlamentos de Marta desde esa vertiginosa salida del personaje hacia el exterior de sí mismo, de quien ya, Marta, ni siquiera ella sabe quién es, su individualidad controlada por una racionalidad reflexiva y coherente, digna de ser llamada humana.

El juego al que nos invitas en tu obra es exasperadamente lúcido, en tanto que el lector/espectador está abocado a revelarse con esa forma de vida de Marta. Es una saludable invitación la que haces a la Cultura, con “C” mayúscula, la que habla del ser humano, la que impulsa la corriente de vida humana hacia la excelencia, siempre que no se deje embaucar/embriagar por los falsos cantos de sirena que promueve, mañosa y espuriamente, el capitalismo de la globalización del Siglo XXI.

Es aquí donde toca “firme y fuerte” el dramaturgo. Pero no es tan sencillo, como a simple vista parece, hilvanar un análisis de la temática, de la intencionalidad del autor, y de lo que “deja caer”, casi imperceptible, por el entretejido de la trama de la obra, de escasa acción, pero de potente mensaje, como es el deterioro de la persona humana atrapada en una cotidianidad estresante y enajenadora, que transversa todas las esferas de la sociedad actual y, cómo no iba a ser de otra forma, también en el acontecer diario de los seres humanos que inscriben sus vidas profesionales y personales en el mundo  de las Artes escénicas.  Es fácil relatar la trama, el contenido de tu obra, pero no lo es tanto armar una reflexión sobre en qué contexto “tal vez ha puesto sus ojos” el autor para situar el contenido de su texto, pues la trama sucede tan apresuradamente, que parece obviar otros aspectos intrínsecos al mundo del teatro. Personalmente, me intereso más por la vertiente menos explícita de la obra, sobre la que el dramaturgo “carga” con destreza técnica sobre el aspecto social y psicológico que gravita sobre el teatro, no como espectáculo, sino como colectivo profesional. El espectáculo, su contenido y el desarrollo actoral del mismo, le sirven al dramaturgo para enfatizar las causas que “actúan” psicológica y culturalmente sobre los personajes, especialmente sobre Marta y Julia.

El contenido  de la obra es aparentemente claro, en una primera y rápida lectura: la obra trata del mundo del teatro, de sus “no visibles” entresijos en los que se produce el vivir cotidiano del colectivo que lo integra: dramaturgos, directores, actores, representantes… Y acaso, con tan esquemática descripción, haya lectores/espectadores, pegados a la falta de una Cultura que responda al propósito por el cual fue instalándose en el devenir del desarrollo cognitivo humano, que queden satisfechos al comunicar de qué trata La sombra de un pájaro azul. Me ha parecido que tú has hilvanado inteligentemente el texto con hilos tejidos,  de tal manera, que no todos están a la vista del espectador, o del lector del texto. Por esta razón, sin dejar de subrayar el valor estético/dramático de tu obra, se merece una reflexión que explicite esas líneas gruesas, no tan visibles, que realce el valor intelectual, junto al estético, de tu texto.

Conociéndote, después de tantos años de camaradería, no esperaba encontrar un texto más o menos llano, que contara, simplemente cómo la ambición de los actores, por lograr un papel en una película o en una obra de teatro, terminara de manera existencialmente trágica. Es un buen argumento lineal y un inteligente pretexto para que tú dieras tu opinión sobre lo que hay en la trastienda, no del teatro, como Arte escénica y el mundo que lo compone. La trastienda que desnuda La sombra de un pájaro azul es la del mundo y la cultura deshumanizada en la que los seres humanos están perdiendo progresivamente su “humanidad”, la cualidad que les hace dignos, libres, cooperativos y creativos, es decir, “humanos”. Si aúno este valor que, en mi opinión, es intrínseco a tu obra, a su valor como texto dramático, La sombra de un pájaro azul, me resulta una obra dramática lograda brillantemente.

Así, La sombra de un pájaro azul no trata de batallas ideológicas o políticas. Es una obra que se adentra en la psicología cultural del tiempo en que vivimos, pues nos descubre qué resultados socioculturales y psicológicos gravitan sobre el ser humano del mundo global en el que asienta su vida. Utilizar el mundo del teatro para hablar de los entresijos socioculturales y psicológicos que interioriza la vida del colectivo del teatro, como referente para hablar de la enajenación del ser humano como individuo y como colectivo, insisto, es uno de los aciertos de La sombra de un pájaro azul. Esta lectura definiría  el contexto sociocultural de tu obra.

(El bordado tejido por las hábiles manos del dramaturgo)

“Conectividad” es la palabra mágica que define el tejido que ha urdido el nuevo orden mundial creado por el capitalismo financiero trans-neoliberal, impulsado por una economía articulada por una red o redes de interrelaciones que “conectan” a todos los seres humanos, no sólo para su recreo, o para facilitar la comunicación interpersonal en sus variante afectivas, emocionales, sentimentales, psicológicas al fin y al cabo, o culturales. Estas conexiones son tangenciales, sirven para mantener el ritmo psicológico del Planeta humano. Las función real de la red de conexiones de conectividad tiene la cometido específico de imponer un nuevo orden mundial, al tiempo, y esto es lo sustancial del proyecto capitalista actual, que desvía la idea del ser humano hacia territorios vinculados con el mercado/consumo, finanzas, maquinismo…; es decir: impone al ser humano el ropaje de los valores mercantilistas y financieros con lo que el capitalismo colonizará no sólo mercados, sino mente, alma y vida humanas. Marta es un ejemplo de este comportamiento inscrito en esas nuevas vías de comunicación de redes de conectividad, que parece, sino imposible, si bien difícil, para el ser humano actual sustraerse de ellas, pues vida y mercado/consumo es el alimento cultural del hombre/mujer globales. Vivir fuera de la conectividad impuesta por las leyes del nuevo orden, le resultará al ser humano una tarea, laboriosa  y heroica, literalmente (demanda/oferta psiquiatría/psicología). La ventaja con la que jugaba, y aún juega, el nuevo orden mundial, es que el ser humano no está para heroicidades. La educación y la cultura sucedáneas, lo impiden. Pero en los ámbitos del poder económico y político se inscribe al ser humano como el soporte y sustento de la dinámica deshumanizadora del orden nuevo.

El ritmo trepidante desde el comienzo, que el lenguaje imprimes a la obra, definiendo la caracterología de Marta, el estrés que la vierte al mundo vertiginoso, estresante, de nuestra sociedad, que la alimenta a ella, es en sí mismo uno de los temas que discurre, como las aguas de un río, sujeta su fluencia al cauce que lo conducirá hasta su final de recorrido, guiándonos a los lectores/espectadores como hilo conductor de la trama de La sombra de un pájaro azul. Tu obra es dramaturgia, y se define sola, siguiendo el cauce de del río de parlamentos, a modo de monólogos entrecortados por la dispersión mental del personaje Marta, que está en todas partes menos en sí misma, caminando de un lugar a otro del escenario, reflexionando sobre su actividad profesional, definiéndola, a la vez que se adentra en opiniones sobre la vida, la poesía, el arte, tan vinculado todo ello, que está cortado siguiendo el mismo patrón, e hilado con hilos de mentidos, de consciencia del ser humano, el lector/espectador y el actor, al enfatizar cómo tu obra, y toda obra de de Arte, está montada desde la falsedad de la vida, tal el gran drama del mundo, atados, los seres humanos, no importan los roles que desenvuelvan en sus vidas, como lo está el actor que representa un papel, a la mentira, porque la vida y el Arte -como en tu texto, destinado a la puesta en escena, como toda obra dramática-, es “representación”, y toda representación exige un actor y un texto, o un rol humano, cualquiera que sea su actividad o condición social que todo ser humano desarrolla en un momento dado.

Tu obra, Pedro, es una reflexión que quiere abrir puertas a quien quiere salir hacia el exterior de la caverna y ver la luz, lejos de las representaciones, que ensombrecen la vida humana, la desnaturalizan, la deshumanizan. Curiosa coincidencia tuya con Platón, al exponer éste que la poesía, épica, lírica o dramática, no era recomendable porque no trata de la “verdad” del ser humano, de la vida; por el contrario, enajenan las mentes y las almas de éste. Si bien puede entenderse tal correspondencia, bien distinta es tu postura, aunque ambos posicionamientos intelectuales (no quiero dejar intercalar aquí la expresión “posicionamientos ideológicos”, porque no es el lugar para entrar en disquisiciones que me alejen del propósito de darte a conocer mis impresiones sobre tu obra) coincidan en lo esencial, porque tú, Pedro, utilizas le pretexto teatral, para hablar del teatro, sí, y del Arte, pero se intuye que el propósito del dramaturgo es  llevar la reflexión hasta sus últimas consecuencias. Ha sido otro acierto en tu trabajo, pienso yo, que dejaras abierta la obra para que el lector/espectador se implique en dar respuestas que no están explicitadas en el texto, pero que están en el ambiente de la representación, en el escenario, pero también en el escenario que la mente humana va creando al representar “su” obra según va percibiendo/entendiendo el devenir de La sombra de un pájaro azul. Pues la tesis de tu obra es, a juicio mío, la vida como representación, siendo ésta un mentido que se adentra como una bruma en el alma de todo ser humano. Y es esta tesis una idea que se engarza palabra a palabra, silencio a silencio, parlamentos que se entrecortan para reanudarse, con contradicciones, con ideas preconcebidas, que se desdicen cuando el personaje Marta atiende debidamente a su interlocutor, que está conectado a ella por la tecnología que da vida a la conectividad.  Marta no es un personaje sano, y no lo es porque el texto teje hábilmente el discurso para que se entienda que la vida de este personaje, y la vida que se quiebra al final de la obra, la de Julia, son vidas ajenas a sí mismas. Vidas enajenadas. No distintas de las que caminan por todas las rutas del suelo terrestre, planetario, orbe sobre-conectado para afianzar un nuevo orden mundial de seres humanos ajenos a sí mismos.

Esta idea de enajenación, me recuerda a la el Dr. Castilla del Pino expuso en una conferencia en la Facultad de Letras, ya hace mucho tiempo, pues era yo universitario -como tú, si aún no te habías marchado a Madrid, para especializarte en Literatura- , que existía un vacío en los estudios sobre la comunicación humana realizados por la Lingüística, pues no alude al problema que genera el proceso de de la comunicación, que es claro para un especialista en psicoanálisis como lo era el Dr. Castilla del Pino. Argumentaba el emérito Catedrático que se echaba de menos una teoría de la desinformación en el proceso de la comunicación, pues ésta no se daba, o no se producía con los mecanismos propios e de un emisor que emite un mensaje a un receptor, exigiendo este proceso, que el receptor libere su mente de prejuicios y de contrapuntos, para receptar y atender el mensaje correctamente. La comunicación generalmente está contaminada por la “injerencia” del receptor que, al tiempo que atiende el mensaje del emisor,  está prensando en qué difiere o qué respuesta ha de darle. La comunicación, para que lo sea, debe articularse con un emisor y un receptor “ideales”, que emitan y reciban mutuamente los mensajes sin “injerencias” por que “libere” su mente de pensamientos para que no le impidan receptar el mensaje correctamente. El Dr. Castilla de Pino hablaba de una teoría de la desinformación y de la incomunicación, o lo que es lo mismo: de una patología de la comunicación. Lo que en aquella conferencia planteaba el Dr. Castilla de Pino nos vale para entender con mayor profundidad la psicología de La sombra de un pájaro azul. Los personajes, que se comunican por teléfono, no se escuchan, escuchan a su mente, a lo que necesitan exteriorizar/sacar hacia afuera, sin atender lo que el otro personaje, al otro lado del teléfono, le está “comunicando”. Marta no” escucha”, “no se comunica”, exterioriza la enajenación que vive. Hasta que “escucha y atiende” porque ha oído algo que le sorprende y le hechiza: será la protagonista de la película. Hasta ese momento, sólo hay patología de la comunicación.

El ritmo de la obra está urdido con la misma sustancia que lo están las consecuencias psicológicas a las que la cultura de la conectividad, al servicio de los poderes dominantes, siervos del poder financiero, ha conducido a la humanidad del Siglo XXI, que esperaba, ya a finales del Siglo XX, un nuevo orden de rostro humano. La sombra de un pájaro azul hará reflexionar, esperemos que a los más, sobre la urgencia de una nueva cultura que responda al propósito que nos transmitieron las épocas ilustradas que nos precedieron, incluidas, dos de ellas poco reconocidas: la que se sitúa en las tres primeras décadas del Siglo XX, en las que surgieron propuestas que enriquecían la Cultura desde posiciones humanistas, de las que nuestro país puede dar testimonio, desde el regeneracionismo, el krausismo, los movimientos ilustrados, como el de la Institución Libre de enseñanza, junto a personalidades vinculadas a movimientos ideológicos, que no siempre son comprendidos por su propios correligionarios, abiertos a propuestas no enclaustradas en el pensamiento inmovilista, como lo fueron Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, los jóvenes que por aquellos años destacaban en las diversas disciplinas del Arte, que salían de las aulas de la Residencia de Estudiantes, patrocinada por la Institución Libre de Enseñanza, etc.  Y la otra corriente humanista, fue la surgida con el nombre de “los nuevos paradigmas”, que se desvincularon, desde su inicio del obsoleto paradigma mecanicista, que alimentaba, cultural, ideológica y científicamente al capitalismo neoliberal de los años cincuenta del pasado Siglo XX.

Creo, Pedro, que debes seguir ofreciéndonos Cultura y reflexión, como lo has hecho en La sombra de un pájaro azul, en momentos que son trascendentes para una humanidad algo (tal vez bastante) perdida, al ser inoculada por los muchos virus culturales, deshumanizadores, con los que el nuevo capitalismo ensombrece la vida humana, ya global, planetaria. El Arte no está exento de contagio de tan dramática situación que vivimos en el primer tramo del Siglo XXI, que no logra desactivarse del Siglo XX, pareciéndose más a un incierto desenlace de lo más degradante e inhumano del pasado Siglo, que a un comienzo de una nueva etapa esperanzadora que nos revele y nos haga vivir en los ideales de excelencia que propusieron todas las épocas ilustradas que nos precedieron. El Siglo XXI será el tiempo que se ilumine con una Cultura de rostro humano o terminará siendo nada.

 

 

 

23 febrero, 2016Permalink