Carta a un amigo desde India (2001)

 [Editado como Prólogo en El Jazmín Indio, Tiger Moon Productions, 2009, Bangalore, India]

“Sé un hombre de mirada serena, de alma ecuánime, y establécete con dignidad en tu centro inalterable. Como el inmortal jivanmukta, que conoció su destino en el núcleo mismo de cuanto acontece, desnúdate de lo viejo y de lo nuevo y traspasa el ancho mar de muertes y nacimientos.

“Sé como Odiseo, que regresó en la densa soledad del océano de la noche para establecerse con firmeza en el principio de lo no-nacido, en cuyo silencio le fue revelado “el sentido de ser”, abandonado entonces de todos y olvidado él mismo de todo, fragancia de plenitud, soledad absoluta de aquél que sólo sabe de lo indiviso.

“Conoce tú, querido Miguel, que sólo en la infertilidad de los sueños un día tú abandonaste tu natal Ítaca, arrastrando una existencia de encantamientos y de pesadumbre: tierra de los lenguajes azarosos y de los hechos imprecisos: odisea de la causalidad y del viento: fragancia de la rosa, desgarradura del alma.

“La vida, más que nos pese, amigo mío, es dominio
de los dioses, simiente agregada que sacude
los frágiles pulsos del hombre
sobre el vértigo de la inocencia: apercibimiento
de lo otro, infeliz desnudamiento: otra voz,
otro rostro, otro sentido, y  más noche
vuelta sobre sí misma:
vórtice oscuro del agua sobre el tiempo de tramposas
licencias, tránsito, más censo
removiendo los nombres,
indefinidamente,
en un ir y venir de los lenguajes ardorosos.

“Como nuevo Odiseo que enfrenta imperturbable su destino, cruza, pues, tus desiertos y contempla en cada grano de arena el pulso de la vida que acerca la mortaja, indefectiblemente, al nacimiento.”

27 septiembre, 2013Permalink