Insistiendo en la educación que debe conducir a la sabiduría

(En: desbrozando la memoria,
28, 03, 2017, Ciudad de México)

VENTANA(carta a un amigo)

1. Qué fue lo que motivó que se desencadenaran los hechos que impidieron mi viaje a Puebla, no lo conozco, ni quiero indagar sobre ello. El hecho es que estoy en Ciudad de México, camino de Chihuahua, y que esta mañana me dispongo a escribir acerca de lo que quería comunicarte en plática privada, como en otras ocasiones en las que nos hemos encontrado, en la Ciudad de PueblaTALAVERA o en la Sierra. Tengo claro que una de las razones de este viaje a México era compartirte algunas ideas sobre educación al servicio de la excelencia humana, que tú conoces, pero deseabas que redactara para ti un breve texto que pudieras publicar en la revista de tu Universidad, resumiendo en sus líneas el propósito y los contenidos de la educación que Sri Sathya Sai Baba denominó Educare, no distinta de la Educación en la excelencia humana o Educacion integral. Conozco el anhelo de no pocos jóvenes incursos en el camino que desenvuelve un programa de un “llegar a ser” para lograr alcanzar el “Ser”, por cuya conquista cada ser humano emprende el arduo peregrinaje evolutivo en suelo terrestre, desplegando una vida regada de regalos del Creador. Y aunque lo Divino es la manifestación de la Eterna, Universal e Inalterada Energía de Amor que invade, inunda y permea el Cosmos, viviendo en el núcleo de cada átomo que existe en tan vasta vida cósmica como Prajna o Conciencia (Cuerpo Supra Sutil Omnipresente de Dios), a los seres humanos no nos es nada fácil reconocer que somos encarnaciones del Amor Divino.

2. Bien analizado, el párrafo anterior es paradójico, ya que si somos divinos no deberíamos andar tras la Realización de “lo divino” de la naturaleza que se reconoce en cada ser humano, con el fin de vivir una vida en su “dimensión divina”, pues ya somos, aun antes del nacimiento, divinos. Esta argumentación se desprende de la declaración categórica de las tradiciones de sabiduría orientales resumida en la idea de que no se puede “llegar a ser” si el “Ser” es Realidad Única, eterna, indivisible y, por ende, inmutable e inalterable, por lo que el movimiento del “llegar a ser” se convierte en una expresión incoherente y filosóficamente vacía de contenido, sin que pueda argumentarse o justificarse su “realidad”, ya que la propia Realidad Única del “Ser” la envuelve en un imposible, si bien podría hablarse de ella como una “apariencia de ser” en tanto que una percepción del mundo basada en la visión de dualidad conducida por los sentidos e interpretada por la mente, pero nunca podrá afirmarse desde la visión de unidad. Desde la perspectiva de la visión de unidad ha de explicarse que una mente diligente e indagadora ha de concluir que algún hechizo le ha debido sobrevenir a los seres humanos, ya que, llegado el momento de su “madurez”, se lanzan a la aventura de buscar y de hollar el camino que les conduzca a la meta de su evolución: Realizar el Ser con el fin de lograr “reconocerse” y experimentarse el “Ser” que buscaban e indagaban; curiosamente, el mismo Ser que siempre han sido, sin dejar de serlo en momento alguno.

La paradoja está servida. Y un enigma para cada ser humano que ha de afrontar y resolver en su recorrido por las incontables vidas de existencia en el laberinto de Maya (según la vedanta y el budismo), o de Creta (según la mitología griega), casa del Minotauro, a donde joven Teseo por el amor a su pueblo se ofreció ser seleccionado entre los jóvenes que debían ser enviados como tributo a Minos, rey de Creta, que consistía en el sacrificio de siete doncellas y siete jóvenes, que serían devorados por el monstruo Minotauro, teseo 4condición impuesta tras la expedición militar de Minos contra Atenas para vengar la muerte de Androgeo, su hijo. Mucho se ha especulado con el sentido de los mitos griegos, especialmente para quienes se sientan atraídos por el reto del juego de los imposibles aparentes, pero que son una fuente de inspiración para el poeta y para el aspirante a incursionarse en la aventura de descifrar el antiguo aforismo “conócete a ti mismo”, toda vez que, haciendo uso del Conocimiento del Ser o Conciencia, representado en este mito griego por la enamorada Ariadna, quien entrega a Teseo (el héroe o aspirante a dar la “batalla” por lograr el Conocimiento del Ser) el ovillo de hilo que ha tejido para “salvarlo”, simbolizando este hilado la metodología o estrategia cognitiva que conduce a Teseo a llegar hasta la bestia o “ego/individualidad humana” para darle muerte. En el mundo iniciático “dar muerte al ego” no es distinto de disolver los contenidos de la mente, pues ésta no existiría sin los agregados mentales que le dan forma. Cuando el ser humano logra “disolver” la mente, éste queda liberado de lo que le impedía saberse el Conocedor del Conocimiento de Sí Mismo o Ser, por lo que pudo descifrar el enigma de la sentencia antigua, pues consiguió apartar el ego/individualidad humana para que su “sí mismo” que unido al Sí Mismo del Ser en unidad indivisible, pueda resplandecer, entonces, con todo su esplendor y gloria, dando por finalizado su periplo por el suelo terrestre.

minotauro 3Lo descrito acerca del mito de Teseo y el Minotauro nos remite a la meta a la que debe aspirar una educación que cumpla con el propósito por el cual fue instituida en cualquiera de las culturas y tradiciones de sabiduría habidas desde la antigüedad clásica, nos refiramos a Oriente o a Occidente. Lo que varía es la estrategia y la metodología aplicadas respecto de otras estrategias cognitivas que conllevan el mismo propósito, se la filosofía, la espiritualidad, la religión, todas ellas rectamente comprendidas.

3. La educación que no conduce al educando/ser humano, en cualquiera de sus etapas educativas, a la sabiduría o Conocimiento del Ser no es educación; será transmisión de información acerca de conocimiento sobre el mundo objetivo y sobre la idea que se tiene del ser humano, de sus facultades, bien psíquicas e intelectuales, o de sus componentes físico y biológico, que no es poco. La educación a la que nos referimos como Conocimiento que el educando posee en sí mismo, en su interior, que no es mental o intelectual, sino Conocimiento innato, es la misma, por ejemplo que conduce al punto al que Sócrates quiere que lleguen sus contertulios, reunidos en casa del joven Menón, nombre éste con el que Platón intitula su Diálogo en donde expone cómo el mundo de las Ideas trascendentes es inmanente en todo ser humano, sea éste esclavo, hombre libre o aristócrata. Este Conocimiento innato es el Conocimiento del Ser, lo que les hace a todos los seres humanos iguales, dignos, universales y trascendentes. Se trata, pues, de una educación que persigue transmitir y desarrollar aquel Conocimiento que le es consustancial a todo hombre y a toda mujer, logrando identificarse con la unidad de la vida en tanto que manifestación del Ser trascendente, incluido el Ser Creador del mundo manifestado, tal vez a quien Sócratessócrates 2. se refiere cuando habla del demiurgo creador, como dios menor, sin privarle del mérito de su obra creativa, sobre todo si se atiende el contexto filosófico en el que mueve Sócrates, en el que uno de sus predecesores en el tratamiento de temas tan arduos y de no fácil explicación, Parménides, ya en su célebre Poema, de críptico contenido y de difícil comprehensión (filosofía: facultad humana para entender y conocer), nos revela la única vía que él quiere comunicar, por ser la única y la real, y a la que nos referiremos más adelante.

En este mismo sentido se expresa Sri Sathya Sai Baba cuando expone el modelo de educación al que Maestro de sabiduría hindú se refiere con el nombre de Educare como la educación que implica “comprender profundamente el conocimiento que surge del interior e impartirlo a los estudiantes”, con lo que declara que el “maestro/educador” ha de incursionarse hasta su más profundo centro para acceder a “su innato” conocimiento, el Conocimiento del Ser para, de ese modo, exponerlo a los estudiantes, pues lo ha experimentado, uniéndose en indivisible estado a él. También se concluye en las palabras de Sri Sathya Sai Baba en la identificación de Ser y Conocer. Pero no todo conocimiento es sinónimo de Ser; sólo cuando se “comprender  profundamente el conocimiento que surge del interior”, y a él se une el indagador/educador/maestro, puede establecerse la identidad Conocer = Ser: Conocimiento del Ser o del Sí Mismo. Lograr identificarse con el Ser universal que es el estudiante, se precisa, como en todo empeño humano por lograr “conocer”, de una metodología, en la que Sri Sathya Sai Baba[3] implica la inteligencia (intelecto) y la indagación, por lo que el proceso educativo se convierte en un camino de autodescubrimiento, de autoindagación y de autoconocimiento; es decir, de un camino o senda en el que el estudiante se incursiona, conducido metodológicamente, hacia su ser interior: conocimiento de sí mismo, pues; proceso a través del cual, primero se descubre quién es, para luego indagar “en profundidad” qué o quién es en verdad, para finalmente experimentarse inequívocamente como el Ser que descubrió y sobre el que indagaba: “He conocido a mi Señor por mi Señor” -Arabí. Como es un proceso en el que el estudiante parte “desde sí mismo” hasta conocer su “sí mismo/Sí Mismo”, hablamos de Educare como una educación que persigue el autoconocimiento o Conocimiento del Ser o Sí Mismo.

En esta interiorización del alumno hasta su ser/Ser, juega un papel trascendental la concentración de la mente como la esencia de Educare o la educación que conduce a la sabiduría, Educación integral o de excelencia humana, tal nos revela Sri Sathya Sai Baba en su mencionado Discurso. Concentrar la mente es sinónimo “disciplinar” la mente, o de “desviar” la atención del mundo hacia el objeto que fue el motivo de la concentración, el ser/sí mismo indagado. Esta etapa de concentración equivale a la vía purgativa o ascética de la mística occidental, mediante la cual el aspirante concentra toda su atención en su meta, obteniendo como resultado su “desapego” del mundo. Etapa, pues, de desapego del mundo o control de la  mente, indispensable para avanzar en el camino de interiorización y comenzar a cubrir la etapa siguiente, la de incursionarse en las zonas más cercanas a la de su Ser interior. En esta segunda etapa, que en las doctrinas místicas y de sabiduría llaman “contemplación” o de “iluminación”, el aspirante adquiere “evidencias” del Ser interior que le “confirman” que está en el buen camino, como los galanteos y las vislumbres que describen los místicos. Estas “evidencias”, en el tramo final de la contemplación, “aparecen” sin concepto, pues serán de “comprensión” honda del Conocimiento del Sí Mismo que es el mismo Ser que mora en el interior del aspirante. Es una etapa en la que progresivamente se va desdibujando el mundo objetivo para adentrarse en la absorción contemplativa que conducirá al indagador a la experiencia inequívoca de unidad con el Ser interior, etapa que en Oriente se conoce como meditación propiamente dicha o de unidad del sí mismo como el Sí Mismo, o de disolución de la individualidad para que esplenda el Ser divino inmanente en cada ser humano.

Igualmente Sri Sathya Sai Baba nos declara que el fin de Educare es la formación del carácter en sintonía con las cualidades con las que se identificará el alumno/ser humano al lograr acceder a su interior, que en Oriente se resumen en las cualidades o valores humanos universales, tales la Verdad, la Rectitud, la Paz, el Amor y la No Violencia.

4. Cuando al ser humano le llega la comprensión de que el mundo es irreal, una ilusión (“apariencia” decía la filosofía antigua, oponiéndola al “Ser”), inicia todo un proyecto de vida que llevará a resolver el enigma del aforismo antiguo que le permitirá salir del engaño o hechizo al que estaba sometido. Determinados seres humanos lograron descifrar semejante arcano en el que vivían encerrados, dado que “el programa de la Creación” lo exige. Para ello renunciaron a investigar sobre la Creación volcando sus indagaciones sobre el Creador, convirtiéndose en los sabios que dejaron sus experiencias y conocimiento en los textos sagrados que nos revelan que Dios reside en el corazón de cada ser humano como en cada forma de vida. Si el Creador es el “residente” en el ser humano, como lo es en el infinitamente pequeño núcleo de un átomo o en la ingente y compleja forma de una galaxia, lo más prudente y sensato sería indagar en esta dirección, pues no hay otra vía que arroje conocimiento sobre el Ser que reside en cada uno de los seres humanos como principio divino que lo anima. Tales indagaciones comenzaron en la India milenaria, y la profundización en el conocimiento del sí mismo en identidad con el Sí Mismo universal, buscaba la respuesta a la pregunta “¿Quién soy yo?”. Conocer si “soy este cuerpo que me sirve de vehículo para realizar mis actividades diarias, o si soy la mente que, volcada hacia el mundo externo, me permite interpretar y experimentar las señales que me envían los sentidos, o si soy el principio Átmico Creador del Cosmos que vive instalado en mi corazón, es el propósito de la indagación.

En la antigua Grecia, pues, la continuada indagación sobre el “sí mismo” cifrado en la sentencia “conócete a ti mismo”, era conducida por un maestro de sabiduría, o un verdadero filósofo, como se conocía entonces de quien su palabra y su vida eran la expresión incontrastable de la sabiduría. Indagar profundamente la sentencia “conócete a ti mismo, encriptada en su propia envoltura lingüística, en Grecia, o la inquisitiva pregunta “¿quién soy yo?”, en la India vedántica, eran, pues, el punto de partida para alcanzar descubrir la verdadera naturaleza del ser humano en el mundo antiguo.

No sólo los Upanishad hindúes hablan, pues, del “Ser” como Realidad Única e Inalterable, hecho que imposibilita que “exista” algo diferente al “Ser”. En la Grecia clásica, los filósofos presocráticos ya nos lo recordaban. Parménides, en su enigmático Poema, dice: “Sólo un relato de una vía /queda aún: que es. En ella hay muchísimos signos: /que siendo ingénito es también imperecedero, / total, único, inconmovible y completo. /No fue jamás ni será, pues ahora es todo junto, /Uno, continuo. Pues, ¿Qué génesis le podrías buscar?/¿Cómo y de dónde ha crecido? No te permitiré”/ decir ni pensar: “de lo que no es”, pues no es decible ni pensable  /que no es. ¿Qué necesidad lo habría impulsado a nacer, /después más bien que antes, a partir de lo que no es nada?”. Estos versos revelan claramente que en Occidente también existió el Conocimiento Supremo del Ser, el Conocimiento de la no dualidad. También Sócrates se refirió al “Ser” en tanto que Alma Universal “habitando” todo el Cosmos e incrustado o “inmanente” en todo ser vivo, por lo que sólo cabe pensar que la única realidad “real” es la del “Ser”. Lo que no es el Ser es “apariencia”, irrealidad, sueño, mentido, mundo. Guruji Viswanath me decía que, al crear Dios un mundo a su imagen y semejanza, éste debería tener una existencia relativa, pues la Creación es un hecho tangible percibida por los sentidos y comprendida y experimentada por la mente humana.  Pero ¿cómo resolver este nuevo enigma…?

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CONTINÚA

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NOTAS

[1] En su obra Timeo, Platón utiliza el nombre de demiurgo (“demiourgós”) para referirse  al creador del universo, presentándolo como un semidiós que actúa como causa eficiente al ordenar la materia preexistente, que se hallaba en estado caótico, tomando como modelo la perfección y la belleza del “kosmos noetós” (mundo de las Ideas). Coincide en esta interpretación a la vedanta, que hace referencia a la creación que, aun cuando es eterna, tiene ciclos que se suceden: el MAHANVANTARA es el GRAN DÍA CÓSMICO, al que sucede el PRALAYA o la GRAN NOCHE CÓSMICA. Durante el GRAN DÍA existe el universo. Cuando llega la GRAN NOCHE, el universo deja de existir, se disuelve entre el seno de la PRAKRITI o Sustancia o Materia. Un ciclo sucederá al otro, eternamente.

[2]  Recuérdese, por ejemplo, el periplo de Ulises desde que salió de Troya/Ilion hasta regresar a Ítaca, su hogar, pues de allí era rey, encontrándose con su esposa, Penélope -quien lo esperó todos los años que duró la Guerra de los griegos y los troyanos, más el tiempo, no cifrado, que vagó por el mar perdido con su tripulación-, que “tejía un bordado”, que deshacía cuando estaba a punto de finalizar, para volver a comenzar de nuevo la tarea, pues el acabado de la labor era la condición que les impuso a quienes, con intrigas y conspiraciones, le urgían para que eligiera un nuevo esposo y rey de la isla.

[3] Discurso del 20 de Noviembre de 2001.

 

29 marzo, 2017Permalink