Un salto cualitativo en la conciencia del tejido social

loto balnco 1

(En: desbrozando la memoria,
23, 04, 2017)

 

1. Un salto cualitativo en la conciencia del tejido social.

La visión racionalmente lúcida y dialogante, inclusiva, humanamente digna y esperanzadora, de que el progreso humano ha de diseñarse y desarrollarse inscribiendo su acción pluridimensional en el seno de una visión holística, está visualizándose cada día, con mayor fuerza, en el tejido social y productivo del mundo global. Y no sólo podemos hablar de un cambio de paradigma en ciencia, que fijó la investigación científica en territorios más allá de lo que decretaba la ciencia objetiva cartesiano y newtoniana, en los que se intercomunicaba materia y conciencia/espíritu, o se identificaban ambos territorios, si bien se diferenciaban los niveles en la menor o mayor densidad de la composición en los que una y otra se manifiestan, muy sutil el de la conciencia frente a la densidad corporeizada de la materia, como quedó claramente demostrado a todo lo largo del Siglo XX con los descubrimientos en la teoría y en la praxis de la física subatómica y macroatómica, cuyo avance entronizó un nuevo modelo de comprender el mundo y el hombre, que situaba el saber científico en la lanzadera de una nueva visión del mundo que mostraba visiblemente la superación de la vieja cosmovisión de dualidad en la que se apoyaba la ciencia racionalista u objetiva. Porque el cambio de paradigma se percibe vinculado a la nueva visión de unidad, que expresa la idea de un universo que se comprende como una totalidad en la que todo está en ella íntimamente relacionado. Tal interconexión universal, no sólo de las cosas, sino también de los sucesos, parece ser un rasgo fundamental de la realidad atómica. David Bohm pensaba que “uno llega a un nuevo concepto de inquebrantable totalidad que niega la idea clásica del mundo en partes existentes por separado e independientes”. La visión de unidad se gestaba en Occidente desde la física, iniciándose el Siglo XX, al tiempo que los científicos miraban hacia el Oriente metafísico, pues ya desde finales del Siglo XIX comienza a fructificar un contacto cultural fértil e integrador, gracias al cual Vivekananda, por ejemplo, tesla y Viveka...pudo enlazar sus enseñanzas con universidades e intelectuales occidentales (Véase en la fotografía adjunta a Vivekananda junto a Nikola Tesla [1], quien tenía un profundo conocimiento de la sabiduría védica, siendo uno de los científicos occidentales que mantuvieron contacto con Vivekananda, reuniéndose ambos en Septiembre de 1893, en Chicago). O tal le ocurrió a H.P. Blavatzky, que difundió el conocimiento teosófico en Occidente y en Oriente, de críptica explicación, al aunar todas las doctrinas religiosas en sus vertientes esotéricas en una única tradición de sabiduría, conectando la filosofía perenne con las doctrinas místicas occidentales y orientales. La aportación posterior de Krishnamurti fue enriquecedora en ciencia, influyendo en científicos como David Bohm, R. Sheldrake o Fritjof Capra. La diáspora del budismo tibetano, debido al exilio del pueblo de la bondad y de la compasión por la invasión genocida de la China de Mao, terminó por hermanar el conocimiento científico y la espiritualidad, fructificando el contacto cultural en los llamados nuevos paradigmas.

No se puede hablar de la cosmovisión de unidad si no se relaciona a ésta con el cambio de conciencia que se viene percibiendo en todos los ámbitos de la actividad humana en su colectiva y plural manifestación, tanto en Oriente (India, especialmente) como en Occidente, desde mediados del Siglo XX. El cambio de conciencia llegó con los nuevos paradigmas como un modo de percepción del mundo radical y trasgresora de los principios que rigen el viejo paradigma mecanicista o Gran Paradigma de Occidente. En varias de sus obras, Ken Wilber nos repite la idea de que “Nuestra sociedad, nuestras universidades, nuestras corporaciones, nuestra economía, nuestra tecnología, nuestra política, están todas ellas estructuradas conforme al viejo paradigma”. Necesitamos el cambio, insiste el pensador estadounidense. Otros científicos y pensadores también nos instan en la urgencia de un cambio en esta misma dirección, si bien, todos ellos quedan del otro lado del academicismo, en la heterodoxia que fue calando en el tejido social y universitario en Oriente y en Occidente. Por su parte, Fritjof Capra nos señala que “El universo se ve como un tejido dinámico de acontecimientos interrelacionados. Ninguna de las propiedades de ninguna parte de este tejido es fundamental; todas ellas se deducen de las propiedades de las otras partes, y la consistencia general de sus interrelaciones mutuas determina la estructura de todo el tejido”. 

Traemos a estas líneas el apoyo de la ciencia para que nos ayude a expresar con la mayor claridad que, cuando hablamos de una visión holística, pensamos en ideas semejantes a la que acabamos de leer en Capra. En verdad que nada tienen de nuevas las ideas expresadas por la ciencia en el sentido que venimos exponiendo, ya que las tradiciones china y griega del Siglo V a. d. C., o la hindú aún anterior a éstas, ya la consideraban en sus tratados de filosofía. Por nuestra parte, insistiendo en esta idea, pensamos al colectivo humano en su complejo, variado y plural ecosistema de modos y formas de vida, como un todo integrado y cooperativo, interdependiente y universalizado en su incluyente forma de concebir, vincular y relacionar no sólo a todos los pueblos y culturas que forman la familia humana, sino a sus variadas, diversas y múltiples actividades, interconectándose entre sí, sean éstas de naturaleza educativa, de salud, científica y tecnológica, política, legislativa, económica, productiva, de mercado, artística…, porque, además, es así como funciona en el viejo paradigma, aunque de manera desacertadamente en sus modos y formas de concebir dichas interrelaciones, creándose por ello numerosas fallas, desajustes, desequilibrios y falta de interconectividad, manifiestos en la desigualdad social y el partidario reparto de la riqueza, en beneficio siempre de los poderosos; o en la descohesión interna y en las contradicciones que conllevan las comunidades organizativas humanas, como pueden observarse en las relativas a la educación o a la salud; o en el desequilibrio que encontramos en el mundo del mercado, que sólo comunica lo preciso para el intercambio de las partes integrantes del todo que participan en la actividad mercantil, distanciándolas para “sentirlas” separadas, como sucede con los ámbitos de la producción, del consumo y los específicamente de mercado, que vincula a los productores y a los consumidores. No olvidamos que, junto a estos colectivos organizados, se reúnen de forma substancial y determinante las corporaciones de la banca y las de la bolsa, y todo un orbe de producción laboral fronterizo que participa de la plural actividad propiamente mercantil, constituyendo todos esos colectivos, corporaciones y sociedades organizativas que la integran, un todo del que dista mucho de percibirse en el sistema capitalista con una sólida “consistencia general”, porque se considere que todas las parte son fundamentales y ninguna de ellas impere sobre las demás. Esta manera de estructurarse la compleja actividad mercantil-financiera impide organizar la distribución de los beneficios respetando el derecho a la igualdad y al justo reparto de la riqueza, sin que ninguna parte resulte lesiva para el conjunto o se superponga por cualquier tipo de dominio sobre las otras partes. De otro modo se genera una rotura en el equilibrio y en la cadena de conexiones de la que resulta, por una falta de visión holística, el consiguiente desequilibrio entre las partes reunidas, que no integradas, en el espacio económico que genera la relación producción-mercado-consumo.

Ejemplificar la descohesión y el despropósito que conocemos en el sistema educativo en sus diferentes niveles formativos, nos llevaría a resaltar cómo la comunidad escolar sufre el mayor fracaso que ha conocido la educación desde que se inició el proceso de universalizarla, y no precisamente por crear las condiciones para que todos seres humanos accedan a la educación, sino porque lo que se define como educación sólo es la parte de transmisión de información académica que impone el sistema de mercado, ya que el apartado verdaderamente “educativo” se excusa y se impide incluir en los programas y currículos, porque se prefiere un sistema formativo de conocimientos que facilite piezas laborales y profesionales que necesita el mercado del “sistema” y no seres humanos educados y formados en los valores que definen su “humanidad”. Todo un despropósito cuyas consecuencia desastrosas nos alarman e inquietan, pues somos testigos de la “des-educación” de los jóvenes,  a los que les exigimos que se comporten como seres civilizados y educados. Es por ello que declaramos que la visión holística daría cohesión y contenido “educativo” integral a la educación, cuyo propósito no debe ser otro que el de proporcionar al educando, en cualquiera de sus niveles educativos, el logro de la excelencia humana, es decir, llegar a conocer la “humanidad” de su naturaleza, por expresarlo de forma comprensible, toda vez que logre descifrar el aforismo antiguo “conócete a ti mismo”, consiguiéndose finalmente formarse en el carácter genuino de su “humanidad”.

Ahora bien, lo que define los nuevos modos y formas que apuntan a la nueva manera de conformar el “sistema” es sencillamente la prioridad que se le otorga a “las personas”, al ser humano en su “humanidad” como cualidad que rija su vida, como individuo y como colectivo, que deberá reflejarse en la voluntad de buscar el bienestar común, de las personas, de las sociedades, de toda la comunidad humana sin fronteras, en estrecho y estable vínculo con el macrosistema de la vida planetaria. Hablamos de bienestar universal y de racionalidad y coherencia interna de un sistema que se autoorganice y se “sostenga a sí mismo” en virtud del principio y valor de lo humano, como venimos exponiendo en nuestros trabajos. Un sistema que se sustente en el equilibrio y la cohesión que genere, de forma autosostenida, la vieja noción filosófica del “bien común”, el de todos los seres humanos en todos los niveles personales y culturales, sociales y económicos, políticos y jurídicos, con “institutos integrales” cubriendo todos los sectores de la sociedad, arropados por una “práctica integral”, abierta a una racionalidad solidaria, dialogante e incluyente, como expone K. Wilber.

De este modo la globalización adquiere un valor “humano” y, por tanto holístico; porque, lo humano ha de ser holístico, integral, si queremos vivir “humanamente dignos, libres y en igualdad de derechos y deberes, verdad ésta que no se percibe hoy como “bien común” e “identidad de lo humano” en el diversificado mundo de las relaciones interhumanas, hecho por el cual vivimos una crisis in crescendo, temiendo que la mayor locura del hombre no sobrevenga, en cualquier momento, como tragedia de la que sólo podamos esperar lo peor.

Es la falta de visión holística, que requiere una visión del mundo de unidad, como base de toda idea y acción del ser humano,  la verdadera causa de la crisis de valores o de conciencia que ha desnudado y deshumanizado la vida individual y colectiva de una humanidad que vive desolada por el rumbo incierto que ha tomado su existencia. Piénsese en la arquitectura del sistema global que ha construido el modelo capitalista -llámese con la expresión que se quiera a la última etapa del “sistema” que nos sobrecoge y espanta en este principio de Siglo XXI- con el fin de regentar totalitariamente sobre todos los ámbitos en los que se desarrolla la vida de los seres humanos, levantando su descomunal envergadura sobre los valores del materialismo mercantilista -valores que desnaturalizan, si no la destruyen, la cualidad de lo humano- al tiempo que desposeyó a los seres humanos del único valor con el que puede en verdad identificare: su “humanidad” y los valores que la definen: los valores humanos de la verdad, de la rectitud, de la paz, del amor y de la no violencia, a los que nos remiten todas las tradiciones de sabiduría, incluida la occidental, aunque Occidente prefiera obviarla en favor del racionalismo materialista. Mucho llevamos escrito sobre la globalización como ámbito de encuentro de hombres y de mujeres intercambiando ideas y proyectos con las que construir un nuevo mundo “verdaderamente humano”, alejado de los valores de mercado y de consumo con los que el capitalismo ha logrado mundializar su “sistema” deshumanizador, inoculándonos con el virus del materialismo mercantilista, con cuyos valores, insistimos, nos han despojado de la “humanidad” con la que la vida nos regala al nacer.

2. La utopía que sí puede ser real. Un apunte esperanzador: “La Carta de Málaga: Una economía al servicio de las personas y del planeta”.

No obstante, y a pesar de tan absurda racionalidad que impera y acampa por los dominios de la mundialización de la economía de mercado y de consumo, que nutre las mentes de los políticos que gobiernan desvergonzada y deshonestamente, y de los que no gobiernan, aunque igualmente carecen de vergüenza y de honestidad, a quienes hay que sumar la de los poderosos que rigen las finanzas y los mercados, y la de los profesionales funcionarios de los medios al servicio de los unos y de los otros anteriormente citados, empero, reiteramos, la esperanza va haciéndose hueco acomodándose en el tejido social. Pura alquimia, reconvirtiendo lo viejo en lo nuevo, destilándolo en el alambique de la esperanza y de la buena voluntad, de la clara conciencia de que la vida ha de vivirse desde los valores que definen lo humano. Con esfuerzo, haciéndose camino al andar, creándose canales por donde circular la nueva savia, va tomando cuerpo el alma de esta nueva concepción de la vida, percibiéndose más visible en la superficie del tejido social de la globalidad conforme transcurren los días de espera de un cambio radical (de raíz, sin que quede absolutamente nada de todo lo anterior que se quiere superar).

La prensa ha destacado una noticia que nos llena de alegría y de esperanza, que nunca faltaron: “Málaga es una ciudad muy abierta al cambio”, destacó el alcalde Francisco de la Torre, satisfecho con la vitola de “capital mundial de la nueva economía”. Y es que en Málaga ha tenido lugar, este fin de semana, El Foro NESI, en el que se ha presentado “La Carta de Málaga: Una economía al servicio de las personas y del planeta”. Sin comentarios. Pues ha de reinar un silencio glorioso, al menos durante los instantes en los que cerremos los ojos y nos hacemos con la certeza de la realidad que comienza a sustanciarse: el mundo no sólo puede cambiar, sino que ya lo está haciendo. Que la vida que la humanidad ha soñado por siglos puede ser real, que es un hecho que lo tocamos con las yemas de los dedos; y las del alma. Que si pensamos sabiamente -hemos afirmado en numerosas ocasiones-, construiremos sabiamente un mundo en el que la vida se valore por la cualidad de lo humano, ya nos lo demuestran gestos y acontecimientos como los ocurridos en Málaga este fin de semana. Que construir sabiamente es re-conocer que la vida tiene su sentido en el logro del bienestar universal de todos y de todo, y esto significa que es posible construir la utopía, pues moviliza todos los resortes humanamente posibles con los que conducir los ideales utópicos al terreno de la topía. Cervantes no se equivocaba cuando le hacía decir a Don Quijote: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”. Y esto es lo que está sucediendo. Una visión «compartida» por todos, con todos  y para todos es posible.

Hace mucho tiempo que deseaba leer las palabras que les voy a transcribir y que resultan extrañas al ser expresadas por un empresario, el fundador del Foro NESI, Diego Isabel La Moneda: “Ver a un empresario abrazar a un activista, ver a personas de diferentes países, razas y edades comprometiendo a co-crear una economía al servicios de las personas y del planeta, es algo que despierta la esperanza”. Son palabras que no sólo nos hacen sentirnos felices, sino que agradecemos a la vida vivir el cambio de conciencia que estamos experimentando, aunque aún muchos sean los que no lo perciban ni lo experimenten. Pero está ahí. Está aquí, en cada uno de nosotros. En nuestra propia transformación. En nuestra toma de conciencia de que cada uno de los seres humanos somos la humanidad misma. Ya no sólo lo expone la nueva ciencia con conciencia, sino que la vida común, la del día a día, ya comparte que todos somos parte del todo, y que en cada parte está el todo. Todos somos la humanidad, por lo que la humanidad está en cada uno de nosotros. Es imposible mirar ahora hacia otro lado que no sea el lado de lo humano, de la unidad de los seres humanos, más allá de las creencias, del color de la piel, de la posición social… Mirar es ya un mirar hacia el bien común, hacia el bien universal, hacia el progreso de todos con todos y para todos en cooperación fraterna y empática, sinérgica e inclusiva.  En el mismo Foro NESI, Daniel Truran, del movimiento Global B Corp decía: “La finalidad de la certificación B Corp es precisamente confirmar que hay acciones detrás de la empresas que aspiran a convertirse en fuerzas positivas de cambio”. Y aún: “Nuestro sueño es que un día todas las empresas compitan por ser las mejores del mundo. Las ‘mejores’, eso sí, en un sentido bien amplio: aumentando el bienestar de las personas y de las sociedades y minimizando el impacto en el planeta”.

Lo que ha sucedido este fin de semana en Málaga, sólo tiene una expresión que defina lo ocurrido: al fin la esperanza acude al encuentro de quienes han creído en el pasado y de quienes hoy creemos que el nuevo mundo que definieron las utopías puede ser “sabia y realmente construido”. La esperanza es el alma de cualquier logro que mire hacia el bienestar universal. Es la motivadora de nuestra propia transformación. Porque finalmente emerge la punta del iceberg del cambio de conciencia que también aflora en el ámbito de los colectivos/comunidades humanas que han sido más reticentes al cambio de conciencia: el de la innovación tecnológica y el del mundo empresarial y del mercado. El  primer Foro NESI ha convertido a la capital de la Costa del Sol en un espacio de encuentro internacional de la innovación social y la colaboración empresarial. Y nos ha traído algo más profundo, y nos lo trae la prensa nacional, que se ha hecho eco de la importancia del evento: “El objetivo y el propósito de la nueva economía será servir a las personas y al planeta”. Con estas palabras arranca la “’Carta de Málaga’, elaborada por más de 600 líderes de opinión de 50 países, a tiempo para la celebración del Foro de la Nueva Economía, Sociedad e Innovación (NESI), hasta el 22 de abril en la capital de la Costa de Sol”. [elmundo.es. CARLOS FRESNEDA].

3. Los tiempos están cambiando, porque el colectivo humano está cambiando.

La lectura de la noticia de “La Carta de Málaga” nos condujo a considerar de inmediato su alcance en el contexto de la ideología que controla el sistema capitalista, que domina a sus anchas sobre todos los países  del mundo global, salvo de un escaso número que se resiste, alguno de ellos por motivos no ideológicos aunque sí filosóficos y de naturaleza humanista. Resaltamos la expresión “naturaleza humanista” porque pensamos que es pedagógico desvincular el valor humanista de una visión del mundo, como la que rige la vida social, económica y política en el Bhután, que se desvincula de la cosmovisión sobre la que se ha forjado la ideología capitalista y todos los sistemas de poder basado en la economía o en la casta o clase social regente, en los que arraigó el principio filosófico de progreso basado en la producción/mercado y en el poder que se obtiene de él, estrechamente vinculado al otro principio rector, el de la individualidad que, aunque inscrita en la comunidad, nunca se dejó circunscribir por ella. Los sistemas tradicionalmente aceptados por el saber académico, esclavismo, feudalismo y capitalismo, como etapas de la civilización occidental, han sido regidos por la visión de dualidad, que ha basado las relaciones humanas, políticas y de progreso económico y de reparto de la riqueza siguiendo el criterio del juego de los contrarios y de las oposiciones, de la exclusión de todo aquello que no soy yo (o la casta o clase), si bien en las dos primeras fases de nuestra civilización occidental (y oriental, pues se han seguido las mismas pautas de conducta socio-económico-políticas, aunque con matices en la presentación de los criterios filosóficos relativos a los valores que han de regir la política y la relación de los soberanos con sus súbditos [2] ) la individualidad sólo era atribuida a la clase dirigente política y/o mercantil, ya que el pueblo llano o el vulgo o la plebe apenas poseían derechos que no fueran concedidos dadivosamente por la clase dirigente. En la etapa capitalista, las dualidades, o la diversidad, fueron entendidas siguiendo la lectura racionalista que la Grecia antigua se hizo del pánta réi heracliano y del juego de las dualidades, o de las partes que componen una diversidad, entendidas éstas como tensión de opuestos que ha de resolverse con la superposición del uno sobre el otro, o los otros. Esto ha sido así por una desacertada interpretación de Heráclito, del que se suponía que sus dualidades debían ser opuestas, sin ver la otra vertiente en la que puede interpretarse el juego de vida, el de la complementariedad entre ellas, o de síntesis integradora de una en la otra, o entre todas las partes de una diversidad, tal como, por ejemplo, hoy se concibe entre los nuevos paradigmas el conjunto del saber humano, como un paradigma de paradigmas o como un saber complementario en el que las disciplinas “científicas” y “no científicas” se integren en un saber comprehensivo, cada cual desde su nivel de investigación, sin excluir ámbitos y modos en el que el conocimiento humano se desarrolla. La lectura del juego se opuestos entre las dualidades ha primado en Occidente y también en Oriente, si bien las tradiciones de sus filosofías, védica, china y budista, especialmente, han dejado claro, a través de sus enseñanzas, que la vida ha de ser comprendida desde una visión de unidad, en donde las dualidades o la diversidad no entran en juego de opuestos o de contrarios, sino de complementariedad y de síntesis integradora, ya que la vida, o el universo, ha de ser considerada como un todo interdependiente en el que cada parte tiene su lugar y función en el todo del conjunto al que pertenecen, siendo además cada una de sus partes expresión acaba de todo universal. El todo está en la parte y la parte está en el todo. De aquí que se insista en la distinción entre la visión de dualidad y en la de unidad, pues la primera percibe la diversidad y sus diferencia excluyentes y opositoras, sin contemplar la unidad como base real de las mismas, mientras que en la segunda, se percibe la unidad en la diversidad, siendo ésta la extraordinaria variedad en la que se manifiesta, en toda su completud, la vida, el universo. El matiz puede entenderse como un juego conceptual ocioso, útil sólo en la reflexión filosófica, pero de él depende que la vida se interprete desde el juego de los contrarios y de la exclusión, o desde el juego de la complementariedad, de la inclusión e integración. En este debate forcejeamos los seres humanos que integramos en mundo de la globalidad, sin comprender que las oposiciones, los contrarios, surgen en nuestra mente, no existen en la “realidad”.

Bhután no sólo es una anécdota en el diverso panorama socioeconómico del Planeta. Bhután es el ejemplo que se expone cuando se quiere mostrar, en un mundo regido por el racionalista materialista, que una nueva forma de entender la economía es posible, que el producto interior de felicidad de un pueblo es más importante que el producto interior bruto de su riqueza material, pues su verdadera riqueza es el pueblo, sus gentes, sus tradición de sabiduría que impulsa la vida colectiva hacia el bienestar universal, sin diferenciar lo humano de lo no humano, pues todo es vida, y esa vida están vibrando en todo.

“La Carta de Málaga” nos recordó lo ya ampliamente difundido por la prensa de todo el mundo global sobre la experiencia de Bhután, no sólo por lo insólito de las declaraciones de las autoridades de Bhután, desde que la BBC difundió una entrevista sobre el país de la felicidad, sino porque en un mundo mercantilizado en sus principios y valores hay referencias reales de que la vida puede entenderse desde una visión humanista no materialista. “Los ciudadanos de Bhután se cuentan entre los más felices del mundo. El país mide la calidad de vida de su gente por su felicidad, lo que se conoce como Felicidad Nacional Bruta, en lugar del Producto Interno Bruto (PIB), y establece así un equilibrio entre lo espiritual y lo material”, escribe Anbarasan Ethirajan para la BBC News (11, Nov., 2013).

Algo sorprendente, porque de inmediato nos viene a la memoria nombres de Foros internacionales,  como los de la OCM, en los que se pone de manifiesto el valor del futuro económico, no el de las personas ni el del planeta, sino de la economía capitalista al servicio de los poderes dominantes. Los tiempos están cambiando, porque el colectivo humano está cambiando, decíamos más arriba. El cambio es inevitable. El sistema capitalista ha llegado a su fin, aun cuando trata de transformar su apariencia con nuevos ropajes, aunque estos constituyan la sustancia de una nueva revolución, no industrial, sino de carácter digital, con la incorporación de los nuevos avances tecnológicos, que sin duda generará profundos cambios que experimentará el mercado en los próximos años, “Big Data, Cloud Computing, el internet de las Cosas (loT), la inteligencia artificial  y la ciberseguridad, puntas de lanza del nuevo cambio de piel del sistema, todas ellas con un denominador común: los datos, bautizados ya como el nuevo petróleo”, como nos lo ha recordado la presa en las últimas semanas (El Confidencial, 2, 04, 2017, ÁLVARO ZARZALEJOS). En nuestra opinión el verdadero cambio, y no es de piel, sino de visión del mundo, de conciencia, de valores, se está produciendo en la actividad diaria de las “otras economías”, las que han elevado su voz en el Foro NESI, declarando que son muestras, señales de que el cambio se siente como un cambio de conciencia, como una transformación del ser humano que ha decidido abandonar los viejos usos que “estrechaban” su mente y anulaban su percepción de sí mismo desde el valor de lo humano que no compite, sino que suma e integra, y abraza la vida como un todo en el que se siente parte al tiempo que se re-conoce el todo en el que su vida se desarrolla en favor del bienestar universal, porque percibe la diversidad de la vida en su unidad interconectada  y complementaria, integradora, incluyente y cooperativa.Las “otras economías”, son los canales por donde vehicular formas alternativas que darán paso al nuevo paradigma que sustituya al capitalismo, el “sistema saturniano” que ha devorado todo cuanto se gestó en su matriz con pretensiones de sustituirlo. Pero estas “otras alternativas” se nos antojan hijos díscolos, de no fácil erradicación, aunque presentarán sin duda modificaciones, esperemos que no “plegadas” al capitalismo. Tal vez haya que especificar que estas “otras economías” se están mostrando como vías que han surgido como contrapunto al capitalismo con la firme voluntad de ser referencias reales de un gran paradigma que está por llegar que dé relevo al sistema económico-financiero dominante, pues tienen como objetivo: la sostenibilidad; como premisa: mejorar la vida de las personas; y como método: la colaboración.

Vivimos el tiempo del cambio de conciencia, de la visión del mundo que abrirá nuestras mentes para gestionar el cambio de paradigma que nos traerá una nueva civilización. Los cimientos están echados. El viejo mundo se derrumba sin que se le hostigue. Su tiempo concluyó para dar paso a otro tiempo, a una nueva humanidad que comienza a exteriorizar la “humanidad” que define a todos y cada uno de los seres humanos. Hace tiempo que venimos exponiendo que el cambio de conciencia nos traería un nuevo mundo, no sólo un paradigma nuevo [3], porque éste vendría dado como resultado de una nueva visión del mundo de unidad, que ya apuntaba la nueva sensibilidad que se produjo con el final de la Gran Guerra, con la que finalizaba la primera mitad del Siglo XX.

Era una cuestión de tiempo. Y de paciencia. De hacer camino. De salvar los impedimentos.Tenía que suceder, no tarde ni temprano, sino a su debido tiempo. Y nada ni nadie podrán impedirlo. La nueva conciencia se desarrolló, pues, allá a mediados del Siglo XX, una vez que el cataclismo que la Gran Guerra produjo en todo el universo de lo humano desapareció del horizonte, y se digirió. Las consecuencias fueron no sólo dramáticas, también fueron trágicas y desoladoras. En cada ser humano causó una sacudida a su conciencia, un movimiento hacia dimensiones insospechadas hasta entonces. Una nueva sensibilidad comenzaba a movilizar una nueva conciencia. Surgieron colectivos, ideas innovadoras, humanistas, más allá de las violentadas por el viento gélido del marxismo y del liberalismo, beligerantes ambos. Los jóvenes adornaron sus cabellos y ropajes con flores y escribían en las hojas de los cuadernos y sobre las paredes eslóganes que hablaban de amor, de paz, del rechazo a la violencia en todos sus sentidos, no sólo en el belicista. Comenzaba a sustanciarse en las ciudades estadounidenses y en la tranquilidad de sus campos la idea, cada día más madurada, de la inclusión de todo el colectivo humano en una misma familia, en un mundo motivado por valores humanos. Y al transcurrir algunas décadas, el mundo se hizo pequeño, global, cercano, conectivo, si bien más deshumanizado. Muy a pesar de los poderosos, de los que regentan el planeta desde el Nuevo Orden Mundial, que se hostiga a sí mismo con sus contradicciones y las roturas que se generan en su arquitectura, que se siente tambalear, los seres humanos se encuentran en esta línea de avanzada hacia la unidad del colectivo humano. No es fácil dejar atrás los viejos usos. Pero los esfuerzos realizados en fértil dirección de la visión de unidad están dando sus frutos. Y los tiempos cambian. La humanidad avanza. Cada día es más amplio el tejido social planetario que trabaja y vive por encontrar espacios de convergencia en la paz y en la concordia, en la solidaridad universal, en el bienestar universal de todos y de toda la vida que nos circunscribe e inscribe en nuestro hogar terrestre, de la que somos parte “integrante y complementaria”… Son signos todos ellos que nos muestran que estamos ante un cambio “radical” que nos sitúa ante un nuevo mundo que “se está construyendo” con nuevas ideas y nuevos instrumentos, y nuevos valores: los valores humanos universales.

Sólo podemos leer el contenido de “La Carta de Málaga” como un nuevo árbol plantado  junto a otros que permiten visualizar un paisaje nuevo, verdaderamente humano, ecológico, de destino universal terrestre, autosostenible y conservador, pues no destruye la vida, la protege, la alienta. “Estamos ante a una auténtica Carta Magna que ilustra la fuerza que tienen ya todos estos movimientos que claman por un cambio esencial del modelo económico”, certifica Aniol Esteban, de la New Economics Foundation (NEF). El manifiesto de Málaga advierte que “La nueva economía que el mundo necesita no está basada solo en la tecnología, sino en los valores”“, que pide ir más allá de la lógica del mercado y construir un modelo económico “integrado en los sistemas sociales y ecológicos” y cimentado en torno a “la justicia, la solidaridad, la igualdad, la autonomía y la colaboración” (CARLOS FRESNEDA, 20, 04, 2017).

Si Kuhn (1962) explicó el concepto de “paradigma” como un conjunto de logros compartidos por una comunidad científica, empleados por ésta para definir problemas y buscar soluciones legítimas, los integrantes en el Foro NESI, tal como lo ha expresado Albert Cañigueral, conector de OuiShare para España y América Latina, rompen una lanza por “la diversidad de aproximaciones de las otras economías”, garantía ésta que asegura “un ecosistema más rico, diverso y resiliente […] Pero es necesario crear más puentes y vías de cooperación más estables entre las diversas propuestas […] Tenemos que encontrar ese terreno común que represente una alternativa mejor al actual sistema capitalista”.

Florent Marcelli, diputado de Equo en el Parlamento Europeo, señaló que “Las otras economías existían hasta ahora como pequeñas islas […] Estas islas transformadoras se están juntando ahora en un archipiélago, y podrían acabar cuajando en esa nueva Europa que tanto necesitamos, basada en valores como la sostenibilidad, la democracia y la justicia”. Por su parte, Diego Isabel La Moneda, fundador del NESI y al frente del Global Hub del Bien Común, declaró: “Hemos marcado un antes y un después en la historia de la nueva economía […] Hemos puesto a trabajar juntos a los diversos ‘actores’ en los cinco continentes y hemos creado un plataforma para seguir avanzando juntos. Esperamos que estos días sean tan solo el inicio de la singladura”.

Todo parece deslizarse como agua sobre la piedra lisa, pero ha de advertirse que la “ruptura” con el viejo modelo capitalista sólo podrá lograrse si se “supera” la visión del mundo sobre la que se forjó: la cosmovisión de dualidades, de luchas, de competitividad, de contrastes…  Si percibimos en el Foro de Málaga un cambio de conciencia es porque los valores que se ponen sobre el tablero son valores no excluyentes: “la justicia, la solidaridad, la igualdad, la autonomía y la colaboración”. No obstante ha de “hilarse fino”, porque aparecen también otros valores que se encuentran en los odres viejos del viejo paradigma capitalista, que no sólo es de orden económico, sino que está cimentado por valores filosóficos que articulan todo la arquitectura del “sistema”.

“Nuestro sueño es que un día todas las empresas compitan por ser las mejores del mundo”, advierte Daniel Truran, del movimiento global B Corp., para terminar especificando, “Las “mejores”, eso sí, en un sentido bien amplio: aumentando el bienestar de las personas y de las sociedades y minimizando el impacto en el planeta”. Estas palabras nos hacen saltar en la memoria el recuerdo de las actividades deportivas que se desarrollan en los Campus de Prashanthi Nilayam y de Muddenahalli, en India, por los alumnos de las Instituciones universitarias que inspiró Sri Sathya Sai Baba, en la que dichas actividades no sólo no son competitivas, sino que se inspiraban en las enseñanzas del Maestro indio, afrontado situaciones en la que los jóvenes atletas participan bajo la bandera de la ayuda, la cooperación en diferentes situaciones de no fácil resolución, por ejemplo, en la que los alumnos salen airosos y fortalecidos por la colaboración entre ellos… Cuando por primera vez asistimos  un encuentro deportivo de esta naturaleza, quedamos impresionado, porque no sabíamos cómo resolverían un evento deportivo sin el viejo valor capitalista de la competitividad. Y cuando se enfrentaban dos equipos en el juego del criquet, sólo pude observar el valor, la resolución, la habilidad, la humildad y el fraternal compañerismo entre los miembros de ambos equipos. En la visión de unidad no cabe la idea de competitividad para avanzar sobre el rival, pues éste no existe, sólo hay feliz juego de la existencia, en colaboración y complementariedad, sin rivalidad, pues esta noción, como la de “oposición”, son ideas que aparecen en la mente del ser humano. No se dan en la realidad. Eso dice la sabiduría oriental. Y la occidental, escasamente recordada. Y la ciencia moderna. Y esto se practica. El Foro de NESI, si lleva esta dirección, progresará, y podrá ofrecernos fructíferos resultados en la dirección de un cambio real de “sistema”. Hacia una nueva humanidad y un nuevo mundo sin fronteras.

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NOTAS:

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En un artículo escrito por Toby Grotz, Presiente de Ingeniería Inalámbrica, enviado a “The Tesla Memorial Society of New York”, se reproduce fragmentos de una carta escrita en inglés por Vivekananda a un amigo en la que se muestra el conocimiento que el sabio hindú tenía por los descubrimiento científicos que se venían produciendo a finales del Siglo XIX en Occidente y cómo éstos guardaban cierta relación con lo expresado en las escrituras védicas. Y en concreto, hace referencia a los descubrimientos de Nikola Tesla, a quien atribuye, como era sabido en su tiempo, la influencia de las escrituras védicas en sus investigaciones. En dicha carta Vivekananda escribe además que tiene intención de visitarlo en breve: “Mr. Tesla thinks he can demonstrate mathematically that force and matter are reducible to potential energy. I am to go and see him next week to get this new mathematical demonstration. In that case the Vedantic cosmology will be placed on the surest of foundations. I am working a good deal now upon the cosmology and eschatology of the Vedanta. I clearly see their perfect union with modern science, and the elucidation of the one will be followed by that of the other.” (Complete Works, Vol. V, Fifth Edition, 1347, p. 77).

[2]

En Oriente la filosofía está más centrada en la moral y en la ética que deben regir las relaciones entre el poder de los soberanos y sus súbditos, insistiendo en sus épocas esclavista y feudal, por ejemplo, en el deber de quienes poseen el poder de regentar “la tierra según las leyes del Cielo”, expresando el valor humanista que debe regir la política.

[3]

Ver: DÍAZ, Esteban, En los Albores del Siglo XXI. Reflexiones sobre el nuevo paradigma social no mecanicista: el Humanismo Global. Publicado en KDP. Amazon, edición de libro electrónico para e-books, 2015.
También está editado en Tiger Moon, 2009 (2011, 2ª edición agotada), Bangalore, India.

1 mayo, 2017Permalink