Notas sobre los últimos acontecimientos ocurridos en Oriente Medio

lilas...(En: desbrozando la memoria,
03, 03, 2017)

 

El día ha amanecido fresco. El verdor y la floración que la primavera va dejando a su paso colman de esplendor y belleza los parques y jardines de la ciudad de Chihuahua. Adornadas con hileras de no muy robustos árboles en los que retoñan sus ramajes, sus calles y avenidas ofrecen un aspecto que pareciera que ciudad no fue levantada sobre el rigor del desierto. Mas… qué decir de sus habitantes, de los seres humanos que la habitan… A veces uno quisiera mirar hacia otro lado y encontrar aquello aún no tocado por la mano del hombre, porque sus acciones lo significan con la irracionalidad con la que él presupone la vida no humana que lo inscribe y circunscribe, rayando en la locura, la del colectivo humano, claro. No es fácil erradicar del proceso evolutivo humano aquello que aún tiene amarrada su humanidad a la animalidad con la que inició sus orígenes terrestres. El virus de la impudicia de los políticos, y el de la violencia del narcotráfico, tan extrema como la aridez de su clima, han tomado la ciudad de Chihuahua. Y no falta el virus de la gripe, que llegó cabalgando por los cerros bruscos y las llanuras yermas y se extiende por todo el Estado. Me lo transmite Fernando Olivas, que regresa de la ciudad de Camargo, “en donde nacen los grandes artistas”, en cuyos fértiles campos posee una plantación de nogales, junto al río Conchos, fecunda tierra de amplias llanuras que fue antigua morada de la etnia india que dio nombre al río, cuyas aguas remontan su curso por tierras baldías, para adentrarse en tierras gringas, que fueron próximas y propias antaño, hoy lejanas y ajenas, amargamente fronterizas. Siento los primeros síntomas del virus que invadirá mi organismo por unos días. Y lamento no bajar al jardín próximo al departamento en el que me instalé para disfrutar de la fragancia de los lilos en flor, y de la mimosa,

mimosas 1de intensa y embriagadora esencia, cuyos ramajes cubren el banco al que diariamente acudo para sentarme y leer plácidamente, o meditar en gozosa compañía de la vida que te abraza con armoniosa y serena unidad.

No obstante del insistente acoso del malestar del virus que me retiene en casa, no relajo mi rutina diaria de ojear la prensa digital mientras tomo el desayuno. Diariamente sigo los sucesos del Oriente Medio, con especial interés. Y me detengo en una noticia que me impacta y entristece: las tropas iraquíes, que han ocupado definitivamente Mosul, utilizaron armas químicas para sacar de sus guaridas a los terroristas del Estado Islámico. La denuncia proviene de las CICR, que han observado que algunos heridos, que huían de los ataques a la ciudad, muestran síntomas del uso de estas armas prohibidas por las convenciones internacionales. Nadie duda, a estas alturas, que la humanidad anda desorientada, si no perdida, a causa de su deshumanización. Hemos escrito muchas líneas acerca de las causas de la desnaturalización y locura del ser humano. No es este el lugar de argumentarios que las desvelen. Al menos no en este día. Los expertos, sentados en sus cátedras universitarias o en los platós de las tv, y los asesores políticos que justifican las incongruentes decisiones y actividades políticas de sus líderes, dirán que se debe a la terrible crisis de enfrentamiento de civilizaciones por la que estamos siendo zarandeados, y por la otra crisis, monetaria, aún inconclusa, del sistema económico que ha convulsionado la economía de todas las naciones del planeta. Pero todas esas excusas pertenecen al corpus de razones de quienes aún no quieren comprender que la crisis que vivimos es una crisis de conciencia, más allá del enfrentamiento, mal llamado, de civilizaciones, cuando se quiere hablar de la guerra mundializada que se inició entre el mundo de credo musulmán y el Occidente de credo capitalista.

¿Pero en verdad ha de creerse que todo el orbe musulmán está implicado en una guerra contra Occidente, sin que éste posea la capacidad política y militar de controlarla? Sí y no. Sí, porque Islam no tiene, desde la época del Profeta, más patria que el Yihad islámico, con el que los musulmanes quieren dominar el mundo plagado de infieles que no se arrodillan ante la doctrina islámica y sus leyes inexorablemente severas y alejadas de la Paz y de la Luz que brillan en los suras coránicos, y aun relucen entre los espacios en blanco que sus sagradas palabras dejan entre una y otra para que el devoto verdadero medite e indague y descubra la sabiduría que encierran. Y no, porque existen muchos devotos musulmanes que sí han comprendido que el verdadero Islam nunca predicó la guerra santa, porque ninguna guerra lo es. De esta práctica beligerante, belicista y cruel, saben mucho los cristianos, tanto como los musulmanes, hermanados sus credos -los que predican los fanáticos y oscurantistas creyentes (?)- por la acción incomprensible de sus guerras santas durante centurias. Guerras que no cesan  incluso hoy, y que parece que no tienen visos de cesar. Porque cuando se creó la expresión “Alianza de civilizaciones”, se estaba obviando la verdad del enfrentamiento entre el mundo musulmán y Occidente, ya que debería haberse hablado de “beligerancia y escasa voluntad de integración, de cooperación y de hermandad entre una y otra cultura”, la musulmana, que no termina de acomodar su ancestral patriarcado y desprecio por la igualdad identitaria entre el hombre y la mujer, su feudal y dictatorial modo de gobernar y su excluyente rechazo, no al mundo global, el cual utilizan para desarrollar sus economías y fomentar la riqueza que el petróleo proporciona a la clase dirigente, jerarquizada como en los tiempos del feudalismo medieval; mundo global del que forma parte activa y productiva, cuyos líderes no quieren abandonar, pero sí manejar y manipular para beneficio propio, sin mezclar sus modos de vida con el “oponente”, Occidente, aún guiado por principios y prejuicios judeocristianos. Por lo que la “Alianza de civilizaciones” estaba abocada desde sus inicios al fracaso.

Cuando hablo de “mundo global” me refiero a la supuesta occidentalización del mundo, o eso creen quienes dominan la economía del nuevo modelo capitalista que iniciamos desde la llamada Cumbre del Milenio, celebrada en Seattle en 1999. Escribo la expresión “supuesta occidentalización del mundo” consciente de que Occidente dejó de serlo desde hace algunas décadas, desde que se produce la “mundialización de la economía de mercado” invadiendo el planeta de valores mercantilistas, al superponer sobre todos los pueblos y sus culturas de Occidente y de todo el territorio terrestre los valores con los que el capitalismo liberal, neoliberal y hoy trans-neoliberal (o capitalismo digital o tecnocapitalismo o postcapitalismo, tecnicismos que hoy leo en la prensa (-Belén Carreño, 05,03,2017, eldiario.es-), en mi retiro estacional de Chihuahua), ha logrado abarcar y dominar el mundo. El capitalismo, surgido en Occidente generando dando sentido a los valores del capitalismo, pues fueron una misma realidad desde sus inicios de la edad Moderna, época en la que se inaugura la primera etapa/versión del capitalismo, ha ido diferenciándose progresivamente de lo sustancial que definía a Occidente, “independizándose” hasta generar sus propios valores con los que ha conquistado también a Occidente, cuyos viejos y ya devaluados valores malviven confundidos o ensombrecidos por los valores materialistas del capitalismo. El capitalismo actual me recuerda, desgraciadamente, al Hitler con la soberbia y locura megalómana de dominar el planeta, destruyendo progresivamente la idiosincrasia de cada pueblo y su cultura que caía bajo sus garras. Occidente no existe. Existen los valores mercantilistas/materialistas deshumanizadores del capitalismo mundializado. Y si miramos detenidamente, la cultura musulmana, por aunar en una expresión la experiencia religiosa del Islam, también ha sido contagiada por los valores del capitalismo, desdibujando su esencia como cultura basada en su credo coránico, que si bien de este credo participa un colectivo amplio y plural, presentando variables de fe fanáticamente enfrentadas entre algunos de sus pueblos, mantiene el credo ortodoxo que unifica en su textura externa todas las doctrinas surgidas bajo el palio del Corán, aunque éste se interprete más mirando la letra que el espíritu de su doctrina. De todos es sabido que en los países del Golfo Pérsico, conduciendo la letra hacia interpretaciones espurias movilizadas por intereses económicos, políticos y de poder, Islam acaso ya sea una referencia entre el esplendor dorado de lo todo lo que los petrodólares pueden comprar y hacer creer, por la fuerza y el terror que imponen las dictaduras musulmanas del Golfo a sus pueblos, mientras comparten y confabulan negocios  con los señores del capitalismo transversal de los tres primeros lustros del Siglo XXI.

Que el corazón del mundo se partió allá por el 2003, cuando las tropas norteamericanas, británicas y españolas atacaban despiadada e inhumanamente Iraq para derrocar al Satán que acosaba al mundo global con caprichos de poder sobre la región, acusando al dictador iraquí de que su ejército tenía almacenado armamento de destrucción masiva, nadie lo pone en duda. El tiempo demostró que la acusación no sólo era falsa, sino que la explicación real de la invasión de Iraq era logística y estratégica para dominar el área más díscola del Medio Oriente, y cómo puso en evidencia la locura y la estupidez de gobernantes de mente estrecha y de escaso nivel intelectual. Sin dejar de reseñar la ambición de enfermizos líderes políticos, de corto trazado como hombres de estado, cuyo afán no era otro que buscar el protagonismo de liderar una guerra que acabaría en unos días, según se creyó entonces, para ganar el prestigio que no lograban por sus actividades como gobernantes. Lo que más me sorprendió de aquella fotografía del trío de las Azores, que todo el mundo recuerda, fue que el acomplejado y pequeño en humanidad José Aznar, de corto perfil político e intelectual, estuviera en ella, o tal vez este perfil humano e intelectual que de él referimos, fuera la razón por la que estuviera fotografiado junto al tándem George W. Bush y Tony Blair, par que, junto a nuestro gobernante, activaron la guerra de Iraq, argumentando la razón de la sinrazón de aquella guerra -que diría sin lugar a dudas Don Quijote, si Cervantes viviera entre nosotros y escribiera un Quijote cultivado en las locuras de la cultura que la humanidad ha levantado durante el Siglo XX y el comienzo del XXI. Aquella guerra injustificada y cruenta, que avergonzó a la humanidad como colectivo y que satisfizo, cómo no, a los señores que dominan la industria de las armas de guerra -entre otros colegas suyos, los que forman el lobby de las finanzas-, no es más que un signo de la civilización de barbarie con la que estamos finalizando, Dios lo quiera -en ello estamos los muchos de los que sí deseamos un mundo nuevo-, un ciclo de deshumanización como jamás ha conocido la historia de la humanidad. La ONU desaconsejaba cualquier intervención bélica en la zona, porque no había pruebas de que los iraquíes poseyeran arsenales de armas nucleares. Pero la ONU es sólo la voz de un Pepito Grillo que no resuena en los oídos de quienes gobiernan los estados del mundo.

Hoy, después de más de una década, aún continúa una guerra en la que no sólo la ha perdido la ciudadanía iraquí y los tres países que invadieron Iraq, sino que ha logrado incendiar toda la zona, a punto de hacer estallar el mundo global por los aires quién sabe cuándo. Una guerra que abarca a todo el mundo que, aún los más cínicos, siguen llamando civilizado, porque la guerra se ha mundializado con el surgimiento de un terrorismo demencial y de signo multicolor islámico, apoyado por poderosas naciones islámicas (Irán, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos…),  que tiene al mundo con el corazón encogido. Eso sí, el corazón del mundo sigue roto. No es mía la frase. La tomo hoy prestada del Diario de Paul Klee, cuando expresó su dolor por la inhumanidad que supuso para él la Segunda Guerra Mundial. Me pareció que estaba leyendo un verso hermoso, dejado caer por la humanidad herida de Klee en su Diario, a la vez que penetraba en mi propio corazón, que también se rompía en pedazos en aquella noche aciaga, mientras presenciaba las imágenes televisadas y comentadas por unos locutores que parecían que asistían a un espectáculo deportivo o circense. Y ante aquellas horribles y dramáticas imágenes, la tomé prestada respetuosamente para escribir un poema, utilizando la bella frase/verso de Klee para aunarme a su dolor, y en unidad con el extraordinario pintor, unirme a los innumerables seres humanos que sentí que su corazón quedaba también roto esa noche de cruel bombardeo con misiles de corto y medio alcance contra el indefenso pueblo iraquí.

Rezo una oración porque la barbarie se retire de Oriente Medio, para que la variada y plural población de la zona descanse, al fin, de tanta violencia que el capitalismo (que no Occidente) ha llevado hasta los pueblos musulmanes que guardaban en su suelo un precioso patrimonio cultural de las épocas más antiguas de nuestra civilización, que, al día de hoy, nos demuestra profesar una cultura -insisto- de una barbarie en un alto grado de deshumanización radicada en todos los rincones del planeta que nos acoge, asombrado, estoy seguro de ello, porque inteligente es la vida que lo puebla, y no hablo de la vida humana.

 

3 marzo, 2017Permalink