EDUCARE

   EDUCARE, UN UNIVERSO EDUCATIVO PARA DESCUBRIR
AL HOMBRE 
SU VERDADERA NATURALEZA,
Esteban Díaz
, Tiger Moon Productions, 
Bangalore, India

 

 

1. EDUCARE, un universo educativo para descubrir al hombre su naturaleza esencial.

Conocer el hombre su esencia, su verdadero ser, la Conciencia que en verdad es, tal es la meta de la Educación. Una Educación que tenga como objetivo el descubrimiento del ser esencial del hombre necesariamente debe estar basada en los valores humanos universales, porque éstos son la naturaleza real del hombre, pues son la expresión “natural” de su esencia, de la plenitud del ser que es, su divino íntimo interno.

Con los valores humanos universales el hombre nace y con ellos se disuelve su vida. Son los valores humanos universales aquello que permite que lo divino interno del hombre pueda expresar la plenitud de su ser en cada actuación suya inscrita en la vida cotidiana. Para que esto suceda es preciso que se produzca un alineamiento de su ser externo (intelecto, mente, cuerpo) con el prístino ser interno. Tales valores universales son Verdad, Rectitud, Paz, Amor, No violencia.

Una Educación que promueve y divulga los valores humanos universales es digna, entonces, de ser llamada Educación, pues tendrá como meta el descubrir al educando (al hombre) su verdadera realidad, asumiendo como finalidad de una Educación tal la formación de su carácter y como esencia la concentración de la mente. Tales ideas son las que deben organizar temática y metodológicamente el universo educativo de la Educación que ha de conducir a los educandos hacia la sabiduría. A continuación, desarrollaremos estas ideas a la luz de las enseñanzas del Maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba, el inspirador en los últimos decenios del universal sistema educativo de EDUCARE.

¿Qué es EDUCARE?

Nos recuerda Sri Sathya Sai Baba que “la palabra ‘educación’ se deriva de la raíz latina ‘educare’. Mientras que la educación se refiere a la recopilación de hechos mundanos, ‘educare’ significa extraer desde adentro. El Atma (el ser interno) es nuestra realidad más íntima. Eso es lo que educare debería extraer” 1. EDUCARE es, entonces, el proceso educativo mediante el cual el hombre logra conocer su “realidad más íntima”, se establece en ella y la exterioriza en su vida diaria.

EDUCARE es el conocimiento que expone certeramente la verdad del hombre, así como permite conocer la vida que lo inscribe. Simultáneamente al hecho de conocer tal conocimiento, en el mismo proceso educativo, el educando, el niño, el hombre, se descubre a sí mismo como el ser que en verdad es, su interno, la Conciencia universal que se expresa a través de la individualidad a la que da vida y a la que experimenta en el espacio personal y social en el que se desenvuelve. Es éste un proceso fijado a la actividad cotidiana en el que debe desarrollarse y manifestarse el carácter refinado, sereno, no afectado, ecuánime, armónico y perfecto, al que obligadamente el proceso educativo debe atender, para que el trabajo con el educando quede felizmente acabado.

 Así, EDUCARE es ese conocimiento que conduce al hombre al centro de sí mismo para descubrirse en su prístina esencia, la pura Conciencia universal que permea el Cosmos y se incrusta en cada forma de vida para que ésta pueda tener existencia.

Dice Sri Sathya Sai Baba: “EDUCARE implica comprender profundamente el conocimiento que surge del interior e impartirlo a los estudiantes” 2. “Comprender profundamente el conocimiento que surge del interior” significa que el hombre ha de llegar hasta su interno y que, ahí, en lo profundo de su corazón, comprenderá el conocimiento que mana de tan preciado centro, su ser real. Luego vendrá otra experiencia más profunda, la de saberse uno con el ser que acaba de descubrir, del que brota tan sublime conocimiento, y establecerse firmemente en él. Por esto dicen los tratados de sabiduría que “conocer” es “ser”.

Es esa incursión a lo interno lo que permite que la comprensión de ese “conocimiento que surge del interior” pueda ser profunda. Porque profundo es el ser, como profundo es el conocimiento del ser y como profunda es la incursión hacia lo interno del ser. Así, los estudiantes podrán “comprender” que sólo dentro, en el recogimiento en su interno, podrán descubrir su verdadera esencia, su verdadera realidad. Esta verdad que pulsa en el interior de cada ser humano es puro conocimiento, pura Conciencia. Esta verdad es a los que las filosofías antiguas llamaban “Conocimiento” (con mayúscula) o sabiduría.

Por ello decimos que EDUCARE es la Educación que conduce a la sabiduría; siendo la sabiduría el conocimiento que revela al hombre su esencia.

EDUCARE es mirar “hacia adentro”, hacia el interior del hombre, y descubrir la verdad que es, la verdad que es todo cuanto existe, porque todo cuanto existe lleva implícita, dentro de sí, esa misma verdad. Y es esa “mirada interior” la puerta que le llevará al educando, al niño, a “reposar su atención” en lo interno, en el ser que es. Y es entonces, en contemplación de su interno, que el estudiante, el hombre, puede conocer certeramente lo que es: la fuente de la vida, la verdad que todo lo unifica, pues esta verdad, que late dentro de cada hombre y que constituye su esencia, es también la verdad que habita en cada individuación que toma existencia en el Cosmos. Esta verdad de la que hablamos es la Verdad que todo lo invade, que todo lo penetra, permitiendo de este modo vivir en la unidad de la vida a cuantos seres humanos a ella regresan.

“Mirar hacia dentro”, “comprender profundamente el conocimiento que surge del interior” e “impartirlo a los estudiantes”, he aquí el programa educativo de EDUCARE. Si etimológicamente el término “EDUCARE” significa “extraer desde dentro”, es preciso primero saber qué es lo que hay dentro que ha de ser conducido hacia fuera. Para ello se requiere de un proceso de interiorización con el fin de saber acerca de ese conocimiento que le es inherente al ser humano. Por tanto, EDUCARE es “conocimiento de sí mismo” por incursión al interior del hombre mismo. Y es este conocimiento de sí mismo lo que ha de impartirse a los estudiantes. Esto es EDUCARE.

Si miramos hacia fuera de nosotros, veremos la diversidad de la vida, la existencia en la que lo interno-uno-de-todo-cuanto-existe se expresa. Así, todo cuanto existe es expresión de la Conciencia universal, la misma que vive en el corazón de cada ser humano y de cada individuación existente en el Cosmos. EDUCARE es, entonces, el conocimiento que permite también comprender la unidad en la diversidad, que rezan los textos de sabiduría de todas las tradiciones culturales. Y este interno ser vibrando en el corazón de cada ser existente, fuente de toda vida, es ese hilado que unifica todos los seres que toman nacimiento en el Cosmos, el cordón que une las flores que conforman la guirnalda de la vida universal, no sólo la guirnalda de la humanidad.

Traigamos a nuestra reflexión de nuevo a Sri Sathya Sai Baba para precisar aún más en qué consiste el conocimiento de EDUCARE: “La educación ha de combinarse con EDUCARE. Sólo entonces experimentarán la bienaventuranza. ¿Cuál es la diferencia entre ‘educación’ y ‘EDUCARE’? La educación es como agua insípida, EDUCARE es como el azúcar. El mero agregado de azúcar al agua no la vuelve dulce. Sólo cuando se la revuelve, el azúcar se mezcla con el agua volviéndola dulce. El corazón es el vaso, la divinidad es el azúcar y la educación secular es el agua insípida. Con la inteligencia como cuchara y la indagación como el proceso de revolver, experimentamos la divinidad que todo lo penetra. Esa es verdadera sabiduría, la que nos permite reconocer la unidad de toda la creación” 3.

Este texto de Sri Sathya Sai Baba es lo suficientemente explícito para no agregar comentario alguno. Sin embargo, tal explicitud del texto nos invita a destacar algunas precisiones implícitas en el mismo, pues no podemos pasar por alto lo que es un clamor en la vida manifiesta, y que el hombre acaso haya olvido.

El texto habla de bienaventuranza, de corazón, de divinidad, de sabiduría, de unidad de toda la creación. Estos conceptos nos ponen en situación de comprender en qué consiste la verdadera Educación, pues ésta debe desvelar al educando, al hombre, su verdadera esencia, su divinidad innata, su yo real. Cada uno de estos conceptos es sinónimo perfecto de los otros, pues hacen referencia a la Verdad que vive en cada ser humano: la Conciencia universal, su esencia íntima, lo divino habitando en el interior del hombre y de cada individuación existente. De ahí que la pregunta “¿qué es el hombre?” sea la más importante pregunta que cada ser humano debe responder en el curso de su existencia. La respuesta a “¿qué es el hombre?” deberá entonces constituirse en el centro de su vida, de su pensar, de su hablar y de su actuar cotidiano.  Tal respuesta vendrá expresada en el mismo proceso educativo inscrito en el universo EDUCARE.

Sri Sathya Sai Baba ha querido enfatizar y distinguir con el término EDUCARE la Educación que descubre el ser del hombre, su genuina y prístina naturaleza divina. Con el término EDUCARE, Sri Sathya Sai Baba universaliza la Educación, instituyéndola como el conocimiento “natural” que ha de ofrecerse en todo proceso auténticamente educativo. EDUCARE se convierte así en la Educación universal, de todos, sin exclusión, en el mundo global que iniciamos en este comienzo del siglo XXI, siendo el hecho educativo el espacio “natural” en donde el educando (el hombre) se reconocerá en su verdadera naturaleza.

EDUCARE no precisa de conocimiento externo, pues éste nada puede decir acerca de la esencia del hombre. El conocimiento que mana de EDUCARE se basta a sí mismo, pues es conocimiento que posee una base sólida y es permanente, y no precisa del conocimiento adicional. EDUCARE es el conocimiento con el que nace todo hombre, sólo que debe descubrirlo dentro de sí mismo, desarrollarlo y explicitarlo en su vivir diario. Este “conocimiento que surge del interior” es por lo que el ser humano re-conoce lo que en verdad es.

Las respuestas a las preguntas “¿Qué es en verdad el hombre?”, “¿Cuál es su esencia?”, las encontramos, entonces, en el conocimiento que fundamenta el universo educativo de EDUCARE. No hay pregunta más importante para el hombre que aquella que busca la respuesta de su verdadera esencia, de su yo real. ¿Qué es el hombre? ¿Cuál la esencia del ser humano? ¿Quién soy yo? Responder a estas preguntas es, pues, la meta de EDUCARE.

La esencia del hombre es su interno, lo que mora dentro, lo que da la vida al ser externo, que ha de entenderse como el instrumento mediante el cual ha de manifestarse esta divina esencia que constituye su ser real. Esta íntima esencia es la corriente de energía universal que late en el corazón de cada ser humano. Y esta energía universal es todopenetrante, pues todo lo permea,  invadiendo todo cuanto existe en el Cosmos.

Esta energía toma en las tradiciones de sabidurías oriental y occidental los nombres de energía divina, Amor universal, Conciencia universal, suprema paz interior, Verdad, Virtud, etc., y se manifiesta en el ser humano, como en cualquier individuación existente, como una “sensación abstracta ‘yo soy’”, sin atributos, sin nombre ni forma, universal energía amorosamente divina habitando una individualidad, un cuerpo, y que en el caso del hombre puede fácilmente reconocerse (tal energía divina) si aquieta su mente y percibe tan extraordinaria vida interna. Sin embargo, después del nacimiento, el ser humano comienza su identificación con su cuerpo y su nombre, perdiendo así la percepción clara de lo que no tiene nombre ni forma: así decimos de nosotros mismos “yo soy esto”, “yo soy aquello”, perdiendo de este modo la referencia de nuestro ser interno, la Conciencia universal que en verdad somos, expresada como “sensación de ser” o “sensación abstracta ‘yo soy’” o “conciencia crística”, para identificarnos luego con lo limitado del cuerpo-mente, olvidándonos de nuestra naturaleza y destino divinos.

Esencia y fin de la Educación.

Hemos descubierto el significado de la verdadera Educación, su propósito, y la hemos llamado siguiendo su étimo original latino, EDUCARE, recuperando su significado originario, con el fin de devolver el “sentido” real de todo proceso educativo. Pero sin concentración, nos dice también Sri Sathya Sai Baba, el niño, el educando, el hombre, no logrará alcanzar ninguna meta en el mundo. Tampoco logrará sin concentración resultado alguno en el propósito de indagar quién es realmente. Es, por tanto, indispensable que, en el proceso educativo, el niño logre dominar su mente y la direccione hacia el objetivo que desea alcanzar. Una mente unidireccionada hacia la búsqueda del ser interno facilitará tal logro. Tanto el proceso de interiorización como la indagación en el ser interno, no podrán realizarse sin haber logrado la concentración de la mente. Cualquier método que se emplee en el proceso educativo deberá incluir técnicas de concentración de la mente como requisito previo a la indagación en el ser.

Además, los jóvenes “deben cambiar su mente y su manera de pensar. Su comportamiento será bueno sólo cuando su mente sea buena. Si no enderezan su mente, de nada les servirá su educación. Deben tener una mente independiente; deben evitar el usar los pensamientos de otros. Sólo entonces podrán representar buenos ideales a los demás” 4. Direccionar la mente hacia su interno para cambiar su comportamiento, siendo en todo momento independientes, libres, portadores de buenos ideales, expresando la autoconfianza que proporciona el saber quiénes en verdad son, al tiempo que expresan en sus vidas los nobles ideales que se desprenden de haber recibido una Educación basada en los valores humanos universales, de esto es de lo que nos habla Sri Sathya Sai Baba.

Si la esencia de EDUCARE es lograr la concentración de la mente, su finalidad es la formación del carácter en el educando. El carácter es el potencial de plenitud universal que el ser humano lleva impreso en su interior desde su nacimiento y que debe desarrollar y expresar en su vivir cotidiano. El desarrollo del carácter va unido al desarrollo de los valores humanos universales.

Por tanto, el carácter debe entenderse como el desarrollo y la explicitación de lo innato del hombre, de su verdadera naturaleza, del potencial de plenitud que almacena dentro que, descubierto y desarrollado, se expresará como valores humanos universales: Verdad, Rectitud, Paz, Amor, No violencia. Así, la importancia de la Educación se revela al ser ésta el ámbito en el que se da a conocer al educando, al niño, desde su más tierna edad, su verdadera, divina, feliz y pacífica esencia, desarrollada y expresada mediante el genuino carácter logrado al abrigo de EDUCARE. Por consiguiente, en la base del genuino carácter del hombre está el conocimiento y desarrollo de los valores humanos universales. No debe olvidarse este importante hecho: que es en el transcurso de un programa educativo, destinado a tal fin, que se irá formando el carácter del niño como desarrollo natural de los valores humanos universales, que son cualidades mediante las cuales expresa el ser humano la plenitud del ser que le es inherente.

¿Qué dice Sri Sathya Sai Baba acerca del carácter?

“Deseo que, a partir de hoy, nuestros estudiantes desarrollen buen carácter, promuevan un buen comportamiento y cultiven las buenas cualidades.  Pueden tener todo en la vida, pero si no tienen carácter, entonces todo será un desperdicio.  El fin de la educación es el carácter. Sin carácter, la educación es inútil. Cada estudiante debe brillar como un hombre de atildado carácter. Su habla debe estar llena de dulzura, pureza y sabiduría” 5.

Dulzura, pureza, sabiduría, ecuanimidad, y todas aquellas cualidades que el hombre adquiere habiendo refinado su alma a través del conocimiento y la práctica de los valores humanos universales, derivan del proceso mediante el cual el ser humano logra descubrir y establecerse en su ser interno. Entonces, de forma natural, espontáneamente y sin esfuerzo, emanarán, desde dentro hacia fuera, los valores humanos universales Verdad, Rectitud, Paz, Amor, No violencia. Estos valores universales del hombre son su verdadera naturaleza, la energía de Amor universal pulsando en el interior de su corazón expresándose hacia el exterior como cualidades del alma individual que ha logrado comprender su origen y naturaleza universales, y su ineludible destino divino. Son la expresión natural del alma educada y refinada.

Es el cultivo de los valores humanos universales lo que ha permitido a aquellos hombres que en Occidente han sido conocidos por lograr la perfección humana. Los nombres de Pitágoras, Sócrates, Séneca, Plotino, Eckart, Tomás Moro, Fray Luís de León, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Madre Teresa de Calcuta, y muchos otros, que suenan en la mente del hombre occidental como ejemplos de virtud y bienaventuranza, expresiones que son del logro de la perfección humana, o de la aspiración absoluta de la misma. También recordamos nombres del Oriente que han experimentado las cualidades mencionadas: Confucio, Lao Zi, Sankaracharya, Hallaj, Ibn Arabí, Rumi, Gñanesvara, Kabir, Ramakrishna, Gandhi, y otros muchos cuyos nombres sería inútil destacar por ser extraños y desconocidos para Occidente.”

Concluimos estas reflexiones acerca del universo educativo de EDUCARE con las siguientes palabras de Sri Sathya Sai Baba acerca de los valores humanos universales, quien, en esta ocasión como en otras, los identifica con los valores morales: “La necesidad del momento es que los hombres y mujeres jóvenes deberían desarrollar, hacer respetar y mantener los valores humanos. Es un deber que está en su destino, hacer respetar y mantener los valores humanos [...] La verdadera educación es la que inculca valores morales. Todos vuestros logros mundanos son en vano si carecéis de valores morales. Podéis amasar fortunas, construir mansiones y tener posiciones de autoridad, pero, sin moralidad, todo esto tiene poca importancia. La moralidad está latente en el corazón humano. El hombre ha de realizar todo esfuerzo para manifestarla” 6.

2. “La Cultura que cultiva el alma”, esencia de los programas educativos del Renacimiento europeo.

“Sólo la cultura o el refinamiento puede desarrollar una buena personalidad […] Por eso, tanto la educación como la cultura son importantes. Hoy la educación carece de cultura y es como una moneda falsa. Ni siquiera un mendigo acepta esta moneda falsa. ¿Entonces cómo pueden personas experimentadas e inteligentes aceptar semejante educación? Por eso, para satisfacer a todos debemos desarrollar Educare. La educación sin refinamiento es como una habitación oscura” 7.

La Cultura de la que habla el Maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba en el texto que precede a estas líneas es aquélla que tiene la finalidad de “cultivar” el alma humana. El texto de Sri Sathya Sai Baba es esclarecedor y elocuente por sí sólo, por lo que no insistiremos sobre él. Sí reflexionaremos sobre la Cultura, que ha de estar vinculada a la Educación con mayúsculas, la Educación cuyo conocimiento profundiza en el ser del hombre y posibilita que el educando descubra por sí mismo lo que en verdad es, su verdadero yo real. A esta Educación la hemos denominado con el término EDUCARE, siguiendo la recomendación de Sri Sathya Sai Baba, y es en el reconocimiento de su universo educativo donde podemos encontrar las respuestas certeras sobre aquello en lo que consiste la acción de educar y sobre la verdadera naturaleza del ser humano.

En este apartado desarrollaremos brevemente el concepto de Cultura acorde con EDUCARE y la inseparable relación entre ambos, enfatizando el propósito de la Cultura que responde a su razón de ser, el de “cultivar” y refinar el alma humana. Para mayor claridad ilustraremos esta idea con un ejemplo de nuestra tradición cultural occidental, la del Renacimiento europeo, que comprendió y difundió la idea de cultivar el alma humana como el fin único de la Cultura.

Cultura y Educación.

El viejo aforismo “conócete a ti mismo” es en verdad el objetivo más importante que cada ser humano debe lograr al finalizar el ciclo de su vida en este mundo. Sin embargo, precisa de una Cultura y de una Educación acordes con tal propósito que le posibilite el camino mediante el cual logre tan excelsa meta. Una Cultura que cultive el alma humana y una Educación que permita trasladar el modelo cultural de refinamiento del alma a la escuela.

Así, Cultura y Educación deberán siempre ir unidas, siendo ambas indisolubles, determinando los valores que asuma el espíritu creativo del individuo y de la colectividad; expresado y desarrollado ese movimiento creativo en-desde-por la interacción del hombre consigo mismo y con los demás hombres, con sus ideas, sus pensamientos, sus palabras y sus hechos. Siendo la Educación la que genere individualidades conocedoras de su verdadera naturaleza, habiéndoseles formado, en el proceso educativo, un carácter diáfano capaz de afrontar la vida desde el valor y la moral que exige la responsabilidad de conocer qué es el hombre y cómo ha de encauzar su vida en su interacción en el seno de la vida social en donde se desarrolla y vierte su vida. Será la Cultura la receptora de la creatividad del hombre, al tiempo que supervisará y creará las condiciones para que el valor de la vida del hombre sea el que devenga del conocimiento de su esencia y del refinamiento de su alma.

¿Qué Cultura debe ser la que establezca la base de una sociedad educada en el refinamiento del alma? ¿Qué valores deben cimentar una Educación que forme seres humanos que expresen en su vida diaria tal refinamiento de alma? Las respuestas a estas preguntas las ofrecimos en el apartado anterior, si bien referidas únicamente a la Educación. Pero en tales respuestas está implícito el carácter que ha de poseer la Cultura, derivándose la idea de una revitalización/renovación de los hechos culturales, pues éstos deben ser la expresión clara y fértil de una sociedad compuesta de seres humanos que conocen, desarrollan y expresan su innata naturaleza. Así, los hechos culturales, la Cultura como expresión viva y creativa del hombre social, han de estar en sintonía con la natural expresión del hombre que conoce y manifiesta su ser esencial.

No cabe duda de que las respuestas a las preguntas formuladas anteriormente exigen una nueva Cultura y una nueva Educación que posibiliten al hombre el cultivo de su alma. Para que tal cosa sea posible precisará reflexionar profundamente acerca de su naturaleza, la del hombre, y de su vinculación con la vida como una unidad infragmentada.

Cultura y Educación se exigen, pues, se complementan, porque deben ser (!realmente son!) dos expresiones de una misma realidad: la del hombre que ha de conocer, desarrollar y explicitar el potencial con el que nace, al tiempo que cultiva su alma, expresando tal logro en su interacción con sus semejantes en la escena social, porque ha conocido, en el proceso educativo de su infancia y juventud, su esencia universal, lo que lo define e impulsa a vivir, individual y socialmente, en coherencia desde ese carácter forjado en el desarrollo de los valores humanos universales.

La Cultura de la que hablamos es ese espacio creativo en el que el hombre en actividad desarrolla todo su potencial innato, vislumbrando la meta final de perfección de su destino terrestre humano, individual y colectivo. Cultura y Educación son programas, pero también actuaciones, de actividad creativa que el hombre colectivo diseña para conducirse hacia la aspiración social de refinamiento del alma. La Educación tendrá como meta que el hombre haga realidad la vieja aspiración de conocer su verdadera esencia: “conócete a ti mismo”.  La Cultura ha de crear el espacio, las condiciones y los instrumentos para que sociedad e individuo vivan establecidos en la coherencia y realidad de ser una sociedad constituida por seres verdaderamente humanos.

La idea de Cultura en el Renacimiento europeo.

Recordemos sucintamente un hecho cultural con el que se inició la época Moderna, que rescatamos del olvido y que nos ayudará en nuestro propósito de recuperar (de nuestra tradición Cultural occidental) la idea que motiva nuestra reflexión en estas líneas: “la Cultura que cultiva el alma humana”.

 Los hombres del Renacimiento vivieron de la mejor forma posible que su época les ofrecía el sentido de toda actividad cultural: el que se desprendía del valor semántico de su etimología (“cultivar”, del lat. “colo”; “cultum”, “lo que ha sido cultivado”): transformar la naturaleza bruta del hombre en el espíritu refinado y libre que soñaban los humanistas del Renacimiento europeo. Dos eran los conceptos que dominaban la actividad de la Ilustración Renacentista: la Naturaleza y la Cultura, el estado bruto en que se encuentran las cosas (Naturaleza) y todo lo que se añadía a ese estado bruto, transformándolo (Cultura).

El verbo “cultivar” expresaba, entonces, el mismo sentido para la actividad del hombre, por ejemplo, sobre la labranza de la tierra (transformación del estado bruto en “cultivo” para alimentación del hombre), como para la actividad educativa (transformación del estado bruto del hombre en el hombre-imagen-expresión de lo divino) a través de la cual podría lograrse un refinamiento que lo elevaría hasta el más sutil estado al que se podía acceder mediante el desarrollo de las cualidades y los valores que cualquier tratado de la época refiere. El hombre cultivado era aquél que, en última instancia, por el uso correcto del intelecto superior, expresaba un comportamiento refinado, sereno, no afectado, ecuánime, armónico y, rizo de las anteriores cualidades, perfecto. Tal era el ideal de la época.

¿Qué debe entenderse por Cultura?

Esta idea de la Cultura renacentista ha ido desapareciendo progresivamente en el mundo occidental. Hoy la Cultura es un cajón de sastre en donde todo cabe y adonde van a parar la manifestación variada, explicación y justificación de la condición humana. Con la expresión “es un hecho cultural” y con la catalogación del mismo, se da como existencia cultural cualesquiera de las manifestaciones y productos humanos, sin resolver el interés, enigma o problema que motivó su atención. La expresión levistraussiana “todo es Cultura” terminó por rizar el rizo de la generalización a una Cultura occidental ya en clara expresión de la crisis, olvidándose de “pensar” (establecer) la Cultura que cultiva el alma humana, única modalidad de Cultura que permite encauzar al ser humano hacia la expresión más evolucionada a la que pudiera aspirar.

Porque la Cultura no sólo es lo que deviene en sus usos como resultado de la actividad social, productiva o económica, religiosa o de defensa de un pueblo o comunidad nacional o internacional. Estos hechos y sus usos pueden entenderse como expresión cultural de las comunidades que los generan, como así lo hace la Antropología. Han sido así entendidos los hechos del hombre luego de haberse producido un cambio semántico en el concepto de Cultura, resultante de un proceso de generalización que explicaría el añadido de nuevos rasgos léxicos mediante los cuales se dota al término “Cultura” de un campo semántico más amplio y general, pero desdibujado, neutro, que nada tiene que ver con su “sentido” original que explicaría su razón de ser: “cultivar el alma”. En este proceso de transformación conceptual, por generalización del término “Cultura”, hay que considerar la pérdida del rasgo léxico ‘que cultiva’, en el sentido transformador que nosotros destacamos y que confiere refinamiento, serenidad, no afectación, ecuanimidad, armonía…, cualidades todas ellas que el hombre renacentista deseaba adquirir por encima de cualquier otra cosa para expresar la belleza, summum del ideal al que aspiraban, la perfección final, imagen de lo divino. De este modo, el hombre, microcosmos, imagen de Dios, manifestaba la perfección del macrocosmos, adquirida mediante el cultivo de determinados valores y cualidades; es decir, mediante una educación en los valores establecidos entonces para conseguir tales logros.

Perdido el sentido de ‘cultivar’ de la Cultura, la atención se centra en esa generalización conceptual del término “Cultura” que ha concedido tanto espacio a la Antropología, pero no profundidad, haciéndole entrar en ese “espacio neutro” del que hablara Michel Foucault 8 al irrumpir la crisis del paradigma mecanicista en el ámbito del conocimiento, después de la segunda Gran Guerra del siglo XX, tocando de lleno a las Humanidades y perdiéndose definitivamente en el mundo academicista el sentido de ‘la Cultura que cultiva el alma humana’.

Nos parecía importante insistir, aunque brevemente, en la idea que acabamos de exponer, pues la Educación cumple su objetivo instrumental prioritario (el conocimiento del hombre de su verdadera esencia), si se logra que se reflejen en la vida diaria (Cultura) los contenidos de los programas educativos. Y para que esto sea así, es preciso, además, tener muy claro la aplicabilidad de los programas en cada uno de los sujetos a los que se destina. Piénsese que estos programas reflejarán siempre la idea que se tenga de Cultura, por lo que se exige un continuo “pensar la Educación y la Cultura”.

La traducción en la vida cotidiana de la aplicabilidad de estas cualidades (refinamiento, serenidad, no afectación, ecuanimidad, armonía, belleza, perfección), que destacamos prioritarias, por esenciales, para el hombre del Renacimiento europeo, junto a otras normas de conducta, reflejaba la expresión acabada del ideal renacentista de perfección, observado en el arte, en el estilo de vida, en la diplomacia, en la planificación de la economía, en el amor, etc., tal como se expone, por ejemplo, en el manual renacentista del perfecto cortesano de Baltasar de Castiglione, El Cortesano.

El ideal renacentista de perfección era algo más que un gesto. Era una Educación en unos valores que permitían expresar tan elevado ideal. Era realmente un minucioso programa de educación dirigido hacia el logro de la meta final: asimilarse a lo divino. Y para ello se sometían los hombres a un aprendizaje que les dotaba de esas cualidades que expresan la profundidad de pensamiento de la élite cultural del Renacimiento. La vida de los sentidos, por ejemplo, era atemperada por la adquisición de las mencionadas cualidades. La literatura española de la época expresa profusamente programas de Educación, aprendizaje, virtudes de esas cualidades, etc. Era un mundo reservado a un reducido número de personas, pero conscientes, como ninguna otra época ha podido expresar 9.

Entendida así la Cultura, hoy podemos diseñar nuestros programas culturales y educativos desde tan elevado ideal que nos precedió en el tiempo. Recuperarlo es un deber de toda la humanidad en la sociedad global en la que vivimos. Por tanto, debe diseñarse una Cultura y una Educación globales, universales, para toda la humanidad, respetando las singularidades culturales de los pueblos que la integran.

Para ello, no debemos olvidar que el eje que articulará el movimiento creativo de la humanidad global (Cultura) de nuestros días ha de ser la Educación en los valores humanos universales, que confieren el grado de refinamiento, educación y sabiduría a una sociedad y a la Cultura que la expresa, a la vez que la protege y difunde. Si la Cultura promueve los valores educativos acordes con un ideal de perfección humana, la Educación genera los individuos de alma refinada que permitirá a la Cultura expresar su verdadero sentido de ser y promover la Educación ideal.

De este modo, el sentido de ‘la Cultura que cultiva el alma humana’ que le dábamos a la Cultura, necesariamente queda vinculado hoy a la idea de “la Educación en valores humanos universales”, que no es otra cosa, insistimos, que la Educación en la sabiduría que las tradiciones orientales (y la nuestra propia, desgraciadamente olvidada en nuestros días) han proclamado desde sus orígenes conocidos. También las sociedades utópicas que nos describieron en Occidente aquellos que se atrevieron a pensar una sociedad basada en los valores humanos universales, nos ayudan hoy a aproximarnos a lo que en estas líneas queremos expresar: pensar una sociedad vertebrada desde la Cultura que cultiva el alma humana, esencia de la Educación en valores humanos universales, para que la Humanidad, colectiva e individualmente (por la aplicabilidad de un programa educativo individualizado de valores humanos) logre ese ideal de perfección al que aspira, siendo la Cultura, además de lo que le atribuye la Antropología, el ámbito en el que se expresa colectivamente el modelo educativo basado en los valores humanos universales. Así, Educación y Cultura estarán vinculadas inexcusablemente, siendo, una y otra, los motores que impulsarán la colectividad humana de nuestros días hacia el ideal de perfección a través de un mundo nuevo y una humanidad nueva.

Una Educación basada en valores humanos universales hace al colectivo que los practica refinado y sabio. La Cultura, expresión no sólo del movimiento creativo del individuo refinado y sabio interaccionando con el colectivo humano, porque también es expresión de la globalidad que vincula hoy a toda la Humanidad en su conjunto, deberá ser un motor de unificación del hombre colectivo en un destino terrestre humanamente digno y solidario, a la par que explicitará, en su plural manifestación creativa, el refinamiento y la sabiduría vertidos en cada gesto, individual o colectivo, de la misma.

 

3. ¿Qué es el hombre?

La Conciencia y el Cosmos. La “sensación de ser”.

El Cosmos es un todo indivisible que la Conciencia permea, penetrando todas las cosas, sin excepción. Lo que llamamos Conciencia (Dios, Ser, principio Supremo, principio universal “Yo Soy”) se manifiesta en el hombre con mayor vigor que en resto de la Creación, permitiéndole reconocer este principio todo-penetrante. En el Cosmos todo es Conciencia. Nada escapa a la Conciencia. Todo está hecho de Conciencia. De ella parte, y a ella regresa.

La Conciencia, según los textos vedánticos, se define como Existencia-Conocimiento-Bienaventuranza.

¿Cómo se manifiesta esta Conciencia en el hombre

CONCIENCIA

UNIVERSO

“sensación de ser”

Hombre

La Conciencia se manifiesta en el hombre como “sensación abstracta ‘yo soy’”, o “sensación de ser”, o “alma crística”, que es conocimiento consciente de sí mismo/Sí Mismo, aunque el hombre vive la mayor parte de su existencia identificado con “yo soy esto”, “yo soy aquello” (nombre y forma), percibiéndose, de este modo, como una entidad separada, rodeada de otras entidades separadas que son ajenas al principio universal “Yo Soy” que en verdad es.

¿Cuál es la causa de esta identificación y, por tanto, con la ficticia “separación” como ser individual que cree ser? ¿Por qué el hombre vive con la idea de la individualidad separada que tiene de sí mismo, sin identificarse, con la Conciencia, con la “sensación de ser” que lo anima? Tal idea de separación se debe a que la mente, en uso de la energía consciente de la “sensación de ser”, ha perdido la referencia de su origen al proyectar los cinco sentidos sobre el mundo y elaborar un universo mental separado del principio universal “Yo Soy”, que es la Conciencia, aun cuando anima el cuerpo humano mediante la “sensación de ser”.

La vedanta dice que cuando el No-manifestado se refleja sobre sí mismo, aparece la Conciencia (Dios, el Ser, Ishwara, Yo Soy) y con ella el Espacio, el tiempo y la causalidad (o mundo). Conciencia y mundo se exigen. Se necesitan. Sin embargo, aunque la Conciencia necesita de la materia, no está supeditada a ésta. Por el contrario, la materia no podría existir sin la Conciencia, que se incrusta en todas las cosas mediante la “sensación de ser”, que es universal, sin atributos, nunca individual, a pesar de habitar en todos los soportes materiales existentes en el Cosmos.

Cuando la vela está hecha, aparece la llama, decía Nisargadatta Maharaj. Así, cuando el cuerpo está listo, aparece la Conciencia en forma de “sensación de ser”.

Entiéndase que el cuerpo humano es una entidad psicosomática compleja. Es un útil de la Conciencia para ella “darse conscientemente” allí donde lo denso, el cuerpo-mente, impide la consciencia plena de sí. Digamos que, a través de la materia, la Conciencia “extiende” su existencia consciente, pule la materia como se pule un metal para “verse reflejada a sí misma” a través de la “sensación de ser”. Por eso el principio que anima la materia, “la sensación de ser”, es la misma Conciencia. El mito de Narciso mirándose en el espejo del agua del estanque, quedando enamorado de su propia imagen, refleja bien este “reflejo” de la Conciencia sobre la materia. Así, el cuerpo del ser humano es un soporte, ¡pero un soporte, un receptáculo, capaz de descubrirse Conciencia universal a través de la “sensación de ser”! Y en este receptáculo, la Conciencia “experimenta/conoce” el mundo de la manifestación material, lo más denso surgido de sí misma, mas sin identificación con lo percibido.

Este soporte humano está formado por cinco componentes integrados: físico, emocional, mental, intuitivo, espiritual, que nosotros resumimos en tres: intuitivo, mental y físico. De estos componentes integrados hablan todas las psicologías emanadas de las tradiciones de sabiduría de Oriente y de Occidente, aunque perdida entre nosotros).

¿Cómo y cuándo llega la “sensación de ser” al cuerpo humano? ¿Cuándo se forma el cuerpo humano?

CONCIENCIA

“Sensación de ser”

Intuición

Mente

Cuerpo físico

Cuando un cuerpo humano está formado en la matriz de la madre y ha entrado el soplo vital, aparece la “sensación de ser”, y el ser humano está completo. Nadie, que no sea la Conciencia, sabe de este momento. Y es en este momento cuando se “fotografía” el Cosmos quedando grabadas las condiciones del mismo, que determinarán lo que los hindúes denominan el “prarabdha”, el periodo de vida fijado para esa presente encarnación del ser humano. En este momento, el ser humano es un “non nato”, pero está completo, y del mismo modo que un fruto maduro cae del árbol cuando las semillas que hay en su interior están completas, la semilla-niño, ahora, con la “sensación de ser” dentro, está en condiciones de salir y de florecer, como la semilla caída en suelo fértil lo hace.

A la semilla-niño nada le falta. Está completa. Tiene su programa dentro. Y este programa se irá desarrollando de acuerdo a las pautas “prefijadas” en la “fotografía” con la que se completó la semilla-niño en la matriz de la madre.

El desarrollo de la vida de este niño una vez nazca, podemos explicarlo gráficamente por medio de la imagen de la película proyectada sobre la pantalla. La pantalla es la Conciencia como “sensación de ser”, sobre la que se proyecta la película con el desarrollo íntegro, que estaba ya “prefijado” en la semilla-niño completa, con todas las secuencias, lineal y cronológicamente, por las que irán desfilando todos los personajes de la película, en la que el personaje central será el niño que arrancó de la semilla-niño, que irá desenvolviéndose en un número fijado de circunstancias, años, etapas, etc.

Hasta aquí, tenemos dos referentes: una pantalla, la “sensación de ser”/”conciencia ‘yo soy’”/”alma crística”, y un personaje interaccionando con otros personajes en la película proyectada sobre la pantalla o “sensación de ser”.  Pero, ¿cómo es que, siendo el personaje, el soporte físico de la Conciencia, pueda ignorarla? Y aún más: ¿cómo es que pudo adquirir autonomía propia, individualizada, separada de la Conciencia, que aparece precisamente como “sensación de ser”/”alma crística” para usar el soporte humano con el fin de “experimentar” el mundo?

Hemos visto cómo el desarrollo del componente psicosomático humano sigue el curso de los acontecimientos “fijados” por el “prarabdha”. Y este desarrollo no puede modificarse bajo ninguna circunstancia. Debe seguir el curso fijado, como lo sigue un río que fluye por el cauce que lo “encauza” sin que la corriente de agua pueda variarlo.

Y hemos observado también cómo la Conciencia, que es puro conocimiento de sí, ha anclado en un organismo humano que vive ajeno a ella, pero utilizando la energía “consciente” de la “sensación de ser”, como una entidad separada, consciente de “su” individualidad autónoma. Es el uso de esta energía todopoderosa de la “sensación de ser” lo que hace que el componente material humano crea que tiene el poder de ser autónomo.

¿Cómo ocurre esta confusión? ¿Qué es lo que en realidad sucede para que el soporte humano de la Conciencia crea ser un individuo, y no un individuo cualquiera, sino el ser más extraordinario puesto en pie sobre el planeta?

¿Cómo funciona la mente humana?

Para explicar tan extraña suplantación, veamos muy esquemáticamente cómo funciona la causante de tan tamaña confusión, la mente.

El hombre usa los cinco sentidos para conocer y disfrutar del mundo. El mundo externo entra en el hombre a través de los 5 sentidos. Cuando el mundo y nuestros sentidos interactúan, es decir, realizan intercambios, nace la mente.

Veamos el funcionamiento de la mente mediante el gráfico siguiente:

Mente

Supra-consciente

Mente

Consciente

los cinco sentidos – el Mundo

Mente

Sub-consciente

La mente consciente es esa parte de la mente de la que tenemos consciencia. Con ella pensamos. Con ella recibimos información a través de los sentidos, interpretando el mundo.

La mente sub-consciente es la parte de la mente en donde reside la memoria. Es nuestro pasado gravitando sobre nuestro presente. Nuestros hábitos, nuestras tendencias, nuestras emociones, etc., han forjado la mente sub-consciente.

Cuando un estímulo nuevo llega a nosotros, respondemos de acuerdo con la información (experiencia) grabada anteriormente en nuestro banco de memoria.

Cuando los cinco sentidos interactúan con el mundo para nuestro placer, crean pensamientos dentro de nosotros. Cuando pasamos de los pensamientos a la acción, repetidas veces, forjamos hábitos. En este caso, tendremos que asumir las consecuencias de nuestras acciones en el futuro. Cada vez que ponemos en marcha un pensamiento equivocado, se desequilibra el ritmo de nuestro cuerpo entero. La armonía entre nuestro pensamiento y nuestra “voz interior”, la “sensación de ser”, se quebranta, nos hacemos infelices, perdemos la paz interior. Cuando los pensamientos persisten se generan deseos.

Cuando a través de los sentidos entra una gran densidad de imágenes y pensamientos, la mente corta desde dentro el flujo continuo de energía de la Conciencia. Esto nos conduce a realizar acciones equivocadas y se rompe el equilibrio interno dentro de nosotros mismos.

La mente supra-consciente, es la Conciencia pura. Es la parte de la mente que contiene la sabiduría y el conocimiento. Es la Conciencia dentro del hombre, la “sensación de ser”. La Verdad. El Amor asentado en el corazón. Cuando hay Amor en el hombre, quiere decir que se ha hallado el canal para que la “sensación de ser” pueda expresarse libremente, sin el bloqueo de esta energía por parte de la mente. Este es un ejemplo de la relación plena entre lo sutil y lo denso, Conciencia y materia, en armonía. Este caso expresa cómo para que se produzca esta relación armoniosa entre lo sutil y lo denso, es preciso que exista alineamiento equilibrado, perfecto, sin interrupción “sensación de ser”-intuición-mente-cuerpo.

Conciencia abriéndose camino en un soporte denso, esto es el hombre que progresivamente va descubriendo su verdadera esencia, su naturaleza divina.

4. ¿Cómo conectar con nuestra fuente, la “sensación de ser”, esencia del hombre?

 “Cuando la mente deja de pensar
porque ha descubierto la verdad del Ser,
entonces la mente deja de ser mente.
Y al no tener más objetos de conocimiento
se libera del acto de conocer”.

[GAUDAPADA, Karika, (en : Conciencia y Realidad, Ed. TROTTA, Consuelo Martín, p. 165]

En el apartado anterior (“Qué es el hombre”) se dijo que “cuando a través de los sentidos entra una gran densidad de imágenes y pensamientos, la mente corta desde dentro el flujo continuo de energía de la Conciencia. Esto nos conduce a realizar acciones equivocadas y se rompe el equilibrio interno dentro de nosotros mismos.”

El desconocimiento de este sencillo “mecanismo interno”, de cómo la mente “bloquea” el flujo continuo de energía proveniente de la Conciencia como “sensación de ser” o “conciencia ‘yo soy’”/alma crística”, es lo que impide al hombre restablecer su armonía interior, que deriva siempre del conocimiento y la posterior conexión con su fuente, desde donde mana esa energía que el “ser humano” utiliza para interactuar con el mundo.

“Conectar con la fuente” significa volver la mente hacia dentro, es decir, hacia la “sensación de ser” y allí disolverse como tal, porque haya sido purificada por el fuego de la sabiduría del de la “conciencia ‘yo soy’/alma crística” , y es todo un camino necesario e insoslayable para quien quiere conocer su verdadera naturaleza y ser feliz. No hay otro camino.

Para conocerse y ser feliz es preciso la interiorización o “senda del autoconocimiento”, que también es denominada como “indagación” y como “auto indagación”. Nosotros la llamaremos “auto indagación”, cuyo meta será la disolución de la mente en la “sensación de ser”, para dejar de considerarse esa “prestada e ilusoria existencia separada” y “devolver” la energía a su legítima propietaria, la Conciencia, de la que tan sólo la mente es un instrumento.

¿Qué significa todo esto? ¿Qué tiene que ver con todo esto el hombre? Recordemos que la idea que el hombre tiene de sí mismo está relacionada con la idea de un componente psicosomático que tiene “consciencia de sí”. Desde que nacemos, por un lado, vamos desarrollando una compleja información genética que nos permite tener un organismo físico determinado con determinadas características, que también van influir en el desenvolvimiento de nuestro posterior carácter. Por otro lado, poseemos un almacén de información grabada en nuestra mente que comienza a formarse desde que abrimos los ojos al mundo por primera vez. ¿Qué somos, pues? ¿Cómo nos definen los tratados de psicología, o de filosofía, o de biología, de nuestra cultura racionalista occidental? Somos seres racionales, con las facultades de voluntad, entendimiento y libre albedrío.

Un maestro de sabiduría hindú, desaparecido recientemente, Nisargadatta Maharaj de Bombay, solía hacer algunas preguntas que desconcertaban a los que llegaban al reducido salón de su casa, en donde los reunía: “¿Sabías quién eras antes de nacer?” “¿Conocías dónde estabas antes de que tu madre te concibiera en su vientre?”. La respuesta contundente era: NO.

Si lográramos abstraernos y pudiéramos apartar toda la información cultural y el desarrollo genético relacionado con nuestra caracterología, que hoy nos conforma como “yo soy esto”, “yo soy aquello”, ¿qué seríamos?, ¿cómo nos veríamos? Sin duda que nos percibiríamos como Conciencia de sí sin “cualificación”, sin que pudiéramos identificarnos con “esto” o “aquello”. Seríamos simplemente “yo soy”, “consciencia de nuestra existencia”, “sujeto puro”, sin más.

Decimos “conciencia de nuestra existencia”, porque es lo único que, a lo largo de nuestro recorrido existencial, no ha variado. Y porque en el Cosmos, todo es Conciencia, “Existencia gozosa y consciente de sí”. Basta un soporte idóneo –como es el cuerpo humano- para que podamos reconocer esta Conciencia, que ya sabemos que aparece en el hombre como “sensación de ser”.

Pura existencia, Conciencia, percibiendo el mundo y su devenir desde un organismo humano, esto es el hombre.

En realidad, la mente no es otra cosa que un componente que recibe las impresiones captadas por los sentidos y que tiene la facultad de clasificar, interpretar, reflexionar, discriminar, etc., además de sentir. La mente, entonces, es una facultad, pero también es un receptáculo –memoria- en donde se almacena el conjunto de los pensamientos, deseos, emociones, sensaciones, etc. Esto es así por la propia naturaleza de la Conciencia, que es, como ya sabemos, consciente de sí.

Ya dijimos que en el Cosmos todo es Conciencia. Que nada escapaba a la Conciencia. Si esto es así, todo en el Cosmos tiene la facultad de “ser consciente”, aunque esta facultad se tenga latentemente, como en el caso de los reinos mineral, vegetal y animal. Dijimos también que el ser humano es quien ha recibido con mayor vigor la “sensación de ser”/”conciencia ‘yo soy’”, por lo que tiene facultad de reconocerse “consciente de sí”. ¿Qué significa que el ser humano tiene la facultad de “reconocerse ‘consciente de sí’”? Que puede reconocerse en ese complejo psicosomático como “pura Conciencia” que instrumentaliza tal complejo psicosomático para “experimentar” el mundo.

No se olvide que, en el ser humano, es la mente el componente que tiene la función de usar la energía de la Conciencia para interaccionar con el mundo. Por esto es que la mente puede entenderse como la “gran engañadora” al bloquear el paso de la energía proveniente “desde dentro”, usándola para “elaborar” una sofisticada entidad independiente que procede de la energía provenida de “su” fuente. Esta sofisticada entidad que se “experimenta” como independiente es el ser humano que se cree autónomo (independiente) de la “sensación de ser”, de la Conciencia, cuando en realidad es la misma Conciencia.

¿Cómo comienza a existir la mente como entidad separada, es decir, como ser humano “viviéndose” como entidad autónoma e individualizada?

La psicología hinduista, la psicología vedántica más concretamente, explica de manera muy simple cómo llega la mente a configurar tan “extraordinaria e ilusoria identidad separada”: cuando la energía de la Conciencia, a través de la “sensación de ser”, se dirige hacia el mundo externo para “experimentarlo”, usa el componente humano ‘mente’, que no es otra cosa que la misma energía de la Conciencia que se externaliza para interactuar con el mundo a través de los sentidos. Mientras la Conciencia “mira con ojos limpios”, sin identificación con lo que los sentidos perciben, aparece un primer pensamiento “yo” consciente como mente. Ésta, desde su atalaya “yo consciente”, que es un apéndice de la Conciencia, al volver a interactuar con el mundo y relacionarse con un “tú”, un “él”, etc., se vuelca hacia fuera “perdiéndose” en ese feed-back con los objetos del mundo externo, para, así, “tomar consciencia” de un “yo autónomo”, separado de la Conciencia. Y aunque la Conciencia sigue en el soporte humano, siendo el “hombre real”, perfecto, sabio, feliz, la mente se ha instalado en el mundo objetivo como un “sujeto pensante”, limitado a las capacidades de la propia mente, segmentado del universo de vida conscientemente Una de la Conciencia. Con este sujeto pensante es con el que el ser humano se identifica la mayor parte de su existencia.

¿Cómo volver a reconocernos el “hombre real”, feliz, universal, que en verdad es todo ser humano?

Hasta ahora hemos usado un discurso lógico para comprender “qué no somos” y “quiénes somos”: no somos el cuerpo, es decir, el complejo mecanismo psicosomático “construido” por la mente, y sí somos Conciencia como “sensación de ser”. Pero “conocer”, en este caso, no es “ser”. Es necesario hacer algo más. Y ese algo más necesario deberá lograrse en la soledad del corazón de cada ser humano. Volver a la fuente conlleva, además un precio: renunciar a falsa y tramposa mente, el sujeto pensante. Y aunque técnicamente el protocolo es sencillo, por la fuerte adherencia de los hábitos mentales, emocionales y físicos, que conforman la mente, ésta no nos lo pondrán nada fácil.

Mediante la indagación lograremos llevar los pensamientos (la mente) a la fuente, a la “sensación de ser”, para allí disolverlos. La constancia conducirá al éxito. El desánimo nos demorará debatiéndonos en lo que ya conocemos: el tramposo mundo infeliz y desarmónico que nos hace nacer y nos mortaja.

 (Ver, para completar el trabajo y pasar al territorio de la práctica, TALLER: Hacia el autoconocimiento. Aproximación a una metodología para la creación de un programa de valores humanos para secundaria, en: Tiger Moon Productions, Bangalore, India, y SOBRE LA FELICIDAD. Un camino de autoconocimiento. Taller práctico de auto ayuda, en: Tiger Moon Productions, España)

 5. Sobre metodología aplicada a la clase de valores humanos universales.

Comprender EDUCARE requiere conocer que la naturaleza del hombre debe buscarse, no en sus aspectos externos (intuicionales, mentales, emotivos o físicos), sino en lo que lo substancia, la Conciencia que, como venimos exponiendo, en términos más próximos a nuestra cultura y de acuerdo con las tradiciones de sabiduría, llamamos Amor universal, Ser, Dios.

Llegar a conocer esta Conciencia o Amor universal habitando en el hombre, exige un requisito previo, que en las psicologías orientales, derivadas de las doctrinas de sabiduría, o en las doctrinas místicas occidentales, se ha venido en llamar “camino de interiorización”, o “sendero de autoconocimiento”, o simplemente “auto indagación”.

Si hemos definido EDUCARE, siguiendo a Sri Sathya Sai Baba, como la comprensión profunda del conocimiento que surge del interior para impartirlo luego a los educandos, debemos pensar que ese interior del que surge el conocimiento es la Conciencia misma, y que tal conocimiento es lo único que permitirá conocer y comprender la fuente desde donde mana.

EDUCARE es un proceso, entonces, de aprendizaje constante, mediante el cual el educando llegará a conocer y comprender su interno, el Ser, la Conciencia, el Amor que todo lo invade y que en verdad es. Y este descubrimiento le vendrá dado desde el conocimiento adquirido metodológicamente en el proceso de interiorización o de autoconocimiento o de auto indagación.

Cuando en el apartado 1. exponíamos el significado de EDUCARE, para mejor comprender este concepto, nos acercábamos a las palabras que Sri Sathya Sai Baba pronunció en el discurso del 20 de Nov. de 2001 (Ver NOTA 3), en el que nos aconsejaba que para llegar a conocer y ¡experimentar! esa Conciencia, verdadera realidad del educando, se precisan dos herramientas esenciales: la inteligencia, en su uso correcto (razón) y la indagación, que conducidas correctamente llevarán al estudiante al autodescubrimiento de su íntima realidad.

Mediante la inteligencia, el niño irá comprendiendo el universo de la unidad que sostiene la diversidad de la vida, como conocerá y vivirá los valores humanos universales a los que irá reconociendo progresivamente, a la vez que despierta a la vida de su interno mediante el autoconocimiento. Cuando hablamos de inteligencia nos estamos refiriendo al instrumento racional y discriminativo como al intelecto, que nos ayudará a discernir entre lo real y lo aparente. Mediante la indagación, el niño “disfrutará”, “saboreará”, la “sensación de ser”; y esto lo hará mediante el intelecto, cuyo uso ha permitido adquirir al educando, al hombre, del refinamiento del alma que le conducirá a una vida de experiencias ricas en interioridades, en incursiones que rozarán, unas veces, al Ser interno, comprendiendo esenciales verdades, y en estas incursiones extraerá el conocimiento interno, del Ser, aunque aún incompleto. Otras veces, la incursión será tan profunda que atravesará la esencia misma del Ser y “gozará” de su presencia y de todos aquellos “regalos” de los que habla la literatura mística. Es la antesala de la experiencia de la unicidad. De saber el alma, el hombre, que nos es distinto del Ser que buscaba y que gozaba en arrebatos y vislumbres místicos. Esta experiencia íntima anterior a la experiencia definitiva de la unicidad, está más allá de las palabras, de la razón, del sentimiento; es una experiencia sin concepto, de comprensiones profundas, sin forzar la mente, pues son experiencias vividas en ámbitos alejados de lo mental sensitivo, hondas, y espontáneas. Tal es el poder de la indagación.

Así la indagación le servirá al educando para dar un paso más hondo en el camino de autoconocimiento de su yo real. Algunos tratadistas orientales han denominado a este “disfrute” del ser como “el sabor de ser”, mediante el cual el experimentador conoce por experiencia inequívoca la naturaleza de su esencia íntima. Luego vendrá, en una etapa posterior, la realización del Ser, el establecimiento firme en el Ser, como llaman las doctrinas de sabiduría a la unión del hombre con su esencia, o dilución del ser individual en el Ser universal.

Al proceso de autoconocimiento, por cuestiones prácticas y metodológicas, lo llamaremos “auto indagación guiada”, dada la tierna edad de los niños, que será para cada uno de ellos un hermoso descubrimiento, porque se llevará a cabo a través de una metodología elaborada desde un lenguaje mediante el cual le sea fácil reconocer y dar nombre a la “sensación de ser” que irá descubriendo y experimentando progresivamente, en el transcurso del proceso de auto indagación.

Debido a la tierna edad de los educandos, la auto indagación será conducida por el maestro, que conocerá el Programa previo, elaborado para tal fin, y sabrá que debe acompañar en todo momento al educando en su proceso de autodescubrimiento.

Inteligencia e indagación son, pues, instrumentos que utilizará el maestro con los educandos desde un lenguaje sencillo y claro, para que desde el inicio puedan lograr comprender (inteligencia) lo que descubran mediante la auto indagación (inteligencia e intuición), y profundizar en el camino de la interiorización mediante los logros obtenidos desde el buen uso de uno y otro instrumento. Porque se trata de que los niños o los jóvenes se auto descubran, degusten y experimenten lo que verdaderamente son, usando, entretejidamente, una y otra herramienta.

Todo Programa de valores humanos universales, pensado a la luz del universo educativo de EDUCARE, deberá estar diseñado, entonces, como un proceso en el que cada educando, conducido hacia/hasta su interno, vaya tomando conciencia de sí mismo, del Alma universal que todo lo invade, permea y cohesiona: lo que en verdad es. En este proceso cada educando se auto descubre, al tiempo que redescubre el mundo externo desde una nueva visión, la que le proporciona el aprendizaje de sí y del mundo en el proceso de autoconocimiento en el que está incurso.

Así, la metodología esencialmente se supeditará al uso de las dos herramientas descritas, inteligencia e indagación, pues ambas serán de una gran ayuda para lograr tanto el propósito de todo Programa de valores humanos universales como el propósito mismo de EDUCARE: llegar a conocer cada niño, cada joven, su verdadera realidad, la Conciencia, el SER absoluto que siempre fue, es y será.

En verdad, nadie puede proporcionarle al niño el conocimiento de sí, salvo él mismo, aunque sí puede conducírsele hasta la misma puerta del autodescubrimiento (primero: camino metalógico -inteligencia/razón-; luego: indagación -intuición-). Este hecho, por sí solo, exige, pues, una metodología que le lleve a auto indagarse y auto descubrirse a sí mismo como Conciencia de Amor universal.

Tal metodología deberá conllevar, además, el uso de un lenguaje apropiado para facilitar el autodescubrimiento del niño, que deberá ser un lenguaje directo, claro, sencillo y práctico, que exprese en todo momento ese “estar interiorizado” del niño, ese degustar el “sabor de ser”, además de constituir, en todo momento, el hilo que lo mantenga en conexión con los valores que va descubriendo e incorporando a su vida diaria. El lenguaje también debe servir de fácil aprendizaje de los nuevos conceptos, siempre positivos, comprendidos a la luz de EDUCARE.

 6. Observaciones prácticas.

I. Para cambiar el mundo.

 1. Una idea “cultural” muy simple para cambiar el mundo en que vivimos -¡y  el nuestro propio, individual!-: “pensar es construir el mundo”,

pues la actividad de pensar es la verdadera actividad de construir.

  1.1. “Pensar es construir el mundo en el cual vivimos”. Esta es nuestra premisa.

  1.1.2. (Ojeando la ciencia moderna). Al derrumbarse algunos de sus fundamentos filosóficos de la ciencia (: los principios de objetivación, contrastación y verificación), la idea mecanicista del universo dio paso a la idea de un universo más semejante a la conciencia que a una máquina. Esta convulsión produjo una crisis, y la crisis una ruptura en el seno de la ciencia, dando lugar a nuevos postulados científicos que generaron nuevos modelos científicos: los “nuevos paradigmas”, que definían desde un principio por su distanciamiento de los postulados de la ciencia objetiva. Hoy puede hablarse de una nueva ciencia no mecanicista que alterna sus investigaciones con la vieja ciencia objetiva, sin que por el momento se haya producido un desplazamiento que nos sitúe ante una nueva manera “oficial” de concebir la ciencia.

Con los nuevos descubrimientos científicos, los investigadores describieron sus resultados, que apuntaban sorprendentemente hacia una nueva visión del mundo y del hombre que contradecía la vieja visión del mundo mecanicista, y en ocasiones, era coincidente con la visión del mundo de las tradiciones de sabiduría de Oriente. Este hecho hizo que se establecieran correspondencias entre la nueva física y el misticismo oriental.

 Ya en los primeros años del siglo XX, el premio Nobel en física (1933) Erwin Schrödinger afirmó que el “El mundo es una construcción de nuestras sensaciones, percepciones y recuerdos”. El hombre ha ido creando un mundo, el mundo en que ha vivido, de acuerdo con la idea que ha sido capaz de elaborar según s sus capacidades cognitivas, que han ido aumentando progresivamente a lo largo de su proceso evolutivo, de acuerdo con una mayor y más exhaustiva información sobre la realidad, el mundo que lo circunscribe. Además, como nos recordaba el también físico y premio Nobel (1932) Werner Heisenberg, no vivimos en la realidad, sino en una descripción de la realidad. Lo que nos hace sumirnos en un grado mayor de humildad científica cuando tratamos sobre eso que nos parece tan cotidiano, la realidad. Esta idea vertebra el pensamiento constructivista derivado de las reflexiones del padre de la cibernética Heinz von Foerster.

 Para precisar:

Lo que conocemos por realidad, lo conocemos únicamente gracias al lenguaje y a la descripción que de esa realidad hacemos desde el lenguaje.

 Quiérase o no, esta idea encierra el fallido intento de la ciencia objetiva de conocer la realidad, y una terrible decepción percibida por la comunidad científica, más centrada hoy en la aplicación de la ciencia al mundo de la tecnología. También de la filosofía, que parece haber desaparecido, desplazándose la indagación filosófica hacia los dominios de la ciencia dura. Quizás, por ello, el biólogo y epistemólogo constructivista Humberto Maturana nos dice que somos en el lenguaje/existimos en el lenguaje, por lo que nuestra experiencia, como seres humanos, ha de producirse en el lenguaje.

 No constituye una novedad en las ciencias humanas y, concretamente, en la sociología del conocimiento, que la realidad se construye. Si aceptamos que la sociedad humana es una empresa de edificación de “mundos”, tal y como lo defiende Berger y Luckmann, podemos analizar el sistema social y cultural con la idea de una realidad construida socialmente. Para estos autores la realidad es un constructo social a partir de la socialización del lenguaje, vinculando, así, pensamiento humano y contexto social.  [BERGER, Peter y LUCKMANN, Thomas, La construcción social de la realidad, Amorrortu editores, 1994 (1968), p. 229.]

1.2. Somos en el lenguaje. Existimos en el lenguaje.

Pero el lenguaje requiere del pensamiento para su existencia, pues aquél es el soporte verbal de éste, y si el pensamiento, según las doctrinas orientales, es tan inconsistente como una nube que apareciera en el horizonte para desaparecer luego de cruzar ante nuestros, más o menos atentos ojos, ¿qué quedaría del pensamiento sin la prestancia del lenguaje, siendo -uno y otro- de la misma inconsistencia que la nube?

  1.2.1. Al margen de las implicaciones filosóficas que se derivan de estos postulados científicos, el hecho es que la idea del mundo como constructo social/mental conocido/descrito en el lenguaje es verdaderamente un hecho a considerar a) para cambiar más  fácilmente aquello que desvirtúa el sentido humano de la vida (los valores humanos, la educación, la felicidad, la cultura, etc.), y b) para avanzar en la comprensión de la génesis y evolución de los “mundos socialmente construidos” por el hombre, que no son otros que los devenidos de la progresiva comprensión del hombre acerca de sí mismo y de su entorno, y de su capacidad de expresarlos.

1.3. Sigamos la ecuación: Si (A y B) es C, ¿por qué no D?

 Si “pensar el mundo es construir el mundo” y “construir el mundo es ejercitarlo en el pensamiento/lenguaje”, ¿por qué no “pensar/construir” de una manera consciente y sabia el mundo en el que queremos vivir, ideando una educación y una cultura que lo haga posible?

 La tarea es bien fácil: “pensar sabiamente” y “construir sabiamente”.

 Miremos a nuestro entorno. Todo está organizado en virtud de unos cuantos principios, leyes, normas, valores con los que funciona la vida de una comunidad, y nuestras propias vidas. Y si reflexionamos acerca de nosotros mismos, ¿qué somos, sino aquello que a través de nuestro pensamiento-lenguaje sabemos y expresamos de nosotros mismos? Si variamos esos principios, leyes, normas, valores, varía nuestro entorno y nuestra vida. La sociedad y la cultura en la que vivimos es la que nosotros “construimos”, y si esto es así, ¿por qué no construir una nueva y sabia comunidad humana, comenzando -¡por qué no!- por la Educación, para seguir con las demás comunidades organizativas humanas?  Pero es tal nuestra limitación y nuestro apego a la dejadez y mediocridad (por tutelaje: Kant), instaurados en el centro de poder de nuestro cerebro, que parece que fuerzas ajenas a nosotros nos imposibilitan avanzar en esta dirección. Somos el programa y su reproducción, social e individualmente, computarizado desde instancias de poder, esa totalidad de hombres y mujeres, pensamientos, proyectos, sueños, actitudes, actividades, etc., que conformamos, interconectadamente, el tejido visible y no visible que cristaliza como vida social e individual humana y sus manifestaciones varias.  Salir de tan horrenda pesadilla es una prioridad en “la era planetaria” con la que se inicia el siglo XXI.

II. Un ejemplo de Educación en la Sabiduría, tomado de Confucio.

  Primero el texto:

               “Los principios de la educación superior consisten en proteger el carácter diáfano del hombre, dar una nueva vida al pueblo y reposar en la perfección. Sólo después de conocer la calidad de la perfección en la que uno debe morar, podemos tener un propósito definido de vida. Sólo después de tener un propósito definido de vida, podemos alcanzar la tranquilidad de espíritu. Sólo después de haber alcanzado la tranquilidad de espíritu, podemos gozar de un pacífico reposo. Sólo después de gozar de un pacífico reposo, podemos comenzar a pensar. Sólo después de aprender a pensar, podemos lograr el conocimiento. Hay una base y una estructura en la constitución de las cosas, y un principio y un fin en el curso de los acontecimientos. Por consiguiente, conocer el encadenamiento adecuado o el orden relativo de las cosas es el comienzo de la sabiduría.”

  Del texto de Confucio traemos tres puntos que interesan conocer, de manera  especial, por quienes reflexionan sobre la educación (pedagogos), o por quienes practican la educación en su quehacer diario, pero también por todos aquellos investigadores adscritos a ámbitos cognitivos pertenecientes a las Humanidades o a las Ciencias Sociales, pues es un texto que debería ser meditado y discutido ampliamente, ya que, en nuestra opinión, da las claves para una educación universal y para todos los tiempos, y en especial, para nosotros, que nos movemos por los territorios de la globalización:

1) la exposición del objetivo de la Educación en una vertiente doble: (a) una dirigida hacia el conocimiento de la perfección como meta ineludible en cualquier propuesta educativa; (b) otra hacia el hombre (individuo) y el pueblo (colectividad) sobre quienes se deben pensar en todo programa de educación, destacando la formación del carácter: “proteger el carácter diáfano del hombre”, dice Confucio. Así, la Educación ha de ser diseñada “conscientemente” para el individuo y para la colectividad como sujetos potencialmente perfectos, armonizados.

  2) el proceso derivativo, concatenado, de cualidades, después de conocer la meta y un “propósito definido de vida” (exige “pensar la educación”) que han de adquirirse progresiva y gradualmente para alcanzar la sabiduría, con la que uno se encamina a la perfección.

  Estas dos primeras consideraciones exigen conocer que la Humanidad es un proyecto en desarrollo; un proyecto dirigido hacia una meta bien definida. Conocer esa meta facilita el diseño educativo.

  3) el proceso ha de ser gradual, pues “Hay una base y una estructura en la constitución de las cosas [el hombre, el mundo, su base y estructura no diferente], y un principio y un fin en el curso de los acontecimientos…”.

  El texto, que no sólo es programático, expresa un modelo de educación que identifica los elementos sobre lo que hay que incidir: cualidades, carácter y valores humanos; y una meta: el logro de a perfección mediante la adquisición de la sabiduría. Así han pensado en algún momento los orientales sobre la educación.

  En verdad se trata de un programa pensado también en Occidente, en los tiempos remotos de la Antigüedad clásica, que servía para ayudar a construir un mundo soñado en el que creían, del mismo modo que los orientales; pero éstos nunca pensaron que estar ante un proyecto imposible, situado “en ninguna parte”, el lugar de las utopías.

  Una observación más: del texto de Confucio se desprende que no interesa tanto la información de conocimientos relativos al mundo, tan estimada entre nosotros, los occidentales, como si aprehendiendo el máximo de información lográramos conocer y dominar para nuestro uso (Francis Bacon, Novum Organum); es la búsqueda del ideal de perfección y de vida armonizada lo que dirige el camino hacia la sabiduría, en Oriente. Un camino de interiorización.

 Notas

1. Conferencia Mundial de Escuelas Sri Sathya Sai. 21, Nov. 2001.

2. Discurso del 20, Nov., 2001.

3. Discurso del 20, Nov., 2001.

4. Discurso del 2, Jun, 2003.

5. Discurso del 2, Jun, 2003.

6. Discurso del 20, Oct., 2001.

7. Discurso del 20, Nov., 2001.

8.  FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas, Siglo XXI editores, México, 1974 (1966).

9.  Von Martin nos recuerda que, si bien en el “primer humanismo estaba estrechamente ligado con el presente de la vida burguesa práctica [...] la generación siguiente presenta frente a la anterior el cambio característico hacia un ethos humano, de amplitud universal [...] Sólo luego aparece la “sociedad” desplazando a la “comunidad”, el esteticismo ocupando el lugar del activismo, el ideal de la belleza y del refinamiento personal en el lugar del servicio de la vida pública [...] Y ahora el humanismo significa una cierta “afinación” interna del alma”. (Von MARTIN, Alfred, Sociología del Renacimiento, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1981 (1932), pp.80-82)

 

 

 

6 abril, 2021Permalink