ESTEBAN DÍAZ. Noticia del poeta que regresa.

 

por Pedro Roso

LA MANZANA POÉTICA, nº 28 – Diciembre 2010
Revista de Literatura, creación, estudios literarios y crítica.

 

Esteban Díaz (Córdoba, 1952) es un poeta prácticamente desconocido. No por desdén, ignorancia u olvido de los lectores o de la crítica, sino por decisión del propio poeta que durante casi tres décadas ha mantenido un discreto, solitario y acendrado silencio, al margen de los circuitos literarios.

Ya su primer libro, Qibab (NOTA 1), publicado en 1981, pasó casi desapercibido. Las buenas intenciones del editor no salvaron la impericia del impresor y un desafortunado diseño que dañaba la lectura del texto. La inclusión de algunos de sus poemas en una antología (NOTA 2) publicada tres años después sirvió para llamar la atención sobre un discurso poético sensorial a la vez que intelectualizado, evocativo y reflexivo al mismo tiempo. En Qibab la poesía es goce estético (de ahí su interés y su insistencia en la imagen), pero también una forma de conocimiento. El poema, una anotación lírica que intenta fijar las sensaciones y las emociones recuperadas en el momento de la escritura, a la vez que una reflexión sobre el lenguaje mismo. “Homenaje a Ibn Suhayd” o “La tarde” servían de carta de presentación a una poética personal y exigente que, como uno de los poemas de aquel alentador primer libro, desembocó en el silencio.

Hacia mediados de los ochenta se abre en la trayectoria de Esteban Díaz un período marcado por diversas y azarosas vicisitudes y experiencias personales. Son años de zozobra existencial en los que el poeta sigue escribiendo en silencio, buscando salidas y ensayando respuestas. Un silencio que se rompe momentánea y fugazmente en 1994 con la publicación de La soledad de Asterión (NOTA 3), diez poemas muy breves que aluden a la experiencia vital de aquellos años. En aquel cuaderno Esteban Díaz “recrea en su escritura la soledad del Minotauro, el laberinto del hombre y del poeta. Don y maldición, estigma del destino, la escritura conforma las galerías en las que habita el poeta… Es la soledad del yo que se enfrenta al vacío y se aproxima al silencio, el reverso inseparable de la palabra esencial”. (NOTA 4).

Pocos meses después el poeta cordobés encontraba la salida del laberinto: India, en donde reside desde 1996; una cultura, un mundo que marcará decisivamente la trayectoria vital, emocional, intelectual y poética de Esteban Díaz.

Un encuentro decisivo

En El sabor del ser, narra Díaz su encuentro con aquella tradición, cómo los Gurús, los Maestros de sabiduría le conducen por los senderos del autoconocimiento. “Oriente reorganizó tu trabajo intelectual conduciéndolo por los senderos del bodhisattwa, del sabio filántropo budista y confuciano, amoroso y compasivo con toda forma de vida. La India te puso en contacto contigo mismo, el Yo Único”.

Pero aquel encuentro no sólo le procura una respuesta a sus inquietudes y zozobras existenciales: le abre una nueva perspectiva, le ofrece una visión optimista del mundo y de la vida en la que es posible la utopía. Otra utopía, cabe decir; no la que el propio poeta alentó durante muchos años de su vida, orientada por la tradición ilustrada y el marxismo. A partir de este momento Esteban Díaz apostará por “el humanismo global”, un nuevo paradigma social y cultural para una nueva humanidad, una humanidad sin fronteras (NOTA 5).

El punto de partida es semejante al que le impulsó al compromiso político en su juventud: el rotundo rechazo de un capitalismo irracional y deshumanizado, injusto e insolidario, alienado en el consumo y la indolencia. Pero se distancia sensible, significativamente de aquella actitud inicial proponiendo “un nuevo humanismo” fundado en “el potencial que encierra el ser humano y que puede llevarle en cualquier momento de lucidez y de nobleza a trascender tanta desidia”. Para ello el hombre ha de encontrar el camino de regreso a su ser esencial y a los valores que le son consustanciales, el ser que verdaderamente es, según el protagonista de su novela. “La Humanidad es una, como una es la Vida que la vivifica y como una es la Tierra que la alberga”, escribe Esteban Díaz, convencido de que ese camino se despejará cuando converjan las tradiciones de sabiduría de Oriente y Occidente.

El encuentro y la estancia en India supone, pues, una conversión, en el sentido etimológico de la palabra, un cambio radical en la concepción del mundo y de la vida, que incidirá naturalmente en su poesía. A partir de aquel momento Esteban Díaz relee y revisa lo escrito, y emprende una nueva etapa que culminará con la publicación en menos de un año de cinco libros de poesía, editados en Bangalore.

El centro inalterable: vida y escritura

Arte adivinatoria –que recoge poemas escritos entre 1980 y 1995- es probablemente el poemario que expresa de modo más elocuente aquella conversión: convencido de que la sociedad occidental vive una profunda crisis de identidad y valores, el poeta emprende la búsqueda de la verdad esencial del hombre. La “Carta a un amigo desde India” que prologa el poemario cifra un programa que rebasa con creces los límites de una poética: “sé un hombre de mirada serena, de alma ecuánime, y restablécete con dignidad en tu centro inalterable”. Desde esta perspectiva la poesía es mucho más que un ejercicio expresivo o una construcción retórica, es un espacio metalógico desde el cual el poeta puede indagar en sí mismo y descubrir su propia naturaleza.

Esa apertura a un cambio radical alcanza su punto de inflexión en Hojas de Hipnos. De homine, que revela ya de forma expresa el comienzo una nueva etapa en la trayectoria del poeta. Se trata de un poema no demasiado extenso y dividido en siete partes en el que poeta reflexiona sobre la condición del hombre, la deshumanización actual y vuelve la mirada “hacia el centro de sí mismo”. Al olvidar su propia esencia, viene a decir el poeta, el hombre ha abierto una profunda herida que daña su propia naturaleza. “¿En qué noche inventada osaste, oh hombre, tocar la existencia?”, se repite como en una letanía a lo largo del poema.

Establecida la distancia geográfica e ideológica con el pasado, El jazmín indioComo lluvia sobre fértil prado y El vuelo del pájaro colibrí expresan con elocuente intensidad no sólo la empatía del poeta con aquel paisaje y aquella cultura, sino también y sobre todo lo que ha supuesto esa experiencia para su poesía. Recogimiento, ahondamiento, contemplación, reflexión… son términos a los que Esteban Díaz acude para referirse al proceso de escritura de estos últimos diez o quince años. Para él la poesía es ante todo búsqueda, indagación interior, una incursión hacia el ser esencial y el autoconocimiento: “la punta del iceberg de una experiencia inefable”.

Pero el discurso poético de Esteban Díaz no se limita a esa experiencia interior. Su singularidad radica precisamente en su decidido compromiso moral, en su voluntad de aunar pensamiento y acción, vida y escritura. Se trata de hablar –dice el poeta- desde la más profunda sinceridad de lo que está ocurriendo en el ser de uno, reconociendo esa experiencia en los demás. A medida que se intensifica el vínculo entre experiencia vivida y experiencia estética, la poesía de Esteban Díaz se afirma y madura en su vertiente meditativa, sin olvidar la pulsión solidaria de quien no puede ni quiere sustraerse a la presencia del dolor y de la injusticia en el mundo: “¿cómo es posible tanta locura?”.

________________________

NOTAS

1. Cuadernos Andaluces de Cultura Popular. Ediciones Demófilo. Fernán Núñez (Córdoba).
2. Pedro Roso: Quince años de (joven) poesía en Córdoba (1968-1982). Diputación de Córdoba, 1984.
3. Cuadernos de la Posada, nº 44. Ayuntamiento de Córdoba, 1994.
4. Pedro Ruiz Pérez: “El laberinto del poeta”, nota que acompaña la edición.
5. Véase En los albores del siglo XXI. Reflexiones sobre el nuevo paradigma social no mecanicista: el humanismo global. Tiger Moon Productions. Bangalore, India, 2009.

5 febrero, 2017Permalink