HACIA EL AUTOCONOCIMIENTO (II)

I CONSIDERACIONES PREVIAS (I)

1. Auto indagación.

1. Toda descripción de un programa sobre el universo de la Educación que conduce a la sabiduría requiere ser elaborada cumpliendo con el propósito para lo cual fueron instaurados los sistemas educativos por los sabios de todas las culturas y en todas las épocas en las que existieron, excepto en la nuestra, mostrando la verdadera naturaleza espiritual del ser humano a los estudiantes, en cualquiera de sus etapas educativas/formativas, además de proporcionarles la comprensión de que esa naturaleza genuina sólo puede ser expresada mediante los Valores Humanos Universales (VHU), explicitando, de ese modo, a través de ellos, la excelencia o perfección humana. Pues esta es la meta.

2. Tales sistemas educativos han de seguir, en todo momento, una metodología acorde al propósito indicado, al tiempo que les proporcionan a los estudiantes las herramientas con las que puedan controlar la mente (esencia de la Educación), y aquéllas otras que desarrollen su carácter genuino (fin de la Educación), respondiendo, además, a uno de sus objetivos destacados, el que persigue contemplar todos los aspectos de su personalidad e integrarlos en armonía con el ser interior de cada uno de los estudiantes, lo que nos permite emparejar la Educación que proponemos con los fundamentos de Educare, que el Maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba formuló para sentar las bases de una educación universal sin fronteras, que expresara los principios de la tradición de sabiduría: Educare, cuyo propósito no será otro que la formación y el desarrollo de los estudiantes, que descubrirán, desde sus primeras etapas educativas, su prístina naturaleza.

3. No obstante, los programas elaborados, que habrán de seguir el propósito, esencia y fin de Educare, no excluirán el conocimiento sobre la naturaleza humana y todo lo que envuelve su proceso evolutivo, biológico, histórico, cultural, ni la de la vida que le rodea, pues los estudiantes han de conocer y comprender la dimensión material del entorno en el que la vida humana se inscribe, explicando en qué formas y modos se producen las interdependencias con las que el colectivo humano se vincula a la vida del planeta, el organismo vivo en el que desarrolla su existencia. La Humanidad ha de entenderse como un ecosistema humano conectado a todos los ecosistemas del globo terrestre, comprendido éste como un macroecosistema integrador de vida del que forma parte inclusiva y sustancial (como los son los demás ecosistemas, y cada individuación que los conforma). Como no puede ser de otra manera, la Educación atenderá el estudio y la comprensión de la Naturaleza en toda su vasta extensión, planetaria y Cósmica, ámbitos en los que se manifiesta la vida, tratando de describir y explicar con mayor o menor exactitud, dependiendo de la profundización que el saber humano posea en cada momento de la etapa histórica en la que se halle. Por lo que Educare, la Educación que conducirá a los estudiantes a la sabiduría, queda constituida como un universo educativo comprehensivo y holístico. A este respecto el Maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba ha declarado:

“La educación (formal) ha de combinarse con Educare. Sólo entonces experimentarán la bienaventuranza. ¿Cuál es la diferencia entre ‘educación’ y ‘Educare’? La educación es como agua insípida, Educare es como el azúcar. El mero agregado de azúcar al agua no la vuelve dulce. Sólo cuando se la revuelve, el azúcar se mezcla con el agua volviéndola dulce. El corazón es el vaso, la divinidad es el azúcar y la educación secular es el agua insípida. Con la inteligencia como cuchara y la indagación como el proceso de revolver, experimentamos la divinidad que todo lo penetra. Esa es verdadera sabiduría, la que nos permite reconocer la unidad de toda la creación”[NOTA 1]

4. ¿Cuál será entonces la esencia, la verdadera naturaleza de cada estudiante que se adentrará por el sendero mediante el cual conocerá quién en verdad es? El proceso o sendero que revela a los estudiantes su verdadera naturaleza ha sido conocido y ejercitado por las tradiciones de sabiduría de Oriente y de Occidente, y por aquellas doctrinas filosóficas que se preocuparon de conocer la esencia del ser humano, como “indagación” y/o “auto indagación”, ya sea la espiritualidad o la filosofía el marco en el que inscriban. Recuérdese cómo la antigua sentencia “conócete a ti mismo” reflejaba el interés en la Grecia clásica por descubrir la esencia del ser humano. Descifrar el enigma del aforismo significaba que el iniciado habría obtenido el conocimiento de su ser, su verdadera naturaleza, no distinta, según las antiguas culturas, del Ser como sujeto Cognoscente, el Ser Supremo o Creador/Alma Universal, o Brahman, Dios, por lo que quedaba identificado el sí mismo de cada uno de los estudiantes (o el ser humano en cualquiera de sus etapas existenciales) con el Sí Mismo o Creador de todo lo que es, implicitando con esta identidad que, si bien el Creador es Trascendente respecto del Universo que crea, es/está inmanente, no sólo en el ser humano, sino en cada individuación existente en la Creación, y aun en el núcleo de cada átomo. Este aspecto inmanente del Creador se define en la tradición vedántica, como expusimos en la Introducción, con el término “Prajña” o Conciencia Integrada Constante, también llamado “Atma/Yo Soy”, “lo que permanece, el Espíritu Divino presente en el corazón humano”, declara Sri Sathya Sai Baba.

5. La naturaleza de la Fuente Creadora se define en las tradiciones de sabiduría como Amor incondicionado o Bondad del Uno (platonismo y neoplatonismo), siéndose inmanente en cada individuación como una gota o chispa resplandeciente, esencia suya, ya que es el propio Creador quien “entra” en encarnación manifestándose “dentro” de la Creación misma como Prajña.

Algunas tradiciones orientales declaran que la Creación parte del deseo del Supremo Hacedor de conocerse y experimentarse en su esencia de Amor/Bondad del Uno en un infinito número de probabilidades de existencia para amarse y gozarse a Sí Mismo, y, llegado el momento de reconocerse él en cada individuación, recoger la Creación en Sí Mismo; lo que explica que el Amor/Bondad del Uno sean cualidades que las tradiciones de sabiduría de Oriente, como las tradiciones místicas de Occidente -junto a la filosofía occidental que tiene como meta explicar la naturaleza del Ser Supremo Cognoscente-, destaquen como cualidades inherentes al ser humano, pues “fue creado a imagen y semejanza suya”.

6. Este Amor o Esencia del Creador reside en cada individuación como “sensación abstracta ´yo soy´” (nombre con el que se refería Nisargadatta Maharaj al alma divina o Atma interior),  que es conciencia de sí mismo”, “conciencia ´yo soy´”, o “Sad Gurú” (Gurú interior), siendo el Prajña de los vedantinos. También ha sido expresado con otros nombres que se le ha dado, según la cultura en la que se ha desarrollado y mantenido la sabiduría  antigua, tal el de “alma o cristo interno” del cristianismo esotérico, pudiendo ser descubierto, conocido y experimentado por el ser humano en un estado de unidad con él, sabiéndose entonces, por experiencia inequívoca, que la individualidad que indaga y/o medita y/o ama devocionalmente, que reside dentro como “cristo interno o alma o conciencia ‘yo soy’”, es el Creador mismo. Tal expone Sri Sathya Sai Baba en las siguientes palabras: “Con la inteligencia como cuchara y la indagación como el proceso de revolver, experimentamos la divinidad que todo lo penetra. Esa es verdadera sabiduría, la que nos permite reconocer la unidad de toda la creación”. De este modo, llevado el proceso educativo mediante la inteligencia correctamente conducida, desenvolviéndose como “intelecto” que indaga acerca de la verdad de su ser, se logra “experimentar/conocer la divinidad interior o “conciencia ‘yo soy’”/”cristo interior”. Este conocimiento mediante el cual los estudiantes descubren y experimentan, cada uno de ellos, su verdadero ser, es la sabiduría de la que todos los sabios han hablado, en cualquier lugar, época o cultura en la que sus vidas se desarrollaron.

7. Son muchas las referencias a esta sabiduría que nos descubren la esencia verdadera de nuestro ser individual en identidad con la esencia del Creador, pues en la Creación nada hay que no sea el Creador mismo, llamado en algunas culturas también Dios Madre/Padre, cuya primera creación es la “Luz” que de él emana, brotada de su Amor. Esta Luz/Amor de la que hablan las tradiciones de sabiduría está presente en el corazón del ser humano. En India, el Maestro de sabiduría Ramana Maharshi, muy conocido entre los buscadores de la verdad de Occidente, es un claro ejemplo de haber fructificado en él la sabiduría o Conocimiento del Sí Mismo o Conciencia, términos con los que él refería al estado en el que su indagaciones y meditaciones le habían llevado, después de que a los diecisiete años abandonara el hogar familiar para ir en busca de su Padre (Shiva). Muchas de las conversaciones en las que se recogen sus enseñanzas hablan de la Conciencia o del Sí Mismo como esencia o sustancia del Ser Cognoscente que se hace inmanente en cada ser manifestado, por lo que éste tiene todo el potencial y conocimiento interior para descubrirlo dentro de sí y exteriorizarlo, pudiendo auto realizar el Ser Cognoscente o Trascendente en su vida manifestada.[NOTA 2] A Ramana Maharshi se le consideraba entre sus discípulos como el “Sad Gurú” o “conciencia” que radica en el corazón de sus devotos (y, por extensión, en el de todos los seres humanos). Dada la inmanencia del Creador/Conciencia en cada individuación de su Creación, es por lo que los seres humanos pueden “auto realizar” el ser interior/Divino Ser Superior al identificarse con él, ya que poseen las herramientas idóneas -recuérdense las palabras de Sri Sathya Sai Baba: inteligencia y facultad de indagar- para tal fin. No olvidemos que inmanencia hace referencia a la “identidad” entre lo-que-“aparece”-como-individualidad-y-lo-Trascendente Universal. De otro modo ¿cómo una individualidad (piénsese en los místicos cristianos, Teresa de Ávila o Juan de la Cruz) podría anhelar “fundirse” en unidad indivisible con el Dios Trascendente al que amaban por encima de ellos mismos y al que se entregaban en abandono absoluto?

Esta auto realización es el propósito de Educare, que es Supremo Conocimiento del Ser y, al mismo tiempo, proyecto y proceso educativo mediante el cual los estudiantes pueden obtener el amrita o elixir de la inmortalidad o sabiduría, logrando “conocerse a sí mismos” y experimentarse en su dimensión divina, reconociendo la “sensación abstracta ´yo soy´”/ “cristo interno” como su verdadero “yo”, que, en las prácticas espirituales o indagatorio/educativas, suele “visualizarse” como “luz interior” desbordándose desde su núcleo en todas direcciones hacia el exterior del indagador/estudiante, permeando de este modo su cuerpo y su aura, quedando envuelto en tan luminoso estado que le permite saborear el Amor/amrita/sabiduría que brota incesantemente de su interno, siempre que se produzca la unidad entre indagador/estudiante y el “ser crístico” indagado. En realidad, “el ser interior” es “pura luz” que emana de la Fuente Creadora, por lo que visualizarlo como un “haz de luz” que brilla auto luminoso en el centro del corazón de los estudiantes, resulta una imagen idónea y práctica que les ayudará en la comprensión de su verdadera naturaleza auto luminosa.

En esto consiste la adquisición de la excelencia humana o perfección.

8. Pero ¿cómo se produce ese contacto entre la individualidad, que nada (o poco) sabe, hasta el momento de la indagación, de su innata divinidad, su ser interior, y, aun, con su Divino Ser Superior, de quien es un fractal suyo en su manifestación terrena? El ser humano está indivisiblemente unido a su Ser Divino, quien lo anima y apoya para que avance en su individualidad, unificada con toda la Creación. Así lo Divino Universal o Atma siempre está atento al proceso evolutivo de la individualidad humana, aun cuando ésta no lo perciba así. Una vez que la individualidad humana comienza a conocer que este mundo no es el que quiere ni para sí ni para la Humanidad a la que pertenece, sintiendo que no es de este mundo, el Ser Divino lo conduce, paso a paso, hacia el ser interior o “alma crística” para que ahí reconozca que él -el ser humano indagador- es esta “alma crística”, fractal del Ser Divino. Entonces comenzará el “contacto” entre ambos, individualidad/“alma crística”. Un “contacto” que siempre se producirá en lo interno, aunque en el sendero de la devoción y en el de servicio “se mire” hacia las alturas del Cielo en los inicios, para descender, cuando se adquiere un cierto nivel de “madurez” espiritual, al “cristo interno” que reside dentro, en el corazón del corazón, hacia donde “miraba”, por ejemplo, Teresa de Calcuta a sus “cristos” abandonados o desahuciados a los que atendía a diario en las calles o en el hospital que había construido para tal propósito en la ciudad de Calcuta.

Esta mirada interior dará como fruto el final del peregrinaje terrestre, porque la individualidad humana/“alma crística” habrá ascendido hasta la morada de su Padre celestial, su Ser Divino, habiendo logrado finalizar el recorrido tal lo expresó Jesús el Cristo, o Gautama Buddha.

Son muy fructíferas para los estudiantes las actividades indagatorias y meditativas conducidas mediante la expresión “luz interior” por ser muy fácil para ellos la visualización de la misma, unida esta imagen al sentimiento de “Amor” brotado de su corazón “auto luminoso”, uniendo, con esta práctica, ambos conceptos.

9. Así, la indagación, siendo ésta una indagación sobre uno mismo (auto indagación), ha sido considerada como un fértil camino de “interiorización”, tal lo ha sido la meditación, caminos, ambos, con los que se inicia lo que se ha llamado en todas las tradiciones de sabiduría, un “el sendero (o senda) de autoconocimiento”. Sendero que finalizará en el Yoga de Unión entre el indagador/meditador y el objeto indagado/meditado. En este sendero de autoconocimiento se atenderá, de manera especial y, en primer lugar, a la concentración de la mente, focalizada en el objeto indagado/meditado, por ser la esencia y la llave del autoconocimiento. Ambas vías, aunque siguen estrategias y metodologías diferentes, recorren un camino paralelo, coadyuvándose en la mayoría de los casos, pues una y otra sendas de autoconocimiento, de sabiduría, o de iluminación, parten de la elección de un objeto a indagar/meditar en el que concentrar su mente, el Ser Trascendente que está/es inmanente en toda forma de vida y, por tanto, en el indagador/meditador.

En el caso de la indagación[NOTA 3] la atención se depositará sobre el ser interior o esencia de uno mismo desde el inicio, o en el Dios Trascendente, que sabe que es inmanente en él, ya que en su proceso indagatorio se le comunica al estudiante/aspirante la identidad de ambos. Así, la indagación partirá de lo particular/individual a lo Universal Trascendente.

Y es la concentración la herramienta que se utilizará desde el inicio del proceso auto indagatorio, pues le ayudará al indagador a conseguir el autocontrol necesario para que su mente y el mundo que le rodea no le estorben en la consecución de los objetivos programados en cada una de las etapas por las que ha de transitar el transcurrir de la auto indagación.

En las Karika de Gaudapada leemos:

4O “Aquellos yoguis controlan la mente para liberarse del miedo, terminar con el sufrimiento y llegar al conocimiento del Ser.

41 “La mente sólo podría ser controlada por un esfuerzo incesante como el que sería necesario para vaciar el océano gota a gota con una brizna de hierba.

42 “Con la ayuda de los medios adecuados, la mente dispersa por el deseo y la experiencia debe ser dirigida a su equilibrio. También hay que hacer lo mismo con la mente sumida en la oscuridad del sueño, pues el sueño es tan nocivo como el deseo.

43. “Al recordar constantemente que todas las cosas están acompañadas de sufrimiento, la mente se retirará de las diversiones que surgen del deseo. Y al tener siempre presente que todas las cosas no son más que el Absoluto no-nacido, se dejará de ver lo nacido [como real].” [NOTA 4]

10. El sentido y significado de estos sutras, que podríamos encontrarlos en numerosos textos de la tradición védica, revelan la importancia que conlleva tener controlada/disciplinada la mente, y de los beneficios obtenidos. Sin la concentración de la mente no se podría dar el siguiente paso en la auto indagación, el de la contemplación, que es hondura de conocimiento de sí mismo, en la que el indagador “atiende sostenidamente”, o se ensimisma/se absorbe de forma continuada y extendida en el tiempo, sin impedimentos ni perturbaciones que le distraigan, con el fin de conseguir la unidad con el objeto de la indagación (o meditación) en una posterior etapa, o en el término final de esta etapa contemplativa.

En la etapa contemplativa, el indagador conduce, pues, a la mente, asida por él, como el jinete lleva las riendas del caballo, mediante un proceso “lógico/racional”, con el fin de obtener, mediante el “intelecto” indagador, una mayor profundización en el conocimiento de aquello que el aspirante quiere indagar, que es él mismo, confiriéndole a la indagación una mayor profundidad de conocimiento al adentrarse por senderos, ya no discriminativos o lógicos, sino por aquellos otros mediante los cuales el ser humano pueda “discernir” entre lo real y lo irreal/apariencia, lo correcto de lo no correcto, la verdad de la no verdad, etc. Son los momentos en los que la indagación se torna en verdadera auto indagación, en la que el intelecto será la herramienta que lleve al indagador correctamente hacia terrenos que rayan con lo “no conceptual”, ámbitos de la intuición mística.

No obstante, si el sujeto contemplativo tiene el impulso o necesidad imperiosa de comunicar mediante el arte, por ejemplo a través del verbo poético, no sólo para ser comunicada su experiencia a un lector que desee conocerla a través de la belleza artística, sino también para que él mismo pueda conocer y profundizar, mediante el pensamiento/lenguaje indagador, lo que devino en experiencia indagadora, y de este modo fijar los pasos del recorrido de interiorización contemplativa, “encontrando” en estos pasos de la experiencia contemplativa el lenguaje apropiado para expresar tales estados de hondura del conocimiento acerca del ser interior, que comienza a revelarse con claras e inequívocas “voces”, o “imágenes”, o “vislumbres”, o “sabores”, de diversa naturaleza. Esta práctica la observamos muy claramente en la literatura mística, pero no únicamente en este medio creativo, como puede ser en la pintura, la escultura, la arquitectura o la música. En estas diferentes disciplinas artísticas puede producirse el mismo efecto y resultados de comunicación directa con el Yo Divino a través del alma crística del artista.

11. En la literatura mística y espiritual, incluso se expone que, en una etapa de mayor hondura de la experiencia contemplativa, las palabras (o cualquier otro “medio denso” de comunicación) ya no serán necesarias para continuar con la “conexión” con aquello que está siendo conocido de “sí mismo”, que ya sabrá que es inmanente y Trascendente al mismo tiempo, porque el estado que se alcanza en las etapas elevadas de la contemplación son de carácter intuitivo del alma que ya “siente” el aliento del “amado” o “ve” su resplandeciente semblante, formas de “percepción” que nada tienen que ver con la lógica de la palabra transmisora de un pensamiento/concepto o de la imaginación “mental”, sea de la mente racional o de la mente-intelecto superior, pues se “percibe” aquí al ser/Ser que se propuso aprehender/alcanzar como objetivo en su recorrido de unicidad contemplativa mediante “arrobamientos”, o “sabores”, o “fragancias”, o “hitos” que “aquello/objeto de conocimiento” -su “sí mismo/Sí Mismo”-, le ofrece, para conducirlo “más seguro” y más hondamente hacia la morada en donde reside, sirviéndole, además, estos “dones” recibidos como “ayuda” para mantener la firmeza de su fe, hasta transformarla en inquebrantable, para lograr alcanzar la contemplación última o meditativa, en donde la separación entre el indagador y lo indagado se disuelve, percibiéndose, por parte del indagador, el camino despejado para que el acto/Yoga de Unidad se produzca. O visión última y definitiva, de la que hablaba Nisargadatta Maharaj de Bombay.

Es aquí, en este tramo del sendero de autoconocimiento, en el que se unen las dos vías que se iniciaron como caminos o senderos diferentes, el de la meditación y el de la indagación. El resultado final es la meditación propiamente dicha o estado de unidad o el Yoga de Unión obtenido mediante el Conocimiento del Sí Mismo, radicado en el interior como “cristo interno” o “conciencia ´yo soy´”, unicidad que permitirá al aspirante a comprender que esta “alma”, este “cristo interno”, son el mismo Ser Divino Superior, a quien aspiraba conocer y a él unirse en indivisible Yoga de Unidad. Gaudapada explica este Yoga de Unidad como un Yoga “sin contacto”, en el sutra siguiente:

39. “Este yoga, esta unión sin contacto, es difícil de comprender incluso para muchos yoguis. Porque estos yoguis ven miedo donde no lo hay y se asustan.

48. [Porque no han comprendido aún que] Ningún ser individual ha nacido, porque no hay ninguna causa que lo produzca. Ésta es la verdad suprema: Nada ha nacido jamás.” [NOTA 5]

12. No obstante, los versículos transcritos de Gaudapada no difieren en significado de lo que nosotros estamos exponiendo, pues para comprender qué es la iluminación y cómo ha de lograrse el sabio hindú escribe las Karika, que son comentarios a la Mandukya Upanisad, texto de no muy fácil comprensión, con el fin de ayudar a los buscadores sinceros que han determinado realizar el Ser. Los sutras, versículos o aforismos de las Karika pueden describirse como haces de luz que iluminan el camino de quien ha decidido alcanzar la sabiduría o iluminación.

Un camino espiritual, por tanto, hay que considerarlo como un proceso en el que el buscador se desenvuelve “desde la dualidad”, anhelando el “contacto” con el objeto indagado. Sin embargo, en el proceso indagatorio en el que se ve incurso el indagador, llegado el momento, descubre/conoce que la dualidad es un ensueño, por lo que el “contacto” nunca se podrá tener, pues es producido por una ilusión de los sentidos, descrita ampliamente en numerosos tratados vedánticos de no dualidad, en los que también se declara que la existencia del Universo y la su Creador surgen de una Ideación Cósmica del Ser No Manifestado, que sí, se manifiesta Él Mismo como el Creador que crea, ordena y disipa su Creación, pero éstos “desaparecerán” como si fueran un espejismo del desierto. El Creador es, por tanto, el Ser Manifestado, al que todas las religiones llaman Dios, que dejará de ser manifestado adentrándose en Lo No Manifiesto y Desconocido, que según las tradiciones de sabiduría convive con el “Amor”, también No Manifestado, pero que ambos intervienen en el comienzo de la Creación, y en ella se desbordan como Amor/Luz o Atma/Prajña.

13. Así, los sutras de Gaudapada hay que entenderlos como una metáfora derivada de una paradoja, que, en la tradición védica, se conoce con cualquiera expresión que exponga la verdad que encierran, como aquella que describe al Universo como “el hijo de una mujer estéril”. Las paradojas son muy abundantes en las tradiciones de sabiduría por ser muy fructíferas, no para la mente racional, que es lineal y discriminativa, sino para la inteligencia/intelecto superior, como se denomina en las tradiciones de sabiduría o místicas a la zona de lo mental que comunica con la “chispa divina” una vez que aquél haya sido refinado por la luz de la sabiduría. Sí debe quedar claro que el indagador que ha descubierto la ilusión del Yoga de Unión -pues todo es el Ser, como ha sido declarado en todas las tradiciones de sabiduría- ha de encontrar la fórmula mágica que le permita vivir en “la sencillez, la serenidad y el auto-control [que] advienen espontáneos. El que conoce este estado [de identidad con el ser], se estable en inalterable paz.” [NOTA 6], se lee también en las Karika, ayudándole a comprender los beneficios de la indagación acerca de la verdad velada, cuyo velo hay que descorrer para conocerla.  Y, curiosa y extrañamente a lo que venimos afirmando en nuestras reflexiones, el ser humano busca encontrarla “mirando” hacia fuera, cuando la verdad está resguardada en su interior. Volver la mirada hacia el interior es lo que le permitirá descubrir esta verdad en sí mismo. Y es esta mirada hacia el interior del ser humano lo que constituye el objetivo inicial e indispensable para que los estudiantes se conozcan a sí mismos la verdad que son; verdad que está bien guardada en sus corazones.

 14. No es fácil que Occidente aceptara la explicación de que sólo lo No Manifestado, Aquello que es Desconocido, es lo Real, y que el Dios al que se nombra y adora en las religiones, el Ser Cognoscente o Creador sobre el que indaga la filosofía no materialista, es la manifestación de la Realidad Única Absoluta, que, si bien, no deja de ser la “Realidad  Manifestada”, no será la “visión última” de la que hablaba, por ejemplo, Nisargadatta Maharaj de Bombay, por citar a uno de los seres humanos auto realizados cuyas enseñanzas han sido más difundidas en Occidente. Es un hecho conocido que la tradición de sabiduría de Occidente ha sido cuando menos obviada/evitada por la Cultura y la Educación de los Estados de la modernidad globalista, quedando de ella reductos en zonas poco visibles en la superficie del tejido social del mundo mercantilista, por ser su saber o enseñanzas no demostrables, a la luz de la ciencia racionalista o mecanicista.

15. El texto de Gaudapada del que hemos extraído los sutras, que nos han dado pie para incorporar la digresión que nos hemos permitido en líneas anteriores, deben entenderse como una fuente de inspiración para el buscador anheloso de descubrir su verdadera naturaleza. Anhelo que mantuvo desde el comienzo de la auto indagación, cuando entonces sólo constataba conscientemente (sólo esto: descubrimiento y constatación consciente, al inicio de la primera etapa del recorrido indagatorio) lo que más adelante será una toma de consciencia de lo que en verdad es. Descubrimiento y constatación consciente, no obstante, que conducirán al aspirante a “iniciarse” en el sendero del autoconocimiento.

16. Terminada la etapa de la concentración, el aspirante estará en disposición, pues, de “comprender” que el ser inmanente que anhela conocer, y a él unirse, es él mismo, conociéndose, además, como la expresión manifiesta, en el plano de la materialidad, del Ser Trascendente, conocimiento que ha logrado en una mayor hondura indagatoria, la de la contemplación, entrando en una etapa de abundantes y fértiles experiencias de unicidad, al “extender” el estado de concentración en un tiempo sin límite y en honduras de conocimiento adquirido en experiencias en donde la mente y su mundo desaparecen por atender ensimismadamente al objeto de indagación, ya que el mismo indagador contemplativo, tal le ocurre al meditador, comienza a “transitar” por los dominios de las experiencias o estados en los que se “percibe/conoce” siendo, a cada paso dado, más “consciente” de ser la “conciencia de sí mismo/Conciencia de Sí Mismo”, estado en el que lo interno inmanente y lo Trascendente van acercándose “visible e inequívocamente” ante la “mirada” contemplativo-meditativa del indagador, haciéndose la distancia entre ambos más corta a cada paso, pues las fronteras entre el indagador y lo indagado o el meditador y lo meditado comienzan a desdibujarse, por lo que el contemplativo se adentra, con la guía del divino interno, por los auto luminosos ámbitos de la Luz de la Trascendencia del Ser Divino, que representa la Trascendencia o Eternidad del Supremo Ser.

17. La unicidad va tornándose gradualmente brisa acariciadora del Yoga de Unión, sin que el espacio entre lo inmanente y lo Trascendente sea medido en distancia, o en tiempo, pues lograda la unidad del sujeto indagador y del ser interior, la elevación a la Luz del Supremo Ser dependerá de la intensidad con la que el ser humano anhele vivir en su verdadera dimensión Trascendente. Únicamente mediante una “comprensión profunda” del conocimiento que radica en el interior del ser humano como “conciencia ´yo soy´” o “ser interior o crístico” se podrá alcanzar la unidad con la conciencia interior, que será “absorbida” por la Conciencia o Ser Divino. Éste es el propósito de Educare o Educación en la sabiduría, que también es el propósito de nuestro proceso auto indagatorio. Jesús declaró que sólo a través de él (el Cristo) se podía llegar al Padre, queriendo expresar lo que nosotros tratamos de explicar.

Las siguientes palabras de Sri Sathya Sai Baba son elocuentes en sí mismas cuando habla acerca de cómo el ser humano puede lograr “conocerse a sí mismo”, anclándose en su verdadera dimensión crística o divina, al expresar qué es lo que debe enseñar el “Maestro” de Educare a sus estudiantes: “Educare implica -dice el Maestro de sabiduría india- comprender profundamente el conocimiento que surge del interior e impartirlo a los estudiantes”.[NOTA 7]

Como nuestro trabajo se dirige hacia el conocimiento del ser inmanente/Ser Trascendente de los estudiantes mediante un proceso educativo cuyo propósito mueve la dinámica de dicho proceso hacia el conocimiento del sí mismo/Sí Mismo en cada uno de ellos, nos conduciremos, inicialmente, por un proceso metalógico, ya que se moverán en los territorios de la indagación o auto indagación de conceptos que los llevarán a experimentar los sentimientos y estados que comunican esos conceptos, sin obviar la meditación como coadyuvante al trabajo de fijar contenidos mediante la práctica de la misma.

18. Insistimos que, sin el control de la mente, los estudiantes no podrán alcanzar ninguna meta, ni ninguno de los objetivos que se propongan en cualquier ámbito en el que sus vidas se desarrollan; aún con menor cálculo de probabilidades en el terreno de la indagación o de la meditación. Por esta razón, el Maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba declara que la esencia de Educare es “la concentración de la mente”, o disciplina, que es control de la mente. En la primera etapa de concentración de la mente debe lograse, pues, que ésta quede unidireccionada, sin que nada le distraiga de su objetivo de “atender” aquello que se quiere aprehender. Logrado el control de la mente, mantenida la atención sobre el objeto que se quiere indagar y conocer, el proceso de interiorización hacia la morada del ser interior se hará menos arduo y muy fructífero. Por tanto, el camino de interiorización es una senda de autoconocimiento que ha de iniciarse desde el ejercicio de la concentración de la mente, pasando, en una etapa posterior, a la contemplación de aquello sobre lo cual el indagador se concentraba, identificándose en sus tramos finales con él, coincidiendo, en este punto, con la meditación propiamente dicha o Yoga de Unión.

19. El esbozo de estrategia metodológica que el “Maestro” de Educare tiene ante sí trata de ofrecer la visualización de una vía sencilla y práctica para lograr que estas etapas -concentración, contemplación, Yoga unitivo-por-conocimiento y unidad con lo indagado/meditación propiamente dicha- puedan proporcionarles a los estudiantes la guía y las herramientas que les conduzcan, por innegable experiencia, hasta su verdadero ser interior para que, como meta última, se logre la identificación con el Ser Trascendente, en unidad indivisible con la Vida, Conciencia Integrada Constante, pues habrán conocido el convivio unitivo de su sí mismo y del Sí Mismo Universal.

Así, para conseguir nuestro propósito, se utilizará la meditación entre las actividades que se programarán para que los estudiantes ajusten los objetivos fijados en cada etapa de la auto indagación que los conducirá al “conocimiento del sí mismo/Sí Mismo” de cada uno de ellos.

20. La metodología que proponemos trata de unificar la indagación vedántica con la indagación filosófica de Occidente, estrechamente relacionada con los principios que rigen la ciencia racionalista o mecanicista, útil en todo punto -la indagación- si se desarrolla conducida por el intelecto superior, ya que profundiza donde la mente racional y lógica no alcanza llegar, pues, al estar limitada por la linealidad, la segmentación y la discriminación que exigen el análisis de cualquier objeto o ser investigado, estas características o propiedades suyas la alejan del discernimiento que en todo momento se le reclama al indagador o al filósofo que se adentran en la indagación profunda de lo que tiene como propósito conocer.

“El Atma -dice Sri Sathya Sai Baba en su Discurso del 30 de marzo de 1987- es la base de todo [...] ilumina la mente y le permite ver el mundo externo. Sin esta iluminación, la mente no puede comprender el mundo. La mente es como la luna, que recibe su luz del sol. No tiene luz propia. Brilla gracias a la luz del Atma. Cuando el sol brilla, la luna es apenas visible. De la misma forma, cuando hay conciencia del Atma, la mente no es perceptible”. El mismo Maestro de sabiduría indio establece, como lo hace la vedanta hindú, los cuatro comportamientos de la mente que conviene diferenciar, para no confundirlos con el Atma o “alma crística” o Prajña encarnada en el ser humano, aunque éste se haya identificado con la personalidad egoica creada en los espacios de la mente, como nos aconseja Sri Sathya Sai Baba:

“1) cuando la mente está atareada en fluctuantes procesos de pensamiento, se la llama ´manas´ o ´mente´;

2) cuando está ocupada en un proceso de indagación o de discernimiento entre lo recto y lo erróneo, se llama ´buddhi´ o ´intelecto´.

3) cuando la mente funciona como un depósito de recuerdos, se la llama ´chitta´ o ´memoria´;

4) cuando la mente se identifica con el cuerpo físico y asume la cualidad de hacedor respecto de las variadas actividades que realiza, se la llama ´ahamkara´ o ´ego´”. [NOTA 8]

Así, la misma mente asume diferentes formas e interpreta diferentes roles de acuerdo con las necesidades según las diversas situaciones en las que se vea envuelta.

21. Nuestra incursión en el sendero del autoconocimiento de los estudiantes se realizará, pues, desde el intelecto o buddhi, aunque éste alterne, como es obvio en un recorrido metalógico, con lo que hemos denominado la mente propiamente dicha, pues con esta guía/herramienta de carácter indagatorio -el intelecto- se adentrarán en zonas del ser interior de cada uno de ellos, sobre las que nunca han indagado y, si lo han hecho, tal vez se hiciera de forma inconsciente en la mayoría de las ocasiones, por lo que, nunca (o casi nunca) han sido conscientes del nivel de identificación que han mantenido con esas zonas suyas.

Además, como nos situamos en este proceso de autoconocimiento vinculándonos al universo educativo de Educare, convendría comprender también qué entendemos por Educación integral o Educación para el desarrollo y logro de la excelencia humana, expresiones que emparejamos con Educare o la Educación en la sabiduría, pues el conocimiento que se obtiene en el proceso educativo desde estos sistemas educativos corre en paralelo al de la indagación o auto indagación que nos proporcionará el autoconocimiento, siendo éste conocimiento de uno mismo, de quien habrá que conocer los componentes constitutivos o integrantes de la misma individualidad que indaga. Y para lograrlo es preciso que, en tanto se profundiza en lo interno del ser humano, también se trabaje en la armonización de estos componentes que conforman la personalidad humana: alma o “espíritu crístico”/“conciencia de sí mismo”, intelecto, mente, cuerpo (de aquí que podamos hablar de Educación Integral), con el fin de que se facilite el proceso de auto indagación y de autoconocimiento, logrando un lineamiento perfectamente armonizado desde el alma, que guiará al intelecto que, ajustado al conocimiento que el “alma” o “conciencia ´yo  soy´” posee, pues en esencia es “conocimiento de sí misma”, adquiere la facultad de discernir, asumiendo como tarea la de guiar a la mente, y ésta, conducida por la correcta facultad de razonar del intelecto, guiará a los sentidos allí done el “alma” le indique.

La etapa final de una Educación Integral u Holística debe entenderse, pues, como la armonización de los componentes del ser humano regidos por el “alma” que está en “continuo contacto” con el Ser Divino o Atma, tal lo conoce la tradición védica, al ser aquélla un fractal [NOTA 9] suyo, siendo el mismo Ser Divino. De este modo, el ser humano puede lograr su unidad con su Ser Divino que “personifica” a la Fuente o Dios Creador desde donde toda la Creación emerge, desbordando su Amor como Creación, y en ella se sumerge. Esta integración y armonización o lineamiento de los componentes del ser humano con el Ser Divino, a través del “alma” o “conciencia crística”, facilitará al alumno el “salto” hacia la unidad de la individualidad armonizada/“conciencia crística” con su Ser Divino.

22. La auto indagación conduce, pues, a descifrar el enigma de la sentencia antigua “conócete a ti mismo”, logrando los estudiantes la meta a alcanzar: la excelencia humana, estado desde donde el ser humano comprende y logra reconocerse el Ser Creador de todo cuanto existe, mundo visible y mundo no visible, apartando de sí lo que le retenía en la individualidad limitada que se “imaginaba” estar separada de la Unidad indivisible Creador/Creación (ser inmanente/Ser Trascendente). Lo que se logra “apartar” en el proceso de auto indagación es la mente que se identifica, dijimos arriba, con un cuerpo, conformando una entidad falsa/irreal/mentida, llamada “ego”, desde donde se origina la personalidad humana desconocedora y separada de su “fuente”, radicada en el interior de cada ser humano como la “conciencia de sí mismo”/crística que habita en el corazón. Esta “conciencia ´yo soy´” o “Sad Gurú” o “cristo interno” “aparece” como identificada a esta identidad o “ego” que se arroga una existencia per se como “hacedor”, alimentada por aquello que los sentidos le hacen llegar del mundo que ella va construyendo en la medida que expande su “mundo personal” conforme la existencia del ser humano progresa gradualmente en el tiempo. Dado que el proceso educativo conduce a los estudiantes hacia la sabiduría, y ésta ha sido relacionado con la Educación que promueve el ideal de perfección y de unidad con la Vida, los estudiantes lograrán deshacerse de la falsa identidad ilusoriamente autónoma del “ego” en las sucesivas etapas de su proceso educativo, consiguiendo primero conocerse como “conciencia/cristo interno” para, posteriormente, unirse a su Sí Mismo Superior.

23. Si se quiere alcanzar el conocimiento del sí mismo/Sí Mismo y/o la sabiduría, no se puede lograr leyendo libros o escuchando a un Maestro de sabiduría, es preciso experimentar lo que reside dentro de uno mismo, fructificando las enseñanzas recibidas del Maestro de sabiduría. Sólo practicando las enseñanzas espirituales se logrará la “desaparición” del ego, sin que éste pueda disturbar por más tiempo su vida interior en su “dimensión divina o crística”. Partiendo de la concentración y enfocando la mente hacia el interior de uno mismo, se podrá obtener todo el conocimiento y la sabiduría para lograr dicho estado crístico, y aun la “ascensión” a la Luz del Ser Trascendente.

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NOTAS

[NOTA 1]  Discurso del 20, nov., 2001.

Aunque en Occidente estamos al tanto del significado etimológico del vocablo “educación”, ha sido el Maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba quien ha universalizado el sentido último y el propósito de todo proceso educativo, al devolverle a la Educación el significado que encerraba su etimología, pues el vocablo “educación” proviene del sustantivo latino “educatio”, derivado del verbo latino “educare” que, a su vez, proviene del verbo “educere”, cuyo significado se lo confieren los dos términos que lo componen: la preposición “ex”, (“desde”, “a partir de”, “fuera de”) y el infinitivo “ducere” (“guiar”, “conducir” ), por lo que “educere” tenía el significado de “conducir/guiar de dentro hacia afuera”/“hacer salir”.  Lo que la Antigua Roma entendía por Educación era un calco de lo que los griegos denominaban “Paideia”, cuyo significado, desprendido de su etimología, tiene idéntico sentido que entre los romanos, pues “paideia” provenía de “paidíon”, vocablo relacionado con el significado de “pedagogía” (“país”/“niño”, “agein”/“guiar”, “conducir”), que para los antiguos griegos significaba el proceso de crianza de los niños, entendida como la transmisión de valores (saber ser) y saberes técnicos (saber hacer) inherentes a la sociedad, educando a los niños (de la aristocracia nobiliaria o del dinero, claro) en la excelencia para ser nobles dirigentes de la sociedad de la polis griega o comunidad política. En ambos casos, el griego y el romano, la educación venía a significar el proceso mediante el cual se conducía “hacia afuera” aquello que “existía” en el interior del niño/joven estudiante. Qué es lo que consideraban en la antigüedad grecolatina que había “dentro” de los estudiantes que debía ser “sacado a fuera” nos lo describen los textos de los más notables filósofos, pedagogos e intelectuales de esas civilizaciones. Leer a Platón o a Marco Antonio, a Aristóteles o a Séneca o a Cicerón, nos dará una idea de lo que nos preguntamos, pues en sus escritos o enseñanzas orales transmitieron los mismos valores y las mismas virtudes que trataremos en nuestras reflexiones.

Lo significativo de Sri Sathya Sai Baba es la universalización que le otorga a la Educación, eligiendo el vocablo latino “Educare” para definir el propósito de todo proceso educativo, “saber ser” conociéndose los estudiantes a sí mismos en su esencia prístina, destacando los valores innatos del ser humano, aunado este conocimiento al “saber hacer”, considerado como la praxis de ese “saber ser”. Pero el Maestro de sabiduría indio, va más allá de esta praxis que promovía la “paideia”, pues añade un valor místico con sabor a la tradición de sabiduría védica (o griega, si miramos a los presocráticos y a Sócrates, entre otras tradiciones de sabiduría) incorporando la idea de que al ser lo Trascendente universal/el Creador/Dios inmanente en toda la Creación, ésta encierra todo el conocimiento del Creador, sea el Supremo Conocimiento del Ser o el Conocimiento sobre la Naturaleza/Universo,  por lo que los dos conocimientos están “resguardados” en el interior, no sólo  del ser humano, sino de toda individuación de su Creación. Para adquirir este Supremo Conocimiento del Ser el ser humano ha de sumergirse en el núcleo de su corazón, en donde también se encuentra el conocimiento de la Naturaleza. Pero los seres humanos hemos preferido indagar la Naturaleza para conocerla por experiencia propia, volviendo la mirada hacia fuera, hecho que nos honra, pero no olvidemos la enseñanza del Fausto de Goethe. La mente no puede abarcar el infinito, por lo que el conocimiento científico deberá “mirar” la Naturaleza/el Universo con el ojo del espíritu, además de utilizar el ojo físico y el ojo de la mente o hermenéutico/interpretativo. La epistemología no mecanicista ha puesto sobre la mesa la teoría medieval de San Buenaventura, quien afirmaba que el saber humano debe lograrse, si quiere ser comprehensivo, mediante “los tres ojos de conocimiento”, el físico, el mental y el espiritual, promoviéndose una “ciencia mística”, que, según Wilber y otros epistemólogos y científicos cuánticos (sólo los incluidos entre los no mecanicistas), será como una teoría de los campos unificados del conocimiento. Pero esto ya lo tiene más que hablado la tradición de sabiduría, ofreciendo, además, las herramientas para lograr tan anhelado saber, incluso para la ciencia cuántica, que parece desconocer la sugerente idea de que todo está dentro, no fuera, como declara Sri Sathya Sai Baba en el texto transcrito arriba. La ciencia, incluso la más afín a la sabiduría, todavía “mira” hacia afuera. (WILBER, Ken, Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona, 1993 (1979).

[NOTA 2] Recuérdese la idea tan celebrada en el Renacimiento europeo del microcosmos como la manifestación “completa” del macrocosmos. El microcosmo o ser humano, sólo tiene que re-conocerse, mediante un proceso de interiorización o de esforzado y disciplinado trabajo interior, como el Macrocosmos, pues éste es inmanente en aquél desde su nacimiento, y aun antes del nacimiento. Una idea similar es la expuesta por Aristóteles con la pareja de conceptos “potencia/acto”. El filósofo griego llamaba “potencia” a la capacidad de ser algo en el futuro, es decir, a la capacidad de llegar a ser algo que está comprendido en la esencia o naturaleza de la realidad que actualmente se es. Y se refería al “acto” que seguía como desarrollo de un pensamiento o una idea (“potencia”) como lo que hace ser a lo que ya es, pues está contenido en la naturaleza de la realidad como “potencia”. Idea que se desarrolló en las artes renacentistas, de la que tenemos ejemplos de obras que la expresan, como lo expone la sugerente respuesta que Miguel Ángel ofreció a los que presenciaban su Pietá cuando el artista les descubrió la obra: “La escultura ya estaba dentro de la piedra. Yo, únicamente, he debido eliminar el mármol que le sobraba”.

[NOTA 3] Sri Ramana Maharhi, difundió la vía de indagación como una senda “directa” hacia el Ser Trascendente, no como proceso, sino como senda de autoconocimiento, sin necesidad de experimentar un proceso metalógico para obtener la iluminación o auto realización del Ser. Pero consideraba que esta vía “directa” hacia el Ser Trascendente o Conciencia Universal sólo podían transitarla los aspirantes que habían desarrollado una eleva espiritualidad, ya que habrían trascendido, cuando menos, la etapa de la concentración de la mente, descansado sus almas en la contemplación, tal si fueran ríos, cuyos cauces habrían superado sus iniciales cursos de aguas bravas que avanzaban por los rápidos que se abrían entre cerros y barrancos de elevadas montañas. En el caso de la contemplación, podría establecerse el símil de la corriente de agua de un río que surca por el curso medio de su trayectoria hacia fundirse en el mar (Yoga de Unión o meditación propiamente dicha.

[NOTA 4] Karika, pág.s 170-171, EN: MARTÍN, Consuelo, Conciencia y Realidad. Estudio sobre la metafísica advaita con la Mandukya Upanisad, las Karika de Gaudapada y comentarios de Sankara, Editorial Trotta, Madrid, 1898.

Los paréntesis son anotaciones a pie de página de la traductora y editora de los textos vedánticos incluidos en el libro.

[NOTA 5] Op. cit., pág. 173.[NOTA 6] Op. cit. pág. 207.

[NOTA 7] VER Nota 1.

[NOTA 8] Sri Sathya Sai Baba, Conversando con la Divinidad, Capítulo 6 y ss. [Puede consultarse EN: http://groups.msn.com/SAIBABAAVATAR]

[NOTA 9] En internet puede encontrase documentación científica sobre la naturaleza del fractal y la geometría sagrada y los números.

 

6 junio, 2021Permalink