HACIA EL AUTOCONOCIMIENTO (V)

(HACIA EL AUTOCONOCIMIENTO. EDUCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD.
Aproximación a una metodología de auto indagación
para la creación de un programa
de Educación en la sabiduría/EDUCARE)

 

II. DESCRIPCIÓN DE LAS ETAPAS DE AUTO INDAGACIÓN PARA LA CREACIÓN DE UN PROGRAMA DE EDUCACIÓN EN LA SABIDURÍA/EDUCARE. METODOLOGÍA.

 

PRIMERA ETAPA (II)

2. Descripción y metodología.

1. Desde el comienzo de esta primera etapa, los estudiantes constatarán conscientemente, desde el recogimiento interior, al que se les ha conducido mediante la Meditación en la Luz, las técnicas empleadas y los ejercicios que se programen, el propósito y los objetivos a conseguir: conocer su verdadera naturaleza, que, si no la conocían, a pesar de que siempre está con ellos, pues les es consustancial, siendo suya desde el nacimiento -y aún antes del mismo-, la tenían arrinconada en algún espacio de su ser, identificado con su mente, aunque su sede es siempre la misma, movilizando todo su energía para dar vida, incluso a la personalidad egoica impostora, conozcan esta verdad o no: el corazón espiritual, que guarda al “ser crístico/“conciencia ´yo soy´” que ilumina sus vidas desde el centro de sus corazones. Y para que este conocimiento de sí mismos se obtenga sin mucho esfuerzo, hemos pensado en una imagen que posee la eficacia visual y práctica que les permitirá conectar fácilmente con el contenido que se les quiere transmitir, el de un “mundo interior” desde el cual se observa/percibe/testifica un “mundo exterior”, con el que ellos han vivido en todo momento desde la primera persona, identificándose con él, creando un “yo personal” que gobierna sus vidas, ya explicado en el apartado anterior.

En realidad, esta primera etapa deberá ser el comienzo de una mirada hacia adentro, desde la que los estudiantes podrán observarse a sí mismos y descubrir un espacio en el que nunca habían entrado, o de haberlo hecho, lo fue de forma poco consciente. El descubrimiento es extraordinario, pues “percibirán” en ellos, por primera vez, un mundo interno “pacífico” que desconocían, haciéndolo ahora conscientemente suyo, y lo conseguirán, sin la menor duda, porque el proceso de mirada hacia adentro, hacia su ser interior, hacia el núcleo de su ser, vendrá dado por la Meditación en la Luz y la omnipresente auto indagación como metodología, más las técnicas vinculadas a ésta, indicadas por los caminos o senderos de “interiorización” descritos para tal propósito en las doctrinas místicas de Oriente y de Occidente, que los conducirán a descubrirse en su prístina esencia, logrando, por consiguiente, “conocerse a sí mismos”, propósito de nuestra propuesta de sendero hacia el autoconocimiento de cada uno de los jóvenes estudiantes que se “inician” en la indagación sobre sí mismos, en busca de su verdadera realidad.

Este “mundo interior”, debe ser observarlo muy nítidamente como sosegado, calmo, libre de movimiento alguno, en sereno estado de paz, desde donde los estudiantes se encuentren confortables, inundados por la quietud que desprende ese espacio interior, felices de haberlo descubierto y de haberlo “atendido” en esta su primera incursión hacia lo interno de sí mismos. La puesta en escena de la atención sostenida sobre su “mundo interior” y la vivencia del sentimiento de quietud/paz que emanan de él, se ampliará más adelante en una experiencia de “amor desbordante”, Prajña, la Conciencia Integrada Constante -aunque algunos de los estudiantes ya la hayan logrado desde estos primeros pasos- que los inundará de una sensación de plenitud emanando desde ese centro en el que depositan su atención, identificando este “amor omniabarcante” con la idea que han elaborado en sus mentes del sentimiento que brota del “cristo interno o conciencia ´yo soy´” que cada uno de ellos habrá logrado tener de sí mismo.

Es desde este espacio interior que los estudiantes podrán auto observarse con facilidad y sin esfuerzo, porque observarán/percibirán su cuerpo, su voz, sus emociones, sus pensamientos, sus impulsos, sus sensaciones…, como “sucesos” que les acaecieron o que les acaecen en el presente, o como “territorios” e “instrumentos”, útiles suyos, y lo harán desde ese “mundo interior” que acaban de descubrir, que es un mundo sin perturbaciones ni ruidos de voces o pensamientos, un mundo de paz y de sosiego, al que les ha llevado la meditación y la auto observación. Pero también descubrirán que estos sucesos/herramientas/territorios suyos los utilizan para interaccionar con el “mundo externo”, que ahora conocerán como “distinto” de “su mundo interior” en el que “se han re-conocido” y en el que “se sienten” en paz y en armonía.

2. Es por la auto observación como técnica rectora, que está siendo ayudada por las técnicas recomendadas de la respiración armonizada y relajación, que los estudiantes podrán conducirse hasta la paz y el sosiego de lo que hemos llamado, por motivos metodológicos y pedagógicos, su “mundo interior”, en el que encontrarán, además, armonía y un grato y sereno silencio, en el que reconocerán un poderoso sentimiento de quietud, que es paz inquebrantable -si se atiende indefinidamente-, que los “distanciará” de todo “lo que no son ellos”, porque ya pueden “no identificarse” con todo lo que constituye el “mundo exterior objetivo” que llamamos “realidad”, al que desde ahora han de añadir el “mundo de los territorios y de las herramientas cuerpo/mente” con los que ellos (conscientemente o no) se han relacionado tan estrechamente, que se han vivido identificados con ellos.

Paz, sosiego, armonía, silencio, amor, son conceptos con los que los estudiantes deben comenzar a familiarizarse, cuyo significado los relacionará con su “mundo interior” que se comienza a experimentar como un estado de quietud, que será la puerta de entrada a su “ser interior/“cristo interno/conciencia ´yo soy´, o cualquiera de las expresiones o nombres con los que hemos definido el ser interior o alma divina del ser humano

Ejercicio práctico.

Para fijar los conceptos anteriores, la misma distinción entre el “mundo interior” y el “mundo exterior” que hemos establecido sirve para realizar un ejercicio práctico para que los estudiantes la asienten en una breve meditación dirigida para este propósito, visualizando los dos mundos definidos como “distintos”, pero forzosamente “vinculados”, cuyos ámbitos obligadamente debemos diferenciar, ya que así lo exige la existencia humana para que pueda “manifestarse” lo “no manifestado divino” en un envase terrestre adecuado para tal fin. Una vez lograda la visualización de los dos mundos, los alumnos podrán instalarse fácilmente en su “mundo interior” -que ya comienzan a conocer como un estado realmente suyo-, lograrán distanciarse del “mundo exterior”. Y si ellos continúan adentrándose en el significado de estos dos conceptos, y en meditación profundizan en el sentimiento paz y de dicha que se desprende de “percirbirse/observarse” identificados con “el mundo interior”, el resultado será la experimentación de un estado de quietud que les sobrevendrá acompañado de un silencio elocuente que les habla de lo que son en esencia, paz auto sostenida por sí misma. Instalados, con la práctica de este ejercicio, en sus corazones, amplificándose el estado conseguido con una mayor hondura, según profundicen en la interiorización, ellos mismos se desbordarán desde sí mismos y en sí mismos, como se ha indicado, en un sentimiento de amor inconmensurable, que podrán visualizar como un núcleo de luz en el centro de su corazón expandiéndose hacia todo su ser, inundando todas las células de su cuerpo y de su aura, reconociéndose, cada uno de ellos, en tan dulce y auto luminoso amor, asistido de un expansivo contento que irradiará unido al sentimiento de amor, que experimentarán como suyo, su verdadero ser. Esta imagen descrita responde a la visualización de la auto contemplación de su verdadera naturaleza, que desde ahora aparecerá dibujada en sus mentes.

Quizás, por primera vez, surgió en sus vidas ese sentimiento de amor nunca reconocido en la hondura de una “auto contemplación”, porque no se reconocieron en su verdadera naturaleza, que es “pura esencia de amor”, amándose a sí misma, auto contemplativa y dichosa de serse y de vivirse en tan luminoso centro, el corazón, en donde el sí mismo se vivencia en su plenitud de amor/Amor. No importa la escritura de esta palabra, si se escribe con minúscula o con mayúscula, el sentimiento de amor nunca cambia, siempre es el mismo. Es un amor en que los estudiantes podrán experimentarse y profundizarse ellos mismos en/a través de él, conociéndose y siéndose, por tanto, ese amor auto luminoso y dichoso de auto contemplarse.

En este ejercicio práctico también podrán descubrir aspectos de su ser/Ser que reconocen y otros que no reconocen. Aceptar esos aspectos que no reconocen de sí mismos con gratitud y Amor incondicional les ayudará a profundizar más íntimamente en el ser/Ser que son, expandiéndose ellos mismos en tan profundo y feliz sentimiento, sin precisar de apoyo en el mundo exterior. Más bien, comenzarán a comprender, con hondura de conocimiento, que el mundo exterior depende de él, pues el Amor es su base, su fundamento.

“Ahondarse” en ese Amor suyo significa profundizarse ellos mismos en la verdad que son: Verdad universal, por lo que ese Amor experimentado por cada estudiante no es individual o particular o personal, sino que es “esencia universal” o “base” que unifica todo cuanto existe. Y ese “todo cuanto existe” es la “Unidad” de la Vida, la Energía del Creador, Prajña, el Amor que radica en el corazón de cada estudiante, que ahora, tras la indefinible experiencia que describíamos líneas más arriba, reconocerá como suyo, autosuficiente, libre e incondicionado, eterno, precisamente porque el Amor no se apoya en nada ni en nadie, vive por sí mismo y para sí mismo, no se focaliza hacia un objeto en particular, pues es “Amor impersonal”, no es la “persona” o “máscara” o “envase” que recubre su esencia amorosa y auto luminosa. Este Amor es lo que “disolverá” la personalidad/egoica-mente, al ser ésta transferida, en el proceso de auto indagación, hacia el corazón de cada estudiante, en donde el “fuego del conocimiento”, “la sabiduría” de su “ser interior/Amor”, la ha reintegrado como “pura energía/atención” centrada y al servicio de en “aquello” de dónde surgió. [NOTA 1]

3. Es desde esta idea de incursionarse los estudiantes en su propio proceso de auto indagación, en el que cada paso dado es una conquista, entendida como disciplina mental y conocimiento de sí mismos y de descubrimiento de la verdad de la vida, de la suya y de la que les rodea y circunscribe, y de una comprensión honda de cómo ellos deben entender el trabajo que están desarrollando como ejercicio cognitivo y práctico del mismo.

En realidad, de lo que se trata es del desarrollo de su “potencial” creativo que los estudiantes están adquiriendo. Y es el proceso de auto indagación el que les está mostrando su facultad de crear el sendero que les permite conocerse en su verdadera dimensión que, al ser fractal de su Ser Divino Superior, tiene las mismas facultades que él, y entre estas facultades está la de crear “la realidad” que ellos quieren para sí mismos, de la que ya se ha hablado y de la que seguiremos incorporando reflexiones en sucesivos apartados.

Los “sucesos” que les acontecían a los estudiantes en sus vidas, que los “impregnaban” hasta este momento de auto indagación, porque se “adherían” a ellos como si fueran ellos mismos, serán considerados desde este momento como parte de esos territorios almacenados en el pasado, quedando a un lado del camino, sendero que transitarán hacia su interno que, desde el “yo sujeto indagador”, pueden “deshacer” porque, con seguridad, sea un pesado e incordiante entramado de “añadidos” a su ser, adquiridos al asumir y seguir el sistema de creencias que la comunidad en la que viven les ha inculcado desde el nacimiento; un sistema de creencias absolutamente disfuncional y errático, y que ahora pueden “deshacer” como si esos materiales almacenados en la mente fuera un papel mojado que se desmenuza entre sus dedos. “Ver” cómo la mente se “desvanece” gradualmente ante la observancia consciente de los estudiantes, será para éstos un juego práctico de rica fertilidad para ir desarrollando su fuerte facultad creadora, practicando y desenvolviendo dicha facultad en las clases de valores prácticos mediante actividades de creatividad, que les sean de utilidad en su vida diaria -porque la escuela debe servir para la vida, no para la escuela (Séneca)-, en la que tendrán que agudizar además la facultad de discernir para que las situaciones que vayan creando estén en sintonía con la esencia de su ser/Ser.

Situados en ese mismo “ser desnudado suyo”, tal como llegaron a la existencia en el momento de su nacimiento, pueden observar, siendo testigos inafectados, todo lo que la vida desenvuelve como existencia ante sus ojos, interactuando con ella, amándola compasivamente y sirviéndola, sin juicio, sin opiniones vanas, sin exclusiones, porque conocerán que la vida es la proyección de su esencia creadora. Y este “ser desnudado”, que percibe los “añadidos” que acampan por su psique, la de cada estudiante, adheridos a ellos desde que vinieron al mundo unos, otros más recientes, “viéndolos” ahora desvanecerse o desintegrase desde la auto observación que conduce la auto indagación, se podrán reconocer sin equívocos “seres” libres e incondicionados, eternos y universales, auto contemplándose en el Amor que resplandece como un sol en el núcleo de su ser/Ser, sin mixturas, sin todo aquello que, con el paso del tiempo de su linealidad existencial, se les fue agregando, y que la psicología y las religiones han llamado el “personalidad/yo personal” de una individualidad, que llegó al mundo con “llanto”, tal vez por “saber” su alma que lo que le aguardaba no le sería “agradable”, conociendo, ahora, desde su pura conciencia de “ser”, existente incluso anterior al nacimiento, que la vida a la que arribaron le arrebataría su “conocimiento de sí mismos” y su “inocencia”, su “pureza de ser conciencia de sí”, “quietud sin añadidos/paz”: sólo esencia de “ser/Ser lo que es”.

Experimentar este “ser desnudado de ser”, percibiendo cómo se desintegra aquello que le perturba, debe ser examinado e indagado en actividades prácticas, porque el conocimiento que no es práctico es estéril, y se pierde, al no ser regado con el agua de lluvia de la práctica consciente diaria. Es de este modo que los estudiantes progresarán y experimentarán el poder que poseen de deshacerse lo que no son, tanto como la facultad de “crear la realidad” en la que ellos quieren/pueden vivir, sin esas perturbaciones que les incomoda y aflige.

Vivir es crear, se utilice esta la facultad de crear por el ser humano para ser infeliz o para ser feliz. Si el ser humano no se conoce en su verdadera naturaleza, lo más probable es que la realidad que cree será lastimosa para él y, muy probablemente, también para los que le rodean.

Que los estudiantes se ejerciten en actividades de creación que favorezcan su bienestar y el de sus semejantes, es un objetivo que debe ser enfatizado en un programa que abra el mundo de los estudiantes a la sabiduría y a la unidad de sus vidas con la Vida, y al universo de conocimiento que los conducirá al “conocimiento de sí mismos”. Si el ser humano es un ser en esencia creativo, pues fue construido a imagen y semejanza del Creador, siendo y siéndose en existencia manifestada el Creador mismo, ha de destacarse de una manera relevante en los programas educativos que la creación de su propia realidad es un objetivo que ha de entenderse como prioritario en el trabajo de los estudiantes, pues sin reconocer este poder crear “su mundo”, tal como lo hizo el Creador, no sólo no podrán “cambiar” su destino, sino que no vivenciarán ni ejecutarán los aspectos más “visibles de su ser/Ser, al tiempo que sus vidas no servirán para ser la avanzadilla de la revolución que comienza a “sentirse”, desde hace algunas décadas, como una nueva “sensibilidad” que se aleja de los principios del viejo paradigma mecanicista decadentes y obsoletos, extensión cultural, en el tiempo, de la milenaria visión dual del mundo, cuya mirada disfuncional ha creado un mundo de desigualdades, de separación y de exclusión, de dolor y un dramático destino, que hay que corregir con los valores y las herramientas correctos de una nueva visión del mundo, que atienda el proceso evolutivo y civilizatorio de los seres humanos en su verdadera dimensión divina. Un nuevo paradigma, un Nuevo Mundo, una nueva Humanidad, un nuevo hombre/mujer que cuenta con ellos, con los estudiantes, y con muchos otros “despiertos” que están levantando la arquitectura de una nueva civilización de rostro amorosamente divino que se expresará en todos los seres humanos que habiten en ese Nuevo Mundo, debiendo estar ellos, los estudiantes, en la vanguardia que está despertando a la Humanidad rezagada, descubriéndole aquello que ellos ya pueden mostrarle con su presencia amorosa y pacífica que, por sí misma, declara su mensaje, que no enarbola estandartes ni banderas, que territorializan y separan. Por el contrario, declaran que en sus manos libres y amorosas traen la simiente de un humanismo que cosecha el bienestar universal, de todos y de todo, pues todos somos el Uno, Energía de Amor que se concilia en convivio fraterno en unidad de la Vida. Es este el mensaje que los estudiantes, que están emprendiendo su formación educativa en el universo de la Educación en la sabiduría/Educare, están ofreciendo ya a la Humanidad, con su sólo aprendizaje consciente; una Humanidad que se balancea como un barco a la deriva zarandeado por una poderosa tempestad, de la que no sabe si podrá salir airosa y llegar a puerto seguro. Muchos son ya los seres humanos, jóvenes, adultos y mayores, que han dado el paso adelante para crear un mundo nuevo, diferente en todo punto del que conocemos en su dramático derrumbe, sabedores que la energía del corazón es tan poderosa que puede transformar ese mundo en decadencia en la concreción de una nueva Edad de Oro.

4. Los estudiantes, incursos en el proceso de auto indagación/autoconocimiento, podrán percibir, también, en esta primera etapa, cómo, cada vez que salen “hacia el exterior”, fuera de ese espacio que ya reconocen y que ha sido definido como “lo interno de sí mismo/creador de su propia realidad”, podrán identificarse o no con ese “mundo exterior”. Si se identifican con él, encontrarán de nuevo la turbulencia de todo un mundo que los aprisionaba y absorbía, que ya lo conocen por propia experiencia, porque lo han vivido identificado con él hasta la fecha en que se incursionan y profundizan en su ser interior, abordando primero lo más externo, su cuerpo, para continuar, luego, por su mente. De fuera hacia adentro, en esto consiste la indagación: de lo conocido por el ser humano/estudiante hacia lo desconocido de sí mismo, su ser/Ser. De un modo extremadamente sutil, mágico y burdo a un mismo tiempo, llegó el ser humano a identificarse con este “mundo externo”, dispersando su “yo íntimo ilimitado y creador” hacia el exterior, el mundo de los sentidos, arrastrados en sus interrelaciones por la mente, en identidad con un “yo pensante-sintiente” usurpador, y, por consiguiente, implicándose cada vez más con el ego mental al seguir ciegamente los dictados de la mente urdidora de un mundo disfuncional, que, por naturaleza, tiende a exteriorizarse y a desear el mundo que los sentidos le proporcionan, el “mundo exterior” creado por asimilar el sistema de creencias en las interrelaciones que la mente colectiva va creando, conforme la sociedad avanza, siempre utilizando la energía todopoderosa de “la conciencia ´yo soy´/yo crístico” de cada individuación humana, fractal de su Ser Superior.

No obstante, si los estudiantes aprenden a no se identificase con el “mundo exterior”, podrán percibir el mundo conociéndose como “testigos” amorosos y compasivos, pacíficos, sosegados, felices, en continua expansión de su conciencia en el infinito espacio de un universo de Luz indescriptible, pues todo ese “mundo externo” que son sus territorios-herramientas (cuerpo/mente/mundo) ya no podrá arrastrarlos a interaccionar ciegamente con el mundo de la realidad objetiva que “desea” la mente y trata de conseguir a través del intelecto, si éste no ha sido “refinado” aún por el proceso de auto indagación y autoconocimiento.

5. Ya expusimos anteriormente que la mente, cuando se identifica con el cuerpo, crea el ego, y éste utilizará los sentidos movilizándolos para experimentar el mundo de la realidad objetiva. No obstante, por sí misma no puede lograr obtener el “jugo” de las experiencias, por lo que dependerá del “intelecto”, que ejecutará sus deseos. Este intelecto servirá fielmente a la mente siempre que no haya sido refinado por las prácticas educativas o espirituales que se hayan elaborado para dicho propósito. Una vez que el sujeto observador/indagador descubre quién es realmente, tratará de guiar al intelecto hacia la verdad de su “sí mismo interior”, en el que se reconoce como su “yo esencial”, conduciéndolo en todo momento hacia la acción correcta, una vez desarrollada la “facultad de discernir”, que es facultad del intelecto, no de la mente egoica discriminativa identificada con el cuerpo, con el fin de no atender los requerimientos de la mente o de la individualidad que ha creado una personalidad “egoica”, disfuncional e indisciplinada.

Refinar el intelecto es la actividad previa y más importante que el indagador ha de acometer para lograr el control de la mente. Un intelecto refinado será la herramienta idónea con la que el aspirante podrá indagar y dominar a la mente en el proceso indagador, quedando ésta dócilmente sometida, pues le faltará el apoyo que le ofrecía el intelecto para lograr lo que deseaba experimentar y extraer el jugo del mundo que los sentidos le ofrecían para disfrute suyo.

Con el refinamiento del intelecto se logrará, pues, el control de la mente, ya que el intelecto estará al servicio de la indagación del individuo que quiere “conocerse a sí mismo”, por lo que desatiende los caprichos de la mente para atender a los requerimientos del ser humano/estudiante consciente de sí mismo que se propuso indagarse y, en consecuencia, “conocerse a sí mismo” en su auténtica naturaleza.

Con el intelecto a su disposición para que la indagación prospere correctamente, es, pues, que el indagador podrá dominar a la mente y conducirla hacia su más profundo centro, el corazón del corazón, en donde será purificada con el “fuego de la sabiduría” del “ser crístico”. “Purificar la mente” significa “limpiarla” de todo lo que la conforma, de cuanto ha recogido desde el momento en que la individualidad humana nace, devolviéndola de este modo a su origen, que, al ser purificada y liberada de la acción de atender a los objetos de los sentidos, es pura energía al servicio del indagador, que está siendo consciente del Yoga de Unión en el que centrará toda su atención.

6. Cualquier ejercicio práctico que se realice para conocer que la mente puede ser en todo momento dirigida, con el fin de que los estudiantes sean plenamente conscientes de que es un instrumento para su uso, y para comprender que ellos no son su mayordomo”, servirá para asegurar el contenido expuesto en el apartado anterior, el de “purificar” la mente. Ya sea que el ejercicio práctico contemple el simple hecho de fijar la atención en la respiración para calmar el estrés físico, e incluso el estrés mental, ya sea por el hecho de detenerse en una inquietud que les pueda sobrevenir por una causa desconocida, o tal vez conocida, o ya sea por tratar de controlar un sentimiento de temor, si se sigue -en estos casos o en otros similares- un simple patrón de actuación mediante unas inhalaciones y exhalaciones suaves y profundas, pues con la pausación respiratoria quedarán algo más relajados, y podrán “seguir el curso” de la inquietud, sin tratar de alejarla o de controlarla, o apartando la atención de ella, porque de este modo se le estará confiriéndole mayor fuerza/energía a la sensación de inquietud. Sólo con el hecho de respirar profundamente y “observar la inquietud”, por ejemplo, afrontándola, decididamente, atendiendo su entrada y salida en/de la psique, se observará que la sensación inquietud se distiende y desaparece poco a poco, al tiempo que el alma se relaja. Obsérvese la inquietud como si fuera una nube que aparece en un cielo raso y, siguiéndola con la mirada, se le ve desaparecer en el horizonte.

Observar la sensación de inquietud, o de un temor, significa que la mente está siendo “dirigida” con determinación y voluntad de los estudiantes hacia un “suceso” que ocurre, no en ellos, sino en la psique de ellos, que podrá, además, ser localizada somáticamente, como ahogo o dolor, por ejemplo, en alguna zona del cuerpo, pudiéndola percibir/sentir desde su “yo/sujeto observador/indagador”, dejándola “estar” cual aparece, porque si indagamos el ahogo o el dolor físicos, “atendiéndolos”, respirando hondo y suave, conscientes del trabajo que se está haciendo, el ahogo irá relajándose, como le sucederá al dolor, y aunque, tal vez, no desaparezca del todo, ya que el ser humano no conoce todavía aspectos de su ser/Ser con los que podría resolver airosamente el “malestar”, en sucesivos intentos lo conseguirá. En este caso, de seguro que el ahogo o dolor somáticos atemperará gradualmente, sobre todo porque, se hizo uso, además, del poder de auto sugestión, consciente, obviamente, que el ser humano posee, comprobado por las prácticas que se desarrollan en algunas clínicas u hospitales que no anestesian a los pacientes al ser intervenidos quirúrgicamente, o en sesiones de psicología en las que el paciente logra atemperar un dolor o una ansiedad siguiendo las indicaciones del terapeuta.

Son sencillos ejercicios que conllevan una doble toma de conciencia. Por un lado, se constata que no se “depende” de la mente, porque ésta ha sido utilizada como un instrumento por el indagador, una herramienta que utilizará para un variado uso, que, en los inicios de la auto observación, podría haber pensado que no sólo es suya, sino que vive identificado él mismo con esos añadidos/agregados que le dan contenido, y a él, sujeto pensante-sintiente/ser humano, una personalidad con la que convivía, teniendo toda la razón, porque la mente es como una posesión o pertenencia suya, con la que interactuaba, no sólo con el mundo de los sentidos, sino que la utilizaba con aquellos materiales u objetos de su propia psique que quería “sanar”. Pero, por otro lado, ahora sabe “a ciencia cierta/cogniza” que, si bien la mente es un instrumento suyo, “no es él”, pues es él quien la gobierna y dirige en la indagación de esos contenidos que integran la mente/psique. La diferencia radica en que, al principio de la indagación, se identificaba con el mundo creado por la mente, mientras que, incurso en el proceso de indagación, se descubre a sí mismo como un ser humano no dependiente de la mente ni del mundo creado por ésta, ya que está conociendo que mente manipuladora es sólo una herramienta que él utiliza para ayudarse a “conocerse a sí mismo” e interactuar con el mundo “libre” e incondicionado.

La atención depositada sobre un objeto o sobre un malestar físico o psíquico es tan poderosa que puede hasta revertir el proceso. Y por otro lado, nos descubre lo que ya hemos incluido como última idea en el punto anterior: que lo que llamamos mente “no es inherente o consustancial a los estudiantes”, ni a ningún ser humano, porque nos ha quedado claro que es “un útil/un instrumento” al servicio de sus indagaciones, entre otras utilidades, pues cada uno de ellos, de los estudiantes, son “el observador/indagador” y “el ejecutor de la orden” dada a la mente para que atienda aquello que se desea “aprehender” para “deshacerlo”, si ese es el propósito de la indagación en la que puedan estar incursos los estudiantes. Es decir, los estudiantes están siendo “conscientes” de que una sensación, por ejemplo, como pudiera ser la de inquietud, estaba en su psique y, que, al atenderla debidamente, logra desaparecer [NOTA 2], hecho que evidencia que la sensación de inquietud no es suya, como no lo es la mente, y como no lo es la nube o el auto que aparecía y desaparecía ante su visión.

La sensación de inquietud, como todo lo que ocurre en la psique de los estudiantes, y de cada ser humano, se les “filtró”, dándole valor de identidad en ellos mismos, integrándola a su identidad individual como persona. Esta ha sido y, sigue siendo, la forma con la que los seres humanos se identifican con los objetos del mundo de los sentidos, por filtración de los resultados de la experiencia en las conciencias de los seres humanos, identificándose con todo ese material invasor.

Mediante la indagación, no obstante, estaremos comprobando -y si insistimos en la comprobación, podremos decir que podríamos verificar y contrastar “objetivamente”, tal lo hace un científico- que con un simple ejercicio, tomamos consciencia de que no debemos identificarnos con la sensación de inquietud, por seguir con el caso que tratamos, por muy molestos que nos sintamos, porque no es nuestra, al tiempo que también estamos siendo conscientes de que podemos alejarla de nosotros, como alejamos un insecto que nos molesta, o nos alejamos de los rayos del sol, por ser excesivamente cálidos, retirándonos hacia un lugar de sombra.

7. La mente, en su conjunto, como proceso de pensamientos, como memoria, como capacidad de razonar (intelecto) y como “ego”, es un conglomerado de materiales y facultades de diversa naturaleza, pero no es “nosotros”/cada uno de los estudiantes o de los seres humanos. Ni siquiera somos el intelecto, aunque lo utilizaremos en todo el proceso auto indagatorio para reconocer qué no somos y qué sí somos, sin que pueda ni deba ser identificado con “nosotros”. Sólo, en los tramos finales de la auto indagación, se podrá prescindir del intelecto, porque las palabras y la lógica que la dirige no serán necesarias, ya que nos entraremos, como indagadores, en los dominios del “no concepto” o “silencio interior” de nuestro “ser crístico interno o conciencia ´yo soy´”, sintiendo y sosteniendo, en todo momento, el prístino ser que somos.

Mediante el hecho de reposar nuestra atención sobre un objeto que pretendemos indagar y conocer, nos hacemos “conscientes” de que nuestra indagación está siendo conducida desde la “atención consciente”, cualquiera que sea el objeto indagado, sea corporal, (una parte de él, una enfermedad, un dolor) o de naturaleza mental (desasosiego, angustia, temor, inseguridad), por lo que la mente está siendo “transformada” en “atención consciente” movilizada por nuestra voluntad de “ser conscientes” 1) de nosotros mismos como indagadores “absolutos” de nuestra indagación, siendo testigos de la misma, y 2) del hecho de que debemos reconocerla como una herramienta, un instrumento, siempre disponible para nuestro servicio en el proceso de conocernos a nosotros mismos, alejándonos en todo momento de aquello que, en el proceso indagador, reconocemos distinto a nosotros, aunque sea nuestro, propiedad nuestra, utilizado para nuestro uso y conocimiento de nosotros mismos. ¿Qué es la mente, entonces? Nunca existió. Existimos nosotros, involucrados en un proceso evolutivo biológico y espiritual, con el fin de reconocernos el alma universal que cada uno de los seres humanos somos.

Si bien este “uso” de la energía mental, como la del cuerpo, ha de ser siempre el correcto, manteniendo el cuerpo en buena salud, y disciplinada en todo momento la mente, con el fin de que cumplan el propósito y el trabajo para el que han sido creados.

Aunque no es materia de nuestras reflexiones, queremos anotar la idea de la importancia que el cuerpo tiene para la tradición de sabiduría, a pesar de haber sido infravalorado, incluso en los ámbitos místicos, siendo rechazado y “castigado”, al percibirse como un obstáculo para el progreso espiritual, ya que no se comprendió que era la mente a la que había que someter, sin dañarla, sólo controlar que no siga alimentándose del exterior. El cuerpo nada tiene de responsabilidad respecto de los desvaríos de la mente, más bien los sufre, siendo dañado la mayoría de las veces, pues siempre cumple las órdenes de la mente, no comprendiendo su naturaleza inteligente, la del cuerpo, su poder auto regulativo/regenerativo, y su “consciencia” de estar al servicio del ser humano, consciente o no de su potencial divino.

Además, la experiencia indagatoria sobre nuestra mente y sus materiales psíquicos, nos indica que la mente nos está prestando un extraordinario “servicio” en nuestro proceso de autoconocimiento. Aquí debemos destacar, haciendo hincapié en ello, que mientras descubríamos que todo el material psíquico, junto a nuestro cuerpo, no éramos nosotros, en realidad no estábamos auto indagándonos, porque lo que indagábamos “no era a nosotros mismos” sino al componente psicosomático, que “no es nosotros” (pero sí es propiedad nuestra), sino un espacio/envoltura/herramientas que utilizamos para poder desenvolvernos en una existencia terrena, siendo en verdad una compleja y maravillosa envoltura psicosomática, que utilizamos para estar en el mundo e interaccionar con él, pero conociendo que no somos tan extraordinario complejo instrumental cuerpo/mente, ni el mundo con el cual interactuaba.

Es este reconocimiento de no ser lo que creíamos ser, y de ser lo que en verdad somos, lo que nos permite iniciar la verdadera “auto observación” y el verdadero “camino de autoconocimiento”, toda vez que nos hemos “librado” de la identificación con tan insidioso componente mental, emprendedor de cien mil batallas, cada vez que nos identificábamos con él y con su campo de acción.

9. La “utilidad” de la auto indagación como metodología comienza a dar sus frutos, desvelándonos qué “no somos” y, como consecuencia, descubrimos/conocemos “qué somos en verdad. Y, aunque hemos partido de la premisa de que aquello que buscaríamos descubrir en el proceso de auto indagación era nuestra verdadera realidad, nuestro ser íntimo y real, no podemos obviar la investigación de todo lo que no somos y que, sin la herramienta auto indagadora, asumíamos como nuestro ser, debido a que el sistema de creencias, que inscribía y circunscribía nuestra existencia, nos lo imponía desde el nacimiento a través de la cultura, de la religión, de la educación y desde las creencias ideológicas con las que el sistema nos atrapaba.

El “yo/ego” que asumíamos como nuestra identidad personal es el “sujeto que piensa y actúa”, lo que la filosofía ha llamado “sujeto pensante” desde Descartes, “cogito ergo sum” (“pienso, luego existo”), siendo cierto, porque al pensar el individuo, identificado con el yo/ego, como hemos expuesto anteriormente, se convierte en un sujeto que piensa y siente, creyendo que ésta identidad pensante y sintiente es él mismo, pero esta actividad de pensar y de sentir lo aleja de su verdadero ser, que únicamente “es”, sin agregados físicos o psíquicos, sin cualificación alguna que no sea la de “ser lo que es”. Por tanto, nuestro verdadero yo no es un sujeto pensante, ya que “se conoce a sí mismo” en su verdadera “Esencia Universal y Cognoscente”, como veremos más adelante. Nuestro verdadero ser simplemente “es/Es”, sin pensamientos, ni sentimientos, hábitos, deseos, sensaciones…, porque el “ser interior” es un “sujeto cognoscente” en/de sí mismo, no pensante/sintiente, que indaga y se experimenta y reconoce en su verdadera realidad indagando acerca de su “esencia”, porque en realidad es esa misma “esencia que se indaga”. Esta es la diferencia entre la individualidad que se reconoce como “ser interior” o “conciencia ´yo soy´” y la individualidad que se identifica con el “sujeto pensante/sintiente” o personalidad egoica, que desconoce su verdadera realidad, razón por la que se “siente” unida a un cuerpo/mente.

Claro que, para interactuar con el mundo objetivo, el ser humano tendrá que utilizar la mente, o más exactamente, diremos que lo que utiliza el ser humano es la energía mental que, separada de su “fuente/conciencia de sí”, en el inicio de la existencia humana, se volvió/se vertió hacia el exterior para comenzar su andadura en una existencia en los planos de la densidad terrestre, configurándose una “personalidad egoica”, separada de su fuente, pero vinculada estrechamente al cuerpo.

10. Mientras logramos la “liberación” absoluta de este sutil e inteligente instrumento, tal se expone en las psicologías orientales y en algunas escuelas psicologistas pertenecientes a la nueva psicología humanista occidental, nuestro objetivo es deshacernos de cuanto negativo pulula en nuestra psique. ¿Cómo? No hay otra forma que, transmutando, primero, la energía negativa de una emoción, o de un sentimiento o hábito, o una idea fijada en nuestra mente consciente que nos incomoda si no nos aflige…, en energía positiva, para poder convivir con la psique más o menos nivelada y armonizada antes de que quede “disuelta” por completo.

La mejor y más útil forma de transmutarla es “atendiéndola”, o más correctamente, atendiendo a los componentes/elementos que le dan “realidad” como “mente”; aunque requiere de práctica, que es entrenamiento que realizamos con tan sofisticada energía mental, del mismo modo que se practica con un mantra, cuyo uso tiene el propósito -entre otros- de disciplinar la mente, redirigirla hacia la palabra mántrica, para que, de este modo, la mente quede fijada al mantra, y termine disciplinándose.

La determinación de atender una energía negativa tiene un poder extraordinario para que sea transmutada o “desintegrada” transformándose en su polo opuesto. Este no es nuestro trabajo (aunque podríamos realizarlo, siempre que los estudiantes lo requieran), pues estamos hablando de transmutar los agregados de la psique en un contexto diferente al de Educare que estamos tratando, que, en sí misma, es una psicología que va más allá de las psicologías, incluso de las de vertiente humanista. Pues la transmutación, tal se practica en la sabiduría de Educare, cae del lado de la espiritualidad elevada, en la que se implican directamente las energías del Creador y con ellas se trabaja. La energía que se transmuta en el proceso de autoconocimiento, según las tradiciones de sabiduría, es liberada y purificada en Amor, fuente de todas las energías que vibran en el Universo, a la que todas, en cualquiera de sus formas en que se manifiesten, tienen que regresar.

No tratamos de abrir aquí un debate sobre este asunto. Lo que tratamos de decir -incluyendo esta breve digresión a nuestras reflexiones- es que el proceso de profundización en nuestra verdadera esencia no nos lo puede abrir más que la energía que va aflorando en el propio sendero de autoconocimiento, que es energía del “ser crístico/conciencia de sí”. Y esta energía todopoderosa es la del Ser Divino/Superior que está conduciendo el proceso de auto indagación y autoconocimiento del sí mismo del fractal suyo que aceptó experimentar la vida que está desenvolviendo en la existencia terrestre, pactado entre ambos el proceso por el que transitará su vida como “fractal/ser interior o alma o cristo interno”. Por lo que es el Ser Divino del ser humano quien “dirige” en realidad el proceso de autoconocimiento de la individualidad humana que se incursiona en un sendero que le conducirá a la inequívoca y obligada unión con su “Divino tutor”, que lo está cuidando en todo momento y, en su día, reclamando para sí, pues es “su energía” la que está desarrollando una existencia en el plano de la manifestación física. Y como quiera que el Ser Divino es Uno con el Creador, ya que lo “representa” en los planos en donde se desarrollarán todas las creaciones en las diferentes dimensiones o mundos de existencia, sean física o de energía mental o espiritual, no habrá mejor psicólogo que él, que, además, tiene a su servicio todo el Universo a su disponibilidad para que sus fractales, que están desenvolviéndose en las posibles dimensiones desde las que él, el Ser Divino, puede experimentarse y gozarse a Sí Mismo en cada una de ellas, por poseer una “presencia multidimensional”. Pero tal peregrinaje tendrá su conclusión por suelo terrestre, en el caso de los seres humanos nacidos en mundo de Gaia, la Tierra, cuando el propósito de su encarnación quede cumplido.

Se dice que la experiencia en los mundos de la dualidad, como lo es el de la Tierra, que no son muchos, es de las experiencias más duras que existe en nuestro Universo, por lo que se consideran a los seres humanos como verdaderos héroes por haber decidido vivir las experiencias de incontables vidas en un mundo de oscuridad, como es el de la dualidad, en el que el alma divina queda envuelta en una individualidad que no se reconoce a sí misma, perdiendo todo recuerdo de su origen divino. Recuérdese el mito de la caverna de Platón. Añadir a este breve comentario, que el mundo de esta dualidad que experimentan los seres humanos, además reconocer que fue elegido voluntariamente por cada uno de los que poblaron, pueblan y poblarán la Tierra, ha de saberse que se les concedió el libre albedrío, con el fin de tener el poder de decisión ante cualquier situación que se le presentara. La vida es, pues, conocimiento devenido de cada experiencia, como se podrá colegir de esta breve digresión que hemos incorporado al considerarla de interés.

11. Liberar la mente de sus contenidos supone que el sujeto observador ha quedado también “libre” de esos agregados psíquicos, pues a ellos se “apegaba” al unirse/plegarse al ego mental, que le impedía “vivir en su verdadera naturaleza libre e incondicionada”, pudiendo, a la sazón, utilizar esa energía mental -ahora “liberada” de los contenidos que la conformaban como “mente”- sin ser “dominado” por ella, pues no sólo es dueño de su propia vida “libre y creadora”, ya que de la mente quedó liberado, sino que esa energía mental queda unida a la “conciencia ‘yo-soy’”.

Así, el ser humano “liberado” es consciente de ser “conciencia de sí/alma divina”, por lo que utilizará “su” energía mental “limpia” como respuesta a todos los estímulos que le lleguen desde el exterior, sin identificarse con el significado que “transporta” esa “energía mental limpia” mediante las palabras, pues la mente quedó vacía de “todo”, incluidos los pensamientos. El ser humano “liberado” o “iluminado”, tal se conoce en Oriente, sólo se atiende a sí mismo, y en esta atención vive reflejando hacia el exterior lo que “atiende dentro de sí”, es decir, se refleja a sí mismo en palabras y actos, expresando su esencia compasiva y amorosa hacia la vida, conociendo que él es todo cuanto “ve”, y todo cuanto “ve” está/es en él. A este respecto, la tradición de sabiduría china dice:

“Una persona (de conocimiento) superior cuida del bienestar de todas las cosas (…) Cuando mira a un árbol, no ve un fenómeno aislado, sino raíces, tronco, agua, tierra y sol: cada fenómeno relacionado con los demás, y el ‘árbol’ surgiendo de este estado de relación. Mirándose a sí mismo, ve la misma cosa.” [NOTA 3]

12. Por tanto, los estudiantes deben tener claro, en esta etapa, que lo que les permite “interaccionar” con el mundo “son sus herramientas de trabajo”, es decir, su cuerpo y su mente, los de cada estudiante, y que estas “herramientas de trabajo” son sólo eso, herramientas de trabajo, aunque indispensables para poder desenvolver sus vidas. Estas herramientas de trabajo, las psicologías orientales -las que se nutren de las tradiciones de sabiduría- las denominan “envolturas” con las que la “conciencia interior” se envuelve, consideradas, por tanto, sólo como “recubrimientos”, “ropaje”, herramientas o útiles de trabajo que ellos, los estudiantes, utilizan para interaccionar con el mundo, y que, en tanto que indagadores, son los que instrumentan, los que ejecutan las interacciones con el mundo. Así, el mundo objetivo en el que ellos habitan, como sus “territorios y herramientas”, son “externos” y “distintos” al “ser interno” que cada uno de ellos es.
Esta diferenciación entre lo “interno de sí” y el “mundo externo objetivo”, junto a sus “territorios y sus herramientas”, necesaria pedagógica y metodológimente, por ser extraordinariamente útil en las indagaciones de los estudiantes, como “mundos diferentes”, aunque interconectados, ha de quedar muy clara en esta primera etapa, tal se establece en los objetivos, que se expondrán en el apartado siguiente.

13. “Conocerse a sí mismo”, no es una sentencia filosófica que se haya transmitido culturalmente por la vanidad de una cultura que desconocía la verdadera realidad del ser humano, sino que esa cultura antigua sabía que descifrar o no el enigma que encierra semejante críptica sentencia es la llave de la libertad o de la esclavitud del ser humano, como individuo y/o como colectivo.

Enfatizamos, una vez más, la auto observación como una técnica de extraordinaria importancia en el proceso de interiorización, que se utilizará siempre guiada por la mano de la auto indagación, permitiéndole al estudiante/indagador controlar, progresiva y gradualmente, a “la mente” (su psique al completo, con los pensamientos, los deseos, las emociones, los impulsos… etc.) y “sanar” lo adherido de forma “irracional” al “cuerpo”, comprendiendo que son sus dos territorios/herramientas con los que se mueve en el mundo y con los que generó toda su dinámica “personal”. [NOTA 4]

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NOTAS

 

[NOTA 1]

VER Infra, Puntos 3. y 4. del apartado 4. Consideraciones sobre la auto observación como técnica rectora en el proceso de auto observación.

[NOTA 2]

Para ser exactos, no sería correcto decir que la sensación de inquietud “desaparece” de la mente, porque la mente no existe como tal. Lo que sí existe es el conglomerado de agregados de muy diversa naturaleza que, en su conjunto, llamamos “mente”. Lo que realmente “va desapareciendo” en el sendero de autoconocimiento, por indagación, son los agregados psíquicos, deshaciéndonos progresivamente de cada uno de ellos, como la sensación de inquietud, o cualquier sentimiento de pena, o de malestar psíquico. Cuando nos hemos desecho de todos los agregados psíquicos, ¿dónde estará, o se hallará, la mente?

 

[NOTA 3]

LAO ZI, HAU HU CHING. 81 meditaciones taoístas, Edad, p., 94, Madrid, 1995.

[NOTA 4]

Si hablamos de lo “personal” o del “mundo personal o psíquico” del ser humano, es porque se nos ha comunicado culturalmente que somos un conglomerado de cuerpo-mente/racional, al que algunos incorporan un alma subjetiva unida indisolublemente al cuerpo-mente hasta el momento irremediable (!?) de la muerte. Pero las experiencias que muestran las tradiciones místicas orientales nos prueban, con un corpus extenso y variado de metodologías y de técnicas, que son fácilmente comprobables, que la realidad es muy distinta. Nosotros nos posicionamos junto a las tradiciones culturales y místicas de Oriente, o de sabiduría, que afirman que el ser humano es esencialmente un “yo” libre de los agregados psíquicos (el mundo que configura nuestra “persona”) que la cultura occidental, desde posiciones cientifistas y racionalistas excluyentes, llaman la psique humana, a la que habrá que añadir la compleja y maravillosa estructura y biológica “cuerpo”. Porque la psique se entiende en Oriente, también en algunas tradiciones místicas de Occidente, como en el neoplatonismo, a las que debemos sumar algunas de las ancestrales culturas indígenas de las Américas y de Australia, como instrumentos/útiles que ese “yo” ha de utilizar para interactuar con el mundo y, sobre todo, para “conocerse a sí mismo” como el “testigo” inafectado del mundo, incluyendo a ese “mundo” del componente psicosomático. La descripción que presentamos como propuesta para una metodología para la creación de un programa de Educación en la sabiduría/Educare pretende conducir al ser humano al lugar que le corresponde, al centro de su ser, recuperando su dignidad al encontrar el sentido coherente e íntegro en lo que hemos denominado, tomada la expresión de Confudio, “el valor de lo humano”, porque, de este modo, se haya reconocido su verdadera naturaleza, su sí mismo/Sí Mismo, más allá de “lo personal”, que es un instrumental valiosísimo cuando se armoniza con la energía del alma crística, pura y sana.

30 junio, 2022Permalink