¿NUEVOS MODELOS ECONÓMICOS?

(Camino hacia un nuevo paradigma de carácter Humanista, junio, 9, 2018)

Algunas reflexiones sobre las ideas que circulan en los medios acerca de la emergencia de nuevos modelos económicos distintos del capitalismo o del socialismo.

1. El pesimismo ante el horizonte desolador que la política y la economía nos presenta a niveles globales ha movilizado, en los últimos meses, a través de los medios, la opinión de expertos en ciencia sociales, y aun de políticos, cuyas reflexiones e ideas parecen, a primera vista, renovadoras, aportando, no una dosis medida de utopía -que ya quisiéramos nosotros-, sino de “realismo”, según el sociólogo y economista Jeremy Rifkin, uno de los pensadores más destacados del momento, quien aventura la idea de que estamos en una nueva revolución, tales fueron las revoluciones industrial y la tecnológica. Con esta afirmación Rifkin ha creado un estado de opinión coincidente en pensar que sí estamos ante un nuevo modelo económico gracia a los cambios que se están produciendo debido a los avances tecnológicos y a la presencia de internet, en tanto que se están modificando los hábitos en la vida de los seres humanos como en el tejido laboral y productivo. No son obviada en absoluto sus opiniones en los ámbitos de la economía y de la política actuales, dadas las estremecedoras noticias que diariamente nos llegan a través de los medios acerca de la dramática situación resultante de una crisis económica para la que, hasta la fecha, no se han encontrado soluciones reales y efectivas para resolver los múltiples frentes en los que se manifiesta, ya sea a corto, medio o largo plazo.

Así, Rifkin, en una entrevista mantenida en Dallas, durante el congreso internacional del World Travel & Tourism Council (WTTC), nos ofrece una sugerente vía que, según criterio suyo, será distinta de la capitalista o de la socialista.

Pero sus reflexiones nos crean serias dudas. Confirmar que las nuevas tecnologías, el fin de las energías fósiles, las nuevas relaciones productivas que la revolución digital está generando en el tejido social planetario, están gestando una “vía diferente” del sistema capitalista, no es un argumento suficiente para concluir en su arriesgada afirmación, ya que no define la línea que delimitará la ruptura o la superación del “sistema” capitalista por el “nuevo modelo” que augura Rifkin. El prestigioso sociólogo y economista, no establece en sus reflexiones lo que con esmero trató de conseguir en vano el socialismo marxista respecto del capitalismo: un corte epistemológico. Y no pudo lograrlo porque el socialismo/comunismo surge de una estrategia filosófica-económica-política-social que, en teoría, tiene sus fundamentos en lo que se llamó “materialismo histórico dialéctico”, que se postulaba como materialismo científico, que no lo fue entonces, ni lo será, al menos hasta hoy, ya que su praxis no ha podido viabilizar la “trascendente” superación del “sistema” capitalista, ni siquiera desde posicionamientos filosóficos.

Tras décadas de improductivo intento en tratar de explicar la fortaleza y supervivencia del sistema capitalista, en la actualidad, parece reavivarse el debate entre jóvenes líderes de la izquierda marxista . Algunos de ellos, opinan, con razón (pues nadie lo pone en duda, aunque sí se discrepa de los argumentos que se aducen, ya que no coinciden con la realidad) que transitamos por una nueva etapa del capitalismo “que la hace diferente de la época keynesiana, porque no hay trabajo fijo, no hay estabilidad, no hay cobertura de los derechos laborales y los jóvenes ni siquiera tienen esperanza de llegar a cobrar una pensión”. [NOTA 1]. Estas palabras son del economista y líder del partido comunista y de la formación IU Alberto Garzón, expresadas en una entrevista publicada en un medio nacional, en la que también afirma, como lo hizo Rifkin, que “el sistema político en lo esencial se ha mantenido estable pero la sociedad española ha cambiado mucho, en estructura productiva y de clase”. Habría que añadir un matiz importante a estas palabras de Garzón, porque lo que está cambiando son algunas formas en “el modo de producción” y en “las fuerzas productivas (fuerza de trabajo y medios de producción) dependientes de aquél”, clásicos del capitalismo, según el pensamiento marxista. O tal vez haya que añadir, para ser más exactos, que no está cambiando el modo de producción ni las fuerzas productivas que promueve el viejo capitalismo, sino que están “modificándose” para acomodarse a las nuevas exigencias generadas por la crisis económica y financiera globales y a los cambios mencionados por Rifkin (incorporación de las nuevas tecnologías, el fin de las energías fósiles, las nuevas relaciones productivas que la revolución digital está forjando…), dentro de las “arquitectura económica” del sistema capitalista, que trata, una vez más, de “renovarse” para mantener el poder absoluto que le permite sobrevivir en un mundo tan inestable como convulso, en crisis continuada como consecuencia de la propia dinámica del sistema y de la sociedad que lo asume, sin saber ésta, al día de hoy, que la crisis del sistema que ya no “soporta” es una crisis de valores, de conciencia. Una crisis que está provocado que los cimientos del sistema comiencen a derrumbarse, aunque por motivos diferentes a los que aduce Rifkin y otros pensadores liberales, e incluso adscritos a posicionamientos ideológicos confrontados a éstos, entre los que se encuentran los marxistas.

Siguiendo con la reflexión anterior, el líder comunista argumenta que aquello que está cambiando son las estructuras productivas, que tan gráficamente explica Rifkin y, obviamente, lo confirmaría cualquier observador atento al movimiento del tejido de la economía productiva, ya que no tendría que hacer ningún esfuerzo intelectual para evidenciarlo. “Eso ha penetrado en la conciencia de la gente porque se ha roto con la linealidad progresiva de la modernidad, esa idea de que la historia iba avanzando hacia mejor. Ahora sabemos que no vamos a vivir mejor que nuestros padres, y que el socialismo no viene automáticamente después del capitalismo. Todo esto ha afectado a nuestra vida y la izquierda no lo ha analizado”. ¿Quiénes, fuera del pensamiento marxista, han mantenido la idea de que el socialismo viene automáticamente después del capitalismo, siguiendo la linealidad progresiva de la modernidad…? Nadie. Porque es una afirmación hecha sin sentido común, divulgada entre las clases trabajadoras oprimidas para sumarlas a la causa por las que los ideólogos y políticos -en este caso comunistas- luchan por conquistar el poder. La ambición mueve a los seres humanos a combatir por el poder, reúniendo a todos los que, desde cualquier posicionamiento ideológico, desean dominio que los promocione en la adquisición de un status social por sobre los demás. Con poder y riqueza añadidos, claro. Siempre ha sido así en la historia de la humanidad. También se han adherido la casta intelectual, muchas veces anhelosa de utopías que trasladen al campo de la realidad objetiva principios liberadores de una “condición humana” que se sabe impuesta, inhumana, lejos de ser parte de la naturaleza del ser humano.

Lo que sí comprobamos en esa linealidad progresiva de la modernidad son las mejoras que los Estados del Bienestar han generado con políticas liberales/neoliberales, que sin ser “logros revolucionarios”, y sin que se acerquen a la sociedad del “bien común” de las utopías continuadoras de la propuesta de Platón, han producido, no obstante, gracias al empuje de la propia sociedad movida por la acción de los grupos sindicales, notables reformas sociales en el seno de las sociedades occidentales. Buscar justificaciones a los fracasos de la ideología marxista cuando sus pensadores han analizado estrategias para conducir la teoría a la praxis desde sus inicios, sin lograrlo, no es de rigor. Más bien es propio del infantilismo revolucionario del que ya hablaba Lenin en los primeros años de la revolución bolchevique. Esta falta de rigor en el análisis y en la visión del verdadero enraizamiento y del poder de las estructuras del capitalismo liberal/neoliberal/trans-neoliberal, interiorizándose en el tejido social y productivo y en las economías que en éste se desarrollan, ha sido uno de los motivos del fracaso de los sistemas socialistas de base marxista en la lucha por la conquista del poder. Hoy repiten el mismo error, como si la historia no les hubiera dado una lección de grado de primaria.

Y siguiendo a Gramsci, afirma Garzón, “… el Estado no es un sujeto con su propia ideología, no es un conjunto de instituciones que puedes tomar y que son neutrales. El Estado es una relación social, o como decía Jessop una correlación de fuerzas cambiantes. La sociedad civil, la Iglesia, los medios de comunicación, también son parte de esa relación social. No puedes cambiar la sociedad desde solo uno de los dos ejes, pero tampoco sólo desde el Gobierno”. La conclusión a su reflexión la expone Garzón al principio de la entrevista, cuando afirma algo tan elemental en la izquierda -en cualquiera de los matices ideológicos que la han constituido a lo largo de todo el Siglo XX-, tan atrayente para el estudioso de “la condición humana”, como beligerante y destructivo, como todo lo que emerge de la visión dual del mundo en tanto que dialéctica del enfrentamiento, de los opuestos, de los contrarios: “[Es mediante la praxis que se consigue] la construcción del pueblo y se conoce las estrategias de cómo lograrlo […] Necesitamos una organización capaz de estar en el conflicto social para sumar a más gente para autoorganizarnos, y ahí las etiquetas se diluyen…”. Hay, pues, que sacar a la calle los valores de la izquierda, movilizando las conciencias, pues la gente busca protegerse y lo hace en términos de fascismo o de socialismo. Ahí está la batalla política. En Europa el nivel de frustración y resignación es tan alto que la cuestión es quién la va a canalizar, si lo hará la extrema derecha que promete protección frente a inmigrantes y globalización, o la izquierda. Es la batalla crucial en este momento.” La diferencia entre una y otra reside en que “son los valores que están detrás, la xenofobia, el clasismo, el racismo, y en función de especificidades, el chovinismo o nacionalismo extremos” -explica Garzón refiriéndose a los populismo de ultraderecha).

Para lograr el fin que persigue Garzón, es exigencia obligada movilizar la organización política que lidera, junto a otras de muy variado calado ideológico, a las que se ha sumado para fortalecer la lucha por la conquista del poder. Se trataría de una organización transversal de toda la izquierda “capaz de estar en el conflicto social […], y sacar a la calle “los valores de la izquierda, movilizando conciencias…”. Es curioso que, aun cuando se cree tener una visión clara del panorama político-social del país, Garzón no encuentre otros argumentos políticos que aquellos que ya activaron sus camaradas en anteriores etapas, cuando menos desde que se instaura institucionalmente el bipartidismo en el año 82, momento en que la socialdemocracia del PSOE gana las elecciones con mayoría absoluta. Desde entonces, el movimiento comunista, teniendo como único apoyo al sindicato de las CC. OO, surgido de la militancia comunista, parece resignarse -por una evidente falta de apoyo/poder social- a no arraigar en el tejido social y político estrategias que les permitieran lograr sus objetivos prioritarios para asaltar el poder, tales:

1) adentrarse en los conflictos laborales para re-mover (violentar) el tejido productivo y económico hacia el terreno desde donde se lograrían sus fines políticos (hecho que sí intentó su grupo político, IU, por ejemplo, aprovechando el movimiento social que aglutinó en el ya mítico 15M la “indignación” social. Pero se les adelantaron algunos colectivos sociales emergentes en el 15M, motivados por jóvenes políticos de la izquierda marxista y anticapitalista (muchos de ellos rebotados de IU), que vieron el momento oportuno (oportunismo de los líderes emergentes) de organizarse en diferentes grupos políticos, desplazando de la escena política y parlamentaria a IU (escuela ideológica en la que algunos de ellos se formaron) en las elecciones generales del 2015, como ya lo hicieran en las elecciones al parlamento europeo del 2014, y en algunas comunidades autonómicas, obligando a IU a unirse a la emergencia de la “nueva política”, hasta el punto de hipotecar su pasado político para poder sobrevivir);

2) (estrechamente relacionado con el anterior objetivo) volver al viejo modelo de acción política y sindical de sacar a la calle la lucha social y movilizar a las masas violentando la política para (modificar el modo de producción capitalista, sería lo correcto desde posicionamientos marxistas; pero no hemos conocido esta motivación apoyada por programas políticos, según criterios marxistas) cambiar algunas formas que compensen las desigualdades sociales, que logren disminuir la precariedad laboral, que activen programas para cubrir las necesidades primarias de los sin trabajo, de los sin techo, de los jóvenes sin futuro …

Esta “nueva” visión del líder comunista Alberto Garzón no aporta ningún elemento nuevo a la vieja estrategia de los partidos y sindicatos de la izquierda, que ahora, desde (y gracias a…) el movimiento del 15M, comienzan a comprender cómo han vivido asimilados/engullidos por la matriz del sistema capitalista, al que quieren derrocar “asaltando los cielos”, según algunos líderes surgidos con la emergencia del descontento e indignación social del 15M, especialmente entre los jóvenes.

No obstante de todos estos movimientos y de la fraseología populista, las variables que se esperaban no se han producido. Lo que sí se ha verificado es que todo el aparato logístico de la emergencia ha sido engullido por el “sistema”. El movimiento se demuestra andando, y la nueva política, tal hace la vieja, vive en/del “sistema”, asentados sus líderes y representantes en la institucionalización de sus vidas y de sus programas políticos. Nada cambia, aunque todo se altera: unos salen y otros entran, pero el sistema” permanece. Ningún cambio sustancial se percibe en la política ni en la economía ni en la cultura ni en la educación. ¿Por qué entonces unos hablan de una nueva política y otros de un nuevo  modelo económico distinto del capitalismo y del socialismo?

Entre las reflexiones de Rifkin y la expuesta por Garzón media un abismo, el mismo que  existe entre una visión de futuro, como la expuesta por Rifkin, aun cuando sus conclusiones no sean acertadas, y otra, la propuesta por Garzón, anclada en el pasado, en la vieja política de lucha de clases y de confrontación. Ambas no son más que un “derrame” del viejo paradigma mecanicista, que no puede conectar con la nueva conciencia que emergió con la contracultura de los años sesenta, que produjo cambios radicales en el pensamiento y en la ciencia. Y una manera de plantear las relaciones humanas, laborales, económicas…, que distan mucho de la confrontación y de la contienda entre colectivos sociales o grupos políticos. [Ver NOTA 3] No obstante, ambos coinciden en no exponer en qué contexto ideológico “de cambio de modelo/paradigma” inscriben sus discursos, ya que Rifkin afirma que el nuevo modelo, que emerge en la nueva revolución industrial, en la que nos sitúa, es distinto del capitalismo y del socialismo. Garzón, por el contrario, piensa que aún hay cabida para redirigir la lucha política hacia la conquista del poder, removiendo/activando el tejido social y el productivo.

2. Después de quinientos años de capitalismo, parece que la contestación al “sistema” aún no ha conocido qué naturaleza es la que le hace invulnerable ante las ideologías marxistas o anticapitalistas. Planteada la reflexión en términos ideológicos, habría que afirmar que no conocer la base filosófica, la matriz o cosmovisión de donde emerge el capitalismo, le imposibilita al pensamiento marxista aceptar que la “fuente natural” de donde surge es su acérrimo enemigo, el capitalismo. De hecho, y por demás, el desconocimiento de que las raíces en donde hunde su ser el capitalismo es la visión del mundo de dualidad en tanto que lucha de opuestos, es la razón por la cual nunca se pudo establecer el “corte epistemológico” del que se ufanaban algunos pensadores que impulsaron la literatura marxista/comunista. Lo hemos expuesto en otros trabajos. La cosmovisión de dualidad del mundo, la que ha seguido durante miles de años la civilización occidental, que conozcamos históricamente, la podemos explicar de forma gráfica y esquemática del siguiente modo: Ver la multiplicidad (dualidad) en la Unidad de base, en cuya matriz aquélla surge con toda la variedad de vida/actividad que conocemos. Mientras que la cosmovisión de unidad explicaría la percepción de la Unidad en la Diversidad que de ella emerge. Si se reflexiona con detención, no son dos ideas que se oponen, sino que una forma de comprender el mundo sucede a la otra por agotamiento de la que es sustituida. Se trata de un cambio “natural” en la evolución del proceso evolutivo humano en el que las civilizaciones y las culturas se organizan en virtud del desarrollo psíquico, social y cognitivo humano, sumando sus logros a los de la etapa anterior.

Todo el pensamiento que ha invertido Occidente para “construir” su civilización, sus modelos y sus culturas, y por consiguiente, el modelo socioeconómico capitalista, tal lo hizo con anterioridad en la etapa esclavista y en la feudal, lo ha ejecutado desde la visión dual del mundo, entendiéndola como juego de contrarios y de oposiciones, siguiendo una idea errada en su interpretación de la filosofía de Heráclito. De ahí que la ideología capitalista esté asentada sobre el principio de dualidad: sujeto y objeto; juego de contrarios; lucha de clases; competir, rivalizar, excluir, descohesión social, desigualdad…

La propuesta que aportamos como superación del capitalismo, como paradigma de sociedad, economía y cultura, es la que nos viene de la mano de la tradición de sabiduría oriental, que no ha sido promovida en Occidente. Y no es que Occidente no conociera la cosmovisión de unidad, o el conocimiento de no dualidad en filosofía, pues hoy sabemos que la Grecia clásica estaba al corriente de la filosofía vedanta en sus vertientes de dualidad y de no dualidad, que enriquecen la tradición más antigua de la sabiduría de la India. Es conocido, por ejemplo, que la vertiente de la filosofía hindú de no dualidad, que se transmitió a Grecia a través de diferentes escuelas filosóficas que enriquecían el saber de la región del Asia menor, convivió incluso con el budismo, cuyas raíces no son ajenas a la vedanta, y con otras escuelas con las que no competía, sino que se enriquecían mutuamente en la búsqueda de la verdad y del saber universal. También es conocido que el neoplatonismo, incluso el medieval, y algunos pensadores y Maestros de sabiduría musulmanes, más tarde, estaban imbuidos de esta visión de unidad del mundo. Pero fue el racionalismo griego, desde sus inicios y su posterior influencia en el medievo y en la época moderna, dirigido por la mano del Aristotelismo, que abandonó la visión del mundo de unidad, sintiéndose Occidente más cómodo en la visión de dualidad, desde donde ha organizado la arborescencia de su pensamiento y de su ciencia. Oriente, sin embargo, se ha sentido atraído desde sus orígenes por la visión de unidad. Dos modos de visiones del mundo que nosotros hoy percibimos como complementarias y no excluyentes; por el contrario, se necesitan, en esta etapa de transición hacia la instauración de la visión del mundo de unidad que nos inscriba en un modelo de sociedad, o paradigma social, de raíces humanistas, tal exponía Vivekananda (1863-1902): Occidente aportaría a Oriente su técnica superior y Oriente le revelaría los secretos de la espiritualidad, reunificando materia y espíritu, síntesis o complementariedad, Occidente y Oriente, nunca Occidente versus Oriente.

Es esta visión de dualidad el fundamento de la fortaleza de la ideología en la que se asienta el capitalismo. No surge la dialéctica marxista con el marxismo, lo hace en el seno del capitalismo; más exactamente en el seno de la cosmovisión dual del mundo, de donde emerge el ramal del capitalismo, y en una de las frondas de este ramal surge la ideología del materialismo histórico comunista, que radicaliza el juego de oposiciones, de lucha de oponentes, de contrarios, con la noción beligerante de “lucha de clases” como estandarte.

3. No he leído la reciente publicación de Rifkin La sociedad de coste marginal cero (Paidós), pero las entrevistas que va dejando tras su paso por los medios son suficientemente explícitas para que nos hagamos una clara idea de lo que piensa sobre el crítico momento en el que la sociedad global está inmersa, al no comprenderse la verdadera dimensión de la crisis del modelo capitalista que, según Rifkin, ha generado “una tercera revolución industrial”, basada en el uso de las energías renovables y en la dinámica que generan las redes digitales que han creado un nuevo mundo de conectividad (internet), como “la economía colaborativa”, que para Rifkin es un nuevo sistema económico, como lo fueron el capitalismo y el socialismo. La verdad es que no sabemos, incluso si proyectamos nuestra imaginación hacia el futuro y profundizamos y asentamos “la economía colaborativa”, si ésta podría dar juego a un modelo económico distinto del capitalismo. Es pronto para saber qué dirección tomará “la economía colaborativa”. Juega a su favor, que en el contexto de la revolución digital, que está cubriendo progresivamente la totalidad del tejido social, laboral y productivo, el hecho de considerar la capacidad humana para generar nuevas relaciones productivas, independientemente de la capacidad de producir del sistema capitalista. Esta idea de Rifkin, y de otros expertos en economía que piensan que el capitalismo está siendo desbordado por modelos productivos como “la economía colaborativa”, no surge desligada del “sistema” capitalista: Por el contrario, la vemos inscrita en su tejido laboral. Lo que cambia es el acercamiento entre el productor y el consumidor, lo que abarata el coste para éste y aumenta la ganancia del productor, pero dependen ambos de una plataforma virtual o digital, que se define como un sistema que permite la ejecución de diversas aplicaciones bajo un mismo entorno, dando a los usuarios la posibilidad de acceder a ellas a través de internet”La propiedad de la plataforma digital delimitará o no el espacio de “la economía colaborativa” dentro del “sistema” capitalista. Riflin, al igual que Pablo Majluf, periodista y maestro en comunicación por la Universidad de Sydney, Australia, piensa que en un corto periodo de tiempo, podremos ver, gracias, sobre todo, a la extraordinaria revolución tecnológica que se está produciendo en nuestros días, un mundo dominado por la robótica y la conectividad de las redes. Pablo Majluf apunta que en unos años quizá lo único que necesitemos para ganarnos la vida sea una humilde conexión a Internet.” En tan nuevo mundo de conectividad de las redes, nos aconseja Pablo Majluf que hay que visitar Wikipedia para adentrarse en sus formas y contenidos. La enciclopedia digital dice que la economía colaborativa es Un sistema económico en el que se comparten e intercambian bienes y servicios a través de plataformas digitales. No importa lo que se intercambie…., sean  choferes privados y tintorerías hasta empleadas del hogar y alojamiento, e incluso besos y abrazos…”Para Rifkin, como para Majluf, la revolución digital genera nuevas relaciones productivas y éstas transforman la economía. Y, según ellos, esta transformación no ha sido asimilada por el capitalismo. Y siendo una actividad novedosa en las formas en la economía, insistimos, el hecho de mantener intermediarios, que han existido desde los inicios del capitalismo, en la génesis misma de la Edad Moderna, no crea un espacio marginal en el capitalismo; no obstante, la diferencia la marca “la enorme eficiencia y precisión con la que -por medio de complejos algoritmos que estiman flujos, necesidades y volúmenes de manera casi instantánea- la tecnología lee e interpreta los ciclos de oferta-demanda. Pero lo más importante -y es aquí donde creo que finalmente se resuelve la escasez de empleo que tanto angustió a los ludditas desde la caída de la economía industrial- es que uno podrá proveer bienes y servicios sin depender de un empleador”. Esta reflexión de Majluf es suficientemente aclarativa del por qué algunos pensadores como Rifkin han creído que la dinámica que desenvuelve “la economía colaborativa” puede entenderse como un modelo de economía distinto al capitalismo o al socialismo, siempre que la tecnología lee e interpreta los ciclos de oferta-demanda” no esté controlada por algún sector del “sistema”, añadimos nosotrosEs cierto que cuando en el modo de producción se origina un cambio radical, porque “no exista” la figura del “burgués” clásico que representa el punto intermedio entre el productor/trabajador y el consumidor, hecho que suprimiría el valor de la “plusvalía”, los precios se abaratarían significativamente. ¿Es éste el gráfico que se está dibujando en el tejido productivo de las economías capitalistas? El ejemplo más extendido es el de “Uber”, la aplicación digital que conecta a pasajeros con conductores privados. La realidad es que la aplicación digital no es un punto neutro que conecta pasajeros y conductores privados, sino que tiene un propietario, como en las modalidades de relaciones productivas, lo que nos lleva a insistir en que no puede entenderse como un modo de producción diferente del capitalismo, sino que éste, en tanto que modo de producción, estructura las fuerzas productivas de acuerdo a las nuevas condiciones que la ciencia tecnológica les va creando.

Además, nuestro recelo para aceptar que estamos, no ante una nueva revolución industrial -que nadie lo pone en duda-, sino en un nuevo modelo económico, es que la base del cambio del que habla Rifkin no radica en que la nueva dirección de la economía se distancie del capitalismo, o cree un bucle que genere una ruptura. Es una ilusión que opera en las mentes de muchos seres humanos que están anhelando un cambio radical que termine con la dictadura del capitalismo, pero los buenos deseos y las buenas intenciones no nos llevan a ninguna parte. O sí, nos hunden más en las entrañas del capitalismo, si no logramos “pensar sabiamente” para “construir sabiamente” un mundo diferente en el que la humanidad tome conciencia de su “humanidad” como valor esencial para estructurar una sociedad igualitaria, sin las trampas que nos hizo ver Huxley en el mundo de su “Utopía”. Es este postulado, el de concienciar al ser humano del “valor de su humanidad”, tan lógico como elemental, lo que nos brindará una nueva y verdadera revolución, como venimos exponiendo en este trabajo. Pues esta concienciación del valor de lo humano supondrá que la humanidad, en su conjunto, se habrá “liberado” de la noción negativa de “la condición humana” que tanto daño y perjuicio le ha ocasionado en todo sus procesos civilizatorios y culturales.

4. Volvamos a la idea de superación del “sistema”, o del modo de producción capitalista, tal lo entiende la literatura marxista, por otro modelo que, según Rifkin, lo está desplazando en nuestros días, como es “la economía colaborativa”. Todos los sorprendentes cambios que están apareciendo ante nuestros ojos, se están produciendo en el seno de la visión dual del mundo, en la que el capitalismo hunde sus raíces. Es en esta cosmovisión de dualidad hacia donde apuntan los “cambios” formales que se están generando en la superficie del tejido productivo global, gracias a que la mundialización de la ideología del capitalismo mercantilista y financiero ha logrado hacerse con la propiedad absoluta de las redes de conexión, porque ha “captado” las mentes de quienes trabajan en nuevas “maneras” de entender las relaciones productivas, como lo están haciendo las start-up que se inician, por ejemplo, en Silicon Valley. El capitalismo sigue siendo el patrón de la productividad y de las formas en las que éstas se produzcan. Sutilmente va adentrándose en el tejido social y productivo, porque éstos necesitan del capital dinerario para movilizar sus productos y sus mercados. El cambio de paradigma o de modelo ha de producirse desde otras latitudes, ajenas a aquellas en las que se originó el capitalismo.Los cambios que a diario se producen ante nuestros ojos atónitos, insistimos, aparecen como si provocaran un cambio de ruta, pero sólo es un ardid para confundir a las buenas conciencias que quieren transformar el mundo en un ágora de bienestar universal.

Veamos, porque lo que Rifkin no aporta es el dato crucial que generaría las condiciones objetivas y necesarias para que se produjera un cambio radical, de raíz: cómo puede producirse la superación del capitalismo cuando es el “sistema” capitalista quien facilita las modificaciones en el apartado del modo, de las fuerzas productivas y de los medios de producción. Desde 1999, con el fracaso de la Cumbre del Milenio de la OCM celebrada en Seattle, el “sistema” comprendió que urgía un “nuevo orden mundial más equitativo”, decíamos más arriba. Y en verdad que se tomó nota y se marcó la nueva ruta. ¡Y vaya que si lo hizo! ¿Cómo? Concediéndole todo el poder del “nuevo orden mundial” al sector financiero, al capital dinerario. Desde entonces se inicia la nueva revolución de la que habla Rifkin. Pero no se trataba de crear una ruta que condujera a un modelo distinto del capitalismo, sino a un bucle del propio capitalismo, tan sofisticado que aparece como un modelo o sistema económico nuevo, diferente del capitalismo.Los argumentos ofrecidos por el prestigioso economista no son suficientes para situar su modelo en un paisaje diferente del capitalismo. Un modelo económico, tal lo es el capitalismo, y lo fue el socialismo, se asienta en unos principios filosóficos que determinan el andamiaje y el funcionamiento del modelo o “sistema”. Y en el caso de la “economía colaborativa”, si bien ayuda a resolver variables de difícil solución en la situación actual en la que se encuentran las relaciones productivas, éstas se originan en el seno del “sistema capitalista”. Lo que se modifica son las formas en las que se relaciona el binomio de la oferta y de la demanda. Estamos asistiendo a una reorganización del sistema capitalista, ante un nuevo bucle del “sistema”. Y si se quiere, como apunta Rifkin, ante la tercera revolución industrial, como lo fueron las dos anteriores, que no acabaron con el capitalismo, sino que cada una de ellas lo afianzaron aún más.

Tampoco coincidimos con Rifkin cuando afirma que El capitalismo todavía no sabe cómo hacer frente a esa “economía colaborativa”. Aunque si confirmamos que la tecnología digital nos lleva a coste marginales cero”, siempre que se precise que aún no se ha producido el coste marginal cero; si bien es posible lograrlo, toda vez que el “sistema”, que vive cohesionando todas las instituciones y organismo públicos y privados de los estados, no interfiera en las relaciones productivas, como está sucediendo con la industria de las energías renovables,  otro argumento de Rifkin, al que se suman de otros economistas, para pensar en un cambio de modelo económico que presente una tercera revolución industrial, que no discutimos Como tampoco discutimos, por el contrario apoyaríamos, el hecho de lograrse una industria de las energías renovables con coste marginal cero. Es lo ideal y lo más racional y sensato en los malos tiempos que corren de progresivo deterioro de la vida planetaria, y del veloz cambio climático, que agudiza tan dramático deterioro. Y si el viento y la luz solar no pasan facturas al consumidor, no sabemos si la industria que la almacena tampoco lo hará. Porque la infraestructura hay que crearla y pagarla.Por otro lado, el controvertido economista y sociólogo obvia que el capitalismo actual viene definido por dos factores que no deben olvidarse: el 1º factor está dirigido por el poder financiero, que controla la industria, el comercio y a los gobiernos, siendo el eje sobre el cual depende la economía global. Es decir, el poder del dinero regenta la mundialización de la economía de mercado y de consumo, sea de “economía colaborativa”, sin intermediarios declarados o con intermediarios declarados, algo que no queda claro, pues dudamos de que la tecnología que “lee e interpreta los ciclos de oferta-demanda” no esté controlada por algún sector del “sistema”, como expusimos en líneas más arriba. El 2º factor a tener en cuenta, es que para que se dé una economía que diferencie las formas de su modo de producción, de sus fuerzas productivas y de sus medios de producción de las del capitalismo clásico, no tiene porqué entenderse que se esté “superando” el modelo capitalista. Cambios los ha habido, y los habrá, y profundos, dado el avance vertiginoso de la ciencia y de la tecnología. Pero esos cambios y avances están siendo controlados, por el momento, por el capital monetario, el dinero como fuente de riqueza y del poder que ésta genera. Y el poder del dinero tiene una ruta claramente definida: el capitalismo en la modalidad que corresponda en el momento que corresponda.

Rifkin nos conduce a una reflexión más: “necesitamos un nuevo planteamiento económico y debemos enfrentarnos a la pregunta fundamental sobre cómo producimos”El capitalismo -afirma Rifkin- todavía no sabe cómo hacer frente a esa “economía colaborativa”. Cómo logrará el capitalismo conducir la dinámica de “la economía colaborativa”, no es la reflexión que debemos hacernos en este momento, porque sin duda el trabajo ya lo tiene hecho.

5. Si queremos una transformación radical, asestar un golpe mortal al capitalismo, debemos pensar en una cosmovisión nueva, en una forma de ver y comprender el mundo y al ser humano integradora y unitiva, inclusiva, una visión del mundo de unidad que sustituya, que supere, que haga innecesario al capitalismo, porque se haya trascendido la visión de dualidad del mundo, percibida ésta como juego de opuestos, de contrarios, de antagónicas luchas, de dialécticas enfrentadas que excluyen o aniquilan al oponente…  Y lo nuevo que está llegando, que podría ser utilizado desde una conciencia integradora, unitiva, fraterna, cooperadora, conservadora en el respeto de las singularidades culturales y en la diversidad de los ecosistemas naturales, es la cosmovisión de unidad, que nos está señalando el camino desde los inicios del Siglo XX, con la ciencia de la física como adalid de la nueva ruta hacia un mundo nuevo establecido desde la visión del mundo de unidad, sin excluidos, cooperativa e integradora. Ya hemos enunciado con muy sucinto gráfico la esencia de esta cosmovisión de unidad: “Ver la Unidad en la Diversidad” es distinto (visión de unidad) que “Ver la diversidad en la Unidad (visión de dualidad)”. Tan sencillo como complejo. Complejo si lo reflexionamos desde una mente que ha “trabajado” toda su vida desde la visión del juego de los contrarios y de las oposiciones; esto es: viendo la diversidad, la multiplicidad de la vida manifiesta sin percibir, sin comprender, sin reconocer, la unidad de base en la que se origina tan variado mundo, que percibimos con nuestros sentidos y que la mente nos lo interpreta.

Esta visión de unidad es revolucionaria. Esta visión es nueva -a pesar de ser descrita en todas las tradiciones de sabiduría, de Oriente y de Occidente- como nuevo será el ser humano que la desarrolle. El principio de unidad organizaría, cómo no, el modo de producción en donde las relaciones productivas y los medios de producción resulten del equilibrio que generaría un tejido social regido por la principio nivelador y de igualdad que fundamentaría la noción de unidad como eje vertebrador de la vida individual y colectiva de una humanidad sin fronteras.

La transformación que se está operando en la superficie del tejido social como del productivo, sin duda está modificando nuestras vidas. Pero no debemos contemplarla como separada de la ideología del “sistema” capitalista, sino como profundización del “sistema”, que vive un nuevo bucle, un salto hacia adelante, como ya dio otros saltos que lo encumbraron y sobre los que se elevó triunfante, como lo hizo con el marxismo, al fagocitar sus entrañas, cuando éste perdió su “vertiente” humanista, haciéndose aún más fuerte, dominador y totalitario.

No caigamos en el entusiasmo y en la euforia de cuanto aparece “a diario” como nuevo, que consumimos ávidos sin detenernos a pensar qué es lo que de “nuevo” el “sistema” nos proporciona hoy, porque está en juego el progreso de una humanidad que nosotros queremos libre y consciente en todos sus miembros, hombres y mujeres, viviendo en la dignidad que se le ofreció con su nacimiento como ser humano. Una humanidad que viva en la paz de su “humanidad”, de su bondad natural, de lo “verdaderamente humano”, de su tolerancia y fraterna cooperación entre todos los pueblos y culturas que dibuja la hermosa diversidad de la familia humana, si sabemos descubrir cuánta “humanidad” encierra todo ser humano, hombre o mujer. El valor de “lo humano” ha sido extrañado por el “sistema” capitalista. Hasta que este valor de “lo humano” no aparezca como el libre flujo de la vida de los hombres y de las mujeres, circulando dignos y liberados de condicionamientos y cantos de sirenas que propaga el “bienestar material” del mercantilismo capitalista, no se habrá superado el “sistema” del que tanto hablamos, y cuyos valores deshumanizadores nos han alejado de nuestra verdadera naturaleza humana, hasta el punto de crearnos una conciencia negativa de los seres humanos al negarnos la “humanidad” que encierra cada hombre y cada mujer, inoculándonos el virus de una “condición humana” trágicamente atada a un destino azaroso impuesto por el propio proceso evolutivo humano.

Si leemos con atención todas las nuevas propuestas que se pregonan en los medios, sean económicas o políticas, comprenderemos que sólo se habla de economía, de mercado, de ofertas y de demandas, de qué consumir y cuánto, de luchas por el poder y por lograr más y más de lo mismo, de producir más y mejor, de gastar menos en energías limpias (que no lo son del todo, tal como se están ejecutando por las grandes compañías eléctricas) para ahorrar en gastos, con los que invertir en… producir para consumir… consumir para poder producir más… para más consumir… Hablan de aquello con lo que “se alimenta” el materialismo mercantilista. Pero no hablan del ser humano, que es el único discurso revolucionario. Lo nuevo que se nos ofrece como una transformación que facilitará nuestras vidas, en realidad son modificaciones del producto que adquirimos ayer, pero que deseamos sustituir por este otro, que aparenta ser distinto, porque pagamos algo menos en relación con la compra anterior. ¿Qué han mejorado los beneficios del trabajador y reducido el coste del viaje para el consumidor las nuevas relaciones productivas que están surgiendo motivadas para combatir mejor la crisis? Sí. Pero esta actividad continúa desarrollándose en el interior del “sistema” capitalista. Y no sabemos si el “sistema” convertirá este cambio en un engendro más de su perversa inhumanidad.

Cuando Rifkin dice: “Por ejemplo, en Alemania, con cuyo Gobierno trabajo desde hace décadas, la energía eólica y solar está aumentando muy rápidamente con un coste marginal cero. En 10 años será el 40% y en 2040 será el 100%. Es un progreso parecido al de los microchips en las computadoras…”  Y este avance, ¿en qué se diferencia del modelo capitalista? Está hablando de nuevas formas de proceder en economía, que aun cuando supongan ser un gran avance en el progreso y en la planificación económica de un país, no habla de avances en la consecución de logros en el terreno de lo humano, tales como la dignidad, la igualdad, la libertad, la paz, la fraterna cooperación… y cómo lograr vivir en esos valores inherentes, naturales, propios, inherentes a todo ser humano. Tampoco habla de cómo respetar los ecosistemas, que desde las acciones que se ejercen sobre ellos, diseñadas por la visión mecanicista, sólo se contempla una actividad destructiva del desarrollo natural del equilibrio de la vida del Planeta.

Rifkin no nos habla de qué es en verdad el ser humano y cómo puede lograr la felicidad, que es suya por herencia de nacimiento, consustancial a su “ser” como “humano”. ¡Que cada uno de los seres humanos se reconozca en su “humanidad”!  En esto consiste la verdadera revolución. El nuevo modelo de sociedad no lo traerá la tecnología. Será el cambio de conciencia de la humanidad lo que nos aportará las condiciones y los recursos que precisaremos para construir un mundo verdaderamente humano, digno, fraterno, cooperativo y felizmente “humano”. La tecnología siempre estará ahí, para ser utilizada al servicio de la felicidad y del bienestar de toda la humanidad.

La entrevista con Rifkin termina con un motivo de esperanza, si cambiamos de chip, de conciencia, y miramos hacia nuestra “humanidad” y viviendo según sus valores, que nos lo han ocultado, aun cuando son nuestra esencia, valores de bondad, de belleza, de compasión, de tolerancia, de respeto, de integración… sólo con ellos construiremos un mundo sin fronteras absoluta y felizmente humano. Pero habrá que dar el primer paso: la humanidad que vive anclada en la visión de dualidad, que compite y destruye, que excluye y discrimina, que domina y devasta lo mismo pueblos y culturas que sistemas ecológicos por ambición y deseo de poder o lucro, debe elevarse hacia la dimensión de su “humanidad” fraterna, unitiva con la vida que nos inscribe y circunscribe: la humanidad es sólo un renglón más del Libro de la Vida del Planeta Tierra. Sólo de la forma en que hemos descrito la vida que queremos, podremos hacer realidad las palabras tomamos prestadas de la entrevista de Rifkin, aunque apostillaremos una conclusión que el eminente sociólogo y economista se dejó, tal vez, olvidada en el hall del hotel: “Con la tercera revolución industrial, no hay ningún motivo por el que no podamos construir ciudades más pequeñas dentro de las grandes urbes, satelitales, y con inmensas reservas ecológicas entre ellas. Podemos llevar a cabo reforestaciones masivas dentro de ciudades de entre medio millón y dos millones de habitantes. Y esto se podrá hacer porque nos podremos mover de un lugar a otro de forma más rápida y limpia. Los coches tal y como los conocemos no estarán aquí en 20 años”.Y esto se podrá hacer… porque los seres humanos habrán conocido la bondad y la paz de su verdadera naturaleza. De este modo el mundo en el que construyamos será fraterno, pacífico, feliz, cooperativo, limpio y vivirá en equilibrio con la vida de nuestro hogar planetario.

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[NOTA 1]  Entrevista de Esteban Hernández a ALBERTO GARZÓN, COORDINADOR FEDERAL DE IU, El Confidencial, 3, Agosto, 2016.

 

9 junio, 2018Permalink