Primavera en el Valle de Dharamsala

(En: DHARAMSALA. Cuaderno de notas. Poemas,
Tiger Moon, España, Noviembre, 2014)

McLeodGanj2

 

 

 

 

 

 

 

I

Adviene la noche luz de alborada,
despuntar de un nuevo día que acoge, solícito,
la actividad diligente de los lugareños.
Un río de bruma intensa penetra
el Valle y oculta, una vez más,
los cerros y las altas cimas inaccesibles.
La suave lluvia organiza fructífero
el juego del ocultamiento
y la quietud del espacio
ensimisma el alma de los viajeros.
Hay en las alturas silencio
de serranías. En la hondura,
barrancos abruptos e indóciles. Oteando
la lejanía, el paisaje se desvanece ingrávido.
Los senderos semejan ríos deshaciendo sus cauces
como humo brotado de la varilla de incienso.
Los cultivos del té esplenden bajo un sol
indeciso, afecto, no obstante,
a revelar la plenitud de los gozos y la vida
del Valle en júbilos y abrazos,
en ritos de nupcias nutridos
que encuentran estado y acomodo
entre el verdor de la floresta.
En las laderas de los cerros
la brisa cimbrea las florecillas
de grácil frescura
entre la hierba fresca.
La fragancia de resinas de cedros
y de abetos ahonda,
de los peregrinos ascetas,
la vida serena, retirada, en soledoso
apartamiento de mundo y deseo.

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II

Es tierra de reencuentros,
de refugio de cansancios y de mente austera
en ejercitada renuncia y sereno recogimiento.
Abandono. Indagación. Néctar
para quienes olvidaron nombres y deseos,
despojos de las diferencias y antagonías
que construye violentadamente la ignorancia
de intolerantes credos y excluyentes filosofías,
pues nada desean aquéllos,
austeros, libres, desnudos de mundo,
magnánimas y afables
sus vidas.
Las grutas de altura
y la solemnidad del silencio acogerán sus almas
compasivas y solitudinarias,
cultivadas sus existencias
en crisol de rigores
y ceniza -allende los mundos
de la discordia, de mentidos sueños globales
y de estériles beligerancias, deslealtad,
engaño, frívolas sus vidas-.
Y aun nutren los mundos contingentes
con amable mansedumbre, sentido de la piedad,
imagen del susurro del alma aquietada en ofrenda
de paz, cultura nacida de abundante e increada
sabiduría.

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III

¿Por qué desdeña el hombre conocerse
avanzando en vuelo de altura,
sin mentidos o sueño o libro
de arrebato e ira, siéndose en verdad la vida
inteligencia en nube alojada, en insecto
frágilmente removida, en ave peregrina
saludada, en arroyo, árbol, piedra,
serranía y hondura de barranco
recreada, deslumbramiento
de hombre y de mujer, júbilo
en nupcial danza del viento y del fuego,
y firmeza de navegación de aves y peces
por aires y océanos fatalmente agredidos
por quien anduvo por tierras de belicosa memoria
y verbo rendido, escriturado
siempre con ánimo de conquista!

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¡Ah, el hombre!
¡Cómo esquiva sus débitos hundiendo
sus olvidos en vuelo desatado
de fugaces sentidos!
Mirar y no descubrir el verso hermoseado
con cuya sutil melodía la vida ciñe, afecta,
tan natural escritura de no laborioso
desciframiento -pues clara adivinanza es-, he ahí
la razón que mueve al hombre, ciego, a caminar
entre lamentos y despojos, combativo y diviso,
limítrofe y errado siempre,
solo, desdichado.

Oigo sus lamentos
y soledad desoídos. Miro cómo se desgrana
su vida, desgastadas las palabras, el gesto
rendido, débil su mano tendida
(pienso en los muchos malheridos
de soledad, malnutrición,
desamparo, abandono, excluidos,
en Haití, en Sudán, en Somalia,
en Liberia, en Siria, en Grecia…, también en España,
y me uno al dolor de los muchos otros
sin nombre, heridos, muertos, olvidados
en tierras expoliadas). Sí, tendida su mano,
la miro con la esperanza arañada,
sin yo saber cómo cubrir sus tumbas,
sanar sus llagas, cerrar sus heridas
abiertas en combates perdidos ya
en su desheredad, trabadas
sus vidas en campos de estériles
ideas de globalidad, finanzas,
mercados, consumo …, que la vileza
y la codicia inhumanas mal llamó
“sociedad mundializada del progreso y bienestar”,
de cuya ruina sus huellas hallarse
pueden, hoy, ayer, mañana, expatriadas
y peregrinas, errantes sobre el duro asfalto
del enjambre inhumano de sus ciudades,
afanosamente levantadas con el material
con el que se construyen los deseos
nunca satisfechos, y aquellas rutas
que fatalmente conducen a los ritos
con los que la ambición hostiga
la frágil cotidianidad de una civilización
global, hartamente servil,
pues cegada por el valor del dinero vive,
divididas sus gentes, rotas
sus esperanzas, amargamente desunidas.

 

 

 

25 septiembre, 2015Permalink