Propuesta para un programa de VALORES HUMANOS UNIVERSALES para PRIMARIA

(UN CAMINO DE INTERIORIZACIÓN Y DE AUTOCONOCIMIENTO)
Esteban Díaz, TIGER MOON, BANGALORE, INDIA, 2009

DEFINICIÓN:

 ¡Me divierto
Auto-descubriéndome
LUZ-AMOR-FELICIDAD,
Mi esencia!

SUMARIO

1.    El Propósito.
2.    Descripción de los objetivos del camino de interiorización y de auto-conocimiento.
3.    Criterios a seguir en la organización de las actividades diseñadas para ayudar al niño en el proceso de auto-descubrimiento.
4.  El Programa de Valores Humanos para Primaria constará de 3 Unidades o fases, desarrolladas cada una de ellas en un curso escolar, en cuantas clases, bien el maestro o bien el centro educativo determine, de acuerdo con la temporalización que estime para que los objetivos queden establecidos en cada niño.
5.   Algunas notas sobre la actitud que debe observar el maestro en el proceso de autodescubrimiento del niño de su verdadera naturaleza.
6.  Descripción de las 3 UNIDADES TEMÁTICAS en las que se desarrolla el Programa de Valores Humanos para Primaria.
7.  Sobre Metodología aplicada de la clase de valores humanos del Programa para Primaria

                  

 1.   El Propósito. 

El Programa de Valores Humanos para el grado de Primaria que aquí se presenta está pensado para que el niño descubra por sí mismo su esencia, su Yo real, la meta del universo educativo de EDUCARE, inspirado por el maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba.

Toda nuestra reflexión sobre el programa de Valores Humanos para el grado de Primaria ha seguido, en todo momento, una metodología acorde con la finalidad de EDUCARE, organizada desde un método que hemos denominado autoindagación guiada, para que el niño vaya descubriendo progresivamente su yo real mediante un proceso de interiorización que le conduzca al conocimiento de sí mismo.

Aunque la MEDITACIÓN EN EL SER (Meditación en la LUZ), con la que iniciamos cada sesión de valores humanos, es una práctica, por sí sola,  sumamente efectiva para poner al niño en contacto con el ser luminoso que es, podemos dar un paso más para que, a través de lo enunciado en ella, también de forma guiada, reconozca que la LUZ, con la que se inicia la MEDITACIÓN, es AMOR, y que ese AMOR es lo que le proporciona al niño FELICIDAD. Pues este AMOR es la verdadera naturaleza del niño, su YO real.

Así pues, desde la MEDITACIÓN EN EL SER como punto de partida, el proceso al que le conducirá el Programa de Valores Humanos devendrá en el niño un espacio de auto-descubrimiento de sí mismo, a la vez que le guiará en el conocimiento y la vivencia de los valores humanos, así como en el proceso de formación del carácter diáfano y genuino del niño. En este proceso el niño se irá identificando con esos tres conceptos que comenzará a vivir y experimentar como su YO real: LUZ-AMOR-FELICIDAD, para luego reconocer su YO  real como la Unidad de la Vida.

En este proceso de auto-descubrimiento de su esencia, el niño irá disolviendo cuantas impresiones del mundo negativas reciba, sean pensamientos, sentimientos, sensaciones, hábitos antes ya adquiridos, etc. En verdad que EDUCARE es un proceso continuo de aprendizaje y de auto-descubrimiento del SER del hombre.

Pero ¿qué es, entonces, ese cuerpo con el que el niño viene identificándose unido a un nombre al que responde cuando es llamado: su voz, sus manos, sus pies, sus pensamientos, sus sentimientos, sus sensaciones, su memoria, etc.? El niño debe entender, de forma gradual, que el cuerpo es el instrumento para vivir (y exteriorizar) esa LUZ-AMOR-FELICIDAD que en programa se le enseña a expresar en cada momento de su existencia y a transmitir a sus papás, a sus hermanos, a sus amigos, a toda la humanidad, a la vida toda.

En realidad, el auto-descubrimiento de su prístina esencia y la experiencia diaria de la misma es la meta de EDUCARE, entendido el concepto como el proceso mediante el cual el ser humano descubre la verdad del SER que es y vive conforme a él.

2.   Descripción de los objetivos del camino de interiorización y de auto-conocimiento.

 2.1.  En este camino de interiorización o de auto-conocimiento, de forma gradual, el niño descubrirá un YO que es LUZ-AMOR-FELICIDAD con el que irá identificándose a medida que el proceso avance.

 2.2. El descubrimiento y la comprensión de que es LUZ-AMOR-FELICIDAD le facilitará reposar su atención en lo que desde ese momento ya sabe que ES, y que el niño puede identificar mediante la palabra o expresión con la que él la defina en sus reflexiones en la unidad del grupo, por que se sienta de esta manera más confortable, o simplemente puede identificarse con la “sensación de ser LUZ-AMOR-FELICIDAD, que él quizás no pueda definir, pero que sí podrá experimentar. La expresión que él elija o la “sensación de ser” LUZ-AMOR-FELICIDAD que experimenta, no es otra cosa que el conocimiento-experiencia por el que él va sabiendo lo que en verdad ES, su YO real, al que identifica también cuando pone la atención depositada en esa “sensación de ser” con la que experimenta o “degusta” su YO-LUZ-AMOR-FELICIDAD.

Así, este camino de interiorización, inicialmente derivado de la MEDITACIÓN EN EL SER, es un proceso natural de auto-descubrimiento que el niño vivirá de forma gradual y sin esfuerzo. No se trata de privar al niño de su “etapa de niño”, ni de su interacción en el mundo externo, sino que tanto su paso por la etapa de niño, como su relación con el mundo, vendrán dados desde la experiencia de la LUZ-AMOR-FELICIDAD, la “sensación de ser” que localizará dentro de sí y percibirá como su YO real.

 2.3. Esta experiencia de la “sensación de ser” LUZ-AMOR-FELICIDAD, le permitirá al niño reconocer que todos los niños de su clase viven el mismo auto-descubrirse como esa “sensación de ser” LUZ-AMOR-FELICIDAD, y que por inferencia también reconocerá en todos los niños de la escuela, y aún más, en sus papás, en sus hermanos, en sus familiares, en sus amigos, en cada ser humano y en la vida toda.

 2.4.   Es -en este momento del proceso- el descubrimiento del niño que toda la humanidad, así como la vida en su completud, es esa fuente de LUZ-AMOR-FELICIDAD que él vivirá entonces como una “sensación de ser” YO, que para él, ahora, todos (incluido él mismo) podemos reconocerla y vivirla. No le será difícil comprender, entonces, la UNIDAD de la Humanidad, de la vida, percibiendo nítidamente cómo el YO-LUZ-AMOR-FELICIDAD que brilla en el corazón de cada ser viviente es lo que da UNIDAD a toda la Humanidad. Y que esa UNIDAD es la esencia de la vida. El niño sabrá, entonces, que su YO-LUZ-AMOR-FELICIDAD es el YO-LUZ-AMOR-FELICIDAD de todos, común a todo, aquello que todo lo unifica, lo que da UNIDAD a la vida. Y reconocerá, también, que YO-LUZ-AMOR-FELICIDAD-UNIDAD-VIDA, son términos que expresan la misma cosa: un YO universal sin fisuras: UNIDAD de AMOR: PLENITUD de AMOR

 2.5. Un paso más le descubrirá al niño que el YO-LUZ-AMOR-FELICIDAD, que ya identifica con él mismo, es DAR.

3.   Criterios a seguir en la organización de las actividades diseñadas para ayudar al niño en el proceso de auto-descubrimiento.
Todas las actividades que se desarrollen para fijar los objetivos anteriores deben elegirse teniendo en cuenta:

 3.1. Que el maestro está educando a seres tiernos con pocas impresiones del mundo adherida, y que por tanto no tienen la presión de un carácter rígido formado en sucesivas etapas de la vida del ser humano, sobre todo si no han recibido una Educación basada en valores humanos a la luz de EDUCARE.

 3.2. Que debe tenerse presente que los niños son como una semilla que contiene en su interior un potencial a desarrollar, por lo que el maestro nunca debe perder esta perspectiva. El proceso de auto-descubrimiento del niño comienza por conocer él mismo qué debe descubrir: su YO interno, su esencia, su divinidad, latiendo dentro de él como potencial a expresar. EDUCARE es el conocimiento y el ámbito para que el niño, guiado tiernamente por el maestro, vaya exteriorizando este inherente potencial interno. De este modo, la Educación, a la luz de EDUCARE, cumplirá su sentido de ser si se le devuelve al niño, al ser humano, a su fuente original.

 3.3. Que la Educación debe conducir al niño “hacia adentro” para que extraiga hacia fuera lo descubierto, su esencia, su interno, la pura Conciencia que es. Por tanto, la información que debe recibir será la precisa, mínima, pues la acumulación de información (mente) aleja al niño de su fuente (corazón). Lo importante, en esta etapa del niño, es permitirle que auto-descubra, recree y exprese su interno.

 3.4. Que la Educación debe desarrollar el potencial creativo del niño, que, en nuestro caso, aprovechará las experiencias vividas en la MEDITACIÓN EN EL SER y en el proceso de Auto-conocimiento. Tal potencial creativo del niño irá surgiendo desde su conexión con su YO real, iniciado en el proceso de interiorización, de autoindagación, desarrollando el hábito de fijar la atención en el YO que es. Las actividades que tengan como expresión la música, la pintura, el modelado, la literatura, serán siempre la expresión de la experiencia de su YO-LUZ-AMOR-FELICIDAD percibido en la soledad de su corazón o en la interacción con sus semejantes.

 3.5. Que la finalidad de la vida es ser felices y hacer felices a los demás. Por ello las actividades deben ayudar a desarrollar y fijar su experiencia de UNIDAD.

 3.6. Que esta experiencia de UNIDAD se fijará más firmemente en un trabajo colectivo del grupo percibiendo el YO único del grupo.

4.  El Programa de Valores Humanos para Primaria constará de 3 Unidades o fases, desarrolladas cada una de ellas en un curso escolar, en cuantas clases, bien el maestro o bien el centro educativo determine, de acuerdo con la temporalización que estime para que los objetivos queden establecidos en cada niño.

El propósito que nos ha llevado a dividir el programa en 3 Unidades temáticas en un ciclo de 3 cursos escolares no es otro que nuestro deseo de facilitar al niño el desarrollo progresivo del objetivo prioritario de este Programa de Valores Humanos: el auto-conocimiento, de forma natural y sin esfuerzo, de su verdadera naturaleza, permitiendo, de este modo, que el niño pueda dar un paso más en el pleno descubrimiento de sí mismo, a la vez que le ayude a la progresiva formación de su carácter.

El título del programa es bien elocuente por sí mismo, resumiendo el universo educativo de EDUCARE: “Un camino de interiorización y auto-descubrimiento: ¡Me divierto auto-descubriéndome Luz-Amor-Felicidad, mi esencia!”.

Con este Programa de Valores Humanos queremos dar al niño, a través del educador, las herramientas para que, de forma sencilla y natural, vaya descubriéndose conforme camina hacia el centro de su corazón y conoce el ser de Amor que es. Este descubrimiento de sí mismo no quita que mire hacia el exterior e interactúe con el mundo de su entorno. Conociéndose como la energía de Amor que es canalizándose a través de sus componentes físico, emocional, mental, intuicional y espiritual, integrados ahora en un todo armónico, le permitirá lograr la felicidad, la paz y la armonía que todo ser humano desea. Así, viviendo en la UNIDAD DE CONCIENCIA DE SI MISMO, sabrá que todos y todo es esa conciencia integrada viviéndose como una UNIDAD indivisible: la Vida.

En el proceso de auto-conocimiento a la luz de EDUCARE, el niño desarrollará todo su potencial guardado en su corazón como una semilla. Ese potencial es el Amor que irá expresándose a través de los cinco valores humanos universales VERDAD-RECTITUD-PAZ-AMOR-NO.VIOLENCIA, que deberá conocer, desarrollar y vivir diariamente.  De esta forma, gradualmente, irá germinando y floreciendo el carácter genuino derivado de la energía de Amor que reside en su corazón, su esencia. El descubrimiento y desarrollo vivencial de los valores humanos y el florecimiento del carácter del niño se exigen mutuamente para lograr el propósito del nacimiento de todo ser humano: conocer su verdadera naturaleza y vivir de acuerdo con ella.

5.   Algunas notas sobre la actitud que debe observar el maestro en el proceso de autodescubrimiento del niño de su verdadera naturaleza.

En todo momento el maestro debe tener presente que la vida, el Cosmos, es un todo indivisible, totalidad infragmentada, que la Conciencia, el SER, principio “Yo soy”, el Amor universal, permea, penetrando todas las cosas, sin excepción; pero este principio todo-penetrante se manifiesta con mayor vigor en el hombre, que puede reconocer este principio, esta evidencia “yo soy”.

 La Conciencia, que es puro Amor universal, se manifiesta en el hombre como “sensación abstracta ‘yo soy’”, “sensación de ser”, entendiéndose siempre como ente universal, aunque la mayor parte de su existencia vive identificado con “yo soy esto”, “yo soy aquello”, percibiéndose como una individualidad rodeada de innumerables individualidades separadas, ajenas a ese principio universal “yo soy”. Esto se debe a que ha perdido la referencia de su origen al proyectar sus sentidos sobre el mundo y elaborar un universo mental separado de  ese principio “yo soy” unitario, infragmentado, universal, que es la Conciencia, aun animando el cuerpo humano mediante la “sensación de ser”.

Esto puede ejemplificarse con el espacio “aprisionado” en la vasija que, al caer al suelo y romperse, se “libera” fundiéndose de nuevo al espacio del entorno en donde la vasija se hallaba.  En realidad, la esencia del espacio de la vasija siempre fue la misma, como el espacio fue el mismo, sólo que en el interior de una vasija y con la forma de ésta. La existencia de la vasija pudo ser gracias a su oquedad, que fue posible al espacio de su interior, pero este espacio, que permitió la existencia de la vasija, nunca dejó de ser espacio.

Es por lo que el maestro debe estar muy atento a cómo va descubriendo el niño este principio universal que, en realidad, es él mismo. Todas las actividades escolares de la clase de valores deben ser conducidas con el fin de que el niño “saboree” en su corazón, en su interno, esa “sensación de ser”, y logre identificarse con ella. Esta “sensación de ser” es, en verdad, su esencia, la Conciencia, el Ser. Y en ella viene impreso el carácter  del niño, que se explicitará por medio del conocimiento, desarrollo y vivencia de los valores humanos VERDAD, RECTITUD, PAZ, AMOR, NO VIOLENCIA.

Si la conciencia es universal y puede definirse como la energía universal de Amor que impregna el cosmos, permeándolo y penetrando toda forma de vida, la “sensación de ser” es, por tanto, esa energía de Amor cósmica, no individual, que en el caso del ser humano se llega a confundir con su soporte, el complejo mecanismo psicosomático. Así, debe tenerse en cuenta que el ser humano es “esencialmente” energía universal de Amor, no un individuo, sino la energía universal habitando en un cuerpo como “sensación abstracta ‘yo soy’”. El ser humano debe descubrirse identificado con esa energía universal de Amor en un proceso que le llevará, desde la total pérdida de referencia de lo que en verdad es, a la comprensión plena de ser la conciencia universal que nunca dejó de ser, aun cuando, usando esa energía universal de Amor, creara una identidad separada con la que se identificó. Esta identidad separada es sólo ilusoria, por tanto transitoria. Es la individualidad con la que el hombre suele identificarse: Yo soy ESTO. Descubierto el engaño, el ser humano abandona la idea de “ESTO” para volver a vivir en la presencia “yo soy”, en la “sensación de ser”. El ser humano vive desde ese momento en la “conciencia integrada constante” desde donde percibe la UNIDAD de la vida.

Por tanto, el maestro debe acompañar amorosamente al niño a descubrir y conectarse con este “sabor de ser”, que es la esencia de cada ser humano, con el fin de que recobre la “memoria” de su “origen” y regrese conscientemente a su ser. Este “acompañar” atentamente al niño, posibilitará al maestro conocer con mayor profundidad a cada uno de los niños. En realidad, este acompañamiento no es otra cosa que un seguimiento individualizado del progreso de cada uno de los niños. Hecho que facilitará la apertura de los niños hacia el maestro, despertando así la confianza que los niños necesitan depositar en su maestro de valores humanos para que su aprendizaje sea lo más fructífero posible.

Como se trata tanto de “asistir” al niño al auto-descubrimiento de sí mismo como la UNIDAD de la vida que es, como de fomentar la formación de su  carácter y de su creatividad, el maestro juega un papel de extraordinaria importancia. El maestro debe vivir el proceso del auto-conocimiento del niño como si fuera su propio proceso.  Su lenguaje debe ser dulce y amoroso en la forma y en el contenido.  Es decir, el lenguaje empleado debe ser acorde con la excelencia de una Educación que mira siempre hacia lo interno del ser humano, hacia su fuente, hacia  el YO real que es cada niño. Se trata de hacer felices a los niños mientras viven el proceso de EDUCARE, y para ello, tanto el carácter refinado del maestro como su lenguaje afable, creativo y amoroso, es esencial para la formación del niño.

6. Descripción de las 3 UNIDADES TEMÁTICAS en las que se desarrolla el Programa de Valores Humanos para Primaria.

[...]

 

 7.  Sobre Metodología aplicada de la clase de valores humanos del Programa para Primaria.

  7.1. Criterios Generales.

 Comprender EDUCARE requiere conocer que la naturaleza del hombre debe buscarse, no en sus aspectos externos –intuicionales, mentales, emotivos o físicos-, sino en lo que lo substancia, la Conciencia, que en términos más próximos a nuestra cultura, y de acuerdo con las tradiciones de sabiduría, llamamos “Amor universal”.

 Este Amor o Conciencia es la energía universal que permea y penetra todo el Universo, dándole la vida. En el hombre, esta Conciencia universal se instala como una “sensación abstracta ‘yo soy’”, o si se quiere, como una “sensación de ser”, que siempre puede reconocer, si se sustrae el hombre a la identificación con “esto” o “aquello”: “yo soy esto”, “yo soy aquello”.

 Llegar a conocer esta Conciencia o Amor universales, habitando en el hombre, exige un requisito previo, que en las psicologías orientales, derivadas de las doctrinas de sabiduría, o en las doctrinas místicas occidentales, se ha venido en llamar “camino de interiorización”, o “sendero de autoconocimiento”, o simplemente “autoindagación”.

 Si definimos EDUCARE como la comprensión profunda del conocimiento que surge del interior e impartirlo a los niños, debemos pensar que ese interior, del que surge el conocimiento que deben recibir los niños, es la Conciencia, y que tal conocimiento el único que permitirá conocer y comprender la fuente desde donde mana.

EDUCARE es un proceso de aprendizaje constante, mediante el cual el niño llegará a conocer y comprender su interno, la Conciencia, el Amor que es. Y este descubrimiento le vendrá dado desde el conocimiento adquirido en el proceso de interiorización o de autoconocimiento o de autoindagación.

Para llegar a conocer y ¡experimentar! esa Conciencia, verdadera realidad del niño, se precisan dos herramientas: la inteligencia, en su uso correcto (razón) y la autoindagación (intuición), que conducidas correctamente llevarán al niño al autodescubrimiento de su íntima realidad.

Mediante la inteligencia, el niño irá comprendiendo el universo de la unidad que sostiene la diversidad de la vida, como conocerá y vivirá los valores humanos a los que irá reconociendo progresivamente, a la vez que el niño despierta a su interno mediante el autoconocimiento o la autoindagación.

Al proceso de autoconocimiento, por cuestiones prácticas y metodológicas, lo llamaremos “autoindagación”, que será para el niño un hermoso descubrimiento, porque se llevará a cabo mediante todas las técnicas que se utilizarán en el desarrollo de las clases, elaboradas desde un lenguaje desde el cual le sea fácil reconocer y dar nombre a la “sensación de ser” que irá descubriendo en el transcurso del desarrollo de las cuatro unidades del Programa de Valores Humanos.

Debido a la tierna edad de los niños, la autoindagación será guiada por el maestro, que conocerá el Programa y sabrá que debe acompañar en todo momento al niño en su proceso de autodescubrimiento.

Inteligencia e autoindagación, se las presentará el maestro al niño desde un lenguaje sencillo y claro, para que desde el inicio pueda lograr comprender (inteligencia) lo que descubra mediante la autoindagación (intuición), y profundizar en la autoindagación mediante los logros obtenidos desde el buen uso de la inteligencia. Porque se trata de que el niño se autodescubra usando, entretejidamente, una y otra herramientas.

Nuestro Programa de Valores Humanos está diseñado, entonces, como un proceso en el que el niño, situado en su interno, vaya tomando conciencia del mismo, su esencia, su yo real, el Amor que en verdad es. En este proceso el niño se autodescubre, al tiempo que re-descubre el mundo externo desde una nueva visión, la que le proporciona el aprendizaje de sí y del mundo en el proceso en el que está incurso.

Así, la metodología esencialmente se supeditará al uso de las dos herramientas descritas, pues ambas ayudarán al niño a lograr el propósito del Programa y la finalidad de EDUCARE: llegar a conocer su verdadera realidad, la Conciencia, el Amor universal, que en verdad es.

Por esto, el Programa debe conllevar una metodología que ayude al niño a AUTODESCUBRIRSE, porque se trata de dar al niño las herramientas que le conduzcan a conocerse a sí mismo, porque nadie puede proporcionarle tal conocimiento de sí. Este hecho, por sí solo, exige una metodología que le conduzca a AUTODESCUBRIRSE.

Tal metodología conlleva, además, el uso de un lenguaje apropiado para facilitar el autodescubrimiento del niño, que deberá ser un lenguaje directo, claro, sencillo y práctico, que exprese en todo momento ese “estar interiorizado” del niño, además de ser, en todo momento, el hilo que lo mantenga en conexión con los valores que va descubriendo e incorporando a su vida diaria. El lenguaje también debe servir de fácil aprendizaje de los nuevos conceptos, siempre positivos, comprendidos a la luz de EDUCARE.

 7.2.  Sobre temporalización y metodología de la clase de valores humanos del Programa para Primaria.

Consideramos que la opción pedagógica y metodológica más adecuado conlleva desarrollar cada una de las 3 Unidades temáticas en un período de 1 curso escolar, dando prioridad al logro de los objetivos más que al hecho de desarrollar todas las clases Programadas para cada una de las unidades.

El desarrollo de cada clase de valores humanos se repartirá en las sesiones semanales Programadas para aplicar el Programa de valores humanos para Primaria (4 semanas por clase). Aunque podrá variar la temporalización de cada una de las clases según la estimación del maestro o del propio centro educativo.

Cada Unidad tiene unos objetivos que deben ser cubiertos para pasar a la Unidad siguiente. No es aconsejable pasar de una Unidad a otra sin haber alcanzado los objetivos de la Unidad precedente, porque la metodología y el proceso de interiorización están coordinados, son inseparables, y se precisan uno del otro para que el niño camine progresiva, natural y fácilmente hacia su Ser interior.

Es importante lograr, entonces, el/los objetivo/s de cada Unidad. Lograr el objetivo de una Unidad es lograr anclar en el niño un paso seguro para llegar hasta su divino interno: los pasos son los siguientes: descubrir su interno/reposar su atención en él/experimentarlo/vivir el interno como la energía universal que todo lo permea para así saberse unidad de la vida (conciencia integrada constante).

 7.3. La clase de valores humanos es “tiempo amorosamente feliz y sosegado” para que el niño se autodescubra a sí mismo el Ser divino que es.

El trabajo de auto-descubrimiento del niño de su Yo real es progresivo, por lo que las clases de valores humanos deben ser un relax para cada uno de los niños.  El niño debe encontrar en la clase de valores humanos “un tiempo fuera del tiempo habitual” de su vida para descubrir “el tiempo sin tiempo” de su verdadera esencia. No es importante completar la clase con todas las técnicas Programadas (no es importante agotar todas las técnicas desplegadas en cada clase), lo verdaderamente importante es lograr anclar en el niño los objetivos, para que pueda ir descubriendo, en un proceso de fácil andadura, su Ser real y vivir reposando la atención en él, para luego tener la sublime experiencia de la plenitud del Ser.

De ninguna manera se le debe llevar al niño a vivir la experiencia por la experiencia, sin que el niño maduradamente la obtenga de forma natural y espontánea. No hay prisas en la clase de valores humanos. En la clase de valores humanos no hay otra cosa que “tiempo amoroso, tiempo feliz, tiempo sosegado, tiempo para que el niño vaya auto-descubriéndose el ‘ser divino’ que es”. Todo es –debe ser- sosiego en la clase de valores humanos, calma, paz, alegría, distensión, vida interior, y sobre todo, ¡felicidad amorosa!, pues el niño debe ser conducido, desde el comienzo de estas clases de valores humanos, hacia el auto-descubrimiento y la vivencia de que él es ¡felicidad, amorosa felicidad, luz amorosamente feliz, un Sol de Amor! Debe ir descubriendo (auto-descubriéndose) que su luz es un Sol auto-resplandeciente dentro de su corazón, y este Sol auto-resplandeciente es expresión de su esencia divina, de su esencia amorosa. Y esta esencia es la que le hará experimentar en cada momento su naturaleza amorosamente feliz. Felicidad y Luz son las expresiones naturales de la energía divina del Sol de Amor que en verdad es el niño. El niño deberá conocer y sentir esta tríada de conceptos LUZ-AMOR-FELICIDAD como una misma cosa, su vida interna, lo que es verdad es, puro Amor universal expresándose en un cuerpo, vehículo natural en el mundo de la manifestación para que conciencia universal, que en verdad es,  se exprese en a través de tan natural vehículo.

 7.4.  Sobre el Método.

Se sugiere que el Maestro perciba claramente el Método de estas clases de valores. El Método no son las técnicas incorporadas. El Método es el hilo que conduce al niño hasta su centro inalterable, su Ser divino, su Yo real. Sin este hilo conductor, el niño sólo se quedaría en el nivel de lo mental, nunca profundizaría en el conocimiento de su Ser y en la experiencia del mismo. El Método aquí es el lenguaje elaborado que palabra a palabra, frase a frase, va llevando al niño hasta su interno. El lenguaje aquí es conocimiento surgido de lo interno que muestra al niño su íntimo interno. El conocimiento que se le da al niño mediante el lenguaje transformado en Método es conocimiento del Ser. Maestro, lenguaje y Método deben ser unísonos, armoniosos; deben estar en sintonía con el Amor del Ser; deben ser una misma cosa, una misma vibración con el Ser del niño.

El lenguaje (que es pensamiento concretado en sonido) que no surge de lo interno, es lenguaje vacío. Nada puede comunicar acerca del interno, menos aún podrá conducir al niño al centro de su Ser. El lenguaje salido de lo mental es lenguaje ordinario, lejos de estar henchido de la sabiduría del conocimiento que surge de lo interno. El lenguaje surgido de lo interno, del corazón, es lenguaje fecundo, fértil, y por el mismo hecho de surgir del Ser, está dotado de sabiduría, siempre presto a eclosionar en cada instante (por estar saturado de sabiduría, que es conocimiento del Amor que es la vida, no otra cosa), e inundar el interior del receptor con una comprensión profunda más allá de los conceptos. Este lenguaje es no conceptual traducido naturalmente a conceptos que penetran en el corazón del receptor para desvelar todo el universo de Amor (sabiduría) que encierra, y que la mente no puede desvelar. Este lenguaje es expresión del silencio. El lenguaje del silencio. Del Amor universal que encierra el corazón de cada ser humano.

Utilícese este lenguaje amorosamente; désele al niño como si fuera un exquisito dulce para que el niño pueda disfrutarlo, saborearlo en su intelecto, no con la mente.

Las técnicas son útiles que el Maestro utiliza, siempre que las precise, para hacer más asequible el Método. No son indispensables, pero pueden ser necesarias para el Maestro no familiarizado con la introspección más allá de lo mental.

El Método usado aquí, en este Programa, es una síntesis de indagación, de meditación y de concentración, que hemos denominado “auto-indagación guiada”, para facilitar al niño la progresiva interiorización y el firme asentamiento de la atención en su Ser, para luego afianzar la experiencia del Ser. Esta experiencia la percibirá el niño como algo tan nítido, que sabrá inequívocamente que es vivencia del Ser, lejos de cualquier otra experiencia.

La atención sobre su Ser es de vital importancia, pues es indicio de haber logrado establecer su concentración en el objetivo primordial del Método: reposar continuada y felizmente la atención en su Ser que ha logrado conocer como su Yo real, percibiendo desde éste (testigo inafectado) el mundo de sus territorios y herramientas que usa para desenvolverse en el mundo externo, tales como el cuerpo, la voz, los procesos mentales, las emociones, los impulsos, la memoria, etc.

Luego, el niño podrá lograr vivir en esa atención en el Ser. La etapa siguiente es la de la verdadera indagación, cuando el Ser y la atención se funden en la experiencia inequívoca de ser el Ser.

7.5. Sobre el proceso de interiorización del Maestro de valores humanos, guía del niño en su viaje interior.

       La interiorización.

El Maestro debe tener conciencia de lo que significa ser Maestro de valores humanos. El Maestro es el fiel y amoroso guía del niño hacia su Ser interior, para que éste repose firmemente en él.

Conducir al niño hacia dentro de sí mismo, para experimentar y vivir su divino interno, requiere de la experiencia previa del Maestro; o cuando menos el Maestro debe conocer profundamente el conocimiento que surge del interior para comunicarlo luego a los niños. Por lo que el Maestro de valores debe vivir en lo interno o estar alerta a cuanto sucede en lo interno para conocer qué conocimiento “se mueve” desde ese interno, y comunicarlo a los niños.

En cualquier caso, el Maestro siempre debe reposar la atención en su interno. Ésta es el trabajo sobre sí mismo del Maestro de valores humanos. Lo demás vendrá dado en ese “reposar la atención en lo interno”. Éste es el Maestro de valores humanos.

Si el Maestro de valores humanos está en el proceso del aprendizaje en el despertar interior, debe saber que éste se logra mediante un camino de interiorización, y que éste es siempre un camino hacia “dentro”, hacia el corazón, donde reside el Yo real, el Ser, el divino interno. La interiorización no es un proceso mental, aunque comience siéndolo. Aunque se inicia en la mente, desde el concepto, va dirigida hacia el no concepto, el interno, que es silencio, no mente, ser, únicamente ser, sin cualificación alguna. La interiorización, que es proceso de auto-conocimiento, de auto-indagación, comienza siendo, pues, un camino metalógico para devenir en camino intuitivo, que es comprensión no conceptual, para reposar luego en lo interno, que es silencio.

En realidad, el verdadero viaje interior no es mental. Pero se inicia la preparación en el nivel de lo mental. “Dentro” significa, pues, trascender la mente. Entonces, el camino de interiorización es un viaje de “fuera” hacia “dentro”, hasta que la diferencia entre ambos se disuelva, se diluya, quedando inequívocamente el Ser. No dentro, no fuera, sólo ser, universalidad del Ser.

       ¿Cómo iniciar este viaje interior?

El Maestro debe reposar en la “quietud del Ser” o “aquietar la mente” para dejar paso a la intuición para que ésta devenga  “silencio”, allí donde los pensamientos se desvanecen, pues sólo hay experiencia de “la sensación de ser”, de la conciencia habitando en el Ser humano, dentro. El aquietamiento de la mente conduce hacia el interior, hacia dentro, para luego vivir la experiencia inefable del divino interno, el Ser o “sensación de ser”, que es conciencia pura habitando en un ser humano.

Esta experiencia es de extraordinaria importancia en el Maestro, pues es indispensable para luego conocer cada momento del proceso de auto-descubrimiento del niño. Si la experiencia del Maestro no es plena, no importa, lo importante es percibir el proceso del viaje interior, saber que “se está en el camino”, pues este “estar en el camino” es ya suficiente para amar y desear profundizar más dentro. Este amor hará que el Maestro proyecte su amor y comprensión hacia el niño en su proceso de auto-descubrimiento, que es un proceso de auto-conocimiento del propio Maestro.

Este es el caso del proceso de interiorización del Maestro que inicia su andadura hacia el interno a la vez que el niño. Puede ser un proceso simultáneo al del niño, o dependiendo de la perspicacia intuitiva y diligencia del Maestro, éste procurará estar un paso por delante del niño, permitiéndole reflexionar y discernir acerca de las indicaciones adecuadas que deberá dar al niño en su viaje hacia sí mismo. El Maestro aquí se convierte en guía espiritual del niño, guía certero hacia el Ser del niño. Esta capacidad de racionalización y de comprensión del Maestro de su proceso y del proceso del niño hará del Maestro el acompañante ideal del niño en el auto-descubrimiento de su Ser interior.

En esta labor de guía conductora del Maestro en el proceso de auto-conocimiento del Ser real del niño, la palabra del Maestro ha de ser suave, afectuosa, dulce. Su trato será exquisitamente delicado, pues está tratando con una criatura que es, no potencialmente divina, sino divina en sí misma, en un proceso de auto-descubrimiento de su divinidad.

El Programa que el Maestro tiene en sus manos es en todo punto flexible. El Maestro debe tener la capacidad de la iniciativa y de la improvisación. Con la práctica, comprenderá que las técnicas son sólo indicativas para lograr el objetivo del Programa; descubrir al niño su Ser y establecerse firmemente en él.

Pongamos un ejemplo: después de la Meditación inicial, el Método que aquí usamos incorpora habitualmente la Frase, para que los niños en grupo debatan su significado y amplíen éste con la técnica de concentración en la que se reflexiona sobre el valor estudiado en la lección, aplicándolo en la vida diaria. Aquí, el Maestro puede improvisar el siguiente comentario aprovechando el nivel de concentración de la interiorización [1]. Así, en la primera lección de la Unidad 1ª, la Frase trata del Sol y su acción generosa sobre todas las criaturas. En la interacción de los niños se hace referencia al Sol de Amor que cada niño es, semejando su acción sobre la vida a la del Sol. Veamos una improvisación que sitúa al niño, por ejemplo, en un nivel de autosanación. Con ello se le está iniciando en el poder del Amor que el niño es, sea sanación o purificación de las emociones o pensamientos negativos, por ejemplo. Pero también se le está iniciando en el Servicio a los demás, descubriéndole su compasivo amor hacia todos los que sufren enfermedades físicas o mentales:

                Veamos:

 -“Ahora estamos ‘dentro’, en nuestro ser interior, en el Ser que en verdad somos, nuestra esencia…
“Visualicemos lo que somos: ‘un Sol pulsando en nuestro corazón’…
“Somos, en verdad, un Sol de Amor que irradia su luz desde nuestro corazón a todas nuestras células y nuestros órganos purificándolos y sanándolos…
“Ahora enviamos nuestro Amor sanador hacia todos aquellos seres que no conocemos, pero que están enfermos o aquellos que sufren en la soledad, para que sanen con la luz de nuestro Amor…
“Porque somos pura energía de Amor. Somos un Sol de Amor que sana cuanto toca; ésta es nuestra verdadera esencia, nuestro verdadero Yo.”

Es importante que el niño se familiarice con la idea “solar” de su Ser interno. En verdad que el Ser humano es un “sol de Amor” auto-luminoso. El Maestro puede insistir en esta idea hasta que los niños la reconozcan y se familiaricen.

Pongamos otro ejemplo  que refuerce en el niño la contemplación en su esencia, el Sol de Amor que es, y en la la unidad de la  vida que se deriva de la universalidad de ese Sol de Amor que reside en el corazón de cada ser vivo:

“Viviendo la experiencia inequívoca de que somos Amor auto-luminoso…,
“sabemos que somos pura energía de Amor brillando en el centro de nuestro corazón…
“Reposemos nuestra atención en nuestro ser de Amor brillando como un Sol en nuestro corazón…
“¿Qué somos? ¿Cómo nos vemos ahora que estamos visualizando nuestro ser auto-luminoso como un Sol brillando en nuestro corazón…?
“¡Somos puro Amor brillando como el Sol haciendo que todo nuestro alrededor brille con nuestra luz solar..!.

“¡Todo nuestro entorno es ahora luz brillando por la acción de nuestro Sol de Amor…!
“¡Nosotros, todos, toda la vida es ahora luz…! ¡Todos somos un único Sol de Amor brillando como mil soles, pues todo se ha convertido en un único corazón pulsando en cada uno de nosotros!
“¡Y extendemos nuestro corazón de unidad amorosa a todos los seres vivos para que toda la vida brille como un solo corazón de Amor…!
“Ahora todos somos un único Amor brillando como un Sol que ilumina todo el universo.
“La vida, el universo, se ha convertido en un Sol de Amor. Por tanto todos estamos unidos en el Sol de Amor que es la vida toda”.

7.7.  Sobre “la creación artística”

 7.7.1.

  Una reflexión a la luz de las enseñanzas de Sri Sathya Sai Baba.

Cualquiera que sea la manifestación artística que se siga, una obra de arte exige, para que sea tal, una tendencia oculta de la divinidad, dice Sri Sathya Sai Baba, “una tendencia oculta del despertar espiritual, un flujo subyacente de experiencia espiritual”.

Este comentario lo expresa Sri Sathya Sai Baba referente a una pregunta acerca del poeta y el yoga, en tanto que el yoga significa unión con lo divino.

“Sólo se es un verdadero poeta (“kavi”) si se es un yogi (aquél que se ha unido a Dios). Un hombre de meditación, un hombre de conciencia, un yogi, es un verdadero poeta”, dice Sri Sathya Sai Baba.

En el mismo discurso, Sri Sathya Sai Baba continúa diciendo que, si no se es un “yogi”, el poeta es un “rogi” (un enfermo). Si el poeta disfruta (“bhogi”, el que disfruta) de la obra de un “yogi” es un “rogi”, pero si el poeta tiene despertar espiritual es un “yogi”, si no se tiene despertar espiritual se es un “rogi”.

 “Yogi”, “bhogi”, “rogi”, son tres conceptos que Sri Sathya Sai relaciona con la poesía: el verdadero poeta, el “kavi”, es el “yogi”, aquél que tiene despertar espiritual, el hombre de conciencia, el que se ha unido a Dios. El poeta que atiende al disfrute de la obra poética es un “bhogi”, pero no un “kavi”, un poeta. El “bhogi”, al no ser un “yogi” es un enfermo, un “rogi”.

“Si disfrutas la obra, si experimentas la obra de un Yogi (del que tiene un despertar espiritual, del hombre de consciencia espiritual, del hombre con mente de tendencia filosófica o del que experimenta estados espirituales); si disfrutas leyendo esto, eres un Bhogi, el del placer.”

Este comentario implicita que el lector puede ser un hombre con despertar espiritual, y como tal nunca buscará el disfrute de la obra, sino el enriquecimiento del alma, el refinamiento del alma a través de la obra poética del “yogi”-“kavi”. Pero si el lector busca la satisfacción a través del disfrute, siempre será un “bhogi”-“rogi”.

“El despertar espiritual revelará –sigue diciendo Sri Sathya Sai Baba en el mismo contexto- la profundidad, la incomprensible profundidad de lo Supremo. Cada poeta saca a relucir lo latente, la incomprensible profundidad de lo supremo escondido en su interior. La expresión surgirá naturalmente con el ejercicio espiritual, que es absolutamente necesario”.

Aplicadas estas palabras de Sri Sathya Sai Baba al Arte en general, en sus respectivas expresiones artísticas, sólo aquél con despertar espiritual, aquél que ha profundizado en su interno, logrando comprender profundamente el conocimiento que surge del interior, es un verdadero artista, un creador, porque extraerá de sí, de “su interior”, de su “esencia divina”, “lo latente, la incomprensible profundidad de lo Supremo escondido en su interior, que no es otra cosa que el conocimiento del Ser que en verdad es.

Como breve aclaración, tal como hemos dicho en otro lugar [2], expondremos muy sucintamente la idea de que el hombre es esencialmente “Conciencia”, universal conciencia expresándose como “sensación abstracta de ser” cuando “habita” en un ser humano. Esta “sensación abstracta de ser”, o simplemente “sensación de ser”, es conciencia pura, conocimiento consciente de sí, por lo tanto podemos afirmar que el conocimiento extraído del interior, aquel conocimiento que servirá de base para la ejecución de la obra de arte, es el mismo ser, la misma conciencia plena habitando en el corazón del hombre.

Así, establecemos aquí que el arte es divino, y como tal debe surgir como conocimiento del verdadero ser del hombre, del interno íntimo, de la conciencia universal que en verdad es, expresándose en la individualidad humana, no sujeta a las limitaciones del hombre, y canalizándose tal conocimiento intuitivamente, pues la intuición es el componente humano, y al mismo tiempo, la facultad que utiliza el hombre en el despertar espiritual, no sujeta a conceptos. Los conceptos aparecen luego, para concretar la comprensión profunda que aparece de forma natural, espontánea y sin esfuerzo en el corazón del hombre.

Por el contrario, cuando el hombre no vive en el despertar espiritual, es decir, en la consciencia de que su verdadera realidad es la “sensación de ser”, entonces el conocimiento procede siempre de la mente, es conceptual, lineal, agregado a él a causa de las experiencias adquiridas a través de los sentidos –intelectuales, sensitivas, etc…-  acumuladas en su subconsciente. Éste es el hombre que cree ser la entidad psicosomática con la que se identifica.  En este caso, el hombre que se identifica con la mente, superior o inferior, no crea, sólo imita, pues su conocimiento es mental, supeditado al bagaje adquirido en su experiencia externa, (reflexiva, emocional, sensitiva, etc.). Así, el arte que surge de la mente es arte humano, imitación, como expusieron los hombres del Renacimiento europeo cuando reflexionaron acerca del arte como “imitatio Naturae”, imitación de la Naturaleza, debatiéndose si esta imitación de la Naturaleza era simple “mimesis” o “methexis”, si se trataba de la imitación por la imitación o si en la imitación el artista se “implicaba” en el proceso de la obra de arte.

 Podemos establecer, entonces, las siguientes secuencias:

-Creación-divina-intuición
-Imitación-humana-mente

 Siguiendo nuestro discurso acerca de la creación, podemos afirmar que en la expresión artística, como en el proceso de la creatividad del niño al que se le conduce al conocimiento del Ser, mediante un proceso de interiorización, no puede haber disfrute; por el contrario, hay “comprensión profunda el conocimiento que surge del interior”, hay dicha del alma, pues quien ha llegado a conocer su interno, la “sensación de ser”, vive reposado en ella, más allá de los sentidos y de la mente, origen de las facultades sensitiva y metal del hombre. Sí hay revelación del conocimiento de lo interno, de la “sensación de ser”, del divino ser que es el hombre que se sume en la actividad creativa, como creador o como contemplador de la misma. Hay revelación de la incomprensible profundidad del Ser, de lo divino interno. Hay verdad, pues el Arte con mayúsculas es expresión de la Verdad del hombre. Pues cada “creador” saca a relucir lo latente de sí, lo Supremo escondido en su interior. Esta revelación que exterioriza es el divino conocimiento del Ser, es el Ser mismo, la Conciencia expresándose a sí misma, de forma natural, como lo hicieron los místicos y aquellos que trascendieron el propio proceso místico, luego de la trascendencia de lo humano, de la dualidad en la que vive el hombre que ignora la universalidad de su Ser. No hay aquí, en esta revelación de lo divino, nada mental, sólo el uso de los conceptos para expresar lo inefable que vive dentro del hombre, su esencia, la “sensación de ser”.

7.7.2.

 ¿Qué es una actividad creativa?
¿Qué es la creación?
¿Qué es la imaginación?
¿Qué diferencia existe entre creación e imaginación?
¿Qué es el arte?
¿Cómo debe el Maestro conducir las actividades creativas, o una clase de arte, cualquiera que sea su dominio?

Iniciemos nuestra reflexión sobre el concepto de “actividad creativa” partiendo del examen de dos conceptos hartamente manidos en el ámbito escolar cuando se trata de “actividades creativas”: “creación” e “imaginación”. Luego examinaremos el concepto “imitación” que es confundido en el mundo del arte con “creación”

Ambos conceptos, creación e imaginación, se perciben incluidos en la expresión “actividad creativa” (u otra similar que denote la idea de creatividad) cuando la actividad se refiere a trabajos manuales, pintura, modelado, creación poética, etc., en las que predomina, entre otras facultades mentales, la imaginación, junto a la asociación de ideas, de colores, composición de objetos, etc., confiando en que “imaginación” y “creación” son inseparables, tan estrechamente ligadas que, por ejemplo, la “creación” no podría concebirse sin la “imaginación”.

Una mirada atenta a ambos conceptos nos situará en dos espacios diferentes: la creación en el ámbito de la intuición, y la imaginación en el ámbito de la mente.

Respondamos previamente a las preguntas ¿qué es la intuición y qué es la mente? “Intuición” y “mente” son dos niveles, dos componentes del Ser humano para conocer, uno, la intuición, el mundo de “lo interno”, aquello que “es” el Ser interior, la conciencia que en verdad es el hombre, en donde nada aparece, nada acontece, pues sólo “es”, sin cualificación, sin atributos. La intuición no usa del concepto para “conocer” o “comprender” lo que “es dentro”, en el interior del hombre, en el centro de su  verdadero ser, por tanto no precisa del pensamiento para “saber” o “conocer” o “comprender” el conocimiento que mana del interior del Ser humano. Tal vez la forma verbal que deba usarse aquí sea “comprender”, porque se aproxima más a lo que queremos expresar; pues de eso se trata, de “comprender” el conocimiento que “hay” dentro, el conocimiento del Ser, de la conciencia, de lo divino interno. Tal “comprensión” se produce de forma natural, espontánea, completa (no sería apropiado el término ‘global’ que denota extensión y variedad de algo), no sujeta a la segmentación de los procesos mentales, o de un enunciado; por tanto este “comprender” intuitivo del conocimiento que mana de lo interno es no-lineal y es no-segmentado, es completo “hic et nunc”, no tiene extensión ni puede dividirse en datos o elementos varios. Este “conocimiento” que surge del interior “aparece” como una comprensión profunda, localizada, según la tradición de sabiduría, junto al corazón físico, en el lado derecho, en el corazón espiritual. Luego, “conocido” el conocimiento que ha “surgido” espontáneamente en el “corazón espiritual”, aparece la otra “comprensión que es conceptual”, que es conocimiento racional, mental. Lo no-conceptual que aparece como una comprensión intuitiva completa de aquello que se conoce –usando el símil- como un punto que eclosionara, y en ese mismo instante sin tiempo que transcurriera se diera a conocer en completud “todo un universo significativo” extraído de ese punto inicial, o como una nota inicial que se desarrollara, en el mismo instante en el que se produce como sonido, sin más extensión que el de la propia nota, como una sinfonía, entonces, lo no-conceptual deviene conceptual en el plano mental, apareciendo un discurso “del conocimiento no discursivo” que “apareció” en el nivel intuicional de forma espontánea, natural, sin esfuerzo, sin “previo aviso”.

La intuición de la que hablamos no es la intuición científica o la filosófica o la artística, pues éstas son vislumbres, aproximaciones a la comprensión intuicional de la que hablamos. Ésta es una intuición mística, captada en ese nivel superior al mental, el nivel de la intuición o del intelecto -que también toma este nombre en la tradición mística occidental-, que está conectado directamente con el Ser interior, el hombre real, el hombre divino, y es, por tanto, el receptáculo, el nivel que percibe directamente del Ser interno el conocimiento que ahí reside, porque el Ser interno, la conciencia es “puro conocimiento de sí”, “conocimiento de la totalidad del Ser universal que es todo cuanto existe en el universo. Porque el Ser del hombre no es individual es ser universal habitando un cuerpo-mente en un proceso de auto-descubrimiento de la plenitud del Ser que es. Es por lo que el hombre “puede” “saber de sí”, “saber de su realidad universal”, “saber lo que en verdad es”, “saber la completud del Ser universal que en verdad es”, en un instante y trasmitirlo en lenguaje, conceptualmente. Este conocimiento “aparece” en el nivel de la intuición de forma –como venimos diciendo- natural, y se desliza luego al novel mental para poder ser expresado de forma discursiva en poesía (San Juan de la Cruz, Ibn Arabí, al-Hallah, al-Kabir), o de forma pictórica (Giotto, El Greco, Il Veronese, Rafael Sanzio, Leonardo Da Vinci, Zurbarán), o de forma escultórica (Miguel Ángel), o de forma arquitectónica (Gaudí). El hombre de despertar espiritual es el hombre sabio, el hombre de alma refinada, que conocemos en todas las tradiciones culturales como ejemplos de refinamiento de alma o de perfección humana.

Las doctrinas místicas y espirituales de Oriente son muy explícitas y prolijas respecto de estos dos niveles o componentes del Ser humano y de la naturaleza real del mismo.

El otro componente implicado en el conocimiento humano es la mente, usada para conocer conceptualmente el mundo objetivo, el mundo externo, incluida en este conocer “lo externo”, la mente misma, pues externa al hombre es la mente. Este conocimiento es racional, discriminativo, lineal, sujeto a la segmentación, parcial e incompleto. Es el conocimiento que usa la generalidad del colectivo humano, identificado con el componente psicosomático (mente-cuerpo), olvidándose de su verdadera naturaleza, que sólo es posible “conocer” en un primer acercamiento, intuitivamente, aunque la mente, usada correctamente puede ofrecer un conocimiento “racional” aproximativo de lo divino interno, o del conocimiento del Ser interior, siempre que el discurso racional sea dirigido correctamente “dirigido” desde la facultad intuitiva de discernir, pues de este modo la mente  entra en contacto con la intuición, siendo guiada por ésta, pero no logrará nunca aprehender el Ser en completud.

Podríamos establece una correlación de dentro a fuera: ser interior (conocimiento puro, pura conciencia) intuición (comprensión profunda del Ser interior, no conceptual y completa) mente (conocimiento racional, discursivo y segmentado).

Es la intuición la que comprende “comprehensivamente, en completud, el Ser interior, pero no puede experimentarlo en esta comprensión intuitiva. Para experimentar y “conocer” el Ser real del hombre hay que dar un paso más y vivirlo más allá de todo conocimiento, racional e intuitivo. Aquí, en lo interno “conocer” es “ser”, pues conocimiento puro es el Ser.

La intuición acerca al hombre a la sabiduría, que es conocimiento del Ser, ilimitado. La mente al conocimiento externo, racional, limitado. Y sólo es ser tiene el poder de crear, como acto de pensamiento puro, expresión del conocimiento-que-es-ser). La mente sólo se acerca a imaginar el acto de crear del Ser.

Así, la creación es divina, la imaginación es humana. La creación es dentro, la imaginación es afuera. Tal es el hombre real, interno, dentro. El hombre imaginado, soñado, es externo, fuera,

Podemos afirmar entonces que la intuición se relaciona con la creación, mientras que la mente se relaciona con la imaginación. La creación surge directamente de ser interior, que utiliza la intuición para “llevar el conocimiento” de dentro a fuera mediante una comprensión de ese conocimiento que es inherente al hombre, pues “está dentro”, o mejor: “es” siempre. Y este conocimiento interno “sale hacia fuera” a través de la mente para hacerlo comprensivo mediante el lenguaje verbal o cualquier otro lenguaje artístico. Así, esta “comprensión no conceptual” se realiza mediante la intuición. Es aquí donde hay que situar el universo de la creación. Por tanto, para que haya creación es preciso que la actividad surja “dentro”, ofreciéndose desde dentro ese conocimiento del Ser que luego se transformará en obra de arte. Entonces, se precisa que el conocimiento que tendrá como base la creación surja “dentro”, desde el corazón, desde el Ser interior, desde la esencia del hombre, del divino interno. Por eso se dice que la creación es divina, mientras que la imaginación es humana. Y es humana porque se da en el nivel exterior, en el plano donde el hombre, por desconocimiento de su verdadera realidad, se sitúa, identificado con los procesos mentales, el mundo de la imaginación, de las fantasías, de las emociones, etc. En realidad, todo este mundo procedente en el hombre del componente psicosomático es externo a él, aunque el hombre vive identificado con este mundo sin fundamento “real”, porque real es el mundo del Ser interior, de lo divino del hombre.

Establezcamos entonces las correlaciones siguientes: intuición-lleva-a-la-creación-porque-procede-del-centro-del-ser-del-hombre mientras que la mente-lleva-a-la-imaginación-porque-procede-de-lo-externo-del-hombre.

Además, desde la imaginación no hacemos otra cosa que “imitar” aquello que hemos percibido a través de los sentidos. Por lo que imaginación e imitación va unidos. Una y otra pertenecen al plano de la mente, por lo que no deben considerarse relacionados con la creación, aunque desde el Renacimiento europeo se venga estableciendo tal relación. La creación es aquella manifestación artística que surge como conocimiento del yo real del hombre. Mientras que la imaginación está basada en la imitación.

A este respecto Sri Sathya Sai Baba establece una precisión importante al hablar de la poesía y su relación con el proceso espiritual:

“Sea cual sea la obra, sea cual sea la documentación, o lo que podéis escribir, tiene que haber una tendencia oculta de la Divinidad. Una tendencia oculta del Yoga. Una corriente oculta del despertar espiritual. Tiene que haber una corriente subyacente, un flujo subyacente de experiencia espiritual.”

Y en el mismo contexto dice:

“El despertar espiritual revelará la profundidad, la incomprensible profundidad de lo Supremo. Cada poeta saca a relucir lo latente, la incomprensible profundidad de lo supremo escondido en su interior. La expresión surgirá naturalmente con el ejercicio espiritual, que es absolutamente necesario”.

¿Qué es el Arte, entonces, a la luz de esta reflexión? Extrapolando al Arte en general estas palabras de Sri Sathya Sai Baba sobre el poeta y la expresión poética, podemos definir el Arte como la expresión genuina que surge de forma natural con el ejercicio espiritual, absolutamente necesario, que revela la incomprensible profundidad de lo Supremo, en la que el artista, el creador, saca a relucir lo latente, la incomprensible profundidad de lo Supremo escondido en su interior.

 7.7.3.

 ¿Cómo debe el Maestro conducir las actividades creativas, o una clase de arte, cualquiera que sea su dominio?

Si la creación es una actividad que surge desde el interior del Ser humano, el Maestro debe tener presente dos aspectos, uno, el suyo propio, en tanto que debe llegar a la clase de valores humanos “recogido” en su interior.  Este recogimiento ha de ser una práctica habitual en el Maestro de valores humanos, ya que ser Maestro de valores humanos exige una vida recogida en sí misma en una continua indagación acerca de sus ser , de su verdadera realidad, del Yo divino que es.

El Maestro de valores humanos es aquél que vive en la presencia del Ser interior. Es uno con su yo interior. La mente (y todo el componente psicosomático) es sólo un instrumento para conducir la energía del divino interno en el mundo físico, interactuando con la vida de forma que toda su actividad sea expresión de su yo interior explicitada mediante los valores humanos universales. En todo momento, el Maestro de valores humanos será un ejemplo de Verdad, de Rectitud, de Paz, de Amor, de No violencia. Un ejemplo de virtud esplendiendo en cada pensamiento, palabra y acción. Un ejemplo de integridad y de coherencia con lo que da a conocer a sus alumnos.

El otro aspecto, está relacionado con cada uno de los niños de la clase de valores.  El Maestro de valores humanos tendrá presente en cada momento el proceso de interiorización de cada niño. De cómo va reposando su atención en su interior y auto-descubriéndose de forma natural y progresiva el Ser divino que es. De cómo va atendiendo a su divino interno más intensamente cada paso que da hacia dentro de sí. De cómo, dentro, reposa firmemente en el Ser que ha descubierto que es y se establece en él sabiéndose uno con él.

Esta facultad de percibir los procesos internos de niños se logra como consecuencia del desarrollo de la intuición y de la seriedad, sinceridad e intensidad con que el Maestro de valores humanos decide realizar su interiorización, su incursión hasta el centro de su Ser. Es una “mirada atenta y firme, mas suave y dulce”  a lo que “sucede dentro de sí”, porque si no logra “percibir” su interno (no ya establecerse en él, que llegará con el mismo proceso de auto-conocimiento), de ninguna manera podrá “percibir” qué sucede dentro de cada niño”. Es una “mirada” del Maestro hacia el interior del niño en la que en ese momento se recibe toda la “información” de su proceso interior. Con la práctica el Maestro tendrá en cada momento “toda la información” de cada niño y de todos lo niños a la vez.

Por tanto, el Maestro de valores que diseña y realiza una actividad creativa, debe estar en ese “punto interior” en el que se percibe el interior del niño, debe reposar su “atención” en el suave movimiento interior del niño que “progresa en dirección hacia su centro” (en otro lugar expondremos qué significado tiene esta atención en el proceso de interiorización y de auto-conocimiento). Por que la creación mana como agua clara de la fuente lo interno del Ser humano, es por lo que el Maestro debe atender a la corriente de agua clara del conocimiento que el niño está teniendo de sí mismo, para así guiar certeramente (al principio de las clases de creatividad, o siempre que lo requiera alguno de los niños) el proceso de creatividad del niño.

La atención del Maestro en su Ser, le proporcionará una dosis de paz, amor, dulzura, delicadeza, confianza de sí, discernimiento, etc., para que la clase de creatividad sea fértil y exitosa para los niños. El Maestro de valores humanos, en las clases de creatividad, ha de ser uno con la creatividad, es decir, uno con ese conocimiento que surge del interior y se explicita fuera en forma de creatividad. Pero ha de ser uno con cada niño y con todos a la vez. Y con los procesos creativos de los niños. El Maestro de valores humanos, en cada momento de su vida, ha de ser, simplemente ser. Lo demás ocurrirá según los designios del Ser.

 

 

NOTAS

[1] Es importante este nivel de concentración, pues a veces puede devenir en contemplación, paso previo a la iluminación, como contemplan los tratados de mística,

[2] ¿Qué es el hombre?”, en: EDUCARE, Taller de auto-indagación.

13 diciembre, 2015Permalink