¿Qué es EDUCARE? (2)

LA TRADICIÓN DE SABIDURÍA Y LA EDUCACIÓN EN LOS VALORES HUMANOS UNIVERSALES
(CHIHUAHUA, mayo de 2005)

 

EDUCARE, la Educación en los valores humanos universales.

Recordemos de nuevo las palabras de Sathya Sai Baba: “La Educación tiene dos aspectos: el primero está relacionado con la educación externa y mundana, la cual no es nada más que adquirir conocimiento libresco. En el mundo moderno, hallamos mucha gente muy versada y altamente calificada en este aspecto. El segundo aspecto, conocido como ‘Educare’, está relacionado con los valores humanos. La palabra ‘Educare’ significa extraer aquello que está adentro. Los valores humanos, a saber, Sathya, Dharma, Shanti, Prema y Ahimsa (Verdad, Rectitud, Paz, Amor y No Violencia) están ocultos en cada ser humano. Uno no puede adquirirlos del exterior; tienen que ser extraídos de nuestro interior. Pero como el hombre ha olvidado sus valores humanos innatos, es incapaz de manifestarlos. ‘Educare’ significa extraer los valores humanos. ‘Extraerlos’ consiste en transformarlos en acción.”

EDUCARE es entonces conocimiento, desarrollo y manifestación de los valores humanos inherentes al hombre. En verdad puede decirse que la esencia del ser humano son los valores humanos universales. El hombre nace al mundo con ellos y con ellos se va del mundo. Por tanto, son valores humanos universales, para todos los hombres y para todas las culturas. Los valores humanos es lo que permite que la Humanidad sea una sola familia, una unidad en sí misma expresándose en una diversidad extraordinaria que, en esencia, queda reducida a la unidad que es concretada en la universalidad de los valores humanos inherentes a cada ser humano. Y son los valores humanos lo que permiten definir al hombre como ser humano y reconocer a la Humanidad como tal. No podemos buscar los valores humanos fuera del hombre, como no podemos buscar la cualidad líquida del agua fuera del agua. Así el valor de la vida del hombre, y de la Humanidad en toda su completud, radica en los valores humanos y en la universalidad de los mismos. Sin ellos ni el hombre ni la Humanidad pueden ser reconocidos como tales.

Todas las tradiciones de sabiduría coinciden en la idea de que la verdadera naturaleza del ser humano es la “Felicidad” que en algunos textos culturales de Oriente y de Occidente se ha definido como “Paz interior”, y se expresa cuando el hombre ha conocido, desarrollado y cultivado los valores humanos universales, que son innatos en el hombre. Estos conceptos de “paz interior”  y de “Felicidad” suprema, han servido de alguna manera para definir la esencia del ser humano, para resumir los valores o cualidades que definen esa naturaleza inalienable, innata al hombre desde su nacimiento, que debe proteger y explicitar a lo largo de su existencia terrena. El verdadero propósito del nacimiento del hombre es en verdad conocer su esencia y transformarla en vivir cotidiano.

Nuestra afirmación se basa en la identificación del hombre con los valores humanos universales. Tal vínculo obligado entre el hombre y los valores humanos establecerá un punto de encuentro entre lo humano y su esencia pacífica y feliz.

El rito de paso de lo humano hacia la “Felicidad” o la “Paz interior” es, entonces, el conocimiento, desarrollo y explicitación de los valores humanos universales. Hablar de “Felicidad”, de “Paz interior”, de “valores humanos universales”, o de “lo Divino expresándose en lo humano” según la tradición vedántica india, es hablar también del conocimiento por el cual el hombre descubre su verdadera naturaleza y la expresa en su vida diaria.

Es el cultivo de los valores humanos universales lo que ha permitido a aquellos hombres que en Occidente han sido conocidos por lograr la perfección humana. Los nombres de Pitágoras, Sócrates, Séneca, Eckart, Tomás Moro, Fray Luís de León, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Madre Teresa de Calcuta, y muchos otros,  que suenan en la mente del hombre occidental como ejemplos de virtud y bienaventuranza, expresiones que son del logro de la perfección humana, o de la aspiración absoluta de la misma. También recordamos nombres del Oriente que han experimentado las cualidades mencionadas: Sankara, al-Hallaj, al-Rumi, Gñanesvara, Kabir, Ramakrishna, Gandhi, y otros muchos cuyos nombres sería inútil destacar por ser extraños y desconocidos para Occidente.

Pero es en Oriente donde encontramos fuertemente arraigada la idea de la  naturaleza pacífica y feliz del hombre, aunque la cultura del antiguo Occidente también la proclama en algunas ocasiones como la única aspiración a la que el hombre debe dirigir toda su atención y esfuerzo. Tal proclamación de la naturaleza feliz y pacífica, y por tanto divina, del hombre, ha sido, pues, una constante en la historia de la Humanidad; si bien ha pasado inadvertida en determinados momentos históricos, por causa de una cultura sometida por cierto dominio de la razón empírica. Sin embargo, en todas las culturas en las que se ha destacado la naturaleza feliz y pacífica del hombre, ésta ha sido manifestada siempre mediante la asunción de determinadas cualidades que podemos hacer coincidir con los valores humanos universales de los que habla la tradición de sabiduría oriental: Verdad, Rectitud, Paz, Amor, No violencia. La misma tradición oriental expresa que estos valores son la expresión de la “virtud”, cualidad de la esencia divina del hombre. En la época del Renacimiento europeo se ensalzó la “virtud” como la cualidad de perfección por excelencia.

Vivir en la “Felicidad” o en la “Paz interior”, que nosotros destacamos como la naturaleza real del hombre, sería, entonces, el resultado de la experiencia de quienes han logrado expresar la perfección; es decir, tales cualidades serían la expresión final y el resumen en el hombre del desarrollo y cultivo de los valores humanos universales, inherentes al hombre mismo, que son la esencia de su naturaleza pacífica y feliz.

Sri Sathya Sai Baba escribió las siguientes palabras:

“La paz nos es connatural. Sin paz no hay vida. Esta paz, que es la naturaleza propia del hombre, nace del Amor. Es lo que da fragancia a la vida.”

Esa fragancia surgida del Amor es el sabor de una vida vivida en plenitud. Es el hombre mismo que ha conocido qué es y cómo vivir siendo lo que es.  Los valores humanos universales son, pues, en esencia, rectamente entendidos, esa fragancia, el sabor de la plenitud del ser del hombre.

Así, el hombre no es ajeno a los valores humanos universales (o básicos o esenciales, como también han sido llamados en algunas tradiciones orientales) Verdad, Rectitud, Paz, Amor, No violencia. Éstos constituyen su naturaleza, aquello que es divino en el hombre, dice la tradición de sabiduría oriental.  Son universales, para todos los pueblos y culturas, sin exclusión, pues siempre han estado presentes en el hombre, en todo su proceso evolutivo.  Por tanto no hay que buscar los valores humanos universales fuera  del hombre. Son consustanciales al hombre mismo. ¿Cómo podrá, entonces, definirse el hombre sin la referencia a los valores humanos universales? De  otro modo no estamos conociendo qué es el hombre.

Por esta razón nuestra propuesta de valores humanos universales, base inexcusable de la transformación del hombre y de la Humanidad, exige dos  cosas necesarias hoy, por urgentes: 1) definir los valores humanos en relación con el hombre y su naturaleza para redescubrirlo en el ser total que es; y 2) proyectar un mundo individual y social en virtud del redescubrimiento de la naturaleza real del hombre. La primera exigencia nos lleva ante la necesidad de “pensar” una Educación basada en los valores humanos universales. La segunda exigencia nos sitúa ante la urgencia de una cultura global que esté definida por su carácter humanista, de integración y universal, estableciendo el principio de unidad como eje vertebrador de la misma.

Nosotros pensamos que es el universo educativo de EDUCARE es el ámbito “natural humano” para lograr el despegue definitivo mediante el cual el hombre descubra y realice su verdadero ser, individual y colectivamente, descubriéndose la plenitud de la Unidad universal que esconde como potencial a desarrollar en su interno, y vivir consecuentemente conforme a tal descubrimiento, pues el hombre, la Humanidad, no es otra cosa que la Unidad universal de la vida expresándose en una extraordinaria diversidad de nombres y de formas que apuntan hacia el ser único que lo anima.

 

9 marzo, 2014Permalink