¿Qué es EDUCARE? (3)

 

EDUCARE: el proceso educativo y la formación del carácter.
(CHIHUAHUA, mayo de 2005) 

 

A través del proceso educativo, el ser humano debe descubrir su verdadera naturaleza y proyectarla hacia el exterior mediante las cualidades que hemos denominado “valores humanos universales”. Esta exteriorización de la naturaleza real del hombre se logra  mediante la formación del carácter que los hará posibles en la vida cotidiana.

¿Qué es el carácter? El carácter es el potencial de plenitud universal que el ser humano lleva impreso en su interior desde su nacimiento y que debe desarrollar y expresar en su vivir cotidiano. El desarrollo del carácter va unido, pues, al desarrollo de los valores humanos universales.

Por tanto el carácter debe entenderse como el desarrollo y la explicitación de lo innato del hombre, de su verdadera naturaleza, del potencial de plenitud que almacena dentro, los valores humanos universales. Así, la importancia de la Educación se revela al ser ésta el ámbito en el que se da a conocer al educando, desde su más tierna edad, su verdadera, feliz y pacífica naturaleza, que él expresará mediante los valores humanos universales; y al tiempo que progresivamente se la ayuda a desarrollarlos, formar un carácter acorde con tal naturaleza, a través de un programa educativo destinado a tal fin. Mediante este programa se irá formando el carácter del niño al mismo tiempo que desarrolla los valores humanos universales, que –como venimos diciendo- son cualidades mediante las cuales expresa el ser humano la plenitud del ser que le es inherente.

Por consiguiente, los valores humanos universales son las cualidades que permite expresarse al ser humano “esencial y verdaderamente humano”, por lo que el hombre no tiene que buscarlos fuera de sí mismo. Es la energía divina que radica en su interior y que, una vez conocida y experimentada, el educando la expresará de forma “natural” como los valores humanos universales al interactuar con sus semejantes y con el entorno de vida que lo circunscribe . Conocer y desarrollar la plenitud del ser que es le innato es lo que los tratados de sabiduría de Oriente denominan “Conocimiento supremo” o sabiduría.

El conocimiento externo, libresco, ha conducido a la Humanidad a vivir dividida, en continuo conflicto, deshumanizada, de forma antinatural para el hombre. Habiendo nacido como hombre, ¿qué ha ocurrido con su humanidad? ¿Qué del humanismo? ¿Qué ha sucedido con la compasión y la amabilidad? El amor y la no-violencia, la paz mental, el sacrificio y la rectitud, ¿qué ha pasado con todas estas cualidades? El hombre ha olvidado que la amabilidad sólo entiende de amabilidad, la compasión sólo de compasión, el odio sólo de odio, la división sólo de división. Nacer como seres humanos significa comportarse como seres humanos y compartir lo humano, los valores humanos universales, la esencia del hombre, con sus congéneres. Practicar los valores humanos universales es la actividad más esencialmente humana, es el verdadero humanismo más allá de la ideologización del término, es vivir en lo “natural humano”. Difundir y disfrutar tal práctica es el mayor bien que podemos hacerle a la humanidad. Este Conocimiento de la esencia del ser humano, la verdadera Educación, la sabiduría, el Conocimiento del Ser Supremo, del Sí Mismo, es el universo educativo de EDUCARE.

Este saber o Conocimiento acerca de la esencia del hombre constituye en Oriente la meta de sus sistemas filosóficos. Conocer lo que en esencia es el hombre conduce a la adquisición de la sabiduría. Pero como ya hemos expresado anteriormente, la sabiduría no es un Conocimiento que se adquiera con información libresca, externa. Su adquisición se logra una vez que se le posibilita al educando (al ser humano) tal Conocimiento liberador en el proceso educativo, y en su desarrollo se le formará en un carácter derivado de dicho Conocimiento y la expresión de su fructificación en la vida cotidiana expresando en todo momento los valores humanos universales. Ésta es una experiencia de un Conocimiento de la totalidad de cuanto uno es y de cuanto existe; un Conocimiento de la completud del ser universal que cada ser humano es.

Este Conocimiento es el que nos proporciona al hombre el Conocimiento de Sí Mismo en unidad con la Vida Universal que permea todo el Cosmos. Luego este Conocimiento, con mayúscula, y los valores humanos universales, puede decirse que son la misma cosa, y los podemos identificar a ambos con la naturaleza real del ser humano. Por esta razón decimos que la Educación debe conducir a la sabiduría, al conocimiento del ser real del hombre, para éste se exprese en su vid diaria mediante los valores humanos universales .

¿Y cómo se consigue el conocimiento y desarrollo de lo que es inherente al hombre? Recordemos las palabras de Sri Sathya Sai Baba: “La educación es como agua insípida, Educare es como el azúcar. El mero agregado de azúcar al agua no la vuelve dulce. Sólo cuando se la revuelve, el azúcar se mezcla con el agua volviéndola dulce. El corazón es el vaso, la divinidad es el azúcar y la educación secular es el agua insípida. Con la inteligencia como cuchara y la indagación como el proceso de revolver, experimentamos la divinidad que todo lo penetra. Esa es verdadera sabiduría, la que nos permite reconocer la unidad de toda la creación.”

Inteligencia e Indagación son los instrumentos con los que debemos elaborar la estrategia y la metodología  para lograr extraer hacia fuera lo que es interno en el educando, porque hayamos elaborado un programa educativo adecuado para tal fin.

De este modo, cualquier programa que se diseñe para que el educando “descubra” lo que en verdad es y lo transforme en práctica diaria, necesita que esté conducido desde el uso correcto de la inteligencia y de un método que le permita la auto indagación, para que desde tal estrategia educativa le conduzca hasta el centro de sí mismo, y desde ese centro, descubra su inherente Ser universal. Luego qué fácil y natural se expresarán  valores inherentes a su verdadera naturaleza.

Entonces el proceso educativo debe consistir en este conocimiento de la prístina esencia del hombre. Antiguamente, como hoy día sucede en el subcontinente indio, las sucesivas etapas educativas le venían dadas al educando desde la vivencia consciente de ese genuino proceso mediante el cual descubría y desarrollaba aquellas cualidades, los valores humanos universales, que él mismo iba “reconociendo” que eran inherentes, consustanciales a esa verdadera naturaleza que le era propia, suya, consustancial. Así se iba desarrollando el carácter genuino del educando. En esto consistía la formación del carácter del niño, desde el conocimiento, el desarrollo y la ejemplificación en la vida diaria de estas cualidades inherentes a su naturaleza. Las siguientes palabras son de Sri Sathya Sai Baba:

“Deseo que a partir de hoy, nuestros estudiantes desarrollen buen carácter, promuevan un buen comportamiento y cultiven las buenas cualidades.  Pueden tener todo en la vida pero si no tienen carácter, entonces todo será un desperdicio.  El fin de la educación es el carácter.  Sin carácter, la educación es inútil. Cada estudiante debe brillar como un hombre de atildado carácter.  Su habla debe estar llena de dulzura, pureza y sabiduría.”

Estas cualidades que el educando debe reconocer como consustanciales a su naturaleza son los valores humanos universales, pues están en todos los seres humanos y se han manifestado en todas las tradiciones culturales. Y aunque son numerosos los valores humanos que el hombre puede expresar, podemos resumirlos en cinco valores, Verdad, Rectitud, Paz, Amor, No violencia.

Si los valores humanos son cualidades universales inherentes a cada ser humano, esto quiere decir que lo que nos une a todos los hombres es esa esencia divina que radica en el interior y que de cada ser humano la expresa como los valores humanos universales, siempre que haya recibido una educación que le permita llegar hasta el centro de su Ser. Los valores humanos universales son esa esencia y naturaleza real del hombre, lo que da unidad a la Humanidad, lo que hace que la Humanidad sea una unidad expresándose en una extraordinaria diversidad de razas, culturas y formas diversas de ver y comprender el mundo. La universalidad de los valores humanos es, entonces, lo nos permite definir al colectivo humano como una unidad, y en la unidad no caben las exclusiones.

 

9 marzo, 2014Permalink