¿Qué es EDUCARE? (1)

EDUCARE, un universo educativo en la tradición de sabiduría.
(CHIHUAHUA, mayo de 2005)

 

EDUCARE ha de entenderse como el conocimiento que descubre al educando (y al hombre) su verdadera esencia y le devuelve su naturaleza pacífica y feliz. Porque eso el hombre es, esencialmente, paz interior y felicidad plena.

Esta definición de Educación no es nueva. De hecho, el término EDUCARE que aquí utilizamos es el mismo con el que la cultura latina ya definía la Educación: “educare” (ex-duco), que significaba ‘conducir de dentro a fuera’. ¿Pero qué es lo que la cultura latina quería expresar con tal definición etimológica? ¿Qué es lo que había que sacar de dentro para llevarlo fuera? Para la cultura latina, y para la anterior a ésta, la griega, el hombre era la expresión acabada de la energía universal manifestada, que todo lo impregnaba y permeaba. Esta energía armoniosa (macrocosmos), omnipresente y plena, se manifestaba en cada individualidad (microcosmos), que debía descubrirse, en un proceso de auto conocimiento (auto descubrimiento), como la plenitud universal que en verdad era. Esta idea del hombre fue transmitida en el mundo occidental por el neoplatonismo medieval europeo, que se extendió, vinculado al aristotelismo, como el primer humanismo cristiano en época ya del Renacimiento, de claras resonancias helenísticas. La Educación debía entonces descubrir al educando su naturaleza inherente y conducirlo a la expresión de la completud del ser feliz y pacífico, pleno, que se entendía que era.

Esta Educación, que conducía al hombre al conocimiento de sí mismo, se perdió con el racionalismo del siglo XVII, olvidándose desde entonces la idea del hombre como expresión potencial de la completud del Cosmos. Tal pérdida arrastró consigo la idea de una visión humanista del hombre y del mundo. La tradición cultural de Occidente rompió de esta manera con la tradición de sabiduría que la conectaba con la antigüedad clásica grecolatina y con los sucesivos humanismos posteriores incorporados a nuestra tradición occidental desde el pensamiento cristiano, hasta la Edad Moderna.

Para la tradición de sabiduría del mundo occidental, pues, la Educación era el Conocimiento que conducía al ser humano a la sabiduría. La sabiduría fue definida en la Antigüedad clásica occidental como aquel Conocimiento que conduce al hombre al conocimiento de sí mismo. “Conócete a ti mismo”, se leía en el frontispicio del templo de Apolo en la Delfos. Sócrates, como ejemplo más concluyente del  pensamiento helenístico, expresó nítidamente que la plenitud del conocimiento al que aspiraba el hombre le era innato; sólo tenía el discípulo que encontrar un maestro que conociera la verdad y lo condujera, con un correcto método, hasta lo más profundo de su ser, y así, de esta manera, lograra “llevar” al exterior lo que había descubierto dentro, a través de más o menos complejos procesos mentales, en esa incursión hacia lo interno de sí.

Pero esta concepción de la Educación no era privativa del mundo occidental. La compartía (y aún la comparte hoy) también la plural tradición cultural de Oriente en su tradición de sabiduría. Para Confucio, coetáneo de Sócrates, por ejemplo, sólo la sabiduría conduce a la acción correcta, que es expresada en todo momento por aquél que es “verdaderamente un hombre”, aquél que situado en el centro de su ser “logra asir la virtud” aferrándose a ella tenazmente. “Virtud”, “sabiduría”, son conceptos que en el pensamiento de Confucio pueden ser relacionados únicamente con el hombre que ha logrado la cima de su desarrollo potencial, es decir, la sabiduría, que equivalía a nuestra idea occidental de perfección.  Pero también Confucio deja bien claro que el sabio no podría reconocer y adquirir esas cualidades si no le fueran innatas. Sólo tiene que descubrirlas y desarrollarlas, y esto era labor de la Educación. La vinculación de esta idea con la idea de la reminiscencia socrática es bien clara.

“Conocerse a sí mismo” era profundizar en la verdadera naturaleza del hombre y establecerse firmemente en ella, en lo que en verdad es el hombre, en su prístina esencia. Además, “sólo cuando una persona educada mira hacia adentro podrá tomar conciencia del verdadero significado y filosofía que subyacen a la Educación”, dice en nuestros días Sri Sathya Sai Baba. Así, la Educación, rectamente entendida, debiera pensarse como aquel ámbito del conocimiento que proporcionara el conocimiento y las herramientas que permitan al educando, al hombre, descubrir su prístina esencia. Y esto no es posible sin un camino, un método claro, que le lleve al centro mismo de su ser. Identificado con sus procesos mentales, sus emociones y su cuerpo, el hombre ha perdido la referencia de lo interno, de lo que en verdad es, de su conciencia, de su naturaleza pacífica y feliz. Volver a conectar con esta naturaleza pacífica y feliz es la meta de la Educación.

Por tanto, en estos momentos de confusión y deshumanización que todo el colectivo humano vivimos, en los que el hombre ha perdido toda referencia sobre la realidad de su ser, la Educación debe devolver al hombre la coherencia y racionalidad abierta suficientes para situarlo ante la comprensión de lo que en verdad es. Y esto sólo puede lograrse si devolvemos a la Educación su meta: responder a la pregunta “¿quién soy yo?”, “¿qué es el hombre?”.

Sólo cuando un hombre se conoce a sí mismo, puede decirse que es “educado”. Un hombre verdaderamente educado puede ser calificado de hombre sabio. Por tanto, podemos afirmar que para el mundo antiguo, es decir, para la tradición de sabiduría oriental y occidental, la Educación era sinónimo de Educación en la sabiduría, y la sabiduría no era otra cosa que el conocimiento de la verdadera naturaleza del hombre. Para quien se acerque con mirada libre de prejuicios, podrá encontrar en nuestros días que esta tradición de sabiduría aún pervive en Oriente, especialmente en India, alimentando las tradiciones religiosas y espirituales que representan, en la actualidad, la diversidad de la cultura india.

Insistiendo unas líneas más en la tradición de sabiduría antigua, debemos exponer que esta profundización en la esencia del hombre le exigía un proceso de indagación, o de interiorización, que lo conducía hasta el centro mismo de su ser, y allí descubrirse la universal plenitud del ser que en verdad es. En este punto, el educando, el discípulo, se sabía no sólo parte integrante del Universo, sino el Universo en su completud, pues desarrollaba lo que se ha venido en llamar la “conciencia integrada constate”, mediante la cual se sentía partícipe de la unidad de la vida, no como entidad separada, sino en vívida unicidad de la vida. Paralelamente, se le transmitía la información científica acerca del Universo conocido entonces, y aun hoy, desde los distintos modos y ámbitos cognitivos que le permitían dar una explicación del mismo y de su integración en él. Pero esencialmente la Educación era un camino por medio del cual el educando llegaba a conocerse a sí mismo, descubriendo su naturaleza real, el ser universal que es.

De este modo se compaginaba el Conocimiento del Ser y el conocimiento del mundo externo, como hoy día se observa en la Educación impartida en el mundo educacional inspirado por Sri Sathya Sai Baba, que se imparte en los colegios y Campus universitario que creó en Prashanthi Nilayam, India, en donde el Maestro de sabiduría vive. La Educación externa sobre el mundo, entonces, se coordinaba con la Educación que le descubría al hombre su esencia.

A este respecto Sri Sathya Sai Baba nos dice: “La educación ha de combinarse con Educare. Sólo entonces experimentarán la bienaventuranza. ¿Cuál es la diferencia entre ‘educación’ y ‘Educare’? La educación es como agua insípida, Educare es como el azúcar. El mero agregado de azúcar al agua no la vuelve dulce. Sólo cuando se la revuelve, el azúcar se mezcla con el agua volviéndola dulce. El corazón es el vaso, la divinidad es el azúcar y la educación secular es el agua insípida. Con la inteligencia como cuchara y la indagación como el proceso de revolver, experimentamos la divinidad que todo lo penetra. Esa es verdadera sabiduría, la que nos permite reconocer la unidad de toda la creación.”

En estas palabras de Sri Sathya Sai Baba, encontramos la idea de que Educación, sabiduría y conocimiento de sí mismo eran, y lo siguen siendo en nuestros días, para la tradición de sabiduría oriental, una tríada de conceptos que se exigen en el proceso educativo, al que se le unía el conocimiento del mundo, necesario para que el hombre conociera el medio en donde vivía, sabiéndose no sólo como parte integrante de él, sino uno con el mundo, pues mundo y hombre son la Vida misma, que se expresa en la extraordinaria diversidad que conocemos como universo. Pero también encontramos la estrategia y la metodología que el sabio indio nos presenta para avanzar en el conocimiento del Ser Universal que cada ser humano.

Conocimiento interno y conocimiento externo, armonizados, tendrán, pues, como meta final el descubrimiento del ser del hombre y de su armoniosa integración en el cosmos.

4 abril, 2013Permalink