“’Escuela, Espacio de Paz’. Una mirada hacia Oriente”

[Esteban Díaz, Taller: “Escuela, Espacio de Paz”. Una mirada hacia Oriente,
Editado en la Colección “Educación para la Sabiduría”,
de Tiger Moon Productions, Bangalore, India.
Se imprimió en los talleres de Omkar Offset Printers de Bangalore.
Septiembre de 2009.
ISBN : 978 81 86847 12 1]

escuela...1.  La Paz, esencia del hombre.

1.1.  Acerca de la expresión “Escuela, Espacio de Paz”.

Me parece acertada la expresión “Escuela, Espacio de Paz” que ustedes proponen para desarrollar este Taller, que nos convoca a quienes estamos interesados en una Educación cuyo principal propósito tenga como objetivo primordial la transformación del hombre porque conozca su esencial naturaleza, aquello que en verdad es. Y me parece acertada también la expresión “Escuela, Espacio de Paz” porque indagar sobre su significado nos debe ayudar a tener una idea nítidamente esclarecedora, en primer lugar, sobre lo que debe ser una Escuela en la que la Paz sea la saludable experiencia y resultado de una convivencia pacífica y armónica entre todos los miembros que integran la comunidad educativa, alejada del “espacio conflictual” de índole diversa en el que se han convertido nuestras escuelas; y en segundo lugar, sobre cómo lograr que la Escuela sea el “Espacio de Paz”, que todos deseamos, teniendo la certeza, además, de que la Paz es el único “Espacio” posible para que la Educación pueda desarrollarse y cumplir su propósito, fines y objetivos.

Y me parece, además, acertada la expresión “Escuela, Espacio de Paz” porque expresa lo que sí debe ser la Escuela, como concepto, como espacio físico y como experiencia, porque la Escuela ha de ser el ámbito en donde sus integrantes participen en la actividad educativa siéndose e inter-siéndose Paz. Sólo entonces encontraremos una “Escuela” como “Espacio educativo” saturado de “Paz”, porque la “Escuela” si no es un “Espacio saludablemente pacífico” no puede ser llamada “Escuela”.

¿Y qué significa y qué explicita la breve reflexión con la que hemos iniciado nuestra indagación sobre el contenido de nuestro Taller? Que hemos dado al ser humano una dimensión esencialmente pacífica, es decir, hemos identificado la esencia del hombre con la Paz. Dicho de otro modo y sin equívocos: el hombre es esencialmente  “Paz”.

1.2.  Visión actual del “conflicto”.

Antes de continuar con nuestro programa de trabajo, quiero hacerles un comentario de lo que suele frecuentemente hablarse en los Centros de Formación del Profesorado, en los que se trabaja desde lo que se llama “la visión  actual del “conflicto”, siendo éste el fundamental causante de la ausencia de Paz en el espacio físico de la Escuela.

Conocemos el interés de las autoridades educativas en programar encuentros, talleres, seminarios, etc., que ayuden a los maestros y profesores a dar respuestas a los graves conflictos que oscurecen la actividad educativa, como lo es la violencia causada por un comportamiento agresivo, el desinterés, la apatía, la falta de motivación de los alumnos, la descohesión social, etc., que dificultan sobremanera la labor educativa. Para ello se han propuesto conceptos tales como “Paz”, “Convivencia”, “Mediación”, como fundamentos para una profundización y un análisis desde donde se puedan resolver los “conflictos”.

La UNESCO define la Paz como “ausencia de conflicto”. Esta afirmación conviene ser atendida porque la comprensión de la misma nos conducirá sin errar a buen puerto.

¿Qué se está derivando de esta definición que proponen los expertos de la UNESCO? En el contexto de esta definición encontramos que “Paz” es el concepto positivo, mientras que “ausencia” y “conflicto” son conceptos negativos.  Decimos: “Donde hay Paz no puede haber conflicto”, pues el conflicto aparece allí donde no se halla la Paz.

Es cierto que allí donde no hay Paz, el equilibrio, la armonía, la convivencia, se rompen, generando desajustes/ desequilibrios/ conflictos, tanto en el individuo como en las interacciones sociales de cualquier colectivo. Si se rompe el equilibrio, que depende de la “Paz”, se rompe la armonía en la convivencia. En el ámbito individual se requiere del psicólogo para restablecer el equilibrio y la armonía; mientras que en el ámbito social, cuando menos se requiere de la Mediación social (psicólogo, sociólogo) para buscar formas de restablecer la Convivencia rota por el desajuste/ desequilibrio, que ha dado origen al conflicto.

En cierto modo, en el conflicto individual y en el colectivo, se precisa de la Mediación, sea ésta psicológica o sociológica, o ambas juntas, que fundamentalmente consiste en la búsqueda de las condiciones óptimas para el restablecimiento del “orden roto”, mediante aceptaciones, acuerdos, reintegraciones a la anterior situación … En el caso que logremos nuestro objetivo de mediadores, ¿qué hemos resuelto con la Mediación? En realidad poco o nada, pues sólo hemos “taponado las fisuras, las roturas” por donde emergían los desequilibrios, para “cubrir”, “ocultar”, el conflicto, porque en modo alguno se resolvieron las causas que provocaron los desajustes que dieron lugar al conflicto, que emerge al exterior, como lo hace el iceberg, siendo el conflicto la causa “visible” de la “ausencia” del equilibrio en el individuo o en el colectivo. Y no se resolvieron las causas porque faltó indagar la causa raíz que generó el problema.

1.3. ¿Qué sucede cuando el hombre olvida su verdadera naturaleza pacífica?

1.3.1. En este punto es donde se nos impone la búsqueda de soluciones, de respuestas acertadas, indagando la causa que está en la base de todo conflicto. Nuestra propuesta pasa por volver nuestra mirada hacia donde aún se conocen respuestas acertadas a tan graves problemas individuales y sociales, pues nos ayudará a encontrar el camino correcto en la búsqueda de soluciones para que nuestro ámbito educativo sea el espacio saludable y pacífico que deseamos. Proponemos que miremos hacia ORIENTE y a su tradición de Sabiduría, por lo que la reflexión siguiente tendrá como referencia las tradiciones de Sabiduría del mundo oriental.

1.3.2. En Oriente se entiende que el conflicto, cualquiera que sea su naturaleza, llega cuando el hombre se olvida de su naturaleza pacífica. Este desconocimiento está en la base de la cultura racionalista occidental. Y no es de ahora. Ha sido el “olvido” de lo que es una realidad incuestionable para las tradiciones culturales de Oriente, lo que ha permitido que la cultura occidental haya fundamentado sus sistemas educativos en valores y cualidades que no son esenciales en el ser humano, como trataremos de explicar en sucesivas reflexiones.

Es cuando nos olvidamos de nuestra naturaleza pacífica que se “rompe” la armonía, el equilibrio interior, que se manifestará en “desajustes”, en “desequilibrios”, en “conflicto” en definitiva, y en “violencia” sobre el mismo individuo en el que se producen los “desajustes” al tiempo que afecta a todo el ámbito interactivo (social) en el que el individuo se mueve.

Dejemos que la psicología debata sobre estos asuntos relativos a los “desajustes” en el ser humano y vayamos nosotros a la resolución real y definitiva del problema en la Escuela. Busquemos la raíz del problema comenzando por admitir que el hombre ha olvidado su naturaleza pacífica, como nos recuerdan las tradiciones de Sabiduría orientales, viviendo en la creencia de ser un componente psicosomático. Incluso en la literatura espiritual que se consume en Occidente se considera al hombre como un compuesto de cuerpo /mente /alma. Pero la verdad es que el hombre es natural y esencialmente “Paz”. O si se quiere, utilícense otros conceptos que podemos encontrar en las tradiciones de Sabiduría, tales como “Amor”, “Energía universal”, “Paz interior”, “Conciencia”… Lo importante es que debe saberse que el componente psicosomático es sólo un instrumento de esa “Energía universal”, o “Amor”, o “Paz interior”, o “Conciencia”, expresiones con las que Oriente define la naturaleza real del hombre. Por lo que sólo podremos “armonizar” el componente psicosomático (el cuerpo /mente /alma), si nos conocemos como el “propietario”, el “testigo” del cuerpo, y actuamos de acuerdo a tan “observadora” y desapegada naturaleza. De otro modo, el hombre vive enajenado, convertido en lo que no es, y por lo tanto, vive “desnaturalizado”, pues se ha alejado de su naturaleza real, interior, pacífica, esencial.

1.3.3. Cuando era joven leí un libro hermoso y definitivo en mi vida. No fue el único que influyó de forma arrolladora sobre el estrenado universitario que era yo por entonces. Pero ese libro motivó mi reflexión futura acerca de la Paz en el hombre y en el mundo. Hasta hoy. El libro aún puede encontrarse en las librerías. Su título: Ser Paz, del monje budista, de origen vietnamita, THICH NAHT HAHN. Entonces aprendí que sólo desde la “Paz” se puede mostrar el camino hacia la “Paz”, como sólo desde el “Amor” se puede mostrar el camino hacia el “Amor”, aunque ambos conceptos son, en la práctica, la expresión de la misma energía, pues son la misma cosa, y esa cosa es el “hombre”. Esto dice Oriente. Y no sólo es el “hombre” esa energía amorosamente pacífica. El Cosmos en su completud, con todo cuanto existe implicado y explicado, lo es también.

1.3.4. Es una falsa idea (y práctica) en los ámbitos de la psicología, de carácter humanista incluso, trabajar con el componente psicosomático sin atender al “testigo”, a esa energía universal. Es decir, sin procurar devolver al hombre a su esencia, siendo siempre el “observador” de cuanto aparece ante él, incluidos los “desajustes”, que sólo atañen al cuerpo /mente /alma, pero no al sereno, apacible, feliz “testigo distanciado”, que es la eterna “Energía universal” que observa cuanto sucede en el componente psicosomático.

Identificarse con el componente psicosomático, es decir, con el cuerpo, equivale vivir en los “desajustes”. Tomar conciencia del principio universal que es el hombre, identificándose con él, equivale a vivir en la armonía, pues los componentes instrumentales serán desde entonces la “fiel expresión de la Paz interior”, alineados con tan maravillosa, universal y todo penetrante energía universal.

La identificación con el componente cuerpo supone vivir en la falsa idea de que el hombre es una individualidad separada del todo universal, limitada por tanto y sujeta a desequilibrios. Por lo que tendremos que estar alertas para que no aparezcan estos desequilibrios, sean físicos o psicológicos. Por el contrario, cuando el hombre se conoce como el principio universal que en verdad es, la armonía y el equilibrio son la natural expresión suya en el componente psicosomático, y en el caso de producirse algún desequilibrio, la armonización se restablecería sin complicación alguna.

La falsa idea del hombre como individuación separada del todo universal es la responsable de su “externalización”, de su “desnaturalización”, porque le hace perder su referente esencial. Por esta razón Occidente busca “desasosegadamente” la “Paz”, interna y externa. Pretende la cultura occidental incorporar la “Paz” a la vida, como si de algo ajeno al hombre, a la vida, se tratara. Como si la “Paz” fuera un “añadido” con la que “completar” la vida del hombre.

El hombre es ya “completo” desde su nacimiento. Es potencialmente perfecto. Sólo necesita que se den en torno a él las condiciones adecuadas para conocer y desarrollar tan extraordinario potencial para “vivir completo” de acuerdo a su origen y naturaleza. La Educación juega aquí un papel de extraordinaria responsabilidad e importancia.

1.4.  La Paz es el único camino para lograr la Paz.

Si buscamos Paz, es porque pensamos que no la tenemos. “Carecemos de Paz”, nos repetimos una y otra vez, porque el desasosiego, la inquietud, la desarmonía, el desequilibrio, la duda, el temor, etc., han invadido nuestras vidas. Porque hemos descubierto la experiencia desoladora de “vivir sin Paz”. ¡Y nos urge la Paz!

Ahora sabemos que nunca hemos construido una verdadera “Cultura de la Paz”, a pesar de que nos repitamos hasta el hartazgo que vivimos en una cultura de paz, a sabiendas -o no- de los desencuentros en nuestra propia psique o en la psique colectiva. Y creemos que agregando Paz a nuestras vidas lograremos una aceptable armonía individual y social.

Esto es contradictorio, porque la Paz no es una “tintura” con la que cubrir la vida del hombre. Tiñendo nuestras vidas de Paz no nos garantiza “vivir en Paz”. Hay que “SER Paz” para vivir en Paz, porque la Paz es nuestra verdadera esencia. La Paz no nos es ajena. Si es del hombre la Paz, debemos DESCUBRIRLA como lo esencial de nosotros, “dentro”, en nuestro interior, y vivir de acuerdo a ella. No hay otro camino para lograr el equilibrio, la armonía individual o social. EL CAMINO para lograr la PAZ es vivir pacíficamente SIENDO PAZ.

RECORDEMOS :  El único camino para lograr la Paz es “SER Paz”.

1.5.  Los Valores Humanos Universales.

Todas las tradiciones de sabiduría de Oriente hablan de la Paz como consustancial al hombre. Traigamos a la memoria un texto del Maestro de Sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba:

“La paz nos es consustancial. Sin paz no hay vida. Esta paz, que es la naturaleza propia del hombre nace del Amor. Es lo que da fragancia a la vida…”

Paz /Felicidad /Amor /Conciencia, son conceptos que se intercambian cuando las tradiciones orientales hablan de la naturaleza del hombre. Paz es un concepto que en estas tradiciones, especialmente en la budista y en la india, resume la naturaleza esencial del hombre, o las cualidades o valores innatos al hombre que definen su naturaleza inalienable; valores que ha de proteger /desarrollar /cultivar en su existencia terrestre.

Si la Paz o lo que ésta resume o sintetiza, es decir, los valores o cualidades inherentes al hombre, son universales, son de toda la humanidad, de cada uno y de todos los seres humanos. Conocerlos, desarrollarlos y cultivarlos es la tarea educativa que debe procurar todo sistema educativo, pues la Educación, si no tiene como propósito el descubrir al hombre la esencia que lo define, no puede ser denominada Educación. La Educación cumple su propósito cuando dirige al ser humano hacia el conocimiento de sí mismo, de su esencia, y le posibilita los mecanismos para que pueda desarrollarla y explicitarla en su vida diaria.

¿Cuáles son estos valores innatos del hombre que en algunas culturas orientales resume la palabra Paz? ¿Cuál es la naturaleza inherente al hombre de la que hablan las tradiciones de Sabiduría de Oriente? La respuesta es: los Valores Humanos Universales. ¿Y qué son estos valores? ¿Cómo definirlos? Los Valores Humanos Universales son la verdadera naturaleza del hombre, aquello con lo que viene cada ser humano al mundo cuando nace. Con los Valores Humanos Universales el hombre llega a la existencia y se va de ella. Son su “Yo” íntimo, su Ser esencial, su auténtica y verdadera naturaleza. Las tradiciones de Sabiduría de Oriente declaran que son: Verdad, Rectitud, Paz, Amor y No Violencia.

En verdad que estos cinco valores son la expresión, la exteriorización de la universal energía que impregna todo el Cosmos. Son la Conciencia o Amor universal que llena el Cosmos y se incrusta en cada existencia, en cada célula, en cada átomo, en cada partícula, siendo todo Conciencia, pues nada hay fuera de la Conciencia. Nada hay que no sea Conciencia. Y ésta es UNIVERSAL, nunca individual. Pero sólo el ser humano tiene los instrumentos cognitivos para reconocerse esta universalidad que vive dentro de su componente psicosomático. Descubrirse en el transcurso de su existencia terrena el Ser universal que impulsa su existencia, y la de todo el Cosmos, es el propósito de su nacimiento. Y esta tarea es la que debe atender la Educación. No tiene otro propósito la Educación que no sea el de procurar que cada ser humano se conozca pura Conciencia encarnada, pura Paz, Amor universal. El nombre no deja de ser un concepto definitorio. Y el concepto nunca es la realidad, sólo la nombra. El descubrimiento del ser humano de su propia esencia es el principio de la Felicidad, de la Paz y armonía en el hombre. El más importante deber del hombre es descubrirse, conocerse a sí mismo el ser universal que es. En ello le va su Felicidad. En ello le va “vivir en Paz”. En ello le va Ser lo que en verdad es.

Cuando el hombre descubre su verdadera naturaleza y vive de acuerdo a ella, son los Valores Humanos Universales los que expresan tan esencial naturaleza humana, pues aquéllos son lo que se vierte al exterior como resultado de conocerse el hombre y vivir de acuerdo a su innata naturaleza. Los Valores Humanos Universales son, pues, la “Energía universal” que define a cada ser humano vertiéndose hacia el exterior, en cada pensamiento, en cada palabra, en cada sentimiento, en cada acto. Son la misma Conciencia explicitándose en la vida diaria del hombre que sabe quién es y se comporta de acuerdo a lo que es. Y se expresará de acuerdo al CARÁCTER que ha de desarrollar el ser humano en el proceso educativo, cuando se descubre y se conoce, se desarrolla y se ejercita en los Valores Humanos Universales.

En realidad, la universalidad de los valores es lo que concede “humanidad” al hombre, lo que he hace pertenecer a la familia de la Humanidad, lo que le hace ser “humano” a cada hombre. Sin el desarrollo del potencial interno, el hombre no puede ser llamado tal. Pues no ha desarrollado su interna, consustancial, inherente naturaleza. Son los Valores Humanos Universales lo que hace que el hombre sea un ser acabado, es decir, un ser de alma refinada, educada, autosuficiente, libre.

La breve reflexión anterior sobre los Valores Humanos Universales nos lleva a concluir que el ser humano ha de definirse de acuerdo con lo que hay “dentro” de él, con su inherente naturaleza interna. Por ello, Oriente nos aconseja que el ser humano debe mirar dentro de sí para encontrarse y saberse, no una limitada individualidad separada, sino el Ser universal, la Conciencia universal indivisible que da vida al Cosmos.

Son los Valores humanos Universales lo que hace digno, fraternal, cooperativo, universal a cada ser humano, pues  son “lo humano” en el hombre, en cada uno de los miembros de la comunidad humana. Y es “lo humano” del hombre lo que permite que todos los seres humanos seamos “iguales”, dignamente iguales, fraternos, sin exclusiones.

Hasta aquí, nuestra reflexión se ha dejado llevar de la mano de la cultura de Oriente para comprender cómo la naturaleza humana y los Valores Humanos Universales no son diferentes del hombre, ni externos a él, por lo que no debemos buscarlos fuera.

Nos dice la tradición de Sabiduría de la India que el Amor es la corriente que está presente en cada uno de los valores esenciales del hombre:

El Amor es la energía universal invadiendo, permeando e incrustándose en todo cuanto existe.
El Amor es Conciencia universal.
El Amor es  el Ser, Dios.

Por tanto, todo lo que existe es expresión de ese Amor o Conciencia universal. Y es en el ser humano que, al impregnar el Amor los pensamientos, se expresa como Verdad. Cuando las acciones del ser humano rezuman Amor, éste se expresa como Rectitud. Cuando el Amor invade los sentimientos, el ser humano canaliza el Amor como Paz. Y cuando comprende la naturaleza del Amor, el ser humano irradia No Violencia.

Son, pues, los Valores Humanos Universales consustanciales al hombre. Nace el hombre con ellos. De este modo, el propósito de la vida humana no es otro que el descubrir, desarrollar, cultivar y expresar su innata naturaleza, su yo real.

Así pues, definen los Valores Humanos Universales “lo humano del hombre”, “la humanidad del hombre”, y son lo que le da carácter de UNIDAD a la Humanidad, pues la UNIDAD viene determinada por la “humanidad del hombre”. Por ello todos los seres humanos somos DIGNOS, siéndonos todos partícipes de la misma familia humana, y siendo la UNIDAD  el hilo que engarza a los hombres en la guirnalda de la Humanidad.

¿Dónde encontrar, pues, la diferencia entre los seres humanos? No hay diferencias. Hay una misma Conciencia universal expresándose en una extraordinaria diversidad de hombres y mujeres, singulares cada uno de ellos, pero atados por “la humanidad del hombre”, que les hace ser, a cada uno y a todo el colectivo humano, UNIDAD en la diversidad.

2. Educación y Sabiduría.

La Educación debe ser un instrumento para que los educandos logren conocer su verdadera naturaleza. Esto que parece tan elemental, el conocimiento de la naturaleza del hombre, es  lo que Oriente conoce como Sabiduría. Por tanto, la Educación debe conducir al educando a la Sabiduría. Conocimiento de sí, del hombre, y Sabiduría son la misma cosa. De este modo la Educación cumple con su verdadero propósito, que ha de hacer real el cumplimiento del aforismo antiguo “conócete a ti mismo”.

A través del proceso educativo, el ser humano, el educando, debe descubrir su verdadera naturaleza y proyectarla hacia el exterior mediante las cualidades que hemos denominados los Valores Humanos Universales. Esta exteriorización de la naturaleza real del hombre se logra mediante la formación del carácter, que hará posible que su vida cotidiana sea la expresión de la excelencia y nobleza del potencial que encierra. Así, la importancia de la Educación se revela al ser la responsable de dar a conocer al niño, desde la más tierna edad en la que comienza a ser educado, su verdadera esencia innata, a la par que la desarrolla a través de un programa educativo destinado a tal fin. Mediante la estrategia de un programa educativo de tal índole, se irá formando en la nobleza y perfección que ya son suyas desde el nacimiento.

En líneas más arriba se ha expuesto que los Valores Humanos Universales son lo “natural” en el ser humano. Conocer y desarrollar lo que es innato es lo que los tratados de Sabiduría de Oriente denominan “el conocimiento supremo” o Sabiduría. Pero no bastará con “conocer” el conocimiento que conduce a la Sabiduría. El conocimiento debe fructificar para convertirse en Sabiduría. Conocimiento y práctica.

El conocimiento externo, libresco, ha conducido a la Humanidad a vivir dividida, en continuo conflicto, deshumanizada, de forma antinatural para el hombre. Habiendo nacido como hombre, ¿qué ha ocurrido con su humanidad? ¿Qué del humanismo? ¿Qué ha sucedido con la compasión y la amabilidad, con el amor y la no-violencia, con la paz mental, el sacrificio, la integridad y la rectitud? El hombre ha olvidado que el camino hacia la Paz sólo se logra con la Paz, que no es diferente del Amor, ni de la Verdad, ni de la Rectitud, ni de la No Violencia. Nacer como seres humanos significa comportarse como seres humanos y compartir el humanismo con los otros. Practicar el humanismo, difundirlo y disfrutarlo, éste es el verdadero conocimiento, la verdadera Educación, la Sabiduría.

Este saber o conocimiento acerca de la esencia del hombre constituye en Oriente la meta de sus sistemas filosóficos, de sus tradiciones religiosas, de su espiritualidad, de sus sistemas educativos. Conocer lo que es en esencia el hombre conduce a la adquisición de la Sabiduría. Pero la Sabiduría no es un conocimiento que se adquiera con información libresca. Su adquisición se logra natural y espontáneamente, sin esfuerzo, una vez desarrollados y practicados los Valores Humanos Universales, pues son la misma cosa Valores y Sabiduría. En realidad son el hombre mismo. La Paz, cuya reflexión nos convoca en este Taller, no es distinta de la Sabiduría, ni de los Valores Humanos Universales. Es puro conocimiento interno. Es el yo real del hombre. Por esto la Sabiduría es una experiencia de un conocimiento de la totalidad esencial de cuanto uno es y de cuanto existe; un conocimiento de completud.

Así, pues, una Educación que promueve y divulga los Valores Humanos Universales está ofreciendo el conocimiento del hombre mismo, siendo, entonces, digna de ser llamada Educación, pues tendrá como meta el descubrir al educando (al hombre) su verdadera realidad, asumiendo como finalidad de una Educación tal la formación del carácter y como esencia la concentración de la mente. Tales ideas son las que deben organizar temática y metodológicamente el universo educativo de la Educación que ha de conducir a los educandos hacia la Sabiduría. La Educación, tal y como la hemos definido, no debe olvidar el conocimiento del mundo que rodea al hombre, pero el hombre no debe supeditarse a tal conocimiento externo. Lo usará para formarse y para buscar el bienestar universal de la Humanidad y de la vida que la circunscribe.

A continuación desarrollaremos estas ideas a la luz de las enseñanzas del Maestro de Sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba, inspirador en los últimos decenios del universal sistema educativo denominado EDUCARE.

 2.1. ¿Qué es Educare?

Nos recuerda Sri Sathya Sai Baba que “la palabra ‘educación’ se deriva de la raíz latina ‘educare’. Mientras que la educación se refiere a la recopilación de hechos mundanos, ‘educare’ significa extraer desde adentro. El Atma (el Ser interno) es nuestra realidad más íntima. Eso es lo que ´educare´ debería extraer”[1] . Educare es, entonces, el proceso educativo mediante el cual el educando logra conocer su “realidad más íntima”, se establece en ella y la exterioriza en su vida diaria.

Educare es el conocimiento que expone certeramente la verdad del hombre, así como permite conocer la vida que lo inscribe. Es éste un proceso fijado a la actividad cotidiana en el que debe desarrollarse y manifestarse el carácter refinado, sereno, no afectado, ecuánime, armónico y perfecto, al que obligadamente el proceso educativo debe atender, para que el trabajo con el educando quede felizmente acabado.

Así, Educare es ese conocimiento que conduce al hombre al centro de sí mismo para descubrirse en su prístina esencia, la pura Conciencia universal que permea el Cosmos y se incrusta en cada forma de vida para que ésta pueda tener existencia.

Dice Sri Sathya Sai Baba: “Educare implica comprender profundamente el conocimiento que surge del interior e impartirlo a los estudiantes” [2]. Comprender profundamente el conocimiento que surge del interior” significa que el hombre ha de llegar hasta su interno y que, ahí, en lo profundo de su corazón, comprenderá el conocimiento que mana de tan preciado centro, su yo real. Luego vendrá otra experiencia más profunda, la de saberse uno con el Ser que acaba de descubrir, del que brota tan sublime conocimiento, y establecerse firmemente en él. Por esto dicen los tratados de Sabiduría que “conocer” es “ser”.

Es esa incursión a lo interno lo que permite que la comprensión de ese “conocimiento que surge del interior” pueda ser profunda. Porque profundo es el Ser, como profundo es el conocimiento del Ser y como profunda es la incursión hacia lo interno del Ser. Así, los estudiantes, los educandos, podrán “comprender” que sólo dentro, en el recogimiento en su interno, podrán descubrir su verdadera esencia, su verdadera realidad, su yo real. Esta verdad que pulsa en el interior de cada ser humano es puro conocimiento, pura Conciencia. Esta verdad es a lo que las filosofías antiguas llamaban “Conocimiento” (con mayúscula) o Sabiduría.

Si miramos hacia fuera de nosotros, veremos la diversidad de la vida, la existencia en la que lo interno-uno-de-todo-cuanto-existe se expresa. Así, todo cuanto existe es expresión de la Conciencia universal, la misma que vive en el corazón de cada ser humano y de cada individuación existente en el Cosmos. Educare es, entonces, el conocimiento que permite también comprender la unidad en la diversidad, que rezan los textos de Sabiduría de todas las tradiciones culturales. Y este interno Ser vibrando en el corazón de cada ser existente, fuente de toda vida, es ese hilado que unifica a todos los seres que toman nacimiento en el Cosmos, el cordón que une las flores que conforman la guirnalda de la vida universal, no sólo la guirnalda de la familia humana.

Traigamos a nuestra reflexión de nuevo a Sri Sathya Sai Baba para precisar aún más en qué consiste el conocimiento de Educare: “La Educación ha de combinarse con Educare. Sólo entonces experimentarán la bienaventuranza. ¿Cuál es la diferencia entre ‘Educación’ y ‘Educare’? La Educación es como agua insípida, Educare es como el azúcar. El mero agregado de azúcar al agua no la vuelve dulce. Sólo cuando se la revuelve, el azúcar se mezcla con el agua volviéndola dulce. El corazón es el vaso, la divinidad es el azúcar y la Educación secular es el agua insípida. Con la inteligencia como cuchara y la indagación como el proceso de revolver, experimentamos la divinidad que todo lo penetra. Esa es verdadera sabiduría, la que nos permite reconocer la unidad de toda la creación” [3].

Este texto de Sri Sathya Sai Baba es lo suficientemente explícito para no agregar comentario alguno. Sin embargo, tal explicitud del texto nos invita a destacar algunas precisiones implícitas en el mismo, pues no podemos pasar por alto lo que es un clamor en la vida manifiesta, y que el hombre acaso haya olvido.

El texto habla de bienaventuranza, de corazón, de divinidad, de Sabiduría, de unidad de toda la creación. Estos conceptos nos ponen en situación de comprender en qué consiste la verdadera Educación, pues ésta debe desvelar al educando, al hombre, su verdadera esencia, su realidad íntima, su yo real y la unidad que conforma el ser humano y el Cosmos.

En la tradición india la pregunta “¿qué es el hombre?” es la más importante pregunta que cada ser humano debe responder en el curso de su existencia. La respuesta a “¿qué es el hombre?” deberá entonces constituirse en el centro de su vida, de su pensar, de su hablar y de su actuar cotidiano.  Tal respuesta vendrá expresada en el mismo proceso educativo inscrito en el universo Educare.

Sri Sathya Sai Baba ha querido enfatizar y distinguir con el término Educare la Educación que descubre el ser del hombre, su genuina y prístina naturaleza innata. Con el término Educare, Sri Sathya Sai Baba universaliza la Educación, instituyéndola como el conocimiento “natural” que ha de ofrecerse en todo proceso auténticamente educativo. Educare se convierte así en la Educación universal, de todos, sin exclusión, en el mundo global que iniciamos en este comienzo del siglo XXI, siendo el hecho educativo el espacio “natural” en donde el educando (el hombre) se reconocerá en su verdadera naturaleza pacífica, feliz, armónica, porque su potencial interno lo es.

 3. La Cultura que cultiva el alma humana. Breve aproximación a una metodología para una Cultura de Paz.

Sólo la cultura o el refinamiento puede desarrollar una buena personalidad […] Por eso, tanto la educación como la cultura son importantes. Hoy la educación carece de cultura y es como una moneda falsa. Ni siquiera un mendigo acepta esta moneda falsa. ¿Entonces cómo pueden personas experimentadas e inteligentes aceptar semejante educación? Por eso, para satisfacer a todos debemos desarrollar Educare. La educación sin refinamiento es como una habitación oscura”[4] .

La Cultura de la que habla el Maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba en el texto que precede a estas líneas es aquélla que tiene como finalidad el “cultivar” el alma humana. El texto del Maestro indio es esclarecedor y elocuente por sí mismo, por lo que no insistiremos sobre él. Sí reflexionaremos sobre la Cultura, que ha de estar vinculada a la Educación con mayúsculas, la Educación a la que alude Sri Sathya Sai Baba, aquella que promueve y desarrolla el refinamiento, cuyo conocimiento profundiza en el ser del hombre y posibilita que el educando descubra por sí mismo lo que en verdad es, su yo real. A esta Educación la hemos denominado con el término Educare, siguiendo la recomendación de Sri Sathya Sai Baba, y es en el conocimiento de su universo educativo donde podemos encontrar respuestas certeras sobre aquello en lo que consiste la acción de educar y sobre la verdadera naturaleza del ser humano.

En este apartado desarrollaremos brevemente el concepto de Cultura acorde con Educare y la inseparable relación entre ambas, enfatizando el propósito de la Cultura que responde a su razón de ser, el de “cultivar” y refinar el alma humana.

3.1. Cultura y Educación.

El viejo aforismo “conócete a ti mismo” es en verdad el objetivo más importante que cada ser humano debe lograr al finalizar el ciclo de su vida en este mundo. Sin embargo, precisa de una Educación y de una Cultura acordes con tal propósito, con el fin de posibilitar el camino mediante el cual logre tan excelsa meta. Una Cultura que cultive el alma humana y una Educación que permita trasladar el modelo cultural de refinamiento del alma a la Escuela y a la vida, que debe ser el espacio vital en el que el hombre “educado” exprese todo su potencial desarrollado como actividad creativa del espíritu (Cultura).

Así Cultura y Educación deberán siempre ir unidas, siendo ambas indisolubles, determinando los valores que asuma el espíritu creativo del individuo y de la colectividad, expresado y desarrollado ese movimiento creativo en-desde-por la interacción del hombre consigo mismo y con los demás hombres, con sus ideas, sus pensamientos, sus palabras y sus hechos. Siendo la Educación la que genere individualidades conocedoras de su verdadera naturaleza, “educadas”, es decir, “refinadas”, libres, confiadas a su naturaleza “completa”, por lo tanto autosuficientes, y habiéndoseles formado, en el proceso educativo, un carácter diáfano capaz de afrontar la vida desde el valor y la moral que exige la responsabilidad de conocer qué es el hombre y cómo ha de encauzar su vida en su interacción en el seno de la vida social en donde se desarrolla y vierte su vida. Y siendo la Cultura la receptora de la creatividad del hombre, al tiempo que supervisa y crea las condiciones para que el valor de la vida del hombre sea el que devenga del conocimiento de su esencia y del refinamiento de su alma.

¿Qué Cultura debe ser la que establezca la base de una sociedad educada en el refinamiento del alma? ¿Qué valores deben cimentar una Educación que forme seres humanos que expresen en su vida diaria tal refinamiento de alma? Las respuestas a estas preguntas las ofrecimos en el apartado anterior, si bien referidas a la Educación. Pero en tales respuestas está implícito el carácter que ha de poseer la Cultura, derivándose de éste la idea de una revitalización/renovación de los hechos culturales, pues éstos deben ser la expresión clara y fértil de una sociedad compuesta de seres humanos que conocen, desarrollan y expresan su innata naturaleza. Así los hechos culturales, la Cultura, expresión viva y creativa del hombre social, han de estar en sintonía con la natural expresión del hombre que conoce y manifiesta su ser esencial.

No cabe duda de que las respuestas a las preguntas formuladas anteriormente exigen una nueva Cultura y una nueva Educación que posibiliten al hombre cultivar su alma para vivir en armonía y Paz consigo y con su entorno. Para que tal cosa sea posible, insistimos, precisará reflexionar profundamente acerca de su naturaleza, la del hombre, y de su vinculación con la vida, entendida ésta como una unidad indivisa.

Cultura y Educación se exigen, se complementan, porque deben ser (realmente son) dos expresiones de una misma realidad: la del hombre que ha de conocer, desarrollar y explicitar el potencial con el que nace, al tiempo que cultiva su alma, la refina, la “esencializa” libre de adherencias y mixturas, expresando tal logro en su interacción con sus semejantes en la escena social, porque ha conocido, en el proceso educativo de su infancia y juventud, su esencia universal, su realidad inalienable e inalterable, lo que lo define e impulsa a vivir, individual y socialmente, en coherencia y Paz desde ese carácter forjado en el desarrollo de los Valores Humanos Universales. He aquí la clave para una Cultura de Paz que dinamice y revitalice el tejido social, sea nacional o supranacional o planetario.

La Cultura de la que hablamos, insistimos, es ese espacio creativo en el que el hombre en actividad expresa su completud como ser humano, que ha conocido y desarrollado en el proceso educativo de Educare (o como quiera ser llamado). Tal completud, que estaba latente desde su nacimiento en el hombre, le hace saber que es un ser “realizado” como hombre, un ser “verdaderamente humano” que decía Confucio, llegando entonces a saber también que la meta está conseguida. Y no hay otra meta para cada ser humano que la perfección, en donde nada “falta”, nada se “desequilibra”, nada se “desajusta”, nada se “violenta”.

Cultura y Educación son programas, pero también actuaciones, hechos de actividad creativa que el hombre colectivo diseña para conducirse hacia la aspiración social de refinamiento del alma y de perfección. La Educación tendrá como meta que el hombre haga realidad la vieja aspiración de conocer su verdadera esencia: “conócete a ti mismo”.  La Cultura la de crear el espacio, las condiciones y los instrumentos para que sociedad e individuo vivan establecidos en la coherencia y en el hecho de ser un colectivo constituido por seres verdaderamente humanos, libres y pacíficos, completos.

3.2. ¿Qué debe entenderse por Cultura?

Hoy la Cultura es un cajón de sastre en donde todo cabe y adonde van a parar la manifestación variada, explicación y justificación de la condición humana. Con la expresión “es un hecho cultural” y con la catalogación del mismo, se da como existencia cultural cualquiera de las manifestaciones y productos humanos, sin resolver el interés, enigma o problema que motivó su atención. La expresión levistraussiana “todo es Cultura” terminó por rizar el rizo de la generalización a una Cultura occidental ya en clara expresión de la crisis, olvidándose de “pensar” (establecer) la Cultura que cultiva el alma humana, única modalidad de Cultura que permite encauzar al ser humano hacia la expresión más evolucionada a la que pudiera aspirar.

Porque la Cultura no es sólo lo que deviene en sus usos como resultado de la actividad social, productiva o económica, religiosa o de defensa de un pueblo o comunidad nacional o internacional; estos hechos y sus usos pueden entenderse como expresión cultural de las comunidades que los generan, como así lo hace la Antropología. Han sido así entendidos los hechos del hombre luego de haberse producido un cambio semántico en el concepto de Cultura, resultante de un proceso de generalización que explicaría el añadido de nuevos rasgos léxicos mediante los cuales se dota al término “Cultura” de un campo semántico más amplio y general, pero desdibujado, neutro, que nada tiene que ver con su “sentido” original que explicaría su razón de ser: “cultivar el alma”, refinar al hombre. En este proceso de transformación conceptual, por generalización, del término “Cultura”, hay que considerar la pérdida del rasgo léxico ‘que cultiva’, en el sentido transformador que aquí se destaca y que confiere refinamiento, serenidad, no afectación, ecuanimidad, armonía, cualidades todas ellas que, en época del Renacimiento europeo, por ejemplo, el hombre deseaba adquirir por encima de cualquier otra cosa para expresar la belleza, súmmum del ideal al que se aspiraba entonces, la perfección final, imagen de lo divino. De este modo, el hombre, microcosmos, imagen de Dios, manifestaba la perfección del macrocosmos, adquirida mediante el cultivo de determinados valores y cualidades. Es decir, mediante una Educación en los valores establecidos entonces, en la época renacentista, para conseguir tales logros.

Perdido el sentido de ‘cultivar’ de la Cultura entre nosotros, la atención se centra en esa generalización conceptual del término “Cultura” que ha concedido tanto espacio a la Antropología, pero no profundidad, haciéndole entrar en ese “espacio neutro” del que hablara Michel Foucault [5] al irrumpir la crisis del paradigma mecanicista en el ámbito del conocimiento, después de la segunda Gran Guerra del siglo XX, tocando de lleno a las Humanidades, y perdiéndose definitivamente en el mundo academicista el sentido de ‘la Cultura que cultiva el alma humana’.

Nos parecía importante insistir, aunque brevemente, en la idea que acabamos de exponer, pues la Educación cumple su objetivo instrumental prioritario (el conocimiento del hombre de su verdadera naturaleza), si se logra que se reflejen en la vida diaria (Cultura) los contenidos de los programas educativos. Y para que esto sea así, es preciso, además, tener muy claro la aplicabilidad de los programas en cada uno de los sujetos a los que se destina. Piénsese que estos programas reflejarán siempre la idea que se tenga de Cultura, por lo que se exige un continuo “pensar la Educación y la Cultura”.

Entendida así la Cultura, hoy podemos diseñar nuestros programas culturales y educativos desde una nueva visión que repose sobre la naturaleza pacífica, universal y feliz del hombre. Recuperar tal ideal es un deber de toda la humanidad en la sociedad global que vivimos. Por tanto debe diseñarse una Cultura y una Educación globales, universales, sin perder nunca de vista la naturaleza pacífica de hombre, respetando las singularidades culturales de los pueblos que la integran.

Para ello, no debemos olvidar que el eje que articulará el movimiento creativo de la humanidad global (Cultura) de nuestros días ha de ser la Educación en los Valores Humanos Universales, que confieren el grado de refinamiento, educación y Sabiduría a una sociedad y a la Cultura que la expresa, a la vez que la protege y difunde. Si la Cultura promueve los valores educativos acordes con un ideal de perfección humana, la Educación genera los individuos de alma refinada que permitirá a la Cultura expresar su verdadero sentido, el de recrear la vida individual y colectiva desde un espíritu refinado, “cultivado”, exquisito, o “tocado por la excelencia”, concepto que tanto agrada al hombre del siglo XXI. La Educación es “Paz”, como la Cultura es “Paz”, porque el hombre es esencialmente “Paz”, concepto con el que hemos resumido la naturaleza humana, y que hemos identificado con los Valores Humanos Universales. El valor de la vida ha de estar cimentado, entonces, por las cualidades “Verdad”, “Rectitud”, “Paz”, “Amor” y “No violencia”.  Con tales bases promoveremos una Educación y una Cultura ideales.

De este modo -insistiremos para resumir-, el sentido de “la Cultura que cultiva el alma humana” que le dábamos a la Cultura, necesariamente queda vinculado a la idea de “la Educación en Valores Humanos Universales”, que no es otra cosa que la Educación en la Sabiduría que las tradiciones orientales (y la nuestra propia, desgraciadamente olvidada en nuestros días) han proclamado desde sus orígenes conocidos. Así, Educación y Cultura serán un todo indiviso, vinculadas inexcusablemente, siendo, una y otra, los únicos motores que impulsarán la colectividad humana de nuestros días hacia el ideal de PACÍFICA convivencia y perfección a través de un mundo nuevo y una humanidad nueva.

NOTAS:

1. Conferencia Mundial de Escuelas Sri Sathya Sai. 21, Nov. 2001.
2. Discurso del 20, Nov., 2001.
3. Discurso del 20, Nov., 2001.
4 . Discurso del 20, Nov., 2001.
5 FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas, Siglo XXI editores, México, 1974 (1966).

 

7 marzo, 2013Permalink