Tú no eres Sísifo

[Prólogo al Poemario El Vuelo del Pájaro Colibrí,
Tiger Moon Productions, Bangalore, India, 2010]

 

¿Recuerdas el mito de Sísifo, castigado por los dioses, quien empujaba la roca de su destino desde la base de la montaña hasta la cima, para luego volverla a bajar, y de nuevo subirla, ininterrumpidamente, hasta el final de los días? Dicen algunos textos antiguos que Sísifo simboliza al hombre que no ha comprendido aún su herencia divina. El hombre identificado con la imagen que el mundo concede a cuantos caminan somnolientos entre los espacios del día y de la noche. ¿Mas cómo puede el hombre desprenderse de semejante sueño, en cuya textura se le impone la roca de un destino de nacimiento y de muerte? ¿Cómo deshacerse de la roca adherida a las manos que la empujan? ¿Cómo des-vincularse de la identificación con la roca, con su dureza fundida a la experiencia de la vida, cuando el hombre conoce de la vida sólo la reciedumbre de la dureza? ¿Cómo desasirse del dolor de conocerse inscrito en una actividad tan estéril, sujeta a un destino igualmente estéril, aun sabiendo que toda actividad, en esencia, es tan ilusoria e inconsistente como lo es la vida de los sueños, o de las sombras, o de las sombras que aparecen en los sueños? ¿Cómo apartar la imagen de uno mismo abrazada al espejo del mundo y desvanecer, al fin, semejante identificación de manos y roca, de roca y destino, de destino y vida, de vida y sufrimiento? Son las preguntas hartamente examinadas por quien inexcusablemente fue impulsado por el pensamiento a la vorágine del mundo de los hechos, sin otro argumento que la necesidad imperativa de deshacer, hilo por hilo, la textura de la mente, tejida indivisiblemente al mundo, y sabe, además, acerca de la inconsistencia del mundo y de la mente, que par indiviso son: el mundo surgiendo en la mente; la mente tejida al mundo que la encumbra; ambos, tan inconsistentes como el pájaro en vuelo que cruza el cielo alto ante nuestros ojos cansados, para desaparecer luego, en las alturas de qué sueños o fantasías tan estériles como un desierto o una vida destinada a no ser más que la mirada crepuscular con la que el día se cierra en noche oscura.

13 octubre, 2013Permalink