En Badrinath

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(Del Poemario HIMALAYA
a Atilio Spinello

 

Te habita, amigo mío, la vida bienaventuradamente calma e infinita, entre visiones embriagadoras y recitados de mantras susurrados al viento y a la corriente impetuosa del río Alaknanda, cubierto tu cuerpo de refinado algodón blanco.

Un silencio hondo se desliza por la quebrada que desciende hasta el río, como verso suelto desgarrado de las altas cumbres. El viento húmedo atiza las nubes más oscuras que cargan el cielo de grises densos. Un breve espacio de tiempo aún y el alígero paso de la bruma habrá cubierto la madera polícroma del viejo santuario. El silencio de las aves anunciará la presencia inminente del monzón. Será entonces el tiempo de la liturgia y del silencio, todavía más hondo.

Testifica el suceso la imagen que salió de tu cámara. Otras imágenes tuyas persiguen el alma de swamijis y renunciantes. Y la sonrisa franciscana de Paolo Vinizzio, junto al samadhi de Sankaracharya, escoltado por el sol y la luna que cubren su encerramiento de stupa. La tradición oral dice que el jivanmukta se despidió de sus discípulos diluyendo su joven figura en el verdor de una primavera cálida, como la que nos trajo el calendario por mayo.

Yo capturé otra imagen, la de los cerros blancos irguiéndose como un muro infranqueable que protege las grutas de inaccesibles secretos, allende los nevados, con espinas de roca y tigres de las nieves, tan poderosos como la grandeza que guardan.

Los escogidos ascetas que hasta aquellas remotas cimas se adentran provienen de las llanuras centrales y de islas de un océano lejano. Ningún lugareño osa emprender el viaje por las rompientes heladas. No cede el silencio; parece arquear el río hacia el descenso abrupto del terreno; acerar la piedra; ahondar la indagación meditativa de los peregrinos advaitas; o no extrañar el curso de la vida de los sentidos… La mente es aquí un extraño peregrino. Sólo los ojos testifican la vida, sin juicio, sin extrañeza.

Esto presencié en la población de Badrinath, erigida en torno al templo de himaláyica arquitectura, sobre el monte Narayana, en las altas tierras de Uttaranchal Pradesh.

Hoy recuerdo, buen amigo, en la lejanía que impone las aguas del tiempo y los altos cerros de las cimas argentinas que te refugian, tu desnudo de viejo entrando gozoso en las nieves que dejó la noche intempestiva, grabadas en los altos de la colina de diamantes rojos y agua clara.

No falla la memoria en el amigo. Libre está siempre para la gratitud.

A este lugar remoto, ya le di un nombre.

(Badrinath 2004)

28 febrero, 2014Permalink