HACIA EL AUTOCONOCIMIENTO (I)

(HACIA EL AUTOCONOCIMIENTO. EDUCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD. Aproximación a una metodología de auto indagación para la creación de un programa de Educación en la sabiduría/EDUCARE)

INTRODUCCIÓN.

1. Todas las tradiciones de sabiduría declaran que el ser humano es la manifestación del Creador, a quien se le conoce, en distintas tradiciones religiosas, espirituales o filosóficas, como Ser, Alá, Dios Madre-Padre, Fuente Creadora de todo lo que Es. En la tradición védica se le atribuye el nombre de Brahma, la Energía Creadora llenando el Espacio infinito en el que manifestará la Creación. Así, siguiendo a la tradición védica, Dios, que es Conciencia pura, se manifiesta como Energía Creadora para dar origen al Universo. Todas las tradiciones enfatizan que este Dios Creador es la expresión manifestada del No-Ser, lo Absoluto No-Manifestado. Si bien el Creador es el Todo de la Realidad Manifestada, de donde emerge la extensa y eterna Creación del Universo/Cosmos, creada, sostenida y, llegado el momento, disuelta por su Hacedor, éste nunca deja de ser lo No-Manifestado Absoluto. Las tradiciones místicas hebrea y vedántica, junto con la corriente filosófica taoísta y el budismo, exponen, con diáfana claridad, la idea de lo No-Manifestado mediante los conceptos de “Vacío”, “lo Inmanifestado Absoluto”, “lo Absoluto”, “el Principio Uno Inmanifestado”, Parabrahman/Brahman sin atributos, entre los hindúes, o Ain – Ain Soph – Ain Soph Aur, en sus tres aspectos con los que la mística hebrea representa lo Absoluto. En verdad, este Inmanifestado Absoluto es la omnipresente y omnipenetrante esencia que anima desde el Dios más elevado (Brahma) hasta la más diminuta forma de vida, el átomo y sus partículas subatómicas.

No se describirá aquí la compleja y muy detallada cosmogonía que describen las místicas hebrea y vedántica, pues no es nuestra tarea; aunque sí es importante resaltar que nuestra creación, como seres humanos evolucionados en el planeta Tierra/Gaia, surge a partir del plano monádico o de la Presencia “Yo Soy”, también llamado plano Átmico en el que se proyecta el Creador. La individualidad humana es el resultado de la “encarnación” de una “chispa divina” proveniente del plano Ádico o Primero del Creador, que “recalará” inicialmente en el plano Átmico, para descender a otros planos o mundos inferiores con el fin de dar existencia al ser humano, por lo que todos los seres humanos son emanaciones directas de la Fuente Creadora, que, en “apariencia”, se presentan como individualidades o Presencias Yo Soy o Atma en el plano monádico. No obstante, cada una de estas “individualidades” Yo Soy es un conjunto de atributos divinos manifestándose en unidad con todas las demás mónadas o Presencias Yo Soy; no como si de un conjunto de ellas se tratase, sino siéndose todas las mónadas un sólo y único Ser, expresando el esplendor, la magnificencia y la gloria del Creador, pues no hay división en los atributos o aspectos “primeros” del Hacedor del Universo, a través de los cuales la Fuente Creadora inicia su manifestación que dará origen a su Creación.

Por tanto, la meta a alcanzar por todo ser humano consistirá en lograr el “regreso” a su divino origen, la Presencia Yo Soy. Adquirido este sublime estado del Ser, la absorción del divino humano por “su fuente átmica” -no distinta en esencia del Creador, pues de él procede- y, posteriormente, en lo Absoluto, será una realidad que se “alcanzará” al haber conseguido la auto realización, o regreso/ascensión a la Presencia Yo Soy o Atma.

La experiencia de la auto realización la describen los seres que la alcanzaron -conocido este estado también como Yoga de Unión, o indivisible unión con el Creador- como atemporal, ya que no hay “tiempo” que mida los estados de los aspectos divinos “conscientes” del Creador. Cada ser humano auto realizado obtendrá la experiencia de la magnificencia de ser Yo Soy en el “momento/tiempo/estado” que (se) haya decidido, tal lo explicó en diversas ocasiones el Maestro de sabiduría Nisargadatta Maharaj de Bombay, en conversación con sus discípulos, a propósito de su propia experiencia, entre los años sesenta y ochenta del pasado siglo XX, como también lo hizo, unas décadas antes, el también auto realizado hindú Ramana Maharshi, y tantos otros de los que tenemos noticias pertenecientes a la tradición védica, por ejemplo.

Y, aunque lo Absoluto ya está dado en el estado Yo Soy o Átmico, esta “visión última” devendrá cuando el Ser, Dios, Brahma, el Creador, abra la puerta del No-Manifestado para “recibir” a la (aparente) “individualidad” de la Presencia Yo Soy.

Al estado Átmico o Yo Soy se le da el nombre de “Conciencia”. Esta Conciencia es el Creador mismo desenvolviéndose en los planos de la Creación, desde el mundo divino de lo Ádico o Primero, hasta el plano de la más densa materialidad.

2. Por Voluntad propia, Dios ha creado su Universo o Cosmos manifestándose Él mismo en cada átomo y en cada ser que pueble su Creación. De este modo, lo Trascendente se experimenta a Sí Mismo “siendo en Sí Mismo” y, al mismo tiempo, “estando” inmanente en su Creación. La tradición vedántica describe este estado o aspecto inmanente del Creador como Conciencia Integrada Constante, mediante la cual se manifiesta en cada ser, tomando el nombre de “Prajña” o Atma/Conciencia, el principio fundamental, siendo Brahma mismo, el Creador, por lo que el principio “Prajña” está impregnado de su esencia, y ésta se describe en todoas las tradiciones de sabiduría como Amor, por ser esta “cualidad” la “sustancia” de la Fuente Creadora.

Así, el Universo/Cosmos es el cuerpo de Creador y el Creador mismo. Cada ser existente es su “yo” encarnado, siéndose, por tanto, todos los seres humanos su manifestación, y siendo Prajña o Atma o Conciencia Integrada Constante el Amor del Creador que mora en cada ser humano, creado a imagen y semejanza de este principio universal Prajña, por lo que los seres humanos, junto con todo lo manifestado en la Creación, no son distintos del Creador, que es lo mismo que decir, que todo ser existente está imbuido del Amor del Creador, esencia suya, pura Conciencia. Como tampoco son distintos del Inmanifestado Absoluto.

Por esta plena presencia/manifestación del Creador en su Creación, y, por consiguiente, en cada ser de la misma, los textos sagrados declaran que Dios es inmanente en cada ser, siendo el único fin de su Creación amarse a Sí Mismo y experimentarse en cada átomo y ser del vasto reino de su Universo. En realidad, el Universo/Cosmos está inundado de átomos auto luminosos, porque son la base de su “cuerpo” (Creación) y, a la vez, su “esencia”, tal lo expusieron también algunos filósofos presocráticos (los atomistas, con Demócrito a la cabeza; pero también Parménides), concluyéndose que Dios y el Universo son uno y lo mismo, pues no hay diferencia entre Dios y su Creación.

3. El velo que aparece como separador entre ambos en el mundo de la “apariencia/Creación” es sólo una ilusión, originada en la mente humana. “Levantar (o traspasar) el velo”, trascender la materialidad, que, en apariencia, separa a Dios de la Creación, es el propósito del nacimiento humano en el mundo de la dualidad en el que vive incursa la Humanidad, desde hace milenios. Aunque, no siempre fue así. Tampoco lo es allende el mundo de la dualidad/tridimensionalidad. Cuando un ser humano encarna en el mundo de la dualidad terrestre, queda “cegado”, por lo que se ve impedido de reconocerse uno con el Creador. Este hecho -el verse privado del conocimiento de su verdadera realidad- resulta ser para el ser humano el enigma que debe resolver. Este hecho insólito en el Universo es el gran reto que debe afrontar el ser humano en la aventura de su peregrinaje terrestre, emulando al rey Odiseo a su regreso a su Ítaca natal, una vez terminada la guerra de Troya.

El mundo de la Energía o Prajña o Conciencia, que ha quedado oculto al ser humano por encarar una existencia humana, percibida tridimensionalmente, que dio origen a su “ceguera”, de la cual pugnará por salir llegado el momento, es la Luz creadora de la que hablan las doctrinas religiosas y místicas. Y esta Luz es, en sí misma, información/conocimiento que revela la esencia y los aspectos del Creador y de la Creación. Por lo tanto, no puede obviarse esta cualidad de la Luz como creadora y como conocimiento inherente al ser humano, porque es la “expresión” de su verdadera naturaleza. Y esta naturaleza auto luminosa palpita vívida en su interior como conocimiento de sí mismo. Pero no olvidemos que esta esencia que reside en el interior del humano, la Conciencia, Prajña, llamada también Sí Mismo, está “hecha/imbuida” de la cualidad del Amor divino, por lo que la Luz no puede ser ajena al Amor que permea y envuelve a la Creación, pues de este Amor surge [NOTA 1]. “El amor hace que el devoto y Dios dancen en éxtasis y se vuelvan uno. Induce al olvido de uno mismo. Genera un éxtasis en el que todo es olvidado” [NOTA 2]. Como tampoco podrá obviarse el conocimiento inherente a la Luz/Amor del Creador, por lo que este conocimiento es descrito en los textos místicos como “Conocimiento del Ser Supremo” o “Conocimiento del Sí Mismo”: Ser es sinónimo de Supremo Conocimiento del Ser. De ahí la expresión “Conocer es Ser”. “Quien conoce a Brahman se convierte en Brahman”, declaran los textos védicos. “He conocido al Señor por mi Señor”, con este bello juego de palabras definía Ibn Arabí el resultado por haber obtenido el Conocimiento Supremo del Ser y, por tanto, la indivisible unión con el Ser, reconociendo, en tan sublime estado de unicidad, que nunca se produjo la separación, que todo fue un mal sueño. Las literaturas místicas védica, budista, judía y sufí están saturadas de esta temática amorosa, expresando el encuentro/contacto de la individualidad humana y el Creador, y el posterior éxtasis amoroso del alma que se une con su Fuente. Este Conocimiento Supremo del Ser es la información que deber ofrecerse a los estudiantes que experimentan el proceso de autoconocimiento, pues sólo este conocimiento les descubrirá su esencia divina, su verdadera realidad.

Por tanto, la esencia divina del ser humano, en las tradiciones de sabiduría, en Oriente y Occidente, es la Luz interior que reside en el ser humano, a la que se le ha dado diferentes nombres, “alma/ser crístico”, “conciencia de sí mismo”, “sensación abstracta ‘yo soy’”, “conciencia ‘yo soy’”, “chispa divina”, etc., siendo esta Luz el conocimiento que el ser humano debe conocer en su camino de interiorización para llegar a “conocerse a sí mismo” y vivir en tan sublime estado de ser/Ser inmanente y Trascendente a un mismo tiempo, la eterna, incondicionada Conciencia del Creador manifestada en una individualidad (sólo en apariencia) como Conciencia Integrada Constante/Prajña.

4. El propósito del nacimiento humano residirá, pues, en descifrar el aforismo “conócete a ti mismo”, tal se declaraba en la Grecia antigua, o en India, desde que tenemos noticias de su historia conocida, aunque en el subcontinente indio se conocía con otro enunciado: la pregunta “¿quién soy yo?”. Ambos, aforismo y pregunta, no fueron de fácil desciframiento para el grueso del colectivo griego de la antigüedad, o de la India, ya que muy pocos eran los iniciados que comprendían la sentencia inscrita en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos, en el caso griego, o en los textos de no dualidad vedántica del hinduismo.

“Conocerse a sí mismo” constituía, pues, en la antigüedad, y aún hoy lo constituye en algunas culturas orientales, la meta del aspirante a la sabiduría, quien sabía que, el resultado obtenido por lograrla, significaría que habría adquirido el Supremo Conocimiento del Ser, Dios, el Sí Mismo. Porque este Supremo Conocimiento de Dios no es distinto del conocimiento/Luz/información que reside en el interior de cada ser humano, hacia donde el aspirante debe incursionarse, en un camino/proceso de interiorización, para “conocerse a sí mismo”. Así, pues, los antiguos declaraban que quien se conoce a sí mismo conoce a Dios, pues no hay diferencia entre uno y otro. Ambos son la Conciencia Universal, el Supremo Creador, Prajña/Conciencia Integrada Constante. En el Gran Upanisad del Bosque leemos:

“El que ha descubierto en su interior
el ser que penetró
en aquel peligroso e inaccesible lugar
es el creador del universo,
el que todo lo ha creado.
Todo es su ser
y él es el ser de todo”. [NOTA 3]

Acceder, pues, a su morada interior, la del aspirante a la sabiduría, por conocimiento de sí mismo, que es “conciencia de ser lo que se es”, significa que ha llegado a fusionar [NOTA 4] la individualidad indagadora con su Luz interior, estado que le revelará cómo alcanzar la meta final: la auto realización o indivisible unidad con la Presencia Yo Soy, su Fuente/Creador, logrando “bajar” la Divinidad a la individualidad humana, para que se exprese con todo su esplendor, belleza y poder.

5. La paradoja que venimos describiendo fue resuelta por la tradición védica hace miles de años. En tiempos más cercanos a nosotros, Ibn Arabí declaraba que “no se puede unir lo que siempre ha sido Uno”. El enigma del aforismo griego “conócete a ti mismo”, queda “desvelado” lapidariamente en estas palabras del sabio musulmán, nacido en el siglo XII, en Murcia, Al-Ándalus.

En realidad, siguiendo el hilo que nos pone en la mano Ibn Arabí, podemos declarar que no hay “velo” alguno que levantar. El ser humano sólo tiene que adentrarse hasta su morada interior, su corazón espiritual, para conocer su verdadera naturaleza divina y la de la Creación. Porque el conocimiento, que radica dentro de todo ser humano, es conocimiento de sí mismo, que es, a un mismo tiempo, Conocimiento del Sí Mismo Trascendente, por lo que es autoconocimiento, que, al ser desvelado, le conferirá al aspirante la comprensión y la experiencia irrefutable de que él es uno con el Creador, quien decidió adentrase en la Naturaleza/Creación, para reconocerse en ella y amarse a Sí Mismo en unidad de destino con toda la Creación.

Descubrir este conocimiento interior o conocimiento del sí mismo/Sí Mismo significa, también, que el ser humano llega a conocerse como energía auto luminosa cuya esencia es el Amor del Creador manifestado en un cuerpo humano, y que este Amor es el adhesivo que une a toda la Creación.

El descubrimiento de la divina naturaleza amorosa del ser humano conlleva otro regalo adicional, el reconocimiento de que él “ya estaba” en la Fuente Creadora antes de que emergiera la Creación, pues ya era uno e indiviso con ella. Y lo es, como individualidad humana, antes-y-en el instante de la adquisición de este conocimiento, pues siempre fue la Fuente misma. Nunca dejó de serlo. Ahora, quizás, entendamos mejor las palabras de Ibn Arabí. Y nos unamos a los antiguos sabios al prestar especial atención al aforismo “conócete a ti mismo” toda vez que nos adentremos en el mundo de la Educación que ha de formar a los educandos que la sociedad nos encomiendan para logren conocerse a sí mismos.

6. Estas palabras iniciales nos ayudarán a presentar el propósito de nuestras reflexiones sobre el camino de autoconocimiento y de auto indagación, mostrado como una metodología que deberá facilitar su recorrido. E, incluso, conquistar la meta final a la que deberemos guiar a los estudiantes de todo programa educativo que tenga el mismo propósito que el de nuestra propuesta: conocerse a sí mismos en unidad ¡indivisible! con el Creador, sabiendo que son el Creador mismo desbordándose a Sí Mismo en un “juego de reconocimiento y de amor” a/en su Creación.

La tarea de un programa de Educación en la sabiduría radicará, pues, en ayudar a los estudiantes a incursionarse en un camino de auto indagación (y de meditación), que les permitirá “conocerse a sí mismos”. Un camino indagatorio que debe estar claramente definido y descrito para que el “Maestro” lo conozca también y lo transite, en el caso que aún no lo hay recorrido, con la mayor nitidez posible, pues será el responsable de la ayuda que necesitarán sus estudiantes con el fin de conducirse en tan extraordinaria incursión hacia su interno, en donde encontrarán el conocimiento que les revelará quiénes en verdad son.

7. Hemos considerado vincular la metodología auto indagatoria a la meditación, por estar íntimamente relacionadas en todo proceso de interiorización y de autoconocimiento. Por lo que hemos creído que sería muy útil, pedagógica y metodológicamente, aconsejar que, en el programa de Educación que deberá conducir a los estudiantes hasta la sabiduría que reside en sus corazones, se piense la meditación como sendero coadyuvante de la indagación. Y aun recomendamos que se inicie la jornada educativa con una meditación que incorpore aquellos conceptos que definen al ser/Ser, que, progresivamente, irán (auto)descubriendo en su recorrido de auto indagación.

Estos conceptos expresarán las cualidades mediante las cuales los estudiantes desenvuelven la inmanencia del Supremo Hacedor en la existencia de cada uno de ellos (la individualidad como sí mismo). A saber, las cualidades de Verdad, Rectitud, Paz, Amor, No violencia, consideradas como los Valores Humanos Universales (VHU). En realidad, estos valores resumen la naturaleza o esencia de “Amor” de la Fuente Creadora, a la que las tradiciones de sabiduría atribuyen los aspectos de Existencia eterna – Conocimiento de Sí Mismo – Bienaventuranza o Dicha/Felicidad.

Hace algunos años participamos en la elaboración de un programa educativo que desarrollaba estas cualidades o valores inherentes a todo ser humano (VHU). El programa mencionado enfatizaba estas cualidades en una obrita de teatro en la que los niños de primaria, a los que iba destinado el programa, actuaban, exponiendo, a través de sus parlamentos, el universo educativo-conceptual de los VHU. [NOTA 5] El programa quedó resumido en una Meditación en la Luz que se incluía en el texto de la obrita de teatro, a modo de decretos, mediante los cuales se definía el propósito del programa educativo y de la Educación que conduce a los estudiantes a la sabiduría. Pero, además, la Meditación en la Luz definía la esencia que radica en la morada del corazón de cada ser humano. En aquellos trabajos fuimos inspirados por el modelo educativo propuesto por el Maestro de sabiduría indio Sri Sathya Sai Baba, quien, explícita y profusamente, expuso al mundo globalizado el conocimiento de la tradición de sabiduría védica, describiendo, a lo largo de su magisterio, su propuesta en Educación, que definió con el término latino Educare.

Se define esta meditación inicial con la expresión Meditación en la Luz porque la Luz (Prajña/Conciencia Integrada Constante) es la energía con la que se conformó el Universo y, por tanto, está presente en el ser humano, en quien se manifiesta como “conciencia de sí mismo/ ‘yo soy’”/ “alma crística”. La Luz es información y es el “material” de creación de todo lo que tiene existencia en el Cosmos visible e invisible, pues es el Verbo creador; la misma Luz con la que todo ser humano construirá la realidad en la que vive, reconozca este poder que le confiere la facultad creadora que encierra su ser, o no la reconozca. El ser humano, pues, es un ser creador, imbuido de la Luz y del Amor de Creador, pues fue creado a su imagen y semejanza. Verdaderamente, cada ser humano es la fuerza que crea el Universo. Qué más conocimiento necesita para confiar en sí mismo y conducir su vida siguiendo el propósito por el cual ha nacido. Cada acción suya es el resultado de su facultad de crear mediante los pensamientos, materializando el mundo en que desenvuelve su existencia, ya que él mismo crea la experiencia que se está teniendo en cada momento de su vida. Y, lo más importante que le revelará el conocer a sí mismo: no se dejará conducir por ningún sistema de creencias que oculte su verdadera naturaleza, lo limite y lo tutele en una existencia precaria y disfuncional, haciéndole creer que necita confiar en otros, en los que deberá depositar su voluntad para mejorar su existencia y, en el caso de las religiones organizadas, depender de intermediarios para “conectarse” con lo Divino Superior.

Conocer esta Luz interior y su facultad creadora, y conocer la información/conocimiento inherente a ella, convertirá al ser humano en un ser intuitivo consciente de su verdadera naturaleza divina, responsable de la realidad que crea para él y para la comunidad en la que inscribe su vida. Pero el conocimiento de su “poder creativo” también le convertirá en un consciente “diseñador/creador” de su proceso de autoconocimiento, creando las condiciones y generando las situaciones y circunstancias en las que desarrollará su “ascensión” hacia la más elevada dimensión de su divinidad, el estado de la Presencia Yo Soy.

8. Dada la extraordinaria importancia que, para el ser humano tiene la facultad de crear, que es “suya”, inherente a su ser, de cual no puede desprenderse, la metodología que proponemos deberá atenderla como uno de los objetivos sobre el que se deberá incidir insistentemente. De la comprensión que de esta facultad obtengan los estudiantes, y del desarrollo que de la misma logren alcanzar, dependerá que su progreso sea fructífero en el conocimiento de sí mismos como “conciencia de sí mismo o ‘yo soy’”/ “alma crística”, o Prajña manifestado como morador interno en cada uno de ellos.

La Meditación en la Luz ayudará, pues, como actividad de interiorización y de auto indagación programada para el inicio de las clases diarias, a asentar el principio Prajña o Conciencia Integrada Constante o “conciencia ‘yo soy’” en las conciencias de los estudiantes como aspirantes a conocerse a sí mismos en su dimensión divina y universal.

9. ¿Qué es una meditación? Aunque responderemos más adelante con una mayor aportación de información acerca de esta vía de autoconocimiento, expondremos en estas líneas, de forma muy sucinta, que la meditación es la indagación de mayor hondura; aquella con la que se logra alcanzar la unidad con el ser interior, que es fractal del Ser Superior, con cuya expresión multidimensional se manifiesta la inmanencia del Creador en la individualidad humana, idea que expondremos en capítulos sucesivos.

La tradición védica declara que la meditación es la práctica de pensar/contemplar en Dios en todo momento bajo todas las circunstancias. Sri Sathya Sai Baba dice que la meditación “Es un proceso continuo e incesante [...] un método con el que ustedes dirigen su mente hacia adentro para unirse con el Señor que mora en su interior [...] La verdadera meditación sucede constantemente. Está completamente libre de todos los objetos y fenómenos, y trasciende totalmente el elemento de lugar y de tiempo. En el Bhagavad Gita se ha descrito la práctica continua de la meditación como superior a cualquier tipo de práctica periódica. Pero hay una práctica aún superior a la meditación: el desarrollo de la sabiduría. La sabiduría surge de la indagación interna. Es la práctica espiritual de mirar profundamente en la naturaleza esencial de todo. Si ustedes fielmente persiguen esta indagación, gradualmente alcanzarán el estado supremo de paz y bienaventuranza.”

Así, la práctica de la meditación, de la indagación profunda y de la sabiduría están indefectiblemente unidas, siendo un camino seguro y fiable para alcanzar la unidad de la individualidad humana con el Creador. Esta unicidad es el estado más elevado de meditación. Siendo la meditación y la indagación dos vías de metodología diferentes, con las que se inicia el camino del autoconocimiento, ambas, rectamente comprendidas, siendo interdependientes, conducen hasta la auto realización.

Un examen detallado de ambas vías, nos arrojaría la información, no sólo de que la meta de una y otra es la misma, sino que, además, nos revelaría que no se puede meditar sin atender lo meditado, que es una forma interna de indagar sobre lo meditado. O dicho más exactamente, lo meditado deviene indagación al ser conocido y comprendido en profundidad (acción de cognizar), al atender el conocimiento adquirido mediante pensamientos o lenguaje/escritura, medios éstos de conocimiento que serán innecesarios cuando la meditación se transforme en la quietud y silencio que abrirá la puerta a la unidad con lo meditado/indagado, el Creador/ la Presencia Yo Soy. Y, por el lado de la indagación, los logros de esta vía siempre desembocarán en un acto de meditación sobre los mismos. Además, ambos caminos, llegado el punto en que los aspirantes al Supremo Conocimiento del Ser viven absortamente imbuidos en el Amor del Creador, sintiendo la cercana unidad con su Fuente, sin que importe el camino elegido para obtener la auto realización, estos senderos se funden en tan sublime estado amoroso, mediante el cual el Creador se aproxima a los buscadores sinceros, que a él se ha entregado en absoluta exclusividad, sin reservas. Y es en esta “cercanía” que se les otorga la “visión” definitiva en la que sus individualidades quedarán disueltas, permaneciendo sólo aquello que es “real” eterno, incondicionado e indestructible. Este momento de amoroso encuentro es el punto crucial en el que todos los caminos o vías confluyen, como si fueran ríos tributarios vertiendo sus aguas en un mismo cauce, para formar un único río, que desembocará en el mar, fundiendo finalmente con él.

La meditación es, pues, una invitación, que el aspirante al Supremo Conocimiento del Ser se hace a sí mismo para ahondarse en el autoconocimiento que de sí va obteniendo en su proyecto de meditación, o en su proceso de indagación/auto indagación, si esta es la vía la elegida. No habrá avance en la indagación, si no se acompaña este sendero con el de la meditación. Ambas vías o senderos se exigen, se complementan. Con ellas, coadyuvándose, se avanza más certeramente en la incursión hacia la verdad del Creador que radica/mora en el corazón de cada ser humano.

Estamos adentrándonos en la idea de que la meditación es la intención del ser humano de alinearse y descansar en una conciencia de unidad. Entrar en ese momento de meditación en el que se “descansa en la realidad que uno es” tiene como resultado abrir la puerta a todo lo que es el verdadero “yo”. No se olvide nunca que la unidad con la Fuente Creadora, que reside en el interior del ser humano, constituye la unidad con todo lo que el Creador Es. La meditación es un silencio en el que se “escucha” la voz tranquila del ser interno, se escuche o no, porque el propósito de la meditación no es adquirir un conocimiento proveniente de las palabras, sino esa intención del meditador de alinearse con la conciencia que reside dentro, Prajña o Conciencia Integrada Constante, que es experiencia de Unidad de Conciencia Universal, todo aquello que Es el Creador y que está disponible en todo momento para quien toma la decisión de adentrarse en su morada interior, su origen, su verdadero ser/Ser. Y como se ha expuesto por tantos hombres y mujeres auto realizados, no se precisa decirle a tu ser interior lo que necesitas o deseas, porque eres tú mismo. Utilizar los momentos de la meditación para declarar una lista de deseos y necesidades, implica una conciencia de dualidad, de separación. La trascendencia de esta conciencia de dualidad es el propósito de la meditación, como también lo es de la indagación. Trascender consiste en “vivir” en la continuada experiencia de ser aquello que se es, la unidad de todo cuanto tiene existencia en el Universo. Esta unidad es el Creador que se experimenta a Sí Mismo en cada entidad que se manifiesta en el vasto Universo, sin que se perciban entidades separadas, pues el Ser Trascendente está en cada una de las partes (inmanencia) como un todo indivisible.

Si el ser humano es Luz y es Amor “desbordado” como Dicha del Creador que se ofrece a Sí Mismo en su Creación para amarse y experimentarse en una existencia humana, en nuestro caso como individualidades humanas, la Meditación en la Luz podría definirse como una mirada auto luminosa, profunda e incesante, que sumerge al meditador hasta su más profundo centro de Amor y de Dicha del Creador que en verdad es.

El meditador no puede ser otro que aquel que se reconoce descansando en sí mismo en un silencio elocuente, sabiéndose/siéndose (por tanto) en unidad con la Conciencia Creadora de todo lo que Es, experimentándose a sí mismo como aquello que envuelve y permea el Cosmos, y, sin duda, siéndose el Cosmos mismo. Esta mirada hacia lo interno del ser en la que se sume el meditador se realiza en quietud, en cuyo silencio, en tanto que ausencia de pensamientos, queda amorosamente impregnado por la Luz Creadora de la “conciencia de sí mismo/alma crística”, verdadera naturaleza del meditador, no diferente del Atma o Sí Mismo, el Creador que impregna/reside/vive en todo cuanto tiene existencia.

Reposar la atención sobre la “conciencia de ser lo que uno es” es meditar. Por tanto, meditar es, en última y primera instancia, conocimiento del sí mismo/Sí Mismo, es decir, del “todo universal” que uno es. Trascender la conciencia limitadora de la individualidad humana en la Conciencia Integrada Constante de Luz Creadora que dio origen al Universo es, pues, el propósito de la meditación: adentrarse en el silencio en que se manifiesta la esencia de Amor-Luz-Dicha que define, según las tradiciones de sabiduría, al Ser Supremo, que/ quien reside en el interior del ser humano.

 ________________________________ NOTAS

[NOTA 1]
En el Amritanubhava, de Gñaneshwar, se describe la indivisible unidad de Shiva/Shakthi, y cómo del amor que emana de su unión emerge el Universo como una manifestación de ambos, sin que uno estuviera por encima del otro, pues son uno y el mismo Ser Manifestado, con el propósito único de conocerse y amarse a Sí Mismo en cada ser individualizado, en cuyo corazón residerá(n) inmanente(s) como una chispa o átomo de su Ser Trascendente. En realidad es una explicación de la metáfora mediante la cual se expone cómo del Amor que define la esencia del Absoluto No-Manifestado, sin atributos (El Shiva Único inmanifestado), emerge la polaridad Shiva/Shakthi, de cuya “fusión amorosa” brotará, de forma “natural”, el Universo, en cuya emergencia nada puede ser creado en ausencia de uno u otro aspecto de la Divinidad Shiva/Shakthi, no diferentes del Shiva No-Manifestado o Parabrahman.

[NOTA 2 ]
Discurso de Sri Sathya Sai Baba, 2 de septiembre de 1991.

[NOTA 3]
Gran Upanisad del Bosque (Brihadaranyaka Upanisad). Con los comentarios de Shankara, MARTÍN, Consuelo (Ed.) Editorial Trotta, Madrid, 2002, pp. 373.

 [NOTA 4]
En este contexto, en los comentarios que en mística suelen realizarse al comentar cómo se produce la auto realización del ser humano, hablan de la “fusión” de la individualidad humana con el ser interior o “conciencia “yo soy”, logrando el regreso a su origen. Pero lo que, en realidad, se produce es el inequívoco “reconocimiento” de que el ser humano vivió una ilusión, en la que “creyó” vivir separado de su verdadera esencia divina. Comprendido este “error”, recobra el “sentido” de ser lo que nunca dejó de ser: una encarnación “completa” del Ser Supremo, el Creador, que utilizó un envase o cuerpo humano para que el propósito por el cual se produjo el nacimiento humano pueda formalizarse: reconocer que es el ser humano quien “… penetró/ en aquel peligroso e inaccesible lugar” siendo, en todo momento, “el creador del universo”, tal lo expresa el Gran Upanisah del Bosque, como se expuso en la Nota 2.

[NOTA 5]
¡Qué feliz soy sabiendo quién soy!, Tiger Moon, Bangalore, India, 2009.

La Meditación en la Luz fue musicada por Ana María Moreno y la presenta la Fundación para el Desarrollo de la Excelencia Humana, sita en la Ciudad de Chihuahua. México. El link para acceder a la Meditación en la Luz citada puede encontrarse en YouTube:
https://www.youtube.com/watch?v=SKCPbu6_Yc0
6 junio, 2021Permalink